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El recuerdo de Argentina - Inglaterra en México 86 y por qué la pasión no cesa 40 años después

Ante un nuevo Argentina - Inglaterra en un Mundial es inevitable la referencia al mítico triunfo en el Estado Azteca, con dos genialidades de Diego Maradona.


A sólo 24 horas de una nueva semifinal de Argentina en un Mundial 2026 - la tercera que juega la Selección en los últimos cuatro Mundiales- el recuerdo de la épica jornada del 22 de junio de 1986 con el partido entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de México y la mágica tarde de Diego Maradona.

Aquel partido se jugó con mucho corazón pero también con mucho fútbol, en honor a la verdad, por parte de ambos equipos. Los dos atributos serán clave para prevalecer este miércoles 15 en Atlanta ante la Selección de Inglaterra. No será un partido fácil, lo sabemos, como nada está resultando fácil en este Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.

El sufrimiento, los nervios y la ansiedad acompañan el camino de la Selección en el derrotero que hasta acá la trajo a semifinales, un logro nada menor luego de proclamarse campeona mundial en Qatar en diciembre de 2022.

Clásico y política

Brasil e Inglaterra son los dos mayores clásicos del fútbol argentino, incluso Uruguay está un escalón por debajo. Pero a diferencia de Brasil, la rivalidad con Inglaterra no sólo hay que leerlo en clave futbolística sino que también tiene un condimento política relevante. El trasfondo de la guerra de Malvinas de 1982 es una referencia insoslayable, al menos del lado argentino.

Los ingleses, por su parte, hacen gala de una soberbia importante, que en estos días se está viendo en declaraciones de exfutbolistas, menospreciando la capacidad de los jugadores argentinos para doblegar a los representantes de los inventores del "Juego de Caballeros", hoy el deporte más popular del mundo.

No es algo nuevo. Ya en el lejano Mundial de Inglaterra de 1966, la expulsión de Antonio Rattín, el "patrón" del mediocampo argentino y capitán de la Selección, por parte de un árbitro alemán por protestar, generó una importante polémica.

Lo que vino después es historia conocida. Rattín estrujó el banderín del corner con la bandera de Gran Bretaña y luego se sentó en el costado del palco, sobre la alfombra reservada a la reina, que gatilló en los aficionados locales el grito de "animals". Una incidencia más, a tono con una FIFA que armó el Mundial a la medida de Inglaterra, para que finalmente alzara la codiciada Copa Jules Rimet.

Dos goles antológicos

La parada siguiente de este clásico fue épica por donde se la mire. Hacía sólo cuatros años que la rendición de los jóvenes soldados argentinos -casi niños en algunos casos- en Puerto Argentino había dado por tierra con la aventura de los militares para tomar el control de las Islas Malvinas, bajo ocupación británica desde enero de 1833.

El partido de cuartos de final del Mundial de México 1986 entre Argentina e Inglaterra se jugó con las heridas aún abiertas de la Guerra de Malvinas, y la sensación de "revancha" que vivía en muchos sentidos la sociedad argentina. Ese 22 de junio de 1986 el Estadio Azteca albergó más de 114.000 espectadores, en un Mundial que terminaría ganando la Argentina.

El clima era tenso en las tribunas desde temprano, incluso con encontronazos entre ambas hinchadas, que terminaron en verdadera trifulca tras finalizar el partido. Argentina jugaba con la camiseta azul, la suplente, como con Uruguay, el partido anterior, y como lo hará mañana en Atlanta.

La "Mano de Dios"

El partido tenía un trámite parejo y finalizó el primer tiempo empatado en cero. Todo cambió al arrancar la segunda etapa. En el minuto 51 Maradona recibió en la puerta del área inglesa, con varias casacas blancas defendiendo, el pase a un compañero encontró una pierna rival, que generó inesperadamente un pase a la cabeza, que Maradona conecta ante la salida del arquero inglés Peter Shilton.

El reclamo de que había sido un gol con la mano, y por lo tanto ilícito, fue inmediato, aunque no fue atendido por el árbitro. Eran tiempos en los que no había VAR, claro. Tras el partido y ante la pregunta de un periodista sobre si el gol había sido con la mano, Maradona sacó a relucir los años de potrero y sin pensarlo dijo sonriendo: "Con la mano de Dios", una frase que encierra en sólo cinco palabras toda una filosofía de vida.

Jugada maestra

El partido empezaba a torcerse a favor de Argentina, pero la forma en la que se consiguió el gol no hizo más que tirar más nafta al fuego, calentando el partido. El golpe de gracia a los ingleses y la reverencia del mundo del fútbol a Maradona, llegó sólo cuatro minutos después.

Maradona recibió la pelota en el centro del campo de parte de Héctor "El Negro" Enrique, giró entre dos ingleses, y encaró al área defendida por Peter Shilton con la pelota atada a la zurda mágica. Empezó a apilar rivales, fueron seis en total (cinco jugadores más el arquero), a quien dejó sentado en el piso antes de empujarla a la red y tras recorrer más de 60 metros con la pelota en sus pies sin que pudieran sacársela.

Recuerdo estar viendo el partido con mis hermanos y mis padres y a medida que Maradona iba dejando "muñecos" atrás ir levantándonos de la silla palpitando el desenlace de un gol antológico. Inglaterra descontó con un tanto de su goleador Gary Lineker a los 81 minutos, pero no le alcanzaría para forzar el alargue.

Había nacido el Gol del Siglo, la obra maestra de Diego Armando Maradona, el mismo al que el relator Víctor Hugo Morales, todavía con la emoción del gol en la garganta, calificó sin eufemismos de "barrilete cósmico". Durante una votación en 2002 la FIFA determinó que el gol de Maradona a los ingleses en 1986 fue el mejor de todos los mundiales, seguido -paradojas del destino- del que le hizo Michael Owen a Argentina en el Mundial de Francia 1998 y tercero el de Pelé a Suecia, sobrerito mediante, en la final de Estocolmo en 1958.

La historia de la rivalidad futbolera entre argentinos e ingleses continuó en Francia 1998 -empataron 2 a 2 y pasó Argentina por penales- y en el triunfo inglés en Sapporo (Japón) 1 a 0 en 2002, Mundial que marcaría la eliminación de la Selección en primera vuelta. Mañana en Atlanta se escribirá otro capítulo de esta saga, por cierto, con resultado abierto.