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El funcionario de Sergio Massa que salió a la caza de sus excolegas del mercado

El Everest financiero que para los analistas suponen los vencimientos de deuda en pesos, está generando fuertes críticas de economistas, algunos de los cuales están vinculados a la oposición. La respuesta del número dos de Economía y lo que puede pasar en los próximos meses.
Foto: Telam
Foto: Telam

Gabriel Rubinstein fue el elegido. El viceministro de Economía es el encargado de encabezar, por ahora vía redes, la contraofensiva contra el grupo de economistas profesionales/ legisladores y dirigentes varios que declararon en los últimos días que la estrategia financiera del Palacio de Hacienda estaría generando una especie de bomba de vencimientos para la gestión que suceda a Alberto Fernández; la que, según estas visiones, plantearía serias e inmanejables circunstancias de gestión para el próximo gobierno.

Rubinstein salió con fuerza vía Twitter el martes pasado a contrarrestar la ofensiva opositora, con el aval total de Hacienda y el Ejecutivo; con la misión concreta de dejar en claro la hipótesis oficial sobre el endeudamiento. Concretamente, la idea que la deuda generada en estos tiempos posteriores a la renegociación de la deuda externa con privados y con el Fondo Monetario Internacional (FMI) está radicada en moneda nacional; a diferencia de aquella que fue emitida en divisas. Y que, en consecuencia, su peso sobre las arcas públicas es diferente.

¿Por qué la elección de Rubinstein? Simple. El ahora funcionario era, hasta hace sólo unos meses, un colega directo (y competidor de clientes como consultor económico y financiero) con aquellos con los que ahora debate y discute. El ex integrante del equipo de Roberto Lavagna, era (y por qué no, es aún), uno de los profesionales más escuchados, consultados y contratados de todo el panorama financiero argentino; en igualdad de condiciones de cualquiera con los que hoy debate vía redes sociales.

Incluso compartió escenario y diagnóstico con ellos y ellas, con argumentaciones técnicos similares y coincidentes. Al punto de generarle más de un problema en el momento de ser convocado a acompañar a Sergio Massa.

Más allá de las condicionalidades y la realidad de la visión de Rubinstein, lo importante es saber cuál es el peso del que habla la oposición; y que el Gobierno deberá renegociar con el sistema financiero criollo; ya que su volumen está en moneda local. 

El problema serio comienza desde abril, cuando los vencimientos comienzan a crecer de manera casi exponencial, sumando además altos niveles de compromisos con privados. En abril deben liquidarse unos $1.271 millones ($400 millones con privados), unos $1.228 millones en mayo ($800 millones con privados), $1.874 millones en junio ($800 millones con privados), $3.320 millones en julio ($1.300 millones con privados) y $2.995 millones en agosto ($1.100 millones con el sector privado).

En total la suma es escalofriante: unos $15.142 millones de vencimientos en moneda local, en el período donde, además, el oficialismo se jugará su continuidad en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).

Tanto dentro del Palacio de Hacienda como en el mercado de capitales local califican al calendario como un Everest Financiero de muy difícil (pero no imposible) resolución. Más, teniendo en cuenta las dificultades políticas con las que deberán actuar Sergio Massa, Rubinstein y el secretario de Finanzas, Eduardo Setti. Todos saben, que sin confianza en el futuro político, semejante renovación de deuda será de reconversión más que dura.

Sin embargo, desde Finanzas se piensa en enfrentar el dilema desde dos puntos de cierta expectativa de fortaleza. En primer lugar, se trata de papeles que en un 55% está en poder de entidades públicas, comenzando por Anses y siguiendo por bancos públicos en general y alguna provincia de las más relevantes en términos de actividad económica.

Luego, entre los privados, hay un porcentaje mayor al 30% en poder de compañías de seguros, que suelen seguir las órdenes oficiales en cuanto a la toma de bonos y letras en sus carteras. Es una manera de contabilizar siempre con liquidez para su operatoria habitual, dado que los gastos del sector son siempre en moneda local.

Otro puñado similar de papeles está en poder de bancos privados, los que también pueden escuchar las propuestas que en su momento Massa y Setti tengan para hacerles, más en tiempos de convulsión política. Aprendieron los bancos a no ser tomados como los enemigos de la estabilidad, más en tiempos de elecciones.

Finalmente, quedan las tenencias de fondos de inversión, algunos extranjeros que permanecen en inversiones locales, los cuales son de reacción imprevisible. Sobre este público será donde deberá actuar y convencer Massa para la renovación de semejante nivel de deuda.