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Tras su paso por El encargado, Martín Slipak presenta una obra con un fuerte debate social

Martín Slipak habló sobre la crisis habitacional, su obra Ambiente y el desafío de actuar en El encargado.


Mientras Martín Slipak participa de la exitosa serie El encargado, el actor y director presenta Ambiente, una obra de teatro que pone sobre la mesa una problemática cada vez más extendida: las dificultades de acceder a una vivienda propia y los dilemas familiares que eso genera.

Con más de tres décadas de trayectoria, Slipak fue testigo de las transformaciones de la industria audiovisual argentina. Desde la televisión de producción masiva de los años noventa hasta el auge de las series y las nuevas formas de consumo cultural, construyó una carrera marcada por la diversidad de formatos y lenguajes.

En paralelo, el artista decidió llevar al escenario una pregunta incómoda pero profundamente contemporánea para los argentinos: qué responsabilidades tienen los padres hacia sus hijos adultos y cómo impacta la crisis económica en los vínculos familiares. Ese interrogante es el corazón de Ambiente, una historia atravesada por la realidad de una generación que siente cada vez más lejano el sueño de la casa propia.

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Entrevista completa Martín Slipak

Martín Slipak en El encargado

—Hace poquito se estrenó la última temporada de El encargado y te vimos ahí haciendo de sobrino de Eliseo. ¿Cómo fue el desafío de ese personaje?

—Y a ver, está bueno, qué sé yo. Cohn y Duprat son dos directores que tienen un lenguaje muy ácido y de mucho humor negro y demás. Ahí yo me pude identificar con ese humor. También son dos directores muy polémicos y que siempre generan mucho revuelo, pero sobre todo a mí me llamó la atención algo de la concentración con la que se trabajó, me pareció fascinante, sobre todo Guillermo, tiene mucho texto y escenas muy difíciles y demás, y era lindo observarlo en su concentración y en su entrega.

Y después, siempre hacer un personaje que es como una composición un poco más lejana de uno, tiene sus diversiones, también sus complicaciones. Lógicamente, uno no quiere subestimar, ni reírse de nadie, a la vez existe el humor negro. Como trabajar ahí esa balanza entre poder hacer un personaje sin ser estereotipado, tratar de ser lo más natural posible y a la vez que es un poco grotesco el personaje, pero la pasé muy bien.

Interpretación de distintos personajes

—¿Y como actor preferís interpretar a un personaje que es más parecido a vos en la vida real o a aquel que te propone algún desafío?

—Lo que pasa es que cambió mucho eso con respecto al público. Trabajo desde muy chico, entonces viví una transición en donde el público toleraba personajes de una composición mayor, y después de todo el cine del realismo argentino y de la crisis del 2001 y demás, donde apareció tanto el documental como el no actor, el gusto del público cambió mucho y había algo como actor que uno no podía subestimar.

Tengo 38 años y empecé a trabajar a los ocho. Entonces, hace 30 años que laburo, pero, por ejemplo, donde muchos actores elegían hacer tonada, siempre estaba bueno como el actor que hacía tonada de provincia: "Wow, qué bueno lo que está haciendo". Y hubo un momento cuando el cine empezó a mostrar a la gente y a federalizarse un poco y a mostrar una película en Misiones, donde ya no te podías hacer el tonto con ciertas cosas y entonces, se empezó a ir como a un naturalismo y a una cercanía más... como estar un poco más cerca de uno. Entonces, siempre el tema de componer personajes más lejanos tiene ese riesgo, hoy más que hace 30 años, por ejemplo.

Cambio cultural de los actores argentinos

—Y en estos 30 años supongo que también viviste el cambio cultural de los actores en Argentina. ¿Cómo vivís eso?

Cambio cultural de los actores

—Bueno, hay cosas que se extrañan, hay otras que no. Yo viví mucho esa televisión donde se hacían 20 escenas por día, donde las escenas eran un poco escaletadas y otro poco dejando que el actor improvise, pero también tenía esa cosa de que había tres series por canal, entonces había mucho trabajo. En septiembre u octubre ya te estaban tanteando para qué se iba a hacer el año que viene.

Después viví toda la época de las series del Incaa, que tuvo sus cosas muy positivas y sus cosas negativas también, pero que me parece que acercó a mucha gente que nunca había hecho televisión a hacer televisión, directores de cine, autores, actores que nunca habían hecho audiovisual, pudieron acceder a eso.

Y después había contenidos muy interesantes para mí. Yo pude hacer cosas con Gastón Portal, con Fernando Spiner, con Luis Ortega, con directores que me encantan, y había otras series, tal vez con una bajada de línea un poco más literal, que eran las que a mí menos me gustaban. Y un problema grande de difusión también, porque había cosas muy buenas que le llegaban a poca gente. Entonces, creo que fue muy fructífero por muchas cosas y también muchas cosas para evaluar de esa época de por qué no funcionaron.

Cómo cambia un actor según el formato

—Hiciste cine, obras de teatro, películas, series, ¿cómo va cambiando tu faceta de actor según cada formato?

—Es que en realidad es según cada formato y según cada lenguaje dentro del formato también, porque uno escucha bastante la pregunta de si te sentís más cómodo en el audiovisual, en el teatro y demás, pero dentro de cada una de esas ramas artísticas o esos lenguajes artísticos hay como sublenguajes.

Entonces, no es lo mismo hacer una obra expresionista o una obra de Koltès que una obra de Tito Cossa, o en televisión no es lo mismo hacer Resistiré que Cha cha cha; son cosas muy distintas. Entonces, un poco para mí es entender. A mí me encanta actuar y me encantan los lenguajes, entonces un poco para mí el trabajo es entender por dónde va cada una de las cosas. El trabajo con los compañeros también es hermoso y es gran parte de la construcción de algo, con lo cual más que nada tiene que ver con el sublenguaje de cada cosa que con el lenguaje en sí mismo de lo que sea teatro, televisión o cine.

Sinopsis de la obra de teatro Ambiente

—Y ahora estás dirigiendo una obra de teatro que se llama Ambiente, ¿cómo surgió la idea de esa obra?

Cómo surge la obra Ambiente

—Surgió porque para mí es una pregunta que no tiene solución, o sea, es algo en lo que pensé mucho, pero no tengo una respuesta, que tiene que ver con la obligación patrimonial de padres con hijos, es decir, si es justo que un hijo le pida una casa a un padre, si no es justo; qué clase de padres hay según el deseo de dejarles algo a sus hijos y eso varía mucho.

Yo estoy seguro de que acá todos los que estamos en esta redacción debemos tener alguna cuestión en relación a las casas, a nuestros padres, a nuestras herencias. Somos de una generación también, digo los 20, los 30, los 40 incluso, donde nos cuesta mucho comprar una casa, donde en muchos casos es una utopía. Entonces, muchas veces especulamos de una manera bastante dura con respecto a que lo único que vamos a tener será el día que nuestros padres mueran, si es que nuestros padres tienen algo, con lo cual eso también es duro de pensar.

Es duro también preguntarse si nuestros padres tienen el deseo de dejarnos algo o no, porque muchas veces nuestros padres hicieron un colchón económico y con todo su derecho lo quieren exprimir hasta el día de su muerte para viajar, para disfrutar, etcétera, lo cual también es justo y uno como hijo quiere que sus padres disfruten de su vida y de la plata y del patrimonio que pudieron construir. Entonces, ahí hay muchas aristas.

Yo escribo esto desde hijo y desde padre. Tengo una hija de 16 años y lo único que anhelo en la vida es poder dejarle algo, incluso si la herencia de mis padres pudiera no pasar por mí e ir directo a mi hija, para mí yo firmo y digo sí, recontra. Yo conocí muchos casos distintos en donde los padres no tenían intención de dejarles algo a los hijos y no tenía que ver con que sus hijos eran vagos, sino con que de verdad somos de una generación donde las cuentas ya no nos dan, no nos cierran a menos que pase algo extraordinario o a menos que la peguemos en algo, es muy difícil comprarse algo por motus proprio.

El hijo de mi obra, que es un pibe que labura, le viene a decir a sus padres: "Miren, yo no quiero vincular el deseo de tener algo con el dato real de que ustedes no estén más, no quiero asociar el hecho de tener algo por primera vez en mi vida con el hecho de que ustedes mueran y por otro lado no tolero más alquilar, es imposible porque el fruto de todo mi trabajo va a alguien que no conozco, que tiene una propiedad, entonces por qué no pensamos como grupo achicarnos".

Pensarnos como grupo, lo cual puede parecer un planteo completamente psicópata o no, puede parecer que los está psicopateando a los padres, como no, como decir: "Es válido el planteo", y también los padres pueden decir: "Mirá, estamos en una edad donde ya proyectamos nuestra vejez en esta casa, donde no estamos en condiciones de achicarnos".

Entonces, a mí me encanta que sea, por un lado, un problema sin solución, por otro lado, una obra dilemática en donde todos tienen razón; y por otro lado, una obra en donde los vínculos se esfuerzan por lo externo, es decir, no hay algo en los vínculos que haga que se fracturen o que se pongan más ríspidos por algo de los vínculos en sí mismos, sino que tiene que ver con el contexto en el que vivimos, que nos lleva a la crisis. Como nos lleva a pelearnos muchas veces en la calle entre personas que probablemente de otra manera no estaríamos peleándonos si no estuviésemos sumergidos en el estrés de lo cotidiano.

Entonces, la obra tiene que ver un poco con eso y es una obra muy cotidiana, de mucho presente, muy urbana también, muy clase mediera, que es algo a mí que me interesa la clase media, siento que no se habla tanto de la clase media o que no se la retrata tanto. Hay algo más, como demostrar la pobreza, demostrar la riqueza, pero no nos metemos tan profundo en la clase media. Entonces, bueno, a mí me interesa un poco eso.

Proceso de creación de la obra

—¿Cómo fue el proceso de escribir esta obra? ¿Primero pensaste las palabras o los actores? ¿Cómo fueron apareciendo esas aristas?

—Lo primero que pensé fue el planteo que le hace el hijo a los padres a través de un sueño que él tiene, eso fue lo primero que escribí y de hecho lo escribí como un año antes de escribir la obra. Escribí ese sueño en donde él sueña que el padre muere y deja a la madre en la casa y se da cuenta de que la madre es anciana, con lo cual el padre murió de anciano. Él se sube al auto y empieza a dar vueltas y no va a ningún lugar, y se empieza a preguntar por qué no va a ningún lugar y dice: "Porque no tengo casa, porque si mi papá muere de anciano y vos morís anciana, yo no voy a tener casa. Soy un tipo grande sin casa", y eso fue lo primero que escribí.

A partir de eso empecé a escribir una obra muy cotidiana en donde la madre pinta, por ejemplo, y hay arriba un animal que no se entiende si es un perro, un gato, se llama Petoruti, pero está muriendo, está ahí pegadito a una estufa a punto de morir y hay un padre que trabaja de Uber y que tiene ganas de estudiar en Timbre 4. Entonces, son cosas como muy cercanas.

A veces lo que me dice la gente es que, de tan cercana, la obra se vuelve extraña, es como que la extrañeza aparece ahí al hablar de Timbre 4, al hablar de ser Uber, de esas cosas. Entonces, fui construyendo ese mundo muy cercano a partir de ese sueño que les viene a decir el hijo y que es un planteo y que a mí me gusta que el personaje del hijo insista mucho con que no es un pedido y es un planteo porque a mí me gusta que la obra sea un planteo también. Para mí, cualquier obra es un planteo y cualquier obra debería abrir diálogo con el público, con lo cual fue un poco a partir de ahí.

—¿Qué te gustaría que el público se lleve de esta obra?

—La pregunta, la conversación, hasta dónde uno debe dar, hasta cuándo uno debe dar. No sé por ejemplo yo tengo una hija de 16 en dos años va a cumplir 18, yo no me imagino soltando en la mano los 18 años y diciendo: "Sos mayor de edad y entonces yo ya no tengo ninguna responsabilidad sobre vos".

El personaje dice: "¿Por qué crecer implica saber solucionarse las cosas? ¿Por qué damos por sentado que crecer sea saber hacer las cosas?". Y la madre le dice: "Porque si no, viviríamos en un mundo donde la gente anda con un chupete en la boca por la calle". Las dos cosas están bien.

Creo que es algo que yo me pregunto mucho, el tema de los sacrificios como padres, pero también como hijos. Hay una edad donde, si generaste un vínculo de amor, me parece que el cuidado viene de ambas partes. También las circunstancias de nuestros padres fueron muy distintas a las nuestras y eso no me parece un tema menor, el hecho de haber vivido una vida dura con el corralito, con la dictadura, con la guerra de Malvinas, con mil cosas, pero haber sido de una generación donde tal vez se podían comprar una casa con la inflación, con la hiperinflación alfonsinista y nosotros no. Entonces, vivimos circunstancias distintas, elegimos muchas veces ser padres y entonces, ¿qué implica elegir ser padre? Bueno, un montón de cosas para conversar.

Dónde se puede ver la obra Ambiente

—¿Dónde se puede ver la obra?

—La obra está en Estudio los vidrios, que es un lugar en Olazabal y Mendoza, y las entradas se consiguen en Alternativa teatral.

Improvisación en la obra de teatro

—¿Y a los actores les das el espacio de improvisación o está todo muy guionado?

—Es un problema ser director y guionista a la vez porque uno eligió las palabras muy puntillosamente, a la vez es hermoso cuando el actor empieza a despegar y empezás a ver cosas que no planeabas. No hubo tanto lugar para la improvisación textual, algunas cosas que agregaron ellos, algunos planteos también que me hicieron: "Esto estaría bueno recortarlo". Mucha escucha, pero sobre todo es eso, trabajar desde la escucha, y a mí me gusta trabajar sabiendo que cada actor es una persona distinta. No me gusta esa cosa de imponer una forma de trabajo y que todos se adapten a mi forma de trabajo, sino entender que cada ser humano tiene una forma distinta de recibir las cosas y, sobre todo, nunca abandonarlos, no ser ese tipo de directores que estrena y nunca más vuelve, eso me parece casi infame, te diría, no me gusta para nada, así que voy a todas las funciones.