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Deserción: el número que preocupa a los profesionales de la educación

En medio del debate sobre contenidos y relaciones dentro del aula y con el regreso a la presencialidad ya encaminado en todo el país, las cifras de la deserción escolar marcan un oscuro panorama y dejan al descubierto un problema que, sin ser nuevo, sigue siendo urgente.
Foto: Pexels
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Cierre de escuelas, virtualidad, reclamos por la presencialidad, protocolos y regreso al aula fueron las etapas que marcaron la educación en el último año. Sin límites precisos, cruzadas entre sí y con múltiples detalles: desde padreas preocupados porque sus hijos recibían demasiadas tareas hasta familias reclamando conectividad y dispositivos para que los niños, de alguna manera, pudieran acceder a la educación; pasando por manifestaciones a favor de la presencialidad y por una polémica clase de historia, entre un sinfín de ejemplos de cómo la pandemia puso a la educación en jaque. 

Y los datos duros parecen explicar el por qué. La deserción escolar es uno de los problemas que mas preocupa a los responsables de la educación. Sin embargo, por cuestión de agenda, no siempre es el más urgente. Teniendo en cuenta que la virtualidad por la desvinculación de niños, niñas y adolescentes de las escuelas podría derivar un alto crecimiento de la deserción escolar, los ministros de educación de cada provincia debieron crear estrategias para recibir e ir a buscar a los alumnos cuyas trayectorias escolares se habían visto interrumpidas o quebradas al declararse la cuarentena, con sus sucesivas extensiones. 

Es que os especialistas saben que son muy pocos los alumnos que logran revincularse con la institución luego de una experiencia de deserción. Un informe del Observatorio Educativo y Social de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe) señala que uno de cada cinco egresados de la escuela secundaria culmina estos estudios en la Educación Permanente para Jóvenes y Adultos (EPJA). Sin embargo, solo 5,5% de los estudiantes que abandonan sus estudios decide concluirlos bajo esta modalidad. 

Los datos fueron recabados por Delia González, Daniela Valencia y Florencia Finnegan en un estudio para el Observatorio Educativo y Social de la institución. Según Finnegan, coordinadora del equipo de EPJA de la Unipe, "es un dato relevante el hecho de que uno de cada cinco egresados de nivel secundario argentino haya hecho la Educación Permanente para Jóvenes y Adultos (EPJA), mientras la atención que el sistema educativo le presta a esta necesidad no está a la altura ni en financiamiento, ni en formación docente, curricular o en apoyos para revertir la la brecha digital, entre otras cosas". 

El informe da cuenta de que el problema no es nuevo, señala que entre 2010 y 2017 hubo un retroceso de 41% de la escolaridad del nivel primario del EPJA, una curva descendiente que recién se revirtió en 2019. Mientras tanto, en el nivel secundario, hubo un incremento sostenido de la escolarización alcanzando en el último año, un 11% más que en 2010. El último año relevado fue 2019, donde se registró que el sistema de EPJA tenía 176.435 alumnos de nivel primario y 580.402 en secundario (la cifra equivale al 15% del total de los alumnos de nivel medio). 

Grafico del informe Una garantía para el derecho universal a la educación realizado por el equipo EPJA de UNAPE. 

"La población objetivo se encuentra aún cuantitativamente lejos de acceder" al sistema educativo para adultos, afirman las autoras del mismo. Finnegan señala que la Ley de Educación Nacional 26.206  restituyó a la EPJA el estatus de modalidad educativa en 2006 con el fin de "garantizar la alfabetización y el cumplimiento de la obligatoriedad escolar [...], a quienes no la hayan completado en la edad establecida reglamentariamente, y a brindar posibilidades de educación a lo largo de toda la vida".

A esa realidad se suma la creciente brecha digital en hogares de alta y media vulnerabilidad que mostró la Evaluación Nacional de los Procesos de Continuidad Pedagógica realizada por el Ministerio de Educación de la Nación en 2020. El mismo señalaba que el 87% de niñas, niños y adolescentes de entre 4 y 19 años de hogares con alta vulnerabilidad socioeconómica no contaba con computadora en el hogar y el 89% tenía acceso a internet a través de un celular. En los lugares de baja vulnerabilidad las cifras eran considerablemente diferentes: sólo el 19% carecía de dispositivo y l totalidad de los hogares contaban con conexión fija a Internet. 

Finnegan expresó: "queremos visibilizar la propia dinámica del sistema de EPJA, si bien hay una finalidad académica de producir conocimiento científico, es una puesta política aportar toda la información sobre esta modalidad educativa y resulta estratégico para trabajar en la democratización de la educación". Señaló la importancia de fortalecer las plantas docentes en centros de jóvenes de adultos y dotarlos con personal especializado para la atención problemáticas psicopedagógicas. 

"Todo requiere financiamiento, desde generar espacios hasta diversificar y flexibilizar la modalidad EPJA, por ejemplo, pensar en otras alternativas a la nocturnidad, debido a que hay datos que confirman mayor porcentaje de asistencia de mujeres cuando las cursadas son en su territorio, en horarios donde sus hijos van a la escuela", detalló Finnegan teniendo en cuenta un dato más de la EPJA que, como sistema, depende casi exclusivamente del Estado: durante 2019, el 99% de quienes asistieron al nivel primario de EPJA y el 92% de quienes curaron nivel medio asistieron a escuelas de gestión estatal. "es el sector estatal el que asume una
significativa, y en algunos casos exclusiva, proporción de la gestión de la oferta de esa modalidad, en la cual la presencia del sector privado adquiere mucho menor peso que en la educación común. Esto refuerza aún más la responsabilidad principal
del Estado de asegurar la existencia de la oferta en condiciones mínimas: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad, adaptabilidad", expresan las autoras en las conclusiones del informe