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La encuesta sobre la emocionalidad argentina que enciende alarmas en la dirigencia política

Según la encuesta nacional de la Consultora Q Social ningún dirigente político rompe el techo del desafecto social. Sorpresa entre los indecisos.


Los políticos argentinos se enfrentan, en la previa de un año electoral que puede cambiar o no el rumbo del país, a un temblor invisible: la emocionalidad. Una reciente encuesta de la Consultora Q Social reveló que en Argentina habita un desierto afectivo hacia la dirigencia política sin precedentes. Según el sondeo ningún político logra un saldo emocional positivo.

El hartazgo, la distancia y el rechazo aplastante hacia la dirigencia política se convirtieron en la única moneda de cambio común entre los políticos y los votantes.

La encuesta que le pone un aplazo generalizado a la dirigencia política

Medir emociones y no solo intención de voto cambia el mapa por completo. El "Índice de Emocionalidad Afectiva" elaborado por la Consultora Q Social en agosto de 2026, sobre una muestra nacional de 1.645 casos, dejó al descubierto una realidad incómoda.

En una escala del 0 al 10, ningún referente político de la oferta actual logra siquiera alcanzar la mitad de tabla. La dirigencia política entera está aplazada.

El presidente Javier Milei encabeza la nómina con apenas 4,33 puntos. Detrás se ubica el gobernador bonaerense Axel Kicillof con 3,98. Y más atrás aparecen la vicepresidenta Victoria Villarruel con 3,14 y el outsider empresario de medios de comunicación Daniel Hadad con 2,22.

La conclusión técnica de la consultora es contundente: el sistema político argentino opera en terreno negativo y ningún dirigente/candidato despierta afecto genuino en la sociedad.

Dos modelos de rechazo: la furia o el desinterés

El estudio dirigido por el analista político Lucas Klobovs desmenuza cómo se relacionan los dos polos de la grieta con el electorado. La política de los extremos.

Frente a Javier Milei casi nadie permanece neutral: registra apenas un 4,1% de indiferencia, la marca más baja de todo el arco político. El presidente moviliza pasiones y odios encendidos, casi por igual. Acumula un 38,6% de entusiasmo —entre confianza y esperanza— contra un 34,5% de enojo directo de la sociedad hacía su forma de ser y las políticas que implementa desde la Casa Rosada.

En la vereda de enfrente el referente del peronismo, Axel Kicillof, que camina la provincia de Buenos Aires y el país con el traje de candidato a presidente, despierta un 33,1% de entusiasmo y cosecha un 24,5% de enojo en la ciudadanía.

Sin embargo, el dato más revelador de la encuesta es la indiferencia hacia el gobernador bonaerense, que se ubica en el 15,3%. El mandatario provincial irrita sustancialmente menos que el presidente, pero también conmueve mucho menos. "El enojo es una evaluación clausurada. La indiferencia, directamente, es la ausencia de evaluación", sintetizan desde Consultora Q Social en el informe para marcar la gravedad de que a un político lo rodee el desinterés social.

Indecisos: los que capturan la atención en ese nicho

El foco más caliente del análisis se traslada al universo de los indecisos y los votos en blanco, que representan el 24,2% de la encuesta. Es en esta franja donde los dos polos tradicionales se desmoronan y aparecen sorpresas.

Entre los desencantados, las figuras centrales de la escena política pierden terreno de manera categórica: Javier Milei cae 1,76 puntos en este segmento (ubicándose en 2,57), golpeado por la preocupación y el fantasma económico; pero a Axel Kicillof le va peor: se desploma 2,32 puntos (quedando en un magro 1,66), impulsado por una indiferencia negativa que trepa al 34,8%.

Para los indecisos, según el sondeo, el modelo tradicional de la política empieza a ser “invisible” o “indeseable”.

En contraste, Victoria Villarruel y Daniel Hadad son quienes muestran un saldo positivo a nivel país. La vicepresidente cosecha un índice de 4,67 entre los indecisos (+1,53 respecto a su media general), con un 4,7% de entusiasmo frente a un 0% de enojo, en esa franja. Por su parte, el periodista y empresario sube a 3,07 puntos (+0,85).

En este punto la consultora hace una salvedad clave sobre este fenómeno: "Que Villarruel y Hadad mejoren no necesariamente señala un potencial electivo; señala un margen emocional disponible". Eso significa que se trata de un activo afectivo que existe en un terreno de conocimiento reducido en ese nicho.

Ausentismo, el peligro latente como respuesta colectiva

El diagnóstico final advierte sobre una bomba de tiempo institucional: "El sistema político argentino no genera afecto positivo, lo cual es un problema y eventual anticipo del ausentismo".

Cuando la ciudadanía deja de conectar emocionalmente con sus representantes, la apatía reemplaza al debate republicano, y el deterioro afectivo suele anteceder al castigo electoral. Con una dirigencia que apenas raspa el cuatro como nota máxima, los políticos argentinos enfrentan el desafío de volver a enamorar o resignarse a gobernar ante la indiferencia social.