Gustavo Garzón estrena la obra "Un hombre solo es demasiado para un hombre solo"
El actor Gustavo Garzón presenta la obra Un hombre solo es demasiado para un hombre solo, una reflexión íntima sobre el amor, la soledad y el volver a empezar.
El 15 de marzo Gustavo Garzón estrena la obra de teatro Un hombre solo es demasiado para un hombre solo.
Agustín Tubio/MDZA los 70 años, Gustavo Garzón vuelve al teatro con Un hombre solo es demasiado para un hombre solo, una obra íntima que escribió y protagoniza. La pieza propone una reflexión sobre el amor, la soledad y las emociones que atraviesan la vida incluso en etapas donde muchos creen que todo ya está aprendido.
La historia sigue a Joaquín B. González, un escritor que atraviesa un bloqueo creativo y comienza a escribir un diario íntimo por recomendación de su profesora de literatura. Ese ejercicio lo lleva a revisar su vida y a enfrentarse a una experiencia inesperada: enamorarse por primera vez.
-
Te puede interesar
El reclamo de pasajeros mendocinos por nuevas cancelaciones de Flybondi
Dirigida por Julia Morgado, la obra se estrenará el 15 de marzo en Nün Teatro Bar, y apuesta a un formato íntimo, pensado para salas pequeñas. Con una puesta sencilla y un equipo reducido, el proyecto también refleja el espíritu de autogestión que Garzón sostiene desde hace años dentro del teatro argentino.
Mirá la entrevista completa con Gustavo Garzón
—¿Cómo te gusta definirte más, ¿como artista, actor, guionista, director, docente?
—Artista. Vivo la vida así, como un artista. Porque creo que el tema de autopercibirse artista hace que también yo me sienta un artista cuando voy al cine a ver una película, cuando converso de teatro con amigos, o sea, todo el mundo del arte, cuando voy a un museo, cuando leo un libro; todo eso me hace sentir artista.
Después, en orden, no sé si se mide en orden de vocación o de horas de dedicación; entre la actuación y la escritura, obviamente soy actor cuando tengo que llenar un formulario y dice "profesión", como actor, pero tengo tanta vocación por la escritura como por la actuación; creo que hasta más por la escritura. Lo que pasa es que al actuar fui aprendiendo y ahora me sale cómodo. Y la escritura sigue siendo un lugar que me hace como unas cosquillas y donde siento que es el lugar donde puedo superarme día a día.
Además, puedo trabajar en mi casa, que yo estoy obligado a estar en mi casa por una situación familiar; tengo que estar mucho tiempo en mi casa. Y escribir me permite estar en mi casa haciendo lo que tengo que hacer como padre de mis hijos y a la vez estar activo. Y también me gusta dirigir cine, y también me gusta producir, o sea, todo me gusta, por suerte.
Y fui desarrollando cierto tipo de habilidad para rebuscármela. Cuando no trabajo como actor, le busco la vuelta como productor, o si no como autor, o si no como... qué sé yo, le busco la vuelta porque me siento capacitado más o menos para hacer todas esas cosas porque las hice y no me fue mal. Entonces, bueno, tengo la confianza necesaria para emprender. Menos dirigir ópera, me animo a cualquier cosa, me animo y con confianza. Tengo la moral alta.
Estreno de la obra de teatro Un hombre solo es demasiado para un hombre solo
—Y estás por estrenar una obra que se llama Un hombre solo es demasiado para un hombre solo. ¿Lo dije bien?
—Sí, es una frase de Antonio Porchia a la que yo le cambié una palabra. La frase es "Un hombre solo es mucho para un hombre solo" y para no tener un juicio por plagio. En realidad fue un error; le puse "demasiado" porque pensé que la frase era "demasiado". Y después alguien me dijo: "Che, esa frase es tal de Porchia. Y yo: "Sí, pero la frase es ‘mucho’". Entonces le dejo "demasiado", así no dice Porchia que le robé la frase.
—¿Y qué te motivó a escribir esta obra?
—Me motivó, yo creo, la necesidad de hablar del amor, unas ganas que tenía hace tiempo de reflexionar acerca de lo que es el amor para el hombre. Cómo yo, como hombre, he vivido el amor a lo largo de mi vida y cómo lo sigo viviendo. Una reflexión, ganas de hablar de eso; siento que tengo para contar de eso, que me resulta interesante. Del amor en todas sus instancias. Desde la infancia hasta los 70 años que tengo.
Y la obra, si bien es ficción, porque yo no hago de mí, mi personaje es Joaquín B. González, que es bisnieto de Joaquín B. González. Un político, un gran escritor, no solo un político, fue gobernador de La Rioja a los 26 años y además fundó la Universidad Nacional de La Plata.
Entonces me gustó ser bisnieto de una celebridad así porque mi personaje también escribe, pero es un escritor medio fracasado, fallido, que no puede escribir. Entonces la profesora de literatura lo manda a escribir un diario íntimo, que es un ejercicio que se suele hacer para recuperar el hábito de la escritura. Y escribiendo su diario íntimo, el personaje se mete en los recovecos del amor porque justo cuando lo empieza a escribir, está atravesado por una situación amorosa muy fuerte. El personaje, que es un personaje que a los 70 años se enamora por primera vez en su vida. Nunca se había enamorado. Creía que sí, no sabía. Hasta que lo parte el rayo del amor y ahí se desestabiliza completamente por la emoción del amor y pasa a vivir en otra dimensión a los 70 años.
Diferencia entre estar enamorado y amar
—Escuché que diferenciás esto de estar enamorado de lo que es el amor.
—No, yo no. Gente que piensa en el amor. Yo me enteré de eso muy de grande. Lo tenía que haber sabido más de chico. Parece que sabe mucha gente. Yo no lo sabía. Entonces, bueno, sí, la obra reflexiona acerca de la diferencia entre lo que es estar enamorado y amar. Y construir un vínculo de amor que es muy distinto de estar enamorado. Yo, para mí, era todo lo mismo, no sabía.
Bueno, siempre me siento un aprendiz en el amor. Personalmente, a la edad que tengo, siento que sigo aprendiendo. No termino de aprender, en realidad. No sé si alguna vez se aprende. A golpes yo aprendí.
—¿Hubo algo que le costó dejar afuera de la obra o todo lo que usted pensó está?
—No, está todo lo que yo quiero que esté. Lo que me costó dejar afuera tenía que quedar afuera. O sea, yo no me aferro a lo que escribo ni me enamoro de lo que hago. Nunca. Entonces, todo lo pongo al servicio del producto.
Y en este caso, la directora, Julia Morgado, que es una chica muy joven, de 33 años, que instintivamente la elegí... No instintivamente, vi un trabajo de ella que me gustó mucho y le ofrecí hacer algo juntos. Y me acompaña desde el principio, hace un año en esto, desde que teníamos la hoja en blanco y no sabía qué quería hacer. Y encontré una excelente directora y ella me dice: "Gus, esto me parece que está sobrando"; ni lo dudo, lo saco. Y bueno, lo pondré en otra cosa algún día.
Porque me falta... Ya me di cuenta de que hablé de todo como autor, de las cosas que me afectan, me atraviesan emocionalmente. Hablé de mi hija de doce años, cuando tenía doce años, de Tamara, porque hice una película dedicada a sus doce años, que se llamó Por un tiempo, que la escribí también. Hice dos películas sobre discapacidad, porque tengo hijos con discapacidad; hice las dos películas.
Hice una obra que es un biodrama, casi autobiográfica, que se llamó 200 golpes de jamón serrano, donde hablé de mi enfermedad, del cáncer que tuve, y hablé de mi trabajo, mucho de mi trabajo. Y me falta hablar de amor. Y ahora lo único que me falta es hablar de política. Así que creo que la próxima. Lo intenté una vez y no encontré quién me acompañara. Porque la gente dice que a la gente no le gusta ver obras de política.
Situación actual de los actores en Argentina
—Hablando de política, ¿cómo ve la situación actual de actores?
—Pésima. El peor momento de nuestra historia. Y no estoy hablando de política, estoy hablando de la realidad, de lo que nuestro sector atraviesa. Murió la televisión, hace tiempo. Eso no es de este gobierno, eso ya vino de antes. Este gobierno mató al cine argentino, y solo nos queda el teatro. Pero como también le sacaron a la gente la plata del bolsillo, a la gente le cuesta juntar la plata para ir al teatro. Así que es un momento muy desgraciado para esta actividad mía. Después, cada cual hará lo suyo.
Pero bueno, el hecho de que no haya consumo en general, que cierren los negocios, o sea, si no hay consumo, el comerciante no vende, entonces el fabricante no produce, y es una cadena de... Esto no parece que vaya a cambiar, y bueno, hay que... Yo, en mi caso, trato de refugiarme en mí mismo, en mis cosas, en mis afectos, y construir mis emprendimientos. Siempre hice autogestión. Toda mi vida hice autogestión. Nunca estuve tanto tiempo sin recibir una propuesta laboral. Desde hace más de un año que no recibo una propuesta laboral de afuera.
Bueno, por eso me inventé también esto, por necesidad emocional, creativa, por ganas de escribir, porque me gusta escribir y me gusta actuar, y por necesidad económica, porque yo con esto voy a recorrer el país. La hicimos barata, la escenografía entra en el baúl de un auto, es sencilla de realizar, somos pocos, viajamos tres personas, entonces está pensada, que es la manera que tenemos los actores, más o menos conocidos, de seguir viviendo como profesionales.
Ir al interior, a la ciudad de los pueblos, que siempre nos reciben con los brazos abiertos. Yo siempre tuve ese recurso; acá me encanta ir de gira, eso me gusta mucho, e hice esta obra un poco cuando me la vi venir. Primero, yo estaba escribiendo una película con el tema del amor, cuando ganó Milei y dijo que iba a cerrar el Incaa, que lo hizo, quedó abierto, no sé, para que el portero te diga: "Buen día".
Cuando vi todo eso que venía, muté, porque dije: "Esto solo se puede hacer con el subsidio del Incaa, y si no hay más subsidio, no lo puedo hacer". Entonces me muté a la obra de teatro. Estoy acostumbrado también a las crisis; nunca viví una como esta, pero acostumbrado a las crisis, y les gano de mano, entonces me adelanto a lo que va a venir. Tengo mucha familia, tengo muchos gastos fijos.
Conexión con el público en un teatro chico
—¿Y cómo influye con el público esto de que sea la obra pensada para un teatro chico, con una escenografía chiquita?
—A mí no me importa, no sé al público. Creo que el público lo valora también. A mí no me importa trabajar con las grandes luminarias, los teatros de mil personas o en uno de cuarenta. Porque también soy optimista, creo que lo que hago es bueno, y puede crecer. De hecho, todas las cosas más significativas que hice de la autogestión empezaron muy chiquititas, y después crecieron. Ojalá con esta pase lo mismo, pero no sé.
Hay mucho teatro independiente acá; es muy vital. Hoy día te diría que hay más creatividad en el teatro independiente que en el comercial. Esto lo sabe la gente que hace teatro comercial. Esto que hago yo es teatro experimental, es un experimento. Yo nunca vi una obra escrita como yo escribí esta. Es un formato que no conozco. Entonces, para experimentar, vos no vas a ir a experimentar al teatro comercial, donde si te va mal, hacés cuatro funciones y te echan. No es lugar para ir. O sea, al teatro comercial llegás cuando el producto está probado.
Yo tengo que probarlo en un circuito donde lo experimental tenga cabida y de a poco, si la gente lo acepta y le gusta la obra y la entiende y se ríen, qué sé yo, y sufren y todo lo que tiene que pasar, de ahí puedo subir la escalera. Pero ahí por lo menos puedo estar un tiempo, porque no me exigen que venda 500 entradas por función. Ahí yo vendo 50 entradas por función y estoy bien. Y 50 creo que puedo vender, no sé, espero que sí.
Dónde sacar las entradas para Un hombre solo es demasiado para un hombre solo
—¿Y la gente de dónde puede sacar las entradas?
—Por alternativa teatral.
—¿Y qué día estrenan?
El 15 de marzo, el domingo. Ya, ya estrenamos.
Qué es un bloqueo creativo y cómo superarlo
—Y antes hablaste de que el personaje pasa por un bloqueo creativo. ¿Te pasó a vos esta experiencia personal?
—Totalmente, es lo mismo. Hace diez años tuve un bloqueo creativo. Yo escribí 20 años sin parar. Escribí cine, televisión. Esta es la primera obra de teatro entera que es mía, pero sí colaboré, adapté. Y un día no pude escribir más y tuve diez años y ahora puedo volver a escribir diez años después. Los motivos son más psicológicos, pero la realidad es que a mí me pasó lo mismo.
Por eso soy tan feliz, que recuperé las ganas de escribir. Porque antes escribía, pero no me gustaba nada, entonces borraba todo lo que hacía durante diez años. Y yo necesito de eso, tanto como del actuar y del oficio, pero es muy vital para mí tener un proyecto, una ilusión, tener algo para hacer que me guste. Como cualquiera.
—Y después de diez años, ¿pudiste reconocer qué fue lo que te bloqueó en ese momento?
—Creo que sí. Creo que fue el mismo tema que me llevó a terapia y el psicólogo me dijo: "Usted, para que no sea todo pérdida, tiene que escribir esto que le está pasando". Y no lo podía hacer en ese momento, porque estaba muy enfrascado en el tema. Y ahora, diez años después, con la distancia suficiente, hasta con cierto humor, puedo reírme un poco de las cosas y salí intacto de alguna manera; no me enfermé, no perdí las ganas de vivir, mi familia está fenómena, yo más o menos también. Así que puedo decir, puedo contarlo, porque salí airoso de una situación que no fue muy feliz emocionalmente para mí.
—¿Y ese desbloqueo cómo surgió? ¿De un día al otro empezó a escribir de vuelta?
—No, no, me costó mucho. Bueno, empecé con la película esta. Lo primero fue intentar escribir la película, que mucho no me gustaba, pero dije: "Yo tengo que escribir". Entonces, mucho no me gustaba. En realidad, lo que hice fue casi documentar una situación que viví yo. No lo veía muy creativo, pero me acordaba de los diálogos que pasó. Y después, cuando mutó al teatro, fui más profundo. Sentí que tenía un tiempo, que la vida me estaba dando un tiempo para profundizar y reflexionar, y hasta elegí el detalle de cada palabra. Y lo sigo haciendo; como no se estrenó y como la escribo yo, nadie me puede decir nada.
—Los últimos años experimentó un nuevo amor, que es el de ser abuelo. ¿Cómo vive eso?
—Fantástico, no puedo creer que esa chica me quiera tanto. Es hermoso, la verdad que es hermoso, y además me doy cuenta de que estoy descubriendo cómo es la evolución del ser humano, que a mis hijos, no sé, es otra responsabilidad, no los podés contemplar. Y a mi nieta la puedo contemplar y cada palabra nueva que dice, digo: "Ayer no decía". Y con mis hijos no, bueno, yo trabajaba mucho también.
Toda desgracia tiene un beneficio secundario. Esta desgracia que estamos viendo tiene el beneficio secundario de que uno puede mirar más adentro; como no tiene tanto quehacer porque no hay trabajo, entonces está más cerca de los hijos, de la nieta, de las emociones. Yo hago coro, que me encanta el coro, yoga, bueno, hago cositas que me gustan a mí. Aprovecho un poco mientras me alcance la plata, pero el abuelazgo es una sorpresa que me dio la vida, yo no imaginaba, no era algo que deseaba, dije: "Si se da, se da, veré de qué se trata". Como hago con todas las cosas, uno no puede anticipar que tal cosa va a ser la felicidad o tal cosa va a ser la tristeza, porque las cosas hay que atravesarlas para saber de qué se tratan. Y realmente me sorprende un estado de felicidad y de luminosidad conectar con ella y verla feliz a mi hija.
Mensaje para las nuevas generaciones de artistas
—Y para ir finalizando, ¿qué mensaje le gustaría darle a las nuevas generaciones de artistas?
—Bueno, en principio, hoy, que no se dediquen a la actuación, que no esperen ser profesionales, hoy, es lo mejor que se les puede decir, que si les gusta, desde lo vocacional, desde el amor, es una actividad hermosa, sanadora, creativa, de equipo; uno aprende mucho, a respetar al otro y la creación, todo eso es divino, pero hoy, ya ven cómo está el panorama, o sea que la plata búsquenla por otro lado. Lamento decirles esto.
Ojalá hubieran vivido en mi época, que sí podíamos ser profesionales. Pero hoy, es para muy pocos. Pero igual, aliento a que se formen y estudien. Si quieren, vengan a estudiar conmigo, que doy clases. Pueden tranquilamente escribirme por Instagram @gustigarzon, y yo estoy dando clases. Y soy bastante bueno, me dedico, no falto, ahí estoy, al pie del cañón, no tengo asistente ni secretario.
