San Cayetano también trabaja: quiénes se ganan el pan en la puerta de la iglesia
Vendedores ambulantes y fieles trabajan, otros reparten pan y estampitas gratis. Todos le piden a San Cayetano que no falte el trabajo en sus casas.
Piden pan y trabajo a San Cayetano, y en el mismo momento trabajan y se ganan el pan durante su celebración.
Rodrigo D'Angelo / MDZEste 7 de agosto, la escena se repite en la iglesia de San Cayetano de Godoy Cruz: fieles que llegan con estampitas, espigas y pedidos, largas filas para entrar al templo y bendiciones que se suceden durante toda la jornada.
Pero afuera también hay otra postal. Personas que no llegan solamente a pedirle al santo, sino que pasan el día trabajando, vendiendo o buscando una oportunidad para llevar algo más a sus casas.
El vínculo entre San Cayetano y el trabajo se vuelve así particularmente concreto en la vereda de la iglesia. Mientras algunos rezan para conseguir un empleo o para que no falte el dinero, otros ofrecen pastelitos, espigas y distintos productos a quienes esperan. Para ellos, el 7 de agosto también es una jornada laboral.
La escena no ocurre en un contexto menor. El último informe del Indec sobre el mercado de trabajo mostró que, durante el primer trimestre de 2026, la desocupación alcanzó al 7,8% de la población económicamente activa en los 31 aglomerados urbanos relevados. La subocupación llegó al 11,1% y el 15,8% de los ocupados eran demandantes de empleo, es decir, personas que tenían trabajo pero buscaban otra ocupación.
En el Gran Mendoza, el contraste entre tener un trabajo y alcanzar con ese trabajo se vuelve todavía más visible. La desocupación fue del 7,3%, pero el 22,4% de los ocupados buscaba otro empleo. La subocupación alcanzó el 13,8%. El porcentaje de ocupados demandantes, además, creció 4,1 puntos respecto del mismo trimestre de 2025.
Es en ese escenario donde aparecen las historias de quienes, cada año, vuelven a la iglesia de San Cayetano.
El trabajo también está del otro lado de la fila
Alberto y Daniel llegan con sus sillas de ruedas y se instalan en la zona donde se concentra la gente. Son vendedores ambulantes y conocen de memoria la dinámica de una jornada que puede representar una oportunidad para llevar un poco más de dinero a casa.
“Está mala la situación económica en las ventas”, cuentan. La frase aparece casi al pasar, entre la conversación con quienes se acercan y la expectativa por una jornada que concentra a miles de personas.
No son los únicos que encuentran en la fecha una posibilidad para generar ingresos. Una mujer que vende pastelitos cuenta que vuelve porque sabe que la convocatoria puede ayudarla a mejorar sus ventas. Su historia tiene, además, una particularidad: no se define como católica, pero cada 7 de agosto vuelve a instalarse en el lugar.
La fe de quienes llegan al templo convive así con otra necesidad mucho más terrenal. Para algunos, la fecha significa agradecer o pedir. Para otros, también significa trabajar.
Pero no todo lo que ocurre en la puerta de la iglesia tiene que ver con vender. Hay quienes llegan justamente para hacer lo contrario: dar.
Inés lleva 18 años preparando panecitos para repartir durante la celebración de San Cayetano. Este año llegó con unos 4.000. Los entrega gratis, acompañados por una estampita del santo, a quienes se acercan.
Marcelo también reparte pan. Lo hace por una promesa que le hizo a su esposa y, al igual que Inés, no lo vende. Lo entrega gratuitamente junto con una estampita. Para él, el reparto es una manera de cumplir con esa promesa y de agradecer.
La diferencia es significativa. En la misma vereda donde hay personas que buscan generar ingresos aprovechando la cantidad de gente, también hay otras que llegan con algo para compartir sin pedir nada a cambio.
El santo del pan y del trabajo
La escena tiene, además, una conexión directa con la historia del propio San Cayetano.
Cayetano de Thiene nació en Vicenza, Italia, en 1480. Fue sacerdote, fundó la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos y dedicó buena parte de su vida a la atención de los pobres y enfermos. Murió el 7 de agosto de 1547 en Nápoles, fecha que quedó asociada a su celebración.
Su figura llegó a ser especialmente vinculada con el pan y el trabajo en Argentina durante una época de profundas dificultades económicas. En la década de 1930, la devoción al santo tomó una nueva dimensión popular y su imagen comenzó a quedar ligada al pedido de trabajo y al alimento.
Por eso, casi cinco siglos después de su muerte, la escena vuelve a tener una particular fuerza simbólica. El 7 de agosto, en Godoy Cruz, algunos llegan a pedir trabajo y otros pasan la jornada tratando de conseguirlo.
El pedido de que no falte el pan tampoco es solamente una expresión religiosa. El último informe de pobreza del Indec muestra que, durante el segundo semestre de 2025, el 28,2% de las personas relevadas en los 31 aglomerados urbanos estaba por debajo de la línea de pobreza y el 6,3% se encontraba en situación de indigencia. En el Gran Mendoza, esos porcentajes fueron del 31,9% y del 5,5%, respectivamente.
El dato no explica por sí solo las historias que aparecen en la puerta de la iglesia, pero ayuda a ponerlas en contexto. Para muchas personas, el trabajo no representa solamente un proyecto personal: es la posibilidad concreta de llevar comida a la mesa.
Eso aparece en los testimonios de quienes llegan al templo. Una mujer de 80 años, proveniente de Cacheuta, resume esa relación con una frase sencilla: este año fue difícil, pero nunca le faltó el pan.
Su historia tampoco está planteada desde el pedido de riqueza. Lo que aparece es el agradecimiento por haber podido atravesar otro año, aun en medio de las dificultades.
Es una diferencia que se repite entre quienes se acercan a San Cayetano. No todos llegan para pedir más. Muchos llegan para agradecer por lo que tienen, pedir que se mantenga y, sobre todo, para que el trabajo y el alimento sigan estando presentes en sus hogares.
Una posibilidad para ayudar
Quienes se acerquen a la iglesia durante la tarde también podrán colaborar con donaciones de alimentos no perecederos, ropa, abrigo y mantas, siempre que se encuentren en buen estado.
La propuesta suma una dimensión solidaria a la celebración, en una jornada en la que muchas personas llegan para pedir trabajo o agradecer por el alimento.
Así, en la puerta de San Cayetano conviven quienes buscan una oportunidad laboral, quienes trabajan durante la jornada, quienes reparten pan y quienes se acercan con algo para compartir.