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Democracia: no es un bien dado, sino una construcción constante que requiere diálogo, responsabilidad y compromiso.

El 10 de diciembre, Argentina conmemora dos hitos significativos: el Día de la Restauración de la Democracia, que este año cumple 41 años, y el Día Internacional de los Derechos Humanos.
Presidente Raúl Alfonsín. Foto: Victor Bugge
Presidente Raúl Alfonsín. Foto: Victor Bugge

El 10 de diciembre de 1983 marcó el retorno de la democracia en nuestro país tras siete años oscuros de dictadura cívico-militar, un período caracterizado por la represión, el terrorismo de Estado y la desaparición de gran cantidad de personas, incluidos niños y niñas que nacieron en cautiverio. Fue el día en que Raúl Alfonsín asumió la presidencia con un mensaje claro: “Tenemos una meta: la vida, la justicia y la libertad. Tenemos un método: la democracia para la Argentina”.

Ese día, Argentina inició el período democrático más largo de su historia, un logro que debemos valorar, pero también cuidar. La democracia es mucho más que un acto comicial. Es una forma de vida que debe traducirse en participación ciudadana, respeto por los derechos fundamentales y, sobre todo, un compromiso constante con la justicia social. Sin embargo, hoy enfrentamos desafíos que nos hacen reflexionar sobre cuánto hemos avanzado y cuánto nos falta recorrer.

Las elecciones de 1983

En un contexto donde las grietas políticas se profundizan y los discursos de odio polarizan, la esencia de la democracia —el diálogo y el respeto por las diferencias— parece estar en riesgo o a veces en discusión. Los problemas estructurales, como la desigualdad económica, la falta de acceso a derechos básicos y el deterioro del tejido social, nos recuerdan que la democracia no es una garantía de equidad por sí misma. Es un terreno fértil que necesita ser cultivado con políticas públicas inclusivas y participación activa.

Además, las recientes tensiones políticas y económicas han puesto en duda el compromiso con principios básicos como el derecho a la educación, la salud y la seguridad social. Podemos y debemos sostener las decisiones de un Presidente electo democráticamente, es nuestro deber, también debemos marcar las prioridades que son importantes para forjar una democracia inclusiva y con posibilidades para quienes se esfuerzan y pretenden salir adelante.

La democracia no es una garantía de equidad por sí misma.

El movimiento estudiantil y otras expresiones sociales han demostrado que la resistencia y la búsqueda de justicia son posibles incluso en contextos adversos. Debemos recordar que la democracia no es solo un sistema político, sino un compromiso ético con el bien común. Como dijo Alfonsín, “con la democracia se come, se cura y se educa”. Esta frase, que sigue vigente, es un llamado a construir una sociedad más justa y solidaria, donde la diversidad enriquezca y no divida, donde la participación sea el motor del cambio y donde los derechos humanos sean siempre el norte.

Es necesario tener en cuenta que fortalecer la democracia exige mucho más que celebrarla: exige protegerla y, sobre todo, respetarla en nuestra vida cotidiana. Significa comprender que no se trata sólo de acudir a votar, sino de involucrarse activamente en los procesos que determinan el destino colectivo. Respetar la democracia implica aceptar el disenso, aprender a convivir con las diferencias y buscar acuerdos desde la pluralidad.  Pongo énfasis en que la democracia no puede ser vista como un bien dado, sino como una construcción constante que requiere diálogo, responsabilidad y compromiso.

Además, es fundamental recordar que una democracia sólida debe estar sostenida en la justicia social, el respeto irrestricto a los derechos humanos y la creación de oportunidades para todos y todas. Cada decisión, desde una política pública hasta un gesto cotidiano de respeto hacia el otro/a, contribuye a cimentar las bases de una sociedad más democrática.

Hoy, más que nunca, debemos comprometernos con esa visión y trabajar juntos/as para construirla.

Cecilia Rodríguez, titular del bloque UCR en diputados Mendoza.