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Manuel Lozano: "De educación se habla un montón, pero se hace muy poco"

MDZ dialogó con Manuel Lozano. El creador de Fundación Sí habló sobre el proyecto de residencias universitarias y planteó su mirada de la educación en Argentina.

Fundación Sí es una ONG que promueve la inclusión social de los sectores más vulnerables del país. El trabajo es realizado por un gran número de voluntarios mediante un abordaje integral que incluye la asistencia, la contención, la capacitación, la educación y la cultura del trabajo.

Fundación Sí nació en 2012 gracias a un grupo de amigos que deciden comenzar a hacer recorridas nocturnas todos los días para acompañar a gente en situación de calle. Ahora, además de ese proyecto que inicial de la fundación, también le ofrecen la oportunidad a chicos de zonas rurales de estudiar una carrera universitaria a través de sus residencias; ofrecen un programa de inclusión para niños y adolescentes que se realiza en centros comunitarios de diferentes barrios del país; buscan generar un espacio que promueva la movilización y acción comunitaria de los chicos, adolescentes y jóvenes de las escuelas: y promueve ayuda ante una catástrofe natural.

-¿Cuál es tu visión de la educación argentina hoy en día?

-Hoy estamos invirtiendo mucho en educación y creo que claramente en educación tenemos una deuda bestial. Parece seguimos un modelo educativo de hace años cuando la realidad es otra, cuando los pibes son otros, no se ha modernizado. Puntualmente con los pibes del interior con los que nosotros laburamos el déficit es enorme. La falta de herramientas que tienen los chicos cuando terminan el secundario es abismal. Hace poco una chica de una residencia me decía ´me doy cuenta que en la escuela en vez de prepararnos para superar la pobreza en la que vivimos, nos prepara para seguir en esa pobreza´ y es muy loco porque yo coincido con ella. No debería ser así. La escuela nos debería dar herramientas para salir de esa situación, para poder romper esa situación. La verdad que falta, hay muchísimo por hacer. A un chico que le damos un título del secundario como que lo ha terminado pero no tiene todas las herramientas que el secundario debería darle, lo estamos estafando. Esa es una deuda no desde un gobierno, es una deuda de la sociedad

-¿La pandemia agravó aún más la educación en Argentina?

-La deserción en general es grande. En las escuelas rurales más aún. Con la pandemia hubo una baja importante. Ahí se va a tener que hacer un laburo para que vuelvan a la escuela. Pero no que vuelvan a la escuela para mejorar un índice, a mí no me preocupa el índice, me preocupa que el pibe de verdad tenga las herramientas que necesita para salir adelante. Ese es el principal objetivo de la educación. De educación se habla un montón, pero se hace mucho menos de lo que se habla.

Fueron 2 años donde hubo más deserción de lo que solemos tener habitualmente. Cada provincia se adaptó de forma diferente, hubo materias que no se dieron, las materias prácticas las están cursando ahora. De hecho, hubo chicos que ya tendrían que haberse recibido y no se recibieron. Pero no por responsabilidad de ellos. Todo lo que es práctico no se puede hacer virtual entonces algunas materias tuvieron que esperar a que vuelva la presencialidad. También había desánimo de los pibes. Fue muy complejo, no podían visitar a la familia. Fortalecimos nuestros equipos de psicólogos voluntarios para poder contenerlos y fortalecimos nuestros equipos locales de contención a los chicos. 

-¿Cómo impactó la cuarentena en el funcionamiento de las residencias?

-Todas las casas tenían internet, pero con 44 chicos en un zoom al mismo tiempo, era un problema. En algunas provincias no había más internet, en algunas casas contratábamos 3 servicios diferente de internet. Tuvimos que poner un grupo de voluntarios que hacía actividades por zoom todos los sábados para cambiar un poco la energía, diferentes juegos y cosas, era super complejo en chicos que están acostumbrados a vivir al aire libre en el campo.

-¿Cómo es para los chicos el proceso de integración en las residencias universitarias?

-Tenemos tutorías, clases de apoyo y acompañamiento emocional porque los pibes vienen con una bomba de tiempo adentro. Hay algo que sucede muy interesante de integración entre ellos y de cuidado entre ellos porque todos están pasando por la misma. Los primeros meses sienten mucha culpa, porque ellos pasan a vivir en una casa en donde tienen agua caliente, donde está la comida asegurada y su familia queda en el monte. Entonces ahí es laburar con ellos y hacerlos entender que lo mejor que pueden estar haciendo por su familia es eso que están haciendo. Para ellos, dentro de 5 años es una eternidad, entonces hay como un acompañamiento para que vean que esto es lo mejor y que estén focalizados en el estudio. También, para los chicos es la primera vez que duermen seguros. Es tanto un proyecto educativo como un proyecto de convivencia.

No todos los pibes que pasan por el examen terminan la facultad. Pero todos los pibes que pasan por la residencia, le cambia la vida, aprenden a cocinar, a hacerse la cama, a vincularse, a convivir, aprenden de la vida. No es un fracaso que un pibe largue la facultad, todo es ganancia. Además, los chicos que se recibieron, hoy están laburando, se pagan su alquiler y no dependen de nosotros.

"A un chico que le damos un título del secundario como que lo ha terminado pero no tiene todas las herramientas que el secundario debería darle, lo estamos estafando".

-¿Cómo es el proceso de selección de los chicos para que entren en las residencias universitarias?

-Cambio antes de la pandemia y pos pandemia porque lo tuvimos que hacer virtual pero el proceso es el mismo. A todos los que se inscriben los entrevistamos. Hay una entrevista individual con cada uno. La idea es que cada chico que se inscribe pase por la mirada de 6/5 personas para intentar ser lo más justos posible. Primero hay una entrevista, ahí vemos la situación socio económica, o sea, que no tengan otra posibilidad y después que esté orientado vocacionalmente sobre qué es lo que quiere estudiar y, por supuesto, que tenga ganas de estudiar. Esa es la primera etapa. 

Los que pasan ese proceso hay una segunda etapa donde se hace una batería de test para ver con qué base vienen del secundario.

El que entra, para mí es un acto de heroísmo porque sabe que entra mil escalones más abajo y tiene un tiempo para lograr dar ese salto. La comprensión de textos es algo bestial, es lo que más cuesta. Tenés chicos que ves que tienen una capacidad enorme pero no pueden comprender un texto, eso no es que el chico no tiene la capacidad, es que no se le dieron las herramientas.

Después hay una tercera y última etapa que es una batería de tests más enfocado en las cuestiones de la convivencia.

"No todos los pibes que pasan por el examen terminan la facultad. Pero a todos los pibes que pasan por la residencia, les cambia la vida".

-¿Cuántas residencias universitarias tienen actualmente y cuántos chicos forman parte del programa?

-Tenemos 21 residencias universitarias y 833 chicos en el programa. Santiago del Estero es la residencia donde más inscriptos tenemos porque ya hay un montón de recibidos. Cuando veo que el pibe que era igual de pobre que yo, que vivía en un rancho igual que yo, se recibió, se empieza a generar un factor contagio positivo que es super interesante y empieza a haber cada vez más inscriptos.

-¿De qué manera puede la gente ayudar con las residencias?

-Sumándose como voluntarios, hay 21 casas en diferentes provincias del país. Hace falta voluntarios para acompañar a los pibes, así que todo aquel que quiera sumarse como voluntario puede hacerlo. Sino, para que la gente sepa el impacto, cada 15 personas que donan 500 pesos por mes, es un nuevo estudiante que entra. El que quiera y pueda hacerlo, invitamos a todos a sumarse.