Horacio, el radioaficionado al servicio de la comunidad

Horacio Bollati es un mendocino que practica con mucho entusiasmo la radioafición, actividad de la que destaca su perfil comunitario: “Siempre terminamos atados a las comunicaciones de emergencia en cualquier parte del mundo. Se trata de estar conectado en el momento justo que alguien lo requiera”, asegura a MDZ. Además de piloto privado y fanático de la aviación, tiene una colección de pequeñas radios artesanales confeccionadas por él mismo.

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Nicolás Munilla

Horacio, el radioaficionado al servicio de la comunidad

ALF PONCE / MDZ

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la radioafición tiene por objeto "la autoinstrucción, la intercomunicación y las investigaciones técnicas efectuados por aficionados, esto es, por personas debidamente autorizadas que se interesan en la radiotécnica, con carácter exclusivamente personal y sin fines de lucro". Ateniéndose a esa definición, esta actividad amateur va más allá del simple pasatiempo y requiere una dedicación responsable, además de un compromiso solidario ante cualquier situación de emergencia y que puede salvar vidas.

Horacio Bollati es un mendocino que practica con mucho entusiasmo la radioafición. Técnico electrónico y piloto privado, esta pasión le nació entre 1982 y 1983, en el transcurso de la Guerra de Malvinas, cuando integraba la Compañía de Comunicaciones de Montaña 8 que no fue movilizada a las islas. “Estuve catorce meses trabajando en la radio estación de la compañía (LU1MRM), donde aprendí lo que era la radiodifusión y las comunicaciones de campo. Desde entonces creció mi amor por la radio, que se me metió como un encanto”, recuerda Horacio durante una charla con MDZ en el living de su casa ubicada en la Cuarta Sección capitalina, donde tiene montado su estudio para comunicarse con cientos de radioaficionados de todo el mundo.

al tomar contacto, es común que los operadores de radio intercambien insignias y tarjetas. Horacio Bolatti posee casi todas las que pertenecen a las bases argentinas en la antártida.

Todo aspirante a radioaficionado debe tomar unos cursos y rendir exámenes para obtener una licencia oficial expedida por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), la cual le permite operar y transmitir desde un determinado espectro de frecuencia radial. Bollati obtuvo su licencia en 1997 a través del Cuyo Radio Club, entidad que funciona desde hace 75 años en la provincia, y actualmente pertenece a la categoría ‘especial’, la más alta entre los radioaficionados. “Por más que sea un hobby, respecto a la experimentación y el trabajo de técnica, este es un servicio donde está todo reglamentado bajo normas nacionales e internacionales, lo que nos hace trabajar en forma ordenada y correcta”, añade.

La distintiva de Horacio es LU1MHC. Las primeras dos letras (LU, conocidas como ‘Lima-Uniform’ en el alfabeto radiofónico) corresponden a uno de los códigos internacionales de radio asignados a la Argentina, mientras que el número del medio (1, en este caso) es asignado al azar por la Enacom, al igual que las dos últimas letras (HC). Finalmente, la tercera letra corresponde a la provincia, siendo la ‘M’ para Mendoza.

Los radioaficionados están ávidos en contactarse entre sí e incluso forma vínculos amistosos que muchas veces se sustentan en la sola comunicación regular. En cualquier forma, cada uno tiene sus propias metas, y para Bollati una de las principales es comunicarse con las trece bases argentinas en la Antártida, de las cuales solo le queda la no permanente Almirante Brown. “Por ejemplo, te dicen que la estación de la base Belgrano II estará en frecuencia, entonces ya te activás en ir a tu sala de radio para prender el equipo y tratar de hacer el contacto”, reseña.

De todos modos, lo más destacable de la radioafición para Horacio es su fin comunitario: “Lo que me atrapa es la solidaridad, o sea, la participación de los radioaficionados en las catástrofes, porque siempre terminamos atados a las comunicaciones de emergencia en cualquier parte del mundo. El radioaficionado trabaja cuando ve que hay un problema, se levanta con los ojos cerrados y prende su equipo para ver en qué puede ayudar. Se trata de estar conectado en el momento justo que alguien lo requiera”.

“En el último terremoto de Chile (2010) montaron tres cabeceras para pedir reportes a todas las estaciones que estaban escuchándolos. En mi caso me reporté como radioaficionado argentino en Mendoza, entonces ya sabían que acá tenían un contacto bilateral en la parte telefonía”, especificó.

De hecho, remarcó Bollati, al recibir la licencia oficial, el radioaficionado automáticamente pasa a formar parte de la reserva de comunicaciones del Estado: “Al pedir una distintiva de radio, el usuario se compromete a trabajar cuando el país lo necesite. Esto significa que está haciéndose cargo de su responsabilidad y predispuesto ante el mínimo requerimiento”.

además de la licencia oficial expedida por el gobierno nacional, horacio posee otras certificaciones de organismos internacionales, como la nasa.

Para Horacio, ser radioaficionado lo hace sentir necesario, que su contribución puede ayudar a otros. Cita como ejemplo la película francesa Si todos los chicos del mundo (Si tous les gars du monde, 1956), que trata sobre cómo una cadena de radioaficionados logra socorrer a un barco de pesca varado en alta mar cuya tripulación queda afectada por una epidemia de botulismo. “Es una actividad que me da mucho placer y me hace sentir útil en la comunidad. Se trata de saber que, al prender los equipos, podés escuchar a cualquier persona que esté llamando de otro lado del mundo”, sostiene.

Dentro de la radioafición, Bollati protagonizó varios hitos. Buscando “cumplir el deber con la patria, que no pude concretar en 1982”, hace unos años, más precisamente en 2012, viajó a las Malvinas para convertirse en el primer argentino en exhibir una licencia nacional de radio en las islas. “Estuve siete días y llevé una remera con mi distintivo. Si bien allá no se puede transmitir, por cuestiones de posición de territorio, me di el lujo de caminar con la licencia siendo que los isleños sabían que era de nuestro país”, comenta risueño.

Otra de sus aficiones, que está muy conectada además con su amor por la aviación, es la historia del accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, más conocido como el ‘milagro de los Andes’, ocurrido en la zona del Glaciar de las Lágrimas, de Malargüe, en 1972. Su biblioteca personal posee más de 70 libros referidos al siniestro aéreo que provocó la muerte de 29 personas y al cual sobrevivieron otras 16, en su mayoría integrantes del equipo de rugby uruguayo Old Christians. Incluso Horacio es autor de Brillos en la montaña. Donde la aeronáutica toma otro sentido, donde narra sus experiencias en la búsqueda de aviones caídos entre 1985 y 2010.

Horacio Bolatti es radioaficionado desde hace más de dos décadas.

“La radioafición jugó un papel importante en esa tragedia. Al notar que el avión no llegaba a Chile, un radioaficionado de ese país transmitió a Mendoza y su mensaje fue recibido en Tunuyán por el médico Daniel Fernández, quien le advirtió a la IV Brigada Aérea que el vuelo estaba perdido. Más adelante, los sobrevivientes del accidente se salvaron gracias a que escucharon en una radio que no los buscaban más, por lo que salieron en busca de ayuda”, esgrime.

Tal era su interés por el accidente que en 1997 subió hasta el lugar del choque y transmitió con una radio móvil, siendo la primera persona en comunicarse de esa forma en 25 años. Esa hazaña le permitió conocer y entablar profundas amistades con los sobrevivientes, a los que visita continuamente.

Artesanías radiales

Además de gran defensor de la radioafición, oficio que se ha visto opacado últimamente por los avances tecnológicos en las telecomunicaciones, Horacio es fanático de las radios antiguas y fabrica artesanalmente varias piezas dignas de una valiosa colección.

Sus favoritas son las radios a galena, que emplean un cristal de sulfuro de plomo conocido como galena, el cual sirve como detector de las señales de radio en amplitud modulada, tanto en onda corta como en onda media.

las radios a galena son las más primitivas y las favoritas de bollati.

Otro modelo construido por Bollati es el que los soldados fabricaban en los frentes de batalla, cuando se protegían en los fosos y necesitaban un vínculo con el exterior. En estos casos, reemplazaban la galena por una hoja de afeitar que se calentaba hasta que, por medio de la oxidación, detectaba las ondas de radio.

Entre toda la colección, destaca su réplica exacta de la famosa Radio Caterina, única en la Argentina y una de las cinco existentes en el mundo. El aparato original fue construido en 1944 por un grupo de italianos detenidos en el campo de concentración nazi Sandbostel, en Alemania, con el fin de escuchar las noticias de radios extranjeras y de comunicar las novedades a los otros prisioneros.

la réplica de la radio caterina construida por horacio bollati es la única en la argentina y una de las cinco existentes en el mundo.

Para ello, se valieron de materiales cotidianos diseminados en el predio. Por ejemplo, para la bobina de sintonía usaron un alambre esmaltado que sacaron de una bicicleta robada a un soldado alemán, mientras que los capacitores y las resistencias fueron hechas con papeles metalizados de chocolate y minas de lápices. Con latas de conservas fabricaron el capacitor variable y el auricular, y con monedas, clavos y vinagre confeccionaron las baterías.

horacio en su estudio de radio. comparte su actividad con su familia, ya que su esposa, hijas y nietos también son radioaficionados y radioescuchas.
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