Presenta:

Fundación Varkey y MDZ visibilizan la labor docente: conocé a los homenajeados

Durante el mes de la educación, una campaña nacional en vía pública de Fundación Varkey y MDZ reconocerá a los docentes de la Argentina.

Fundación Varkey y MDZ reconocerá a los docentes de la Argentina.

Fundación Varkey y MDZ reconocerá a los docentes de la Argentina.

Cada día, millones de estudiantes argentinos entran al aula para encontrarse con sus docentes, tanto en grandes ciudades como en parajes remotos. Allí, cada maestro reconoce con pericia lo que sus alumnos pueden lograr. Esta hazaña silenciosa transforma vidas, impulsada y celebrada en todo el país por la Fundación Varkey y MDZ.

Por eso, Fundación Varkey, junto con MDZ y otras organizaciones aliadas, llevan adelante la cuarta edición de la campaña nacional de vía pública que busca concientizar sobre la importancia de la tarea docente con historias y rostros reales. Desde un espacio central ubicado en Carlos Pellegrini y Diagonal Norte, pasando por la costa bonaerense y ciudades como Córdoba capital y Rosario, los docentes serán homenajeados durante todo su mes.

Gracias a una convocatoria donde la sociedad puede “nominar” a un gran docente, más de 200 personas escribieron nombres de maestros y maestras que marcaron sus vidas. Un comité de Fundación Varkey eligió a cinco finalistas cuyas historias son transformadoras. Los ganadores del reconocimiento de este año fueron nominados por colegas, estudiantes, exalumnos y familiares. Ellos son:

  • Enzo Meneguini Bernal – CABA (oriundo de Chaco)
  • María Jorgelina Mazzucco – Bariloche, Río Negro
  • María Laura Riveros – Jaime Prats, Mendoza
  • Marisel Karina Argañaraz – Villa Ojo de Agua, Santiago del Estero
  • Sandra Pagliaricci, 58 años – Campana, Buenos Aires

Cada año la campaña alcanza a más de 20 millones de personas. El objetivo de la iniciativa es que la sociedad reconozca a los grandes docentes y eleve así el respeto por la profesión.

Agustín Porres, director regional de Fundación Varkey, expresó: “Si queremos que nuestros hijos admiren a sus maestros, tenemos que hacerlo nosotros primero. Por eso, esta campaña busca que tomemos conciencia de la enorme tarea que hacen los docentes cada día para que cada día valga la pena ir a la escuela”.

Sofía Majluf, jefa de Marketing de MDZ, dijo: “En MDZ creemos que visibilizar estas historias es también una forma de poner en valor el enorme impacto que tiene la educación en la construcción de una sociedad mejor. Detrás de cada uno de estos docentes hay una vocación, un compromiso y una manera de acompañar a sus estudiantes que trasciende el aula. Por eso nos enorgullece ser parte, por cuarto año consecutivo, de una campaña que lleva esos ejemplos a las calles de todo el país y los convierte en protagonistas de una conversación que nos involucra a todos”.

Conocé más sobre la campaña "Gracias docentes"

Durante el mes de la educación, una campaña nacional en vía pública de Fundación Varkey y MDZ reconocerá a los docentes de la Argentina.

Ganadores de las ediciones pasadas

2023: Martín Vera de la provincia de Buenos Aires, Marianela Colantuono de CABA, Marina Zamora de Mendoza, María Cecilia Sas de Santa Fe y Miguel Ángel Quevedo de Córdoba.

2024: Analía Verónica Mujica de Santiago del Estero, Domingo Suárez de Buenos Aires, Gloria Cisneros nacida en Chaco, Sabrina Agüero de Mendoza y Víctor Daniel Vallejo de Salta.

2025: Jackeline Hernández de Capital Federal (oriunda de Venezuela), Julieta Moreno nacida en Mendoza, Jonatan Emanuel Fernández de Santa Fe, Olga Patricia Amaya de Tucumán y Julieta Verónica Ursagaste de Jujuy.

Las cinco historias de los docentes destacados en el 2026

  • Enzo Meneguini Bernal, 29 años – CABA (oriundo de Chaco)

Enzo es oriundo de Chaco y a los 22 años ya enseñaba Biología y Física en escuelas secundarias de su provincia. Quiso estudiar Medicina, pero tuvo que abandonar la carrera. Con los conocimientos adquiridos durante esa preparación, se anotó en el profesorado de Biología, sin saber que allí encontraría su lugar de pertenencia y transformación.

En 2023 se mudó a Buenos Aires para cursar una maestría en Políticas Educativas, aunque nunca dejó de enseñar. Enzo está convencido de que en cada estudiante hay un talento: a veces está oculto, otras solo necesita ser pulido y, en algunos casos, se ve a flor de piel. Él busca la manera de escucharlos, entender cuáles son sus intereses y, desde ahí, acercarse. En los recreos se sienta a hablar con los chicos, comparte experiencias y procura dejarles una enseñanza que vaya más allá de lo disciplinar. Actualmente, divide sus jornadas entre tres escuelas secundarias públicas de la ciudad: la Escuela de Comercio 27 D.E. 4 "Antártida Argentina", el Colegio 2 D.E. 1 "Domingo Faustino Sarmiento" y el Colegio 3 D.E. 2 "Mariano Moreno".

Aunque está lejos, Chaco nunca dejó de ser su norte. Enzo vio en su provincia chicos con un talento enorme que muchas veces no era valorado, simplemente por no tener acceso a las mismas oportunidades que un estudiante de las grandes ciudades. Tuvo una alumna que soñaba con ser bióloga marina —"bióloga marina de Chaco", repite, todavía orgulloso— y con ella entendió que su trabajo no era solo enseñar, sino mostrarle a cada estudiante que ese sueño era posible, aunque el camino exigiera sacrificios.

“Enseñar ciencias es muy desafiante”, dice Enzo. En sus clases le da valor al error como instancia de aprendizaje e incorpora el juego cuando la propuesta lo requiere. Para que cada estudiante encuentre su propia forma de aprender, recurre a herramientas diversas: lleva robots para medir magnitudes, aviones de papel para comprender conceptos de aerodinámica, porciones de pizza para enseñar bioestadística y proyectos como "Biotecnología en el menú", que conectan la ciencia con la vida cotidiana, sin dejar de lado las clases magistrales.

Su tesis de maestría analiza la sobreoferta de docentes en su provincia, a la que pretende volver algún día, no solo para dar clases, sino también para ocupar un lugar de gestión desde donde pueda aportar a una verdadera mejora del sistema educativo. Esa misma convicción lo llevó a formar parte de Una Generación, una organización apartidaria que busca que los jóvenes tengan una participación real en las decisiones de política educativa. Allí coordina y lidera proyectos educativos con impacto en más de 400 jóvenes de toda la Argentina.

Para Enzo, enseñar es un acto de confianza y transformación. Tiene la firme certeza de que sus estudiantes van a transformar su entorno: hoy, la escuela; mañana, el país. “Estoy enseñándole al futuro presidente”, señala entre risas. Su tarea diaria es justamente esa: hacerles "puntitas de pie" para que puedan llegar tan lejos como se lo propongan. Y sus estudiantes también desean lo mismo para su maestro: 15 exalumnos de la escuela Nuestra Señora de la Misericordia, UEGP n.º 54, de Chaco, lo nominaron para este reconocimiento.

Enzo Meneguini Bernal, 29 años – CABA (oriundo de Chaco).

Enzo Meneguini Bernal, 29 años – CABA (oriundo de Chaco).

  • María Jorgelina Mazzucco, 55 años – Bariloche, Río Negro

Jorgelina es oriunda de Otamendi, una localidad cercana a Mar del Plata, donde se formó como maestra de Nivel Inicial y, luego, de Primaria. Dio sus primeros pasos como docente en jardines de Mar del Plata, pero cuando se recibió tenía una idea clara: "Voy a buscar una escuela rural o de frontera".

En un aviso en el diario leyó que buscaban una maestra jardinera para el Centro Atómico de Bariloche. Ella estaba de viaje, pero sin dudarlo cambió su pasaje de regreso para poder ir a la entrevista, y se volvió caminando nueve kilómetros hasta el centro de la ciudad buscando una casa para alquilar, por si acaso la llamaran. Lo hicieron, y allí comenzó su historia en la Patagonia.

De ese jardín pasó a la Escuela 324, de Los Coihues, un barrio a 17 kilómetros de Bariloche, a orillas del lago Gutiérrez. Permaneció 28 años, ejerció todos los roles hasta llegar a la dirección, y en ese camino a la escuela logró grandes transformaciones. Juntos, docentes y familias, construyeron un proyecto de escuela ambiental integral: "Somos ambiente: lo que jugamos, lo que miramos, lo que comemos es ambiente", resume Jorgelina.

Bajo ese lema fueron, junto a la comunidad, enriqueciendo el proyecto educativo: crearon una radio escolar, un desafío lector que trascendió las paredes de la escuela, una orquesta para chicos del barrio, talleres de rock y folclore, de arte y biología, salidas de montaña con pernocte en refugios, carreras de pedestrismo y bici, construyeron una casa para una familia de la comunidad que vivía en carpa y levantaron el terreno con gaviones para la ampliación del jardín. En ese marco se gestó la ‘Asamblea de familias’, que reunía a docentes y familias cada lunes para proponer juntos cómo mejorar la escuela.

Entre sus mejores recuerdos está el acompañamiento que hizo para el inicio del esquí escolar. Fue un proyecto nacido en la Universidad del Comahue por tres soñadores que se negaron a aceptar que los chicos que vivían al lado de la montaña no pudieran esquiar. Jorgelina se involucró en todas sus etapas: desde conseguir equipos para poder ingresar el primer año, armar pancartas y canciones, malabares por el cerro, hasta ir a Salta a un Congreso de Educación Física a presentar, orgullosa, el utópico proyecto, que con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en una política sostenida. Hoy, hace 25 años que todos los chicos de quinto grado de escuelas públicas de Bariloche pueden ir una semana a esquiar.

"Una escuela no funciona con un director ni con un maestro; las escuelas funcionan si son lugares de comunidad", señala. En Los Coihues no solo construyó una escuela: también construyó junto a su marido Marcelo la casa donde crió a sus hijas, que fueron a esa misma escuela. "Las escuelas son las casas de los hijos de los maestros también", dice.

En 2016 concursó para ser supervisora y en 2024 salió el cargo, pero no permaneció mucho en él. Un año después quiso volver al aula: asumió como directora en la Escuela Primaria n°190 "Modesto Inacayal", en el paraje Gutiérrez, en Ñirihuau, a 39 kilómetros de su casa —otra escuela alejada, de jornada extendida, con 108 estudiantes y 25 docentes—, donde ahora vuelve a empezar de cero buena parte de lo que sembró en Los Coihues. Mientras tanto, sigue con la misma convicción de siempre: "Es difícil construir, pero qué lindo", sonríe.

María Jorgelina Mazzucco, 55 años – Bariloche, Río Negro.

María Jorgelina Mazzucco, 55 años – Bariloche, Río Negro.

  • María Laura Riveros, 46 años - Jaime Prats, Mendoza

Hace 26 años que María Laura es docente. Se anotó en el profesorado de Comunicación Social debido a la insistencia de su hermana, que le decía: “Vos sos para los medios en educación”. Tenía razón. Detrás de ese título hubo un esfuerzo familiar enorme. Sus padres afirmaban que querían que ella fuera “más que ellos”. Esa entrega marcó a María Laura.

Sus primeros años fueron en escuelas de modalidad domiciliaria y hospitalaria. Hoy trabaja en tres escuelas secundarias de Mendoza: Escuela n°. 4-196 “Juan Miguel Escudero” de Jaime Prats; Escuela n°. 4-144 “12 de Agosto” de General Alvear; y la Escuela n°. 4-015 “Seizo Hoshi”, de Real del Padre, San Rafael, donde trabaja junto a Emanuel Domínguez, un exalumno y colega que la nominó para este reconocimiento.

María Laura es conocida entre sus estudiantes como “la profe que hace viajes”. Este año llevó a 19 alumnos en un viaje educativo de 15 días a conocer las Cataratas del Iguazú y a cinco provincias de la Argentina (Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe), algo impensado para ellos. Fue un proyecto que tuvo que redactar en 206 hojas, en el cual también su esposo Dario, también docente, la ayudó. Para costear el viaje, los alumnos, profesores y sus familiares trabajaron fuerte durante un año vendiendo empanadas, tortas fritas, canelones, rifas, loterías, etc. Laura recuerda siempre a sus alumnos que deben esforzarse para recaudar el dinero de su viaje y no pedirle tanto a sus padres, ya que es una forma de aprender lo que implica alcanzar sus objetivos.

Para María Laura, atravesar las paredes de la escuela con sus estudiantes no solo es un premio, sino también una estrategia pedagógica donde los alumnos aprenden saberes de forma diferente, en escenarios que no son los habituales, tales como medios de comunicación, empresas, facultades, museos, invernaderos, acuarios y paisajes naturales, entre otros.

Entre los desafíos del camino, Laura menciona que tuvo que formarse en braille y lenguaje de señas para poder dar clases a alumnos con ceguera e hipoacusia. Para Laura, ser docente es “no creerse la dueña del saber”, ya que aprende mucho de sus alumnos día a día. Entre sus sueños hay uno que la mantiene en vela: llevar a los estudiantes de la Escuela Seizo Hoshi a hacer pasantías a Japón, como una forma de agradecimiento a la familia Hoshi, que donó los terrenos para que se pudiera construir la escuela secundaria.

María Laura Riveros, 46 años - Jaime Prats, Mendoza.

María Laura Riveros, 46 años - Jaime Prats, Mendoza.

  • Marisel Karina Argañaraz, 52 años (Villa Ojo de Agua, Santiago del Estero)

Marisel vive por y para la escuela. Lo señala ella misma, sin vueltas, y así lo demuestra cada día: hace 18 años que enseña mañana y tarde en una escuela primaria de Villa Ojo de Agua, un pueblo de 16 mil habitantes de Santiago del Estero.

Se mudó desde su pueblo natal apenas consiguió el cargo docente, porque en Santiago del Estero conseguir trabajo como maestro no es fácil: hay muchísimos más docentes que puestos disponibles, señala Marisel.

Su papá le dijo una frase que la marcó para siempre: "Lo único que te puedo dejar, hija, es un guardapolvo blanco". Todavía no era docente, pero su padre ya había descubierto en ella su vocación; hoy, cada 11 de septiembre -día del maestro-, lo recuerda con emoción. "Sábado y domingo sigo enchufada con la escuela", admite, y no es una exageración: arma materiales didácticos, completa la biblioteca y piensa de qué forma puede involucrar a las familias.

En un pueblo con muchas dificultades, Marisel busca reinventarse para dar batalla a los diversos desafíos que surgen en el aula: "Nosotros, los docentes, nos ponemos la camiseta de la escuela para sacar adelante a estos niños", afirma, y con esa misma convicción “arenga” —así lo dice ella— a las familias para que sean a su vez ellas las que impulsen a sus hijos. Y las familias responden: llegan, participan de talleres, se sientan a trabajar junto a sus chicos. Marisel destaca el “acompañamiento incansable” de la directora de la escuela, Mirta López de Crespín, “siempre motivando, capacitándonos y conteniendo”.

Esa contención también se respira puertas adentro del aula. Ahí, Marisel construyó un espacio donde cada chico sabe que alguien lo espera y lo quiere, incluso cuando afuera las cosas son difíciles. Cuando los ve cabizbajos o muy cansados, dice: "Curitas al corazón", y todos se ponen la mano en el pecho antes de arrancar la clase con una pausa activa. Es una forma simple de expresar entre todos que están acompañados.

Su hija Agustina es la única de sus cinco hijos que decidió seguir sus pasos en la docencia; los demás, cuenta Marisel entre risas, prefirieron no hacerlo porque ven lo sacrificada que es la profesión. Fue justamente su prima, Marisol Pereira, quien la nominó para este reconocimiento, aunque —dice Marisel— nunca conoció del todo el sacrificio detrás: "Vivo para la escuela, profe. Es mi vida, además de mi familia".

Marisel Karina Argañaraz, 52 años (Villa Ojo de Agua, Santiago del Estero).

Marisel Karina Argañaraz, 52 años (Villa Ojo de Agua, Santiago del Estero).

  • Sandra Pagliaricci, 58 años - Campana, Buenos Aires

Sandra soñaba con estudiar Arquitectura, pero mudarse a Capital era complicado para su familia. En el último año del secundario, en una charla sobre opciones de estudio en Campana, provincia de Buenos Aires, escuchó hablar del Profesorado de Matemáticas y de la posibilidad de sumar después el de Física, algo que también le gustaba. No fue un camino lineal: era muy tímida, y en segundo año, cuando empezaron las prácticas y sintió que iba a estar más expuesta de lo que imaginaba, llegó a replantearse si la docencia era lo suyo. Pidió ayuda psicológica, y esa consulta le confirmó lo que ya sentía: había un amor genuino por las matemáticas. Ahí no paró más.

Empezó como profesora de Computación, dando clases en primaria y secundaria, hasta que se animó a tomar un primer año de EGB que nadie quería —por ser, según recuerda, "el curso más chico"— y descubrió ahí algo que la marcaría para siempre: la posibilidad de "ver a la altura" de los chicos, de entender que nada es obvio y que hay que animarlos a explorar. Hace 35 años que está en la docencia. Comenzó a ejercer simultáneamente en una escuela pública y en la Dante Alighieri, escuela a la que llevaba a sus hijos y con quienes compartió aula. Hace 13 años que está en la Escuela Técnica Roberto Rocca. A esta escuela ingresan apenas 74 de los 400 chicos que se anotan cada año.

Para Sandra, "cada alumno es una piedra que hay que pulir", y las materias son apenas una excusa para algo más grande. Además de Matemática, coordina en la escuela un espacio de aprendizaje autodirigido, donde trabaja con los chicos la gestión de sus emociones y de la frustración: "El error es una posibilidad de crecimiento", repite, convencida de que muchos de los grandes inventos de la historia nacieron justamente de un error. En primer año propone una "Hoja de vida", donde los estudiantes van escribiendo, a su manera y con total libertad, cómo se sienten y qué van descubriendo a lo largo del año; en segundo año, trabajan un "Momento de gratitud" para que cada estudiante se agradezca a sí mismo por algo. Un año armaron una urna donde los chicos dejaban sus agradecimientos para abrirla recién a fin de año.

Sandra llama a la clase "encuentro". Hoy comparte estrategias con colegas que le piden sumarse a sus grupos de trabajo o repiten sus dinámicas en sus propias aulas, y eso —dice— la llena tanto como estar frente a los chicos: "Me gusta que el saber se comparta". Sobre el futuro de sus estudiantes no tiene dudas, "porque cuando uno hace las cosas desde el corazón, se logra".

Sandra Pagliaricci, 58 años - Campana, Buenos Aires.

Sandra Pagliaricci, 58 años - Campana, Buenos Aires.