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Ramiro Agulla: "Gol, gol, gol ... en tu cabeza hay un gol"

Murió Ramiro Agulla contradiciendo que los años noventa están de regreso en Argentina. Y si a alguien le quedan dudas cualquier publicidad suya las despeja.


No voy a intentar a esta altura apelar a la creatividad para escribir en estas horas ya sin Ramiro Agulla acerca de un personaje que engalanó a la Argentina, una cueva geográfica que podría haberlo impulsado más rápido a ser un creativo viajero frecuente a la estratósfera (sin casco).

La Argentina es un país que, de tiempo en tiempo, pone en escena a esta clase de personas, en distintos rubros. Es un lujo que la vulgaridad sortea.

En plan de especulación metafísica arriesgo que Ramiro Agulla también podría haber nacido en Italia o en alguna frontera delgada y abismal con Croacia. O un eslavo despojado hasta de la "c". En plan de especulación metafísica arriesgo que Ramiro Agulla también podría haber nacido en Italia o en alguna frontera delgada y abismal con Croacia. O un eslavo despojado hasta de la "c".

Qué es ser joven para morir: fue la primera reacción que recogí a modo de disquisición, de no sé dónde ni de quién, al enterarme que Ramiro Agulla ya estaba a plena brazada en el Gran Mar. Debe estar observando esas profundidades con pasión y agudeza buscando desentrañar el mayor misterio de la vida humana: la muerte.

Nacer es un poco morir Nacer es un poco morir

(Agulla: me la afané a mí mismo, la frase. No son tiempos donde está muy jeraquizado poseer o ensayar el pensamiento. Muy bien sabés que cuando se te ocurre una idea hay que exprimirla. No hace falta que sea un gran idea. Aún puedo leer la mirada ajena, en especial las de recelo.

Pero es "algo" a nada. Y si somos respetuosos, los vivos con los muertos, la onda es que más o menos seamos correspondidos por los muertos. Igual, todo bien. Es un mal momento).

Tampoco voy a intentar un obituario clásico. Y diré, sin más ni otras interrupciones: "Nacer es un poco morir".

Al final de esta nota se incluye la canción al que el mismo Ramiro Agulla le colocó su voz para una publicidad memorable. Fue pensada y producida hace 30 años. La calidad se burla del tiempo.

Ramiro Agulla

La llama que llama. La guerra es la guerra. ¿La sal, no sala ? ¿Y el azúcar, no endulza?

A Charly García lo convocaron de la misma cervecera que se animó a tu estilo innovador de comunicación publicitaria, en la previa de este Mundial 2026. No sé pero no resultó, no transmitió casi nada. La sensación es que fue hecha más por seguir la tradición. La que inició la agencia. La de Agulla & Baccetti. La tuya.

Mientros hilvano este relato canta Alejandro Sanz en una toma en vivo, en Madrid, su canción "No es lo mismo". Hace un rato, antes de empezar a escribir este artículo, volví a ver fragmentos del especial del Paz Martínez con Lalo Mir.

Es lo mínimo a mano para acercarse al aura de una persona que siempre cruzó el río, sin retroceder.

La letra de Sanz es como cualquiera del Indio Solari: insondable, ambigua, surrealista. Pero me emociona. Un poco la publicidad es eso, de algún modo. Lenguaje críptico para ser descifrado por los futuros usuarios que no sabían lo que estaban necesitando consumir.

La llama que llama. ¿La llama que llama? Ah, claro, una llama que llama. El cliente es una compañía telefónica. Ok. Metele. Pero se imprime. La llama que llama. ¿La llama que llama? Ah, claro, una llama que llama. El cliente es una compañía telefónica. Ok. Metele. Pero se imprime.

Después es bastante más sencillo: variaciones sobre una idea. Por ejemplo: la llama no llama, o la llama a las brasas o la llama a la que le afanaron el celular en medio de la Puna. O la llama al cuadrado. O la llama vocaendo nuevos servicios de Telecom.

Después de nacida una idea fuerza vamos viendo el resto: acomodando los melones, como dice Alberto Bistue. Después de nacida una idea fuerza vamos viendo el resto: acomodando los melones, como dice Alberto Bistue.

Publicista

Aviso comercial, ya saben. Así funciona esto.

(Me gustaría protestar por el escarnio público que suele hacer cierta prensa y cantidades de panelistas sobre casos policiales de mierda, en la que en la mayoría de esos casos se trata de arrojar al desierto mentiras enteras, verdades a medias, hechos distorsionados o peor, noticias interesadas.

Hablo de esta reciente guillotina mediática que no dejar de hablar y alimentar la agenda pública con la desgracia de un tipo que renunció a la gestión pública en Mendoza -en realidad desde San Rafael- luego de ser parte de un hecho horrible, condenable y nada estimulante. Eso está fuera de la observación.

Por qué las guillotinas de los medios, que recuerdan a los conventillos contemporáneos que acompañan a esta nueva pobreza de Mendoza y el país, los mentideros seriales, los falsos profetas, los conversadores, los que se arriman de chismosos a comprobar la cocción de los pollos al disco, esos chantas, que desprecian la calidad, por qué, lo pregunto:

¿Por qué no se ponen de acuerdo en guillotinar de cada cinco casos menores, como éste, a por lo menos uno que sea parte de los clubes de poderosos y fuleros, que nos invaden? ¿Por qué destrozan a un pobre tipo (o tipa, o varios, no es el caso), a los que demasiado caro ya les cobra el destino sus desajustes o ajustes de cuentas o la falta en consideración popular?

Por qué, insisto en preguntarlo, los y las que activan las guillotinas digitales patean con especial regodeo a gente que está en el piso. ¿Será por impotencia? ¿Será una forma de liberar una represión que se desata en modo de perversión? ¿O es más sencillo: una representación teatral para disimular el escaso trabajo que les proporcionan estos hechos al transcribir los partes policiales? ¿O son parte de una mentira que no alcanza a ser una ficción por lo precario del engañador/a?

Un asunto es marcar errores, detectarlos, anticiparlos, relatarlos. Pero otra cosa es esta tendencia de arruinarle y ejecutarle la vida a una persona, de forma definitiva, de modo cobarde, desproporcionado, nada honorable. Traigan a los que se dedican a este pasatiempo de dementes con vocación de resentidos, para preguntarles dos cosas: cuándo han descendido de los paraísos divinos y cuándo abandonaron el Jardín del Edén por este presente pleno de sus virtudes heroicas e inmaculadas, sus gracias morales).

Ramiro Agulla hizo de la comunicación política otra saraza, pero definitivamente, más divertida. Es un montón.

Política

Es el paréntesis más extenso que haya escrito nunca.

Aunque Ramiro Agulla lo entiende y como pocos: su incidencia en hechos políticos de Argentina fue gravitante en el arco inmenso de posibilidades del comportamieno humano (la gran variedad de la vida, en síntesis del escritor norteamericano Francis Scott Fitzgerald).

Agulla no protagonizó la Historia. Pero sí la transmitió, en buena parte, como quiso. Se dirigió a millones de personas. Y eso fue más que publicidad. Caminó en peligro de transformarse en un vendedor de futuro. Pero lo más interesante fue la invención de formas narrativas de comunicación, de transmitir relatos entendibles detrás de los discursos del poder. Incluso los que se omiten. Aportó ideas y su visión de estratega para combinar con el sonido de una época.

Y también hizo algo sensacional en la publicidad argentina: recurrió al humor.

El humor en sus distintas expresiones fue como El gran Gatsby de Agulla. Sintetizó y anticipó (eso también hace la publicidad) una forma de vivir, desde el presente continuo. Y lo usó inclusó para transmitir emociones.

No es lo mismo la llama que llama, a que la lama de la llama. O la llama, que lama. No es lo mismo la llama que llama, a que la lama de la llama. O la llama, que lama.

Agulla: es mía pero es tuya. La frase, digo. El paréntesis, no.

No es lo mismo la llama que llama, a la lama en llama. O la llama, que lama.

Cambiaste todo en donde estuviste. Ahora es muy canchero decir que las personas con esas condiciones fuera del protocolo son dados a convertirse en manipuladores oscuros, calculadores sin red, fríos y desalmados especuladores.

Estos prejuicios surgen para trasladar responsabilidades y obligaciones propias de aquellos que dicen que no son así, ni de cerca. Y como este grupo es numeroso se han citado en esta visión de confort dudoso, que viene siendo una especie de hostia para los nuevos no creyentes contemporáneos.

Cambiar todo, en la vida de una persona, para otras personas, en cambio, es una actitud muy saludable, refrescante. Un camino que no esboza un círculo, sino una elipsis. Cambiar todo, en la vida de una persona, para otras personas, en cambio, es una actitud muy saludable, refrescante. Un camino que no esboza un círculo, sino una elipsis.

Quiero decir: la muerte de Ramiro Agulla es una baja importante en el grupo de los cancheros argentinos del siglo XXI. Y es probable que no pensáramos de modo parecido. Ni ahora, ni antes, o qué importa eso.

Es que la diversidad (la gran variedad de la vida, escribió Fitzgerald en el Gatsby original, en abril de 1925) no es sumarse a un ejército de iguales, ponerse el outfit de superiodad moral y listo: hacemos de cuenta que somos distintos.

No, Son distintos a otros, pero no entre ustedes. Es como un ejército: la orden nunca se cuestiona. La izquierda argentina sigue siendo bastante milica. No, Son distintos a otros, pero no entre ustedes. Es como un ejército: la orden nunca se cuestiona. La izquierda argentina sigue siendo bastante milica.

¿Cómo aplica la diversidad en esos grupos humanos que abogan por la diversidad? Estas comunidades están abocados a exigir obligaciones, que los atarea en su estado de observancia paranoica, y dejan bastante de lado aquel frío, hosco y antiguo cajón que anida las responsabilidades?

Y aplica igual que en las primeras tribus de las primeras civilizaciones: nos juntamos los que tenemos los mismos intereses y luchamos contra los dinosaurios o lo que pinte.

Se apropiaron de la "diversidad" como si fuera una palabra, pero como es un concepto, es un terreno sin dueños. Siempre hay oportunistas que a veces consiguen hasta vender tierras en la Luna o en planetas, como en Marte.

Lo de apropiarse de relatos ha sido prácticamente una política de Estado en este país. A veces esta nación tiene la misma escala de intrascendencia que un taller literario. Buenísimo y malísimo. Divertido y triste. Lo de apropiarse de relatos ha sido prácticamente una política de Estado en este país. A veces esta nación tiene la misma escala de intrascendencia que un taller literario. Buenísimo y malísimo. Divertido y triste.

Y no es lo mismo apropiarse de una palabra con rango y espíritu de casi epopeya sanmartiniana, que saquear un país y hacer cómplices a muchos de los que participaron en ese cuento. Ahora naufragan como grupos de escribanos de la palabra. Pero, pero, nunca se sabe.

Agulla, Ramiro: "nunca se sabe". ¿Esa frase es tuya?

Sería un muy buen epitafio.

Spot publicitario

En la política de Argentina no existe una persona que sea tan poco asociada al humor como el presidente Fernando De la Rúa. Nada más ajeno al humor que el sucesor de Menem en la Casa Rosada.

Cómo se las arregló el jodón de Agulla para hacerlo exitoso en un país destrozado (a Menem le sobró la última presidencia, visto desde hoy), con una economía destrozada, mientras los liberales peronistas (que no son muy distintos a los liberales no peronistas) otra vez abandonaban el Titanic con las palmaditas que ofrece la buena suerte.

Ya saben lo que hizo Agulla: "Dicen que soy aburrido". Pero era peor que eso. Y multiplicado.

Dios no quiso que De la Rúa fuese simplemente un hombre aburrido. La pretensión de Dios tal vez haya sido la de un milagro. Pero ni a Dios le salió la jugada.

"Dicen que soy aburrido" fue escrito por Ramiro Agulla durante un fin de semana en Punta del Este, antes que allí cayeran chanchos desde el cielo, apuntando a las piscinas. Los asesores del entonces jefe de gobierno de Buenos Aires se opusieron a este eje de campaña. Tal vez esa conducta inicial garantizó el éxito rotundo de la pieza publicitaria.

"Dicen que soy aburrido" fue el relato de entonces (siempre hay un relato, siempre, y más desde el Estado. Por eso deberían tratar mejor a los que escriben: los escriban no son los que tienen el poder, pero sin querer pueden inventar llaves para el cofre de la felicidad).

Sarmiento fue escritor y presidente. Sarmiento es el tipo que siempre lo hizo primero. Sarmiento fue escritor y presidente. Sarmiento es el tipo que siempre lo hizo primero.

Creatividad

Año 1997. Campaña: "Fútbol", para Cervecería y Maltería Quilmes. Agulla & Baccetti / La Brea Producciones. Canta el propio Agulla una versión electrónica de una canción increíble, con una letra contundente. El aviso preanunciaba el Mundial de Francia de 1998.

"En tu cabeza hay un gol" está la pasión desenfrenada que reina en el fútbol, el argentino. Hay vanguardia rítmica. Poesía visual. El sello Agulla & Baccetti.

Gracias Ramiro Agulla.

Nacer es un poco morir.

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