Eleonora Wexler: su nueva obra, la crisis de las parejas y la ficción argentina
Eleonora Wexler protagoniza junto a Gonzalo Heredia El estado de la unión, una comedia romántica que reflexiona sobre los vínculos de pareja.
Eleonora Wexler protagoniza El Estado de la Unión, una comedia romántica sobre las relaciones de pareja, y reflexiona sobre el teatro, la actuación y la crisis de la ficción argentina.
Santiago Aulicino/MDZEleonora Wexler atraviesa un gran presente artístico con El Estado de la Unión, la obra que protagoniza junto a Gonzalo Heredia en el Teatro Picadero. La actriz se pone en la piel de una mujer que, en medio de una crisis de pareja, intenta reconstruir un vínculo de más de quince años atravesado por deseos, frustraciones y nuevas preguntas.
Basada en la novela del escritor británico Nick Hornby, autor de Alta fidelidad, la propuesta combina humor, ironía y una mirada profunda sobre los desafíos que enfrentan las relaciones a largo plazo. La adaptación teatral fue realizada por Gonzalo Heredia y Andrea Garrote, quien además dirige la puesta.
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En una nueva edición de Entrevistas MDZ, la actriz habló sobre el fenómeno de identificación que genera la obra en el público. Recordó con nostalgia la época dorada de las ficciones diarias en Argentina. Además, analizó cómo cambiaron la industria audiovisual y el vínculo entre los artistas y la audiencia en la era de las plataformas digitales.
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Sinopsis de la obra El estado de la unión
—Estás protagonizando una obra de teatro junto con Gonzalo Heredia que se llama El estado de la unión. ¿Qué te motivó a interpretar ese papel y esa obra?
—Yo leí primero la novela hace dos años más o menos. Es una novela que escribió un autor que se llama Nick Hornby, que es un autor inglés, que por ahí algunos títulos que conocen son Alta fidelidad, que se hizo en el cine también. Y está marcado por el humor, por el sarcasmo. Hay un conocimiento también desde lo vincular.
Y en esta oportunidad, cuando leo una novela en una pareja de quince años que están juntos, con dos hijos, y a partir de un hecho concreto, que tiene que ver, lo cuento porque es como muy rápido, apenas empieza la obra. Ella tiene una aventura con otro hombre. Entonces, a partir de esa crisis, deciden empezar terapia de pareja. Entonces, los encuentros, que son 10 encuentros, son encuentros en un bar antes de las sesiones de terapia de pareja. Son esos 10 encuentros que ellos van teniendo antes de la sesión.
Me gustó mucho cuando la leí. Y me parecía que también había algo que faltaba dentro de la cartelera teatral, que es como la comedia romántica. No es como, es la comedia romántica. Entonces, me lo proponen para hacer en el Teatro Picadero. Y a todo esto también se lo proponen a Gonzalo, que ya habíamos hecho dupla juntos en La Mentira. Habíamos trabajado juntos antes, pero en teatro recientemente en La Mentira. Y la propuesta era que Gonzalo y Andrea Garrote, que es la directora, hicieran la adaptación teatral. Y la verdad es que está buenísima. Me entusiasma, me interpela. Cada vez me gusta más hacerla.
Los vínculos en la actualidad
—¿Y te interpela también desde lo personal? Tomando como ejemplo tus vínculos, el vínculo de tus amigos, de tu familia, ¿sentís que es un tema que hoy en día le atrae también a la sociedad por eso?
—Sí. Primero, lo que me pasó a mí al leerla, inevitablemente, me llevó a mi propia historia y a mi propia relación con los vínculos. Hay algo que pasa con la identificación del público a todo nivel, más grande, más joven. Hay algo donde te vas a sentir identificado en alguna situación, te lo firmo seguro, vas a decir: "Acá estoy en esta". Con humor, con un poco de profundidad, con una cierta melancolía, reconociéndote con palabras, con situaciones.
Y hay algo que me parece que está buenísimo de la obra y es que es este amor maduro también. Es un vínculo de quince años. ¿Qué pasa con eso? Donde en este momento los vínculos o lo que se cuenta siempre es más efímero, todo es, no sé si la palabra es más light, es como más descartable. ¿Qué pasa al apostar con un vínculo que perduró en el tiempo y cómo se reconstruye ese vínculo? ¿Se puede seguir apostando? Los dos crecieron de manera diferente, los deseos que no se cumplieron, los deseos que sí se cumplieron, los sueños que tenían en conjunto. Acá en este caso también tienen dos hijos, entonces hay un proyecto de familia que se armó.
Pero a mí me gustó y siento que hay algo que tiene que ver con esta cosa de prevalecer en un vínculo durante mucho tiempo y esta historia contándose desde ese lugar también.
—¿Te resulta más fácil trabajar con Gonzalo el día que ya hicieron otras duplas juntos o es indistinto eso?
—No, es indistinto. Lo que sí que puedo decir con Gonzalo es que nos reencontramos en La Mentira. Siempre habíamos hecho televisión, habíamos hecho cine, pero teatro no. Y el teatro tiene otro timing y tiene otro encuentro con el otro. Es distinto. Son muchas horas, por ahí te vas de gira. Y tuvimos un muy buen encuentro, ya más maduros y más grandes. Y acá todavía me gusta muchísimo más. Estamos los dos solos, es un ping-pong.
Y tengo un compañero que más fácil hay un conocimiento, que sí hay una barrera de ese conocimiento, obviamente, y la confianza que está, que existe, pero eso se fue profundizando más y siento que hay un respeto entre los dos, que los dos queremos potenciar al otro también. No es que haya algo, "me lo quedo para mí", porque no. Hay algo de un ida y vuelta. Hay algo de lo placentero, de la confianza y del disfrute, porque hay algo también que disfruto muchísimo trabajando con él.
—Además, ya hace muchos años que sos actriz, tenés una trayectoria muy larga. ¿Hoy en día elegís bien qué proyecto encarar o estás abierta a lo que viene? No sé, por ejemplo, mucho tiempo hiciste de la villana y tenías ese papel. ¿Te gustaba? ¿Querías salir de ahí? ¿Hoy en día no tomarías un papel de villana?
—No, sí, lo tomaría. Lo tomé el año pasado. Me encanta, la villana me divierte, me divierte un montón. También hay diferentes tipos de villanas. Hay algunas que son como más de la novela y después otras villanas que son más oscuras dentro de lo que es el contexto del audiovisual que vas a contar.
A ver, por lo general estoy abierta. Me gusta cuando recibo una propuesta, a ver qué me pasa y si algo me resuena y siento que va por ahí, va por ahí. No es que digo: "Uy, no, me gustaría hacer esto". No, no estoy abierta. Porque yo siento desde hace un tiempo que un poco los proyectos que me vienen tienen que ver con el momento que estoy transitando o algo particular que tengo que contar. Que no es como separado, que es como un conjunto. Entonces, confiando en eso, ahí va.
Momento de Argentina con tiras de ficción diarias
—¿Extrañás el momento de Argentina donde eran constantes las tiras de ficción diaria?
—Claro que sí, sí, todos extrañamos eso. Primero, que era un enorme campo de trabajo, no solo para los actores, sino para el atrás, para toda la industria. Y que funcionaba y que era un motor generador absolutamente.
Todo eso se redujo a un espacio más impersonal también. Porque ahora, no habiendo prácticamente cine de autor, porque no hay posibilidades, y las plataformas que deciden ellas lo que quieren contar, que tiene que ver con algo mucho más globalizado, no están puestas en la mira de nuestra propia identidad, en lo que se cuenta.
Entonces, sí extraño, por supuesto, un montón. Tengo nostalgia, añoranza y también como un deseo de que la industria vuelva. No va a ser cálculo de la misma manera, pero sí que tenga nuestro sello y sí que sea un espacio mucho mejor, mucho más generador de trabajo, que en este momento el audiovisual está reducido a un embudo muy chiquito.
La crisis de la industria durante la pandemia
—Te escuché decir que en pandemia tuviste miedo de no poder volver a actuar en los teatros. ¿Cómo viviste eso? ¿Te tomaste miedo desde otro lado?
—No, en realidad, al principio, te digo la verdad, la pandemia. Tenía yo proyectada una película en marzo, empezaba a filmar en febrero, marzo. Tenía otra película que empalmaba después y otra más después. Así que imagínate, era como una seguidilla. Bueno, obviamente todo eso quedó, íbamos tachando en la agenda. Después, por suerte, las tres películas las pude hacer en el 2021. La primera fue Yo nena, yo princesa, que estábamos con barbijo y fue re difícil filmarla, pero se llegó, se pudo filmar.
Al principio de la pandemia, yo estaba como expectante, tomé más el tiempo, hice cursos online. Estaba bastante bien, salvo lo vincular más que nada con la gente mayor, con mis viejos y todo eso. "Se están perdiendo de esto", me parecía tan raro también. Y en agosto, septiembre, ahí sí, me empezó a agarrar una cierta angustia de decir: "¿Qué iba a pasar con nosotros, con nuestra industria, con los teatros?" Ahí de a poco empezó a haber esta cosa del aforo, un 30% de aforo, ¿te acordás cómo era la movida? Pero sí, en ese momento sí, tuve mucha incertidumbre. Más allá de que nuestro trabajo siempre tiene una cierta incertidumbre, salvo que vos generes algo, pero en ese momento sí.
Cómo cambia el cariño del público según la época
—También en todo este tiempo de trayectoria, el cariño de la gente, entiendo que lo recibís distinto, quizás hace unos años era más común que te frenen en la calle y demás, ahora es todo también mucho por redes sociales. ¿Cómo vivís ese vínculo con las redes sociales, el hate, los comentarios?
—Es que es particular, es tan impersonal. Trato de verdad, por lo general, de no darle mucha bola. Sí, promociono mucho todo lo que tenga que ver con los trabajos y todo, porque me parece que es una buena llegada. El manejo de las redes es muy especial, no estoy en contra de eso para nada. Mientras no me haga mal, todo bien. Y para promocionar me sirvió.
Pero te cuento esta, la novela que hice el año pasado, la serie. El año pasado, que era La hija del fuego, la venganza de la bastarda, que salió por Disney, después la pasaron por Canal 13. Entonces, ahí sí noté. Yo estaba haciendo otra obra de teatro, que era Los pilares de la sociedad, que la hacíamos en el Teatro Alvear. Fue en marzo, empecé en noviembre, el año pasado, octubre, y la novela la estaban pasando más o menos en esa fecha. Ahí sí noté la diferencia de la gente en la calle.
O me esperaban, o venían a ver la obra de teatro y me esperaban. Había algo de lo popular, del fenómeno popular, que no existe dentro de lo que es una plataforma. Bueno, no sé, por ejemplo, Envidiosa, que llega a todas partes del mundo. Pero sí tiene llegada, pero me doy cuenta de que hay algo del canal de aire, donde mucha gente no tiene acceso a una plataforma, popularmente te das cuenta de la diferencia de la gente.
—Como más masivo.
—Sí, distinta la llegada, es diferente.
Motivaciones para seguir actuando
—¿Qué te sigue emocionando de actuar? ¿Por qué lo seguís eligiendo?
—Esta cosa de contar historias, a mí me parece... Te voy a contar un cuento. Entonces, en ese cuento, tener las posibilidades de ser distinta cada vez y con un personaje encarnándolo desde lugares tan diferentes, y muchas veces tan alejados de vos, otras veces que no.
Ponerle el cuerpo, pensamiento, alma a una historia me sigue pareciendo increíble. Y hay algo que me pasa con todo, pero hay algo del teatro, de la convención del teatro, que es como el único lugar donde la gente no tiene el teléfono. A veces los escuchás con el teléfono.
Yo voy a entrar a este lugar, me voy a sentar acá, yo sé que lo que me vas a contar no es real, pero a ver cómo me contás ese cuento. Y yo sé que lo que te voy a contar, pero te quiero contar esto. Entonces, apagamos la luz, creamos una convención, y en esa hora y media estás hermanado con gente del público y también tenés la misma... Hay algo de la vibración también que sucede entre el público, los actores, el armado, y me sigue pareciendo realmente mágico y hermoso.
—Tenés como la respuesta inmediata también del público.
—Inmediata, percibís la respiración, la incomodidad, la risa, el disfrute, no sé, es como una danza. Hay algo de eso.
Próximos proyectos de Eleonora Wexler
—¿Y tenés algún sueño o proyecto pendiente?
—Vamos, vamos por las cosas momento a momento, disfrutando momento a momento, que es como muy importante. Y tengo un proyecto, sí, que es un proyecto propio que estoy produciendo para mitad del año, que es un unipersonal que lo vamos a hacer en Moscú, que es un teatro independiente, que lo dirige Francisco Lumerman, y lo escribió él. Nos estuvimos encontrando durante un año para ver qué queríamos trabajar juntos, así que eso lo estrenó en septiembre. Y es un proyecto propio, y eso me ilusiona mucho.
—¿Va a ser tu primer proyecto propio?
—Sí, propio, sí. Propio, propio, propio, sí. Siempre hubo cosas, pero este es propio, propio.
Entradas para El estado de la unión
—Y para ir finalizando, ¿dónde se pueden conseguir las entradas y qué fechas están disponibles para El estado de la unión?
—Uy, tenemos muchas fechas. Estamos viernes, sábados y domingos en el teatro El picadero, a las 20 horas. Para que sepan, el 15 de junio, porque así como el 25 de mayo, el feriado, hubo una función. El 15 de junio creo que también es feriado, hay otra función que es a las seis de la tarde, que está buenísimo. Y esto es hasta fines de junio, después hacemos un impás de diez días y volvemos en julio de nuevo.
—¿Qué se van a poder llevar de esa obra?
—Se van a identificar, se van a reír, se van a emocionar. Yo creo que van a pasar por un montón de... un tobogán de emociones y que la van a pasar bien y van a salir bien del teatro, van a salir contentos.
Y otra cosa importante, en el teatro, en El picadero, lo lindo que tiene ese teatro, que es como un anfiteatro que ves bien de todos los lugares, es que también tenés ahí para comer, para tomar. Entonces, estoy segura de que si después de la obra te vas a quedar reflexionando y polinizando, te podés sentar a tomar algo, a comer algo y hay algo del clima que también es muy amable y muy amoroso.

