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Fuerte reclamo de los bancos al Gobierno y JxC por la montaña de la deuda en pesos

La gigantesca montaña de pesos que suponen los vencimientos de deuda emitidos en moneda local, ya son una luz roja entre los tenedores de títulos. Los bancos piden que respeten los compromisos y que el tema quede fuera de la campaña electoral. Reclaman precisiones y restituir la confianza.
Foto: Noticias Argentinas
Foto: Noticias Argentinas

Los principales interesados en que no explote "la bomba" pasaron a la acción. Los bancos privados, tanto de capital nacional como extranjero, se presentaron en persona con referentes económicos tanto del Gobierno como de la oposición para plantear que el vencimiento de deuda en pesos, tanto durante el 2023 como durante un eventual gobierno de Juntos por el Cambio, no debe ser tema de campaña.

No se trata de un capítulo como para debatir en público sin precisiones técnicas, salvo que se discuta una solución voluntaria del problema y en un esquema donde intervengan responsables económicos de los dos frentes políticos más importantes del país.

Por el contrario, fueron muy concretos en asegurar que si el vencimiento de deuda en pesos y su eventual default (cercano o lejano en el tiempo) continúa siendo un tema político de campaña y se transforma en una cuestión de debate electoral como el juicio a la Corte Suprema de Justicia, o si existe o no una proscripción a Cristina Fernández de Kirchner; los perjudicados serán los dos bandos en pugna.

Y las consecuencias sobre la confianza en el sistema financiero (o la falta de ella); será algo que sufrirán tanto los actuales gobernantes, como los potenciales sucesores de Alberto Fernández que militan en partidos opositores. Cualquiera sea el que triunfe.

Llamado a la responsabilidad

Los banqueros dejaron en claro que poner este tema como eje de campaña es una "irresponsabilidad", tanto por parte del gobierno actual como de los aspirantes; y que, un tópico de este calibre sólo debe reservarse para ámbitos más cerrados, prolijos en el debate, técnicos y académicos. Pero no en el campo de batalla electoral.

El mensaje fue transmitido sin eufemismos de manera directa por parte de representantes de bancos de capital nacional y extranjeros, cara a cara, a funcionarios del Ministerio de Economía y referentes máximos de JxC vinculados a Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

Las comunicaciones se efectuaron la semana pasada, entre el jueves y el sábado; y terminaron de expresarse en los dos feriados de Carnaval del lunes y el martes. Las reuniones se realizaron en institucionales varias, domicilios particulares y contactos personales; y en todos los casos se evitaron los envíos de datos y opiniones vía redes.

Las frases que se escucharon en los tres contactos giraron en torno a la responsabilidad necesaria para hablar de la deuda en pesos, de la sensibilidad del mercado local (especialmente a los ojos de los inversores internacionales, que aún navegan con posiciones en bonos emitidos en pesos) y del peligro inminente que existe de corrida monetaria, cambiaria o similar si desde los inversores se toma la decisión de considerar a la abultada deuda en pesos como algo inmanejable. Tanto para este Gobierno como para el próximo. Cualquiera sea quien gobierne. 

Los banqueros hablaron como los tenedores de casi el 45% de la deuda global en pesos, tanto considerados como los activos de las propias entidades financieras, fondos comunes de inversión, compañías de seguros y simples inversores particulares. Además de la cartera de los propios bancos.

El futuro cercano

Lo que dejaron en claro los mensajeros del sistema financiero, es que si no se trabaja en un clima de colaboración, profesionalismo y tecnicismo extremos, y dejando de lado el debate como parte de la campaña electoral y "la grieta", tanto el oficialismo como los potenciales sucesores a manejar la Casa Rosada recibirán las consecuencias de la falta de confianza en la praxis económica y financiera.

Alertaron además los banqueros que "no hay tiempo" y que se acerca el momento de tomar decisiones; algunas quizá fuertes, y que ameritarían acuerdos políticos. O al menos, coincidencias sobre que lo que se resuelva en estos tiempos, se sostendrá en los próximos años.

Fue lo que, por ejemplo, se le planteó a los economistas de JxC. Sin eufemismos, un hombre con muchos años en la banca le preguntó a uno de los profesionales que trabajan con Patricia Bullrich si su sector pensaba o no "ir al default con la deuda en pesos" que vence en 2024 y cuyo lanzamiento se negocia en estos días, semanas y meses.

El problema serio comienza en abril, cuando los vencimientos empiezan a crecer de manera casi exponencial, sumando además altos niveles de compromisos con privados. En abril deben liquidarse unos $1.271 millones ($400 millones con privados), unos $1.228 millones en mayo ($800 millones con privados), $1.874 millones en junio ($800 millones con privados), $3.320 millones en julio ($1.300 millones con privados) y $2.995 millones en agosto ($1.100 millones con el sector privado).

En total la suma es escalofriante: unos $15.142 millones de vencimientos en moneda local, en el período donde, además, el oficialismo se jugará su continuidad en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).

Como ya lo contó este medio, tanto dentro del Palacio de Hacienda como en el mercado de capitales local califican al calendario como un Everest Financiero de muy difícil (pero no imposible) resolución. Más, teniendo en cuenta las dificultades políticas con las que deberán actuar Sergio Massa, el viceministro Gabriel Rubinstein y el secretario de Finanzas Eduardo Setti. Todos saben, que sin confianza en el futuro político, semejante renovación de deuda será de reconversión más que dura.

Estrategia oficial

Sin embargo, desde Finanzas se piensa en enfrentar el dilema desde dos puntos de cierta expectativa de fortaleza. En primer lugar, se trata de papeles que en un 62% está en poder de entidades públicas (datos a enero 2023), comenzando por Anses a través de Fondo de Garantía dde Sustentabilidad (FGS) y siguiendo por el Banco Central, bancos públicos en general y alguna provincia de las más relevantes, en términos de actividad económica.

Luego, entre los privados hay un porcentaje del 38%. Un 13% está en poder de bancos privados, los que también pueden escuchar las propuestas que en su momento Massa y Setti tengan para hacerles, más en tiempos de convulsión política. Aprendieron los bancos a no ser tomados como los enemigos de la estabilidad, más en tiempos de elecciones.

En poder de compañías de seguros hay un 6%, que suelen seguir las órdenes oficiales en cuanto a la toma de bonos y letras en sus carteras. Es una manera de contar siempre con liquidez para su operatoria habitual, dado que los gastos del sector son siempre en moneda local.

Finalmente, quedan las tenencias de fondos de inversión (8%), y el resto entre algunos fondos extranjeros que permanecen en inversiones locales, los cuales son de reacción imprevisible. Sobre este público -los privados- será donde deberá actuar y convencer Massa para la renovación de semejante nivel de deuda. Se trata, además, de los banqueros que se pusieron en contacto con los economistas que tienen o tendrán relación con el tratamiento.