La censura que opaca la Vendimia y los riesgos del nuevo rumbo
El guión de la Vendimia sufrió cambios por una absurda exigencia del Gobierno. Las ausencias significativas y la elección de Cornejo sobre dónde intervenir y dónde no.
“Mi Mendoza, qué paisajes. El agua limpia de montañas. Y las acequias”, decía uno de los protagonistas. “¿El agua, tiene memoria?”, preguntaba otro de los personajes. “Sí, el río no olvida su recorrido”, describía una voz de mujer. Ese breve texto era parte del guión original de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Una parte que el público no podrá escuchar por un hecho inédito: la censura de un fragmento del texto de la fiesta máxima de los mendocinos. La orden fue ejecutada por pedido de las autoridades de Gobierno que buscan evitar cualquier referencia al agua por temor a las protestas.
Ya estaba el rumor instalado, sobre todo en ámbitos artísticos y académicos. En el ensayo general del viernes pasado el cambio fue confirmado y advertido por quienes conocen de Vendimia. En vez de las referencias al agua y su vínculo con la historia de Mendoza, el texto ahora menciona retóricamente el tema y en vez de agua, habla de surcos y tierra. “Hay mi Mendoza, que bellos son tus paisajes. Por tus venas corre un destino transparente”, se escuchó en el ensayo. “¿Y el surco, tiene memoria?”, es la nueva pregunta. “Sí, el no olvida. La tierra siempre recuerda las manos que la cultivan”, menciona la voz femenina en el nuevo audio que fue grabado por exigencia oficial.
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El texto censurado es nada menos que parte del diálogo creado por los autores entre Guillermo Cano y Frank Romero Day, que es el eje troncal de “90 cosechas de una misma cepa”. La pieza no tenía ninguna connotación política, sino que hacía referencia a la historia misma de Mendoza y redundaba en figuras siempre presentes en los guiones vendimiales: el agua, las acequias, los huarpes. El sobregiro interpretativo del Gobierno generó un hecho inédito y tiene sus razones en la estrategia discursiva oficial: evitar cualquier referencia al agua que pueda generar alguna protesta antiminera o eslogan que pueda incomodar. En medio de esa interna quien queda mal parado es el secretario de Cultura Diego Gareca, a quien habian advertido antes por los riesgos de protestas en la Vendimia.
Justamente hubo recomendaciones internas para evitar malos tragos al Gobernador y su equipo, sobre todo tras lo ocurrido en algunos eventos como Cantapueblo. Obedientes, los funcionarios del área de Cultura llevaron ese pedido hasta cruzar un límite peligroso: la intervención de una pieza artística como es el guión de la Vendimia. El sobregiro incluso roza el absurdo porque presupone que cualquier referencia al agua, justo en Mendoza, alude a la "antiminería". Una antonomasia digna de quienes militan la ignorancia.
Hasta donde pudo averiguar MDZ, no hubo intervención del propio Cornejo en el pedido de “censura” del guión. Probablemente ni esté enterado. Más bien fue una estrategia preventiva, un excesivo celo en responder a una orden general. Cuidar al gobernador y cuidar a los candidatos; aislarlos de cualquier referencia negativa por las protestas antimineras es una de las consignas. Con la censura quizá el daño sea mayor al riesgo que buscaban evitar.
No es la primera vez que por obediencia o por temor los funcionarios del Gobierno cruzan barreras para cumplir un deseo de los inquilinos del cuarto piso de Casa de Gobierno.
La opacidad de la gestión de la Fiesta tiene epicentro en ese hecho. La suspensión por lluvia también expuso cómo el propio Estado había perdido el control del Teatro Griego, pues no se pudo reprogramar correctamente el plan porque se cedió a privados el escenario por dos días. Ese paquete cerrado, que incluye espectáculos de mediocre realización, está fuera de las manos del área de Cultura. La programación de los artistas se demoró y allí, aseguran, también hubo una zaranda preventiva: no querían que hubiera agitación de consignas no convenientes para el gobierno desde el escenario.
Decisiones clave
La suspensión del acto central, decisión sensata por cierto, le evitará a Cornejo la fatiga de estar en un lugar donde no se siente cómodo. Viajará junto con una extensa comitiva para estar junto a Javier Milei y dejará atrás una celebración que desde hace años comienza a vaciarse de contenido.
Es lo que pasó en el desayuno de la COVIAR y el almuerzo de Bodegas de Argentina. La industria madre de Mendoza vive una crisis profunda y las peleas políticas, empresariales y por los recursos tapan el horizonte. Ninguna autoridad nacional relevante, ningún representante de provincias vitivinícola, tampoco anuncios que genere algo de esperanza en el futuro. Vacío total.
La crisis, como remarcan en el Ejecutivo de manera epidérmica ante cada crítica, es mundial: Francia arranca viñedos y destruye vinos, a Australia le sobra vino y el consumo se derrumbó y en todo el mundo vitivinícola ya plantean cómo adaptarse no solo a esa realidad de mercado, sino a otra que no pueden manejar: la del cambio climático.
En ese contexto, el gobernador Alfredo Cornejo hizo una larga descripción de las acciones provinciales para apuntalar a la agroindustria y reiteró que el contexto macro depende de la Nación. Elogió a Milei y obvió casi todas las dificultades que el modelo planteado genera en la industria y no solo la del vino. Sí reclamó que haya crédito y mejores condiciones para exportar. Cornejo, igual, hizo bandera una consigna que es relevante para entender el nuevo contexto político y económico provincial: la no intervención del Estado. El gobernador lo resaltó con negrita, casi al estilo de un economista ortodoxo. Si le hila fino, hay otro mensaje: el Estado mendocino no está dispuesto a intervenir más allá de lo mínimo por una industria que considera en baja. Sí lo hace, en cambio, con otras actividades a las que apuesta y hacia las que dirige el timón. La minería es el caso más relevante.
El Estado mendocino interviene fuertemente, incluso mucho más allá de lo que la actividad está acostumbrada, para instalar el tema. Lo hizo Cornejo desde lo discursivo y político, logrando un giro de 180 grados en el enfoque y el impulso. Pero también con recursos: dos empresas estatales, Potasio Río Colorado e Impulsa Mendoza, capitalizaron proyectos, financiaron emprendimientos privados, pagaron estudios de impacto ambiental y hasta se apropiaron de proyectos privados. Con recursos del Estado se pagaron los estudios del Distrito Minero, sin que las empresas arriesguen, también se financió la exploración y los caminos de Hierro Indio y hasta se "tomó" el proyecto por completo. También se avanzó con infraestructura costeada con recursos públicos, como la electricidad para PRC, caminos mineros y varios hitos más. Esa enorme intervención estatal aceleró procesos y tiempos, con resultados positivos y disimulando fracasos también.
Difícilmente la minería podría haber iniciado el nuevo camino sin intervención estatal. Mucho menos en los tiempos en los que ocurrió: en menos de 3 años Mendoza pasó de cero a tener un proyecto de explotación aprobado y decenas en etapa exploratoria. También salió de la lista negra de inversiones.
Tampoco podría avanzar sin esa injerencia la actividad petrolera no convencional. De hecho, el atraso que tiene Mendoza en esa actividad es por la falta de gestión previa: no hay infraestructura para llegar a los yacimientos, tampoco incentivos para que el boom de Vaca Muerta se expanda. En 2012 YPF había hecho de manera solapada los primeros sondeos. Con la falta de motivación y gestión, la empresa estatal puso todo del otro lado del río, en Neuquén.
El giro de la gestión productiva hacia la minería tiene un riesgo que Mendoza está a tiempo de corregir. Los problemas de la agroindustria pueden no notarse tanto en los números gruesos del PBG. Pero sí harán crujir la matriz social, de empleo y la diversificación que la provincia tiene. Los empleos que se pierdan en la agroindustria no los repondrá la minería y mucho menos en el corto plazo. Tampoco los trabajos que el turismo deje de demandar, si es que ocurre. Es minería y vino, como el propio Cornejo dijo alguna vez en la Asamblea Legislativa. Y el vino no es solo esa bebida envasada.
El debate sobre la producción de Mendoza es de los más ricos que puede haber por la historia productiva de la provincia, la diversidad y, sobre todo, la fuerza productiva e intelectual que tiene la provincia. Esa discusión, claro, conlleva tensiones para administrar recursos finitos para necesidades infinitas: dinero, infraestructura, acceso a los servicios, tierra, energía. Y, claro, agua, aunque el Gobierno decidió que de eso no se habla.






