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No es solo fútbol: en la calle se celebra más que un éxito deportivo

La epopeya de Atlanta se celebra más allá del éxito deportivo porque la Selección es más que un equipo deportivo. Imágenes de los festejos que unen.


Hay dos niños saliendo por la ventana de un auto que soplan una corneta hasta quedar colorados por la falta de aire. Su padre toca bocina y, por un buen rato, el riesgo que corren sus hijos al ir colgados de un vehículo no es prioridad. Una señora aplaude en la esquina de Boulogne Sur Mer y Emilio Civit, en la zona más señorial de Mendoza que ahora está teñida de celeste y blanco.

Las remeras de la gente, las mejillas de los niños, un perro caniche al que le improvisaron una camiseta y movía la cola sin cesar. Madres, padres, hijos, abuelos; nietos. Mascotas. Bocinazos que se responden con bocinazos; complicidades de una hinchada unida. Todo celeste y blanco.

El kilómetro Cero de Mendoza fue epicentro de los festejos.

Alegría para los que les gusta el fútbol y a los que dicen que no, pero que certifican una máxima que es incuestionable como dogma de fe: lo que ocurre con la Selección argentina en un mundial es mucho más que fútbol. “Es la mayor alegría que tenemos”, grita una mujer que, a riesgo de caer en prejuicios, no está sopesando en su análisis la calidad deportiva. Las sonrisas de los niños, paga cualquier riesgo de resfrío en la fría noche mendocina.

En la puerta del Parque San Martín se revive esa epopeya. En el kilómetro cero de Mendoza cuesta respirar por la muchedumbre. En la calle Arístides Villanueva la fiesta es total. En los barrios de Mendoza se festeja sin pensar, por un rato, en un mañana. Miles de mendocinos salieron a la calle y los que no salieron gritaron en sus casas. Gracias a la Selección se repitió esa idea que quizá solo el fútbol puede lograr de vez en cuando: que una realidad adversa se pueda revertir; que al final “ganen los buenos”, que el príncipe mate al dragón. Que se puede revertir un resultado adverso ante Inglaterra, un clásico deportivo y un rival que en lo extrafutbolístico tiene aún más matices. Por eso el segundo gol de Argentina generó una epidemia de disfonía que celebrarán los fonoaudiólogos. Al mismo tiempo y cuatro horas "en el futuro", en los pubs ingleses había, se puede imaginar, un mar de lágrimas. "Esto une a todos. No importa si sos rico, pobre, político o si sos obrero", dice Leo. Tiene razón, al menos por un rato. No hay preguntas ni cuestionamientos. Alegrías compartidas y una sensación de igualdad que al menos por un rato se mantiene.

Una caravana cubrió el Acceso Este.

Epopeya

Inglaterra fue el fundador del fútbol en el mundo y el que lo trajo a Argentina. Los clubes nacidos con la industria ferroviaria, las escuelas inglesas que lo enseñaban, Buenos Aires Cricket Club, Alumni, Quilmes Athletic. Los “padres” de ese deporte perdieron con Argentina en otro partido épico. Perdieron, según analizan los especialistas, porque jugaron peor pero hubo una enorme diferencia con un intangible que es relevante; algo que no tiene peso pero es fundamental: el alma, el espíritu, el fantasma que se apodera del equipo que condice Lionel Scaloni y que genera tanto orgullo. Se ha dicho que buena parte de esa energía viene gracias al tipo de liderazgo que el DT tiene.

Sufrimiento y emoción. La Selección despierta todas las emociones.

Argentina repite una final del mundo siendo campeona. En lo deportivo se repite lo ocurrido en los campeonatos del 86 y del 90, aunque con recorridos y energías distintas.

“¡Viva Messi”, vocifera un chico de cachetes pintados. Messi es el ídolo. La cantidad de camisetas de todo tipo con ese nombre lo indican. Hay originales, “trucha”, nuevas; viejas, arrugadas, improvisadas. Messi, dicen todas. Antes del 2021 Messi era la estética y Maradona la épica. El actual capitán del seleccionaba acumulaba galardones y elogios y Maradona había grabado en la memoria imborrable los hitos del 86, los dolores del 90 y ese magnetismo impresionante que lo caracterizaba. Pero, como dicen los niños, Messi ahora escaló: además del talento es esfuerzo, liderazgo, sacrificio y esa idea de no bajar los brazos: llegó a su tercera final y en su archivo tiene fracasos deportivos que por años la propia “hinchada” le hizo pesar.

El mundial de Estados Unidos fue bautizado como el más grande de la historia por la cantidad de equipos y el dinero que generó. Fue el más hostil para el folklore popular de ese deporte, el más obsceno en cuanto a la búsqueda de rentabilidad, con las apuestas deportivas como principal eje, y rodeado de polémicas. Pero el calor, el puño apretado en el que se convirtió Argentina tras el resultado le da sentido a ese hecho cultural que se llama fútbol.