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Más de 57.000 empresas argentinas ya están en mora y crece el riesgo financiero

La cantidad de empresas en mora aumentó 18,7% entre enero y junio. El índice SERF cayó a 38,3 puntos en agosto y pasó a la categoría de “Riesgo Elevado”.


El escenario para las empresas argentinas se volvió más exigente. Un total de 57.045 compañías se encuentran actualmente en situación irregular o en mora, de acuerdo con un informe de Fidelitas, que además advierte sobre el deterioro del crédito, el incremento de la morosidad y la debilidad de buena parte de la actividad industrial.

El Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (SERF) elaborado por la firma se ubicó en 38,3 puntos en agosto, lo que significó una caída de 6,9 unidades respecto de julio, cuando había alcanzado los 45,2 puntos. De esta manera, el indicador pasó de la categoría “Señales Mixtas” a “Riesgo Elevado”.

Según el reporte, la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no se refleja en una mejora generalizada de las condiciones en las que desarrollan sus actividades las empresas.

Crédito débil y más dificultades para pagar

Uno de los principales focos de preocupación está puesto en el financiamiento. El Índice de Riesgo Crediticio descendió hasta los 17,8 puntos, en un contexto marcado por dificultades para cumplir con las obligaciones y un bajo nivel de endeudamiento mediante crédito.

“El indicador muestra que la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no logra traducirse en una mejora generalizada de las condiciones en las que operan las empresas”, explicó Félix El Idd, CEO de Fidelitas.

El informe señala que la estabilización de los precios tampoco alcanzó para generar una recuperación sostenida de la capacidad de pago. En consecuencia, las empresas enfrentan una situación en la que cobranza, liquidez y evaluación del riesgo comercial adquieren un peso cada vez mayor.

La industria volvió a retroceder

A la presión financiera se suma el desempeño de la actividad manufacturera. La producción industrial cayó 4,9% interanual en julio y acumuló una baja del 2,6% durante los primeros siete meses de 2026.

La comparación mensual también mostró un retroceso significativo: descontados los factores estacionales, la producción se contrajo 5% frente a junio.

El deterioro fue extendido. Doce de las 16 divisiones manufactureras relevadas registraron descensos interanuales.

Entre las bajas más pronunciadas aparecen los bienes durables y de capital, un dato relevante por su relación con las decisiones de inversión. La fabricación de maquinaria y equipo cayó 26,7%, con una disminución del 46,6% en maquinaria agropecuaria y del 20,9% en aparatos de uso doméstico.

También retrocedieron 31,4% otros equipos, aparatos e instrumentos, con una caída del 49,8% en electrónica de consumo y del 25% en equipos eléctricos.

En tanto, prendas de vestir, cuero y calzado mostraron una disminución del 15,9%, mientras que el rubro calzado registró una baja del 26,5%.

Hubo, sin embargo, cuatro sectores que mostraron crecimiento: refinación de petróleo (8,1%), madera y papel (7,1%), metálicas básicas (1,6%) y otro equipo de transporte (2,6%).

Las empresas en mora ya son más de 57.000

El deterioro del crédito tiene su correlato directo en la cadena de pagos. Según Fidelitas, 57.045 empresas se encuentran actualmente en situación irregular, sobre un universo cercano a las 480.000 compañías activas.

Esto significa que casi 12% de las empresas se encuentran en mora. La cifra representa un incremento interanual del 56,5%, mientras que entre enero y junio de este año el aumento fue del 18,7%.

Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total. En términos interanuales, los mayores incrementos se observaron en Comercio, con 78%; Manufactura, con 76,3%; y el sector Agropecuario, con 65,6%.

A este panorama se suma la cantidad de cheques rechazados, que permanece alrededor de los 80.000 mensuales. Durante los primeros ocho meses de 2026 ya se acumuló un volumen equivalente al registrado durante todo 2025.

El impacto sobre la cadena de pagos

La combinación de empresas con dificultades para cumplir sus obligaciones, cheques rechazados y restricciones para acceder al financiamiento genera un efecto que puede extenderse a proveedores y clientes.

Cuando una compañía demora sus pagos, la presión financiera puede trasladarse hacia otras firmas que hasta ese momento mantenían una situación normal. El riesgo se amplifica cuando varias empresas dependen de un mismo sector o de un mismo ciclo de demanda.

Desde Fidelitas remarcaron que la evaluación de un proveedor ya no debería limitarse a cuestiones vinculadas con la calidad, la tecnología o los servicios ofrecidos, sino que también debería contemplar su solidez financiera.

El riesgo financiero constituye otro de los obstáculos para una recuperación más firme.

En agosto, las tasas efectivas anuales con capitalización mensual alcanzaron 88,86% para los préstamos personales y 23,40% para los depósitos, una diferencia de aproximadamente 65,46 puntos porcentuales.

Para las empresas, esta situación impacta especialmente sobre el capital de trabajo. Si una firma tarda más tiempo en cobrar, debe sostener durante mayor plazo los gastos vinculados con mercadería, salarios e impuestos.

Por eso, un aumento de las ventas no necesariamente implica una mejora inmediata de la caja. Si los márgenes no alcanzan para absorber el costo financiero, una mayor facturación puede quedar inmovilizada en cuentas por cobrar o en stocks.

Una recuperación que todavía no alcanza

El informe también señala algunos datos positivos. La inflación de agosto fue del 1,7%, mientras que el comercio exterior mostró un comportamiento relativamente favorable.

Sin embargo, desde Fidelitas consideran que esas señales todavía no alcanzan para compensar la debilidad del mercado interno y las dificultades que persisten en materia crediticia.

El Índice de Actividad del SERF llegó a 54,2 puntos, con comportamientos dispares entre los distintos sectores. El crecimiento interanual del EMAE de junio, de 2,7%, aportó de manera positiva, aunque la tendencia-ciclo se mantuvo prácticamente estable.

Para la consultora, el escenario actual combina cierta estabilización macroeconómica con una recuperación todavía incompleta de la actividad empresarial.

En este contexto, el aumento de la morosidad, el nivel de cheques rechazados, las tasas elevadas y el desempeño irregular de distintos sectores obligan a las compañías a extremar el seguimiento de sus clientes, proveedores y demás contrapartes comerciales.

Además, Fidelitas detectó un incremento de empresas con deudas previsionales impagas y una mayor cantidad de sanciones de la UIF y el BCRA.

La conclusión del informe apunta a un cambio en las prioridades empresariales: no alcanza solamente con vender, sino que resulta clave cobrar, conservar liquidez y administrar con mayor precisión el riesgo de cada operación.