Tomás Abraham: "Las democracias viven más en crisis que las dictaduras"
Tomás Abraham piensa la república amenazada aquí y allá. Critica la democracia iliberal. Ve a Milei débil. Y dice que su filosofía no es la de hippie con OSDE.
El filósofo Tomas Abraham aporta otra visión sobre las narrativas políticas, siempre en la contra corriente.
El filósofo Tomás Abraham es uno de esos (pocos) intelectuales argentinos a los que resulta sumamente difícil de ubicar si debiéramos clavar una bandera ante un mapa que precisa territorios con organización política y económica, himno nacional, símbolos patrios, gobierno y gobernados, una bandera, héroes y mártires.
Suena horrible decir filósofo, debido a la audaz cualidad de muchísimas personas que se perciben dotadas casi desde la cuna de esas habilidades y destrezas. Muchísima gente cree que ser filósofo o psicólogo es un bolazo (en general esas personas deberían asistirse con algunas de estas faunas). Y el entrevistado desde muy joven tuvo en claro que iba a ser un filósofo en serio.
El señor Abraham lo es. Y vaya que lo es, al punto de engrosar la categoría de filósofo ineludible. Creo que también a él le suena horrible lo de “filósofo”. Ha mantenido por décadas un taller semanal en el cual el público no era el más tipico que se prejuzgue. Y cuando ingresó a la UBA en 1984 sorprendió con varios métodos a la hora de enseñar una disciplina que se inició en siglo VI a.C.
Lo cierto es que la contribución al campo del pensamiento, su permanente modo de estudiar, aprender, olvidar y su actitud ante los interrogantes más diversos, bien lo hacen merecedor de ese mote: filósofo.
Filosofía
Nadie podría haber supuesto que aquel joven tartamudo de los años 60 iba a ser un locuaz profesor universitario para auditorios desbordantes o un apasionado dialoguista, en fin, un hombre que ha producido una vasta exploración mediante cursos, seminarios, charlas. Y, desde luego, como autor de libros.
El filósofo habla aquí de las narrativas del poder, del relato, de los discursos dominantes, en una melange con opiniones contundentes sobre Trump, Milei, la apropiación del término libertario, de la democracia tan vapuleada.
Pero hay más temas: los hippies a los que siempre miró con recelo, un poco de los hechos del Mayo Francés (donde estuvo en cuerpo y alma), y de Rumania (el lugar donde nació).
Y se refiere a otros rumanos, también. Coloca al periodista Bernardo Neustad en un lugar inusual del “relato” histórico. Es un testimonio sorprendente. Pero es nada comparado a la amarga, lenta e impactante desazón que me causó sus revelaciones sobre Emil Cioran, una debilidad para quien esto escribe (aunque ahora habrá que pensar todo de nuevo).
Libertarios
Todos hemos supuesto que aqui en el confín sudamericano se inventó lo libertario y sus derivados, aquello referido a esa noción tan vaga como todavía ambigua. Y tan familiar en el léxico de la época. Pero resulta que no. Abraham lo cuenta en este video.
Milei
Y al final le pregunté por un aspecto deportivo, como asiduo al tenis, a lo que el señor Abraham, a los 79 años, respondió con un comentario que refleja el espíritu de un ser atrapado en su vocación, en su visión, sin detenerse en detalles, como el paso del tiempo.
Francisco, su padre, se casó con Magdalena Spitzer en el último aliento de la Segunda Guerra Mundial, en Rumania. A fines de 1946 nació Tomás y en 1948 consiguieron pasaportes para viajar y alejarse del horror nazi y la miseria europea. Todos enfilaron hacia Buenos Aires.
La empresa Ciudadela (y la de bobinas de hilos de coser Tomasito, ya saben por qué ese nombre) comenzó su actividad en 1949. En 1955 su padre compró en sociedad con su tío un Chevrolet modelo 1940. Dos años después tenía su primer coche propio, también Chevrolet. En 1960 la familia Abraham era poseedora de un Káiser Carabela color gris plateado.
En los años 90 el filósofo volvió a trabajar en la empresa familiar, a instancias de su padre: lo solicitaba con urgencia para que tanto esfuerzo y dedicación no desapareciera. En coincidencia con las circunstancias de la economía del gobierno de Menem, su inesperada vuelta a la fábrica al menos provocó la escritura de un libro llamado “La empresa de vivir”.
Es un gran libro, digo yo, que lo leí cuando se publicó, y que he vuelto a releer por estos meses, mientras he devorado el acervo audiovisual que Tomás Abraham ha decidido legar en YouTube, acaso para que sus ideas y trabajos tampoco desaparezcan. No tan rápido como la antropofagia argentina manda.
“Es un libro útil”, me dice, ahora, cuando le pregunto por las similitudes de aquellos días y la época que transitamos en Argentina, 25 años después.
El canal del filósofo argentino en YouTube es una de las mejores recomendaciones que podría hacer esta semana.
Entrevista
- Propuse algunos temas como disparadores. Uno de ellos era lo de pensar desde fuera del poder. Me refería a las maquinarias oficialistas estatales que imponen una narrativa, abusando a veces del aparato público. ¿Cómo se puede contrarrestar una narrativa vertical y tan poderosa?
- Hay una narrativa dominante que puede provenir, ¿de dónde? No siempre de un Estado. Las narrativas dominantes tienen distintos tipos de fuentes, de orígenes. Puede ser del mercado también. Puede ser la surgida de los grandes medios masivos de comunicación. Hay narrativas que son hegemónicas, que son dominantes, pero depende también de la sociedad en la que uno vive. Si uno vive en la China de Xi Jinping, no es lo mismo que vivir en los Estados Unidos de Trump, para darte dos sociedades hegemónicas a nivel mundial pero con una organización diferente Vos en la China no podés levantar la voz contra la narrativa oficial porque vas en cana. Y en Estados Unidos te responden, te apremian, te cercan, pero no te someten al silencio. Así se diferencian las dictaduras, que para mí siguen existiendo. Las narrativas dominantes tienen un distinto tipo de poder y distinto tipo de circulación. En las democracias no importa si funcionan Las narrativas, aunque sean hegemónicas, están fracturadas, o sea, son perforables, porosas, mientras en las dictaduras no lo son.
- Y en una sociedad en la que hay una fuerte presión para que exista un relato dominante, ¿cómo se lo contrarresta?
- Bueno, hablando, escribiendo, expresándose.
- Tenés toda una trayectoria en esto.
- (Cortante) Bueno, no soy una excepción. Yo en un momento dado llamé contra opinión a un modo de opinar en las redes sociales, en los medios gráficos o televisivos. En los medios de comunicación la contra opinión me parecía como que era el modo en que yo podía expresar la avalancha que había en un cierto momento en nuestro país durante el kirchnerismo, de una muy fuerte presión por imponer una narrativa.
- Siempre has sido muy disidente en cuanto a los relatos emanados del poder, tanto del estatal o el mediático o el del Círculo Rojo.
-(Corta) No hablemos de mí, hablemos del problema. Pero hubo un libro mío del 2012 que se llamó “La lechuza y el caracol”, y como subtítulo contra relato político. Es decir, frente a un relato o una ideología, relato, narrativa y los distintos tipos de acepciones que se le dan y de interpretación dentro de una sociedad, ¿cómo se lo contrarresta? Replicándola.
- Ahora, ¿con qué poder uno se la replica? La correlación es determinante.
- Y bueno, eso es variable. A veces es una voz solitaria, agresiva, un partido político o un movimiento, lo que sea, pero siempre replicando. Eso te lo permite la democracia. La democracia permite que las minorías y los individuos tengan derechos. En las dictaduras esto no existe. Como nosotros en Argentina hemos vivido de todo, hemos vivido dictaduras de distinto tipo, hemos vivido dictaduras de un cierto tipo de opresión, hemos vivido dictaduras de terrorismo de Estado, también vivimos democracias.
Desde 1984 vivimos en democracia. Esa democracia ha tenido otro tipo de calidades. No es lo mismo la que hubo de 1984 a 1987 o 1988, que la que vivimos durante el 2010 al 2015. E incluso la que vivimos ahora, del 2023 hasta hoy. Son distintas calidades, pero dentro del paradigma democrático. Eso yo no lo desconozco ni lo niego. Porque sé lo que es una dictadura. Las democracias en general son inestables, son inciertas y son inseguras. Es uno de los riesgos de toda sociedad que vive con libertad. Es un riesgo, no solamente es un derecho, sino que es un riesgo. Pero ese riesgo no tiene que hacer olvidarnos la diferencia de eso con la dictadura.
- ¿Notás que hay como una crisis en la democracia, aún en los conceptos más básicos, viendo el mundo y viendo la Argentina también?
- Bueno, depende. Nosotros en Argentina, no es que la democracia vivió su momento. Es crítica y vive en crisis permanente. No hay una democracia que tenga una estructura estable, porque eso es una dictadura. La dictadura es mucho más sustentable, con una estabilidad que no tiene la democracia. Ahora, hoy en día, en el mundo, sí se viene una situación particular... Difícil de definir. Pero que ya viene desde hace un tiempo.
Trump
- Hablamos de Trump. Inevitable.
- El fenómeno de Trump no se trata de un fenómeno que ha caído en forma totalmente sorprendente. Las democracias, que es un régimen crítico, han extremado esta crisis en ciertos países. En Rusia, en Hungría. Es decir, en ciertos lugares ha surgido esta acepción que se ha denominado como la democracia iliberal. Es decir, lo que quieren poner en crisis es el liberalismo. Ahora, la palabra liberalismo es una palabra que es un cliché. Cuando hablan de liberalismo... Es lo que yo hablo de democracia.
Entonces cuando se dice iliberal es que se está entrando en un proceso de despotismo plesbicitado. Es decir, los mecanismos de las instituciones republicanas sirven. para suprimir espacios democráticos. Eso pasa en Hungría y pasa con los movimientos de extrema derecha en Alemania, en Francia, en España, en distintos lugares de los países europeos. Pasan también en Estados Unidos con el fenómeno de Trump.
- ¿La República perdida?
- Es decir, se instalan en la República. ¿República, qué quiere decir? Que forman parte de la organización del Estado con autonomía relativa. Poder Judicial, Poder Legislativo, Poder Ejecutivo. Tienen autonomía relativa. Se instalan sobre eso para suprimir esta autonomía e imponer una política desde un Ejecutivo cada vez más despótico. Esto se llama iliberal.
Argentina
- ¿Pasa en la Argentina?
- En parte sí, en parte no. Porque el fenómeno Milei para mí sigue siendo un fenómeno débil. Es decir, no es una organización a partir del Estado y un poder con una fuerza que nos haga pensar que esto no sabemos cuándo va a terminar. Para mí es frágil, es débil, es ruidosa.
- Una base bastante arenosa.
- Sí, para mí es arenosa.
- Tu trabajo en el campo filosófico y en el campo de las ideas en Argentina, lo has dedicado para pensar hacia adelante. Una perspectiva de futuro. ¿Es así?
- Pensar la filosofía... Puede ser. Lo que sé es que yo tengo que hacer permanentemente cosas que no hice para poder sentirme libre, vivo y productivo. Yo no repito los temas de los cursos. Estuve durante 30 años organizando trabajos de investigación con gente. Y siempre cada año un tema nuevo. Los libros que escribo no se superponen.
Es decir, para mí el término tan manoseado, usado, tan conformista, que se usa en nuestra cultura en nombre de la llamada "memoria". O de los monumentos (risas) esta guerra por los monumentos, de mudarlos, cambiarles el nombre, hablar permanentemente de la "memoria" como si fuera un certificado moral... (Pausa) Yo voy para otro lado. Para el lado de lo que no hemos hecho. Para el lado del futuro, de lo incierto, algo nuevo. Eso forma parte ya de mí, así que en esto no hay cambios.
- Desde tu trabajo y tu experiencia, ¿cómo es posible detectar los cambios de paradigmas y separar los naturales de los forzados? Pienso en las ideas económicas que están primando hoy en Argentina. El cambio radical en la concepción del Estado.
- El discurso de hoy en día respecto de lo social y de lo económico es una repetición casi letra por letra de la década del 90, del Consenso de Washington. No hay ningún cambio. La idea del empresario emprendedor, el empresario creativo, servidor de la comunidad... Esta idea cultural de la riqueza no es nada nuevo. Es un revival del menemismo. Simplemente hay un lenguaje mucho más agresivo, mucho más violento. Y eso ya forma parte de cómo se fue descomponiendo la misma sociedad argentina. Fue dañándose de algún modo. Eso permite que haya ciertos personajes y cierto clima de confrontación medio brutal. Es decir, no es lo mismo la relación que tenía Menem con adversarios políticos que la que tiene Milei con los suyos. Y eso es recibido por la sociedad e incluso votado por la sociedad. Pero no es un cambio de paradigma. Es un cambio de tono.
- Si una persona quisiera más o menos entender la economía de hoy, ¿le bastaría con revisar tu libro La empresa de vivir, de los 90? Allí analizaste la economía del menemato.
. Yo creo que ese libro es útil. Nada más. Es útil para entender lo de hoy también porque no cambió esta idea del Estado maléfico. Y tampoco cambió la idea del empresario artista, del empresario genial. Otras cosas sí cambiaron. En la década del 90 no existía este poder de las redes sociales. Ni existía este universo comunicacional que existe ahora. No existían los tuits.
- Me sorprendió un tema muy personal que atravesaste en tu adolescencia con la tartamudez. Pudiste superarla cuando te mudaste a Francia y empezaste a hablar otra lengua. Es muy insólito el modo de superar esa deficiencia.
- No (carcajadas). Digamos que esa es una originalidad. Para mí la tartamudez es como una identidad que tengo yo, como un rostro que tengo, como la cara que tengo. La tartamudez a mí me marcó de tal modo que forma parte de mí. No solamente de mi historia, sino de mi ser. Es decir, yo eso no solamente no lo olvido, sino que lo sigo viviendo, a pesar de que hablo en forma bastante fluida. Esta fluidez es el resultado de una experiencia, de una vida, de un trabajo, de muchas cosas que me pasaron.
Y tiene que ver con mi relación con los idiomas, es decir, mi lengua materna es el húngaro y evidentemente yo con mis orígenes lingüísticos y después de mucho tiempo podría decir hasta geográfico, como lo son las que tengo con Rumania. Tengo una relación que no tengo con otras raíces. Es distinto a mi raíz argentina o a mi raíz judía o con mi amor por Uruguay (risas). Yo con mis orígenes lingüísticos húngaros tengo una relación conflictiva.
- ¿En tu casa se hablaba alemán?
- No, hablábamos húngaro. Y mis padres, entre ellos, a veces hablaban alemán, porque ellos eran bilingües. Conmigo hablaban húngaro, yo no sé alemán. Esa es mi lengua materna. Y cuando fui a Francia y tuve que aprender un nuevo idioma, a mí me dio una enorme libertad. Yo no podía hablar en francés porque era extranjero, no porque era tartamudo. Un enorme peso encima, que tenía que ver con una casa familiar, a veces difícil de sobrellevar para mí en una época. Y con una lengua oprimente. Me fui curando de la tartamudez en la medida en que fui viviendo solo en un país distinto con una lengua diferente.
- Has sido una persona que podría haber sido lo que se dice hoy, hippie con Osde. Siempre rechazaste esta condición.
- ¿Un hippie chic? (risas)
- Exactamente.
- No, no, yo siempre fui anti-hippie. No me lo bancaba porque me hablaban de colores, hablaban de cosas raras. Siempre me parecía gente que vivía un sueño. Y yo nunca quise vivir un sueño. Yo soy terrestre, muy. Además era un intelectual, viste, un intelectual al que le gusta discutir, que le gusta leer, que duda, que le gusta contradecir... No tuve nada que ver con los hippies. Ahora, por supuesto, la cultura de esa época, Bob Dylan, Vietnam, la revuelta del Mayo Francés... Era una cultura juvenil que iba más allá de los hippies. En Francia el hipismo no era tan claro.
- Las últimas preguntas. La primera es que los dos rumanos más célebres de este país son Bernardo Neustadt y vos.
. No. Yo no soy gente famosa. Yo soy un tipo que alguna gente reconoce, pero nada más. Pero la fama de Bernardo Neustadt... Era el periodista más escuchado. No hay que tirarle basura a él. ¿La verdad? Era un tipo que hacía un periodismo que era pro-establishment, de los que gobernaban en ese momento. (Pausa). Yo tuve algún intercambio con él. Y escribí cosas bastante hirientes sobre él. Pero él tenía una virtud: no era rencoroso. Y le gustaba intercambiar opiniones con adversarios. Además, era un hombre muy necesitado de reconocimiento, por lo tanto él quería ser aceptado por gente que lo rechazaba. Era muy cómico (ríe). Yo hago una gran diferencia, como la hice por escrito en libros también, entre Bernardo Neustadt y Mariano Grondona. Neustadt era un tipo frontal, directo. El otro era un tipo frío, cerebral y racista. Neustadt era un rumano que escondía su ser rumano. Posiblemente fuera judío. Pero se debe haber convertido para que tampoco se sepa (ríe). Siempre me pareció un personaje interesante.
- A propósito. Volviste a Rumania, ya de grande.
- Fui a Rumania de grande, sí. Escribí un libro, que es el 2021. Se llama "La Matanza Negada" y es acerca del genocidio de los judíos en Rumania.
- Otro rumano es uno de los grandes filósofos, por lo menos para mí. Me refiero a Emil Cioran. Imagino que lo debes haber leído en francés, lo que es muy diferente.
- Sí, lo leí en francés. Y escribí un capítulo entero en mi libro La Matancia Negada sobre el Cioran nazi. El Cioran nazi que fue en su juventud, que apoyó los movimientos genocidas de Rumania.
- ¿¿¿??? Desconocía ese registro.
- Claro que no sabías porque se encargó de ocultarlo. De eso se trata mi escrito. A mí, que Cioran hubiera sido nazi, me importa bastante poco. Pero el tema es que él se presenta en Francia como un filósofo pesimista, un filósofo de raíz nietzscheana, un filósofo anarco-existencialista Y esconde su lado rumano, que no dice nada sobre su militancia nazi en Rumania. Además, escribió libros en Rumanía de apoyo a los nazis y a Hitler. Estos textos, te digo, tienen un interés y una prosa, a mi entender, bastante más interesante que sus libros en francés.
- Llego al final conmovido. Debo confesarlo. Paso a tu costado deportivo. ¿Has mejorado tu revés, o todavía no?
- (Risas) Lo estoy mejorando. Lo estoy mejorando (repite). El de mañana va a ser mejor que el de hoy.
- ¡Un canto al optimismo y la esperanza!
- Por supuesto. Por eso sigo jugando al tenis.








