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Malvinas: los más de 350 soldados que nunca volvieron de la guerra

La guerra de Malvinas terminó en 1982, pero para muchos veteranos la batalla continuó durante décadas en silencio.


El 2 de abril de 1982 comenzó una guerra que dejó 649 muertos del lado Argentino y 255 militares ingleses. No obstante, hay más de 350 soldados argentinos que nunca volvieron de Malvinas, y que no se contabilizan como bajas. Las pesadillas y el horror de la guerra al que se aferraba su mente les impidió regresar, y terminaron suicidándose.

A 44 años de la guerra de Malvinas, la cifra de los excombatientes que recurren al suicidio crece año tras año de acuerdo con una fuente cercana al Ministerio de Defensa y al Centro de Salud para Veteranos. “Esa estadística no refleja la cantidad exacta. Hay un suicidio encubierto… somos muy malos pacientes, tenemos enfermedades y no nos cuidamos”, expresó, en diálogo con MDZ.

El cementerio de Malvinas, en Darwin Foto: Noticias Argentinas
El cementerio de Malvinas, en Darwin Foto: Noticias Argentinas

"Hay muchos suicidios, pero también hay cosas peores que no se lo toman como suicidio, por ejemplo los chicos que yo tenía de compañeros que después de la guerra se dedicaron a tomar, a drogarse y hoy están todos muertos, pero eso es un suicidio encubierto", sentenció el veterano de Malvinas Pedro Cáceres a MDZ.

Nunca "volver" de Malvinas

El retorno al país en ese momento fue distinto para cada soldado, sin embargo hay algo que los une a todos: la falta de reconocimiento y acompañamiento del Estado argentino.

Cáceres, exsoldado del Batallón de Infantería Número 5, sostuvo que cuando volvió la madrugada del 1 de julio a Ezeiza, los militares los llevaron en micros hasta Retiro y Constitución. A partir de ese punto, el viaje corrió por cuenta de ellos: "Bajamos en retiro, ahí nos despedimos de los compañeros que habíamos estado juntos. De ahí nos tomamos un colectivo y fuimos a constitución, otro colectivo me dejó en la puerta de mi casa, y tuvimos que pagar el boleto como cualquier ciudadano de a pie", detalló.

Por otro lado, Esteban Tries luchó en el Regimiento de Infantería Mecanizado 3, y cayó prisionero de guerra sobre el final del conflicto. La humillación que recibieron durante el período de sometimiento ante los ingleses contrastó fuertemente con la llegada a la Argentina: "fue un día soñado, maravilloso, el pueblo nos abrazaba", señaló visiblemente emocionado.

Esteban Tries Malvinas 1982

Esteban Tries en la guerra de Malvinas, 1982.

No obstante, el clima de calidez y solidaridad con el que se encontró en un primer momento rápidamente dió paso a un proceso que Tries llama "desmalvinización", el cual marcó a toda una generación. “Pensábamos que nos iban a recibir con honores, pero nos dijeron que éramos el ‘carro atmosférico de la dictadura’ y nos hundieron más”, manifestó, evidenciando el rechazo social y político que enfrentaron.

La guerra en casa

Ambos combatientes coinciden en la cuestión fundamental que les permitió "regresar" de Malvinas: la contención de su familia. Tries reconoció que su entorno familiar fue una pieza clave para su reconstrucción, argumentando que “yo tuve esa gran riqueza de tener una familia que me contuvo, que me abrazó, y amigos que pudimos crecer juntos”.

Además, muchos veteranos que buscaron asistencia en el Hospital Militar recibieron la misma respuesta: como ya no pertenecían a la milicia, debían ir a atenderse a los hospitales civiles. Pero cuando los que buscaron ayuda se presentaron en esos centros, les decían que al ser de las fuerzas armadas, no podían atenderse allí tampoco. "No eramos nada para nadie", sentenció Esteban.

Un grupo de soldados marcha en las Islas Malvinas Foto: NA
Un grupo de soldados marcha en las Islas Malvinas Foto: NA

Por otro lado, una fuente periodística con amplia experiencia en el Hospital Militar estableció que en la mayoría de los casos "el veterano se niega a ir al psicólogo", argumentando que el excombatiente se considera una "persona especial", superior al hombre común.

"El que está bien es porque tuvo familia que lo ayudó o un temperamento distinto", coinicidió Cáceres, quien luego de volver de Malvinas permaneció entre tres a seis meses sin salir de su casa, batallando contra las pesadillas de la guerra que lo perseguían en sus sueños, despertándolo cuando estaba a punto de ser asesinado.

Pedro Cáceres en las islas

Sin embargo, lo que parecía extraño para muchos soldados, tiene nombre y apellido: el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), el cual "actúa como una herida psíquica que no logra cicatrizar, donde el horror de la guerra se manifiesta a través de una reexperimentación constante en la que los veteranos suelen padecer "flashbacks" ante estímulos cotidianos", explicó el psiquiátra Santiago Sarrabayrouse.

20 años de silencio

Además, el TEPT provoca "una hipervigilancia agotadora y un embotamiento afectivo que los distancia de su entorno. Este cuadro no siempre es inmediato, ya que puede permanecer latente y eclosionar décadas después". Tanto a Pedro como Esteban les llevó dos décadas poder hablar de lo que habían pasado en la guerra con su entorno.

"Yo tardé 20 años en decirle a mi familia lo que había pasado en Malvinas", reveló Pedro. Incluso, nunca logró comunicarle a su madre que ella fue la que en un momento crítico de la guerra le salvó la vida. La asistencia psicológica llegó recién en el 2002, cuando Cáceres se presentó ante un profesional en un centro de salud mental de la Ciudad de Buenos Aires porque quería controlar sus problemas de ira que se habían profundizado al volver de la guerra.

Pedro Cáceres en las Islas Malvinas

Pedro Cáceres cuando volvió a las Islas.

"Había personas que me conocían de hace más de 20 años que no sabían que yo era excombatiente", detalló. La sola mención de Malvinas lo enfadaba, al punto de que en su casa no se podía mencionar la guerra.

Por otro lado, Esteban afirmó que "por 20 años yo no hablé de la guerra porque sabía que tenía primero que reinventarme, reinsertarme y en base a eso después ver qué pasaba". El "click" interno que lo ayudó a sobrevivir fue el entender que no debía centrarse en el "por qué me pasa esto" sino en el "para qué".

Esteban Tries

Esteban Tries, veterano de Malvinas.

"Ese para qué es el que me lleva a decir, ahora sí tengo que tener ayuda psicológica para ordenar todo lo que tengo en mi cabeza", describió Tries.

El contar lo vivido

"El Pedro Cáceres que fue a Malvinas se quedó allá y acá volvió otro Pedro", contó el exsoldado del Batallón de Infantería Número 5, quien a partir de la asistencia psicológica y el impulso de su actual pareja, comenzó a hablar sobre lo ocurrido durante la guerra, hasta el punto de ir a dar charlas a distintos colegios.

A su vez, expresó que hubo otros compañeros veteranos no tuvieron el mismo destino. Exsoldados que ahogaron los recuerdos de la guerra en distintas adicciones, y los cuales no tuvieron o se negaron a recibir ayuda, algo denominado tanto por Cáceres como Tries como "suicidios encubiertos": "si vas a 300 kilómetros por hora con la moto después de haberte tomado una botella de whisky no es un accidente, es buscar un final", sentenció Tries.

Pedro Cáceres con su esposa

El excombatiente Pedro Cáceres junto a su esposa.

"Si bien las secuelas de una guerra son permanentes y marcan un 'antes y un después' definitivo, es posible transformar ese dolor en un testimonio de resiliencia si se cuenta con un acompañamiento clínico y humano que permita procesar lo vivido", señaló el psiquiatra Sarrabayrouse. Y agregó: "Salir de la guerra implica dejar de combatirla en soledad para empezar a integrarla como parte de la propia historia de vida".

Esteban asimiló con el pasar de los años que "los héroes son los que murieron en el campo de batalla y nosotros somos soldados que volvimos para otra misión". Necesitaba reconstruirse ya que tiene "hijos y nietos que necesitan reivindicar a la gente de Malvinas y por ende a nuestra nación".

Los que sobrevivieron a la guerra no enterraron su pasado, sino que lo hicieron parte de sus vidas. Eligieron mantener viva la memoria de Malvinas desde un lugar de concientización. "Uno no sale de una situación traumática sino que hace las paces con ella. Uno termina por aceptar, entender y amigarse con la propia vida", aseguró el psiquiatra Enrique Da Rosa.

En la guerra de Malvinas participaron 23.813 combatientes argentinos, sin embargo muchos de ellos "continúan" allí y mueren en silencio, sin ser recordados. Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de esperanza, ya que todavía están a tiempo de volver.

Asistencia para veteranos de Malvinas

Los excombatientes que necesiten apoyo psicológico o asistencia en salud mental pueden comunicarse con el Centro de Salud Conjunto para Veteranos de Malvinas en la Ciudad de Buenos Aires.

Centro de Salud Conjunto “VVMM” – CABA

Director médico: TC Med. “VGM” Martín María Bourdieu

Dirección: Av. Cabildo 301/381 (Acceso IGN), Ciudad de Buenos Aires

Teléfono: (011) 4777-3798

Correo electrónico:

*Esta nota es dedicada a todos los hombres y mujeres que lucharon por defender la soberanía del país en las Islas Malvinas, que siempre serán argentinas.