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El estremecedor testimonio de una veterana de Malvinas que trabajó como instrumentadora quirúrgica durante la guerra

En diálogo con MDZ, la veterana contó su historia, desde que se ofreció como voluntaria para ir a Malvinas hasta que comenzaron a hablar de lo ocurrido.


Junto a mis hijos, Malvinas es el acontecimiento más importante de mi vida”, afirmó Silvia Barrera, instrumentadora quirúrgica y veterana de Malvinas. Silvia, con 23 años en aquel entonces, atendió a cientos de soldados que resultaron heridos en combate los últimos días de la guerra a bordo del ARA Almirante Irízar, uno de los dos buques hospital que participaron en el enfrentamiento junto con el Bahía Paraíso.

A 44 años de la guerra, ya es costumbre para la jubilada hablar de lo que vivió esos días de junio en colegios, actos y reuniones de excombatientes. No obstante, al igual que lo que cuentan los soldados, durante los primeros años el silencio de la sociedad fue absoluto y doloroso: Argentina había perdido la guerra y nadie quería hablar al respecto.

Desde el momento en que se ofreció como voluntaria para ir a las islas hasta los comienzos de la malvinización, la veterana contó su historia a MDZ para seguir manteniendo viva la memoria de lo ocurrido en la guerra.

Con todo el ímpetu de ayudar: el comienzo de la historia de Silvia en Malvinas

Aquel 2 de abril de 1982, Silvia estaba preparándose en su casa para dirigirse al Hospital Militar Central. Había empezado a trabajar en el nosocomio luego de recibirse de instrumentadora quirúrgica en el Hospital Ramos Mejía dos años antes. Al ser plena dictadura militar, la familia optaba por sintonizar la uruguaya Radio Colonia. Allí fue donde escuchó la noticia de que se había llevado a cabo la recuperación de las Islas Malvinas en la Operación Rosario.

Como sabía que, frente a una posible movilización, iban a necesitar personal, Silvia salió corriendo para el hospital, con todo el ímpetu de querer ayudar. No obstante, una vez que llegó, se encontró con la realidad del Ejército de aquel entonces: solo enviarían a las islas al personal militar, lo que implicaba que las mujeres no podían ir a Malvinas.

Silvia Barrera Hospital Militar, Veterana de la Guerra de Malvinas, Instrumentadora Quirúrgica / Gentileza Silvia Barrera

Silvia Barrera.

¿De dónde había salido ese deseo de querer atender a los soldados? "Mi padre era suboficial del Ejército, y en una familia militar, me parece que el patriotismo siempre es un poco más fuerte que en el resto de los civiles. Además, siempre se hablaba de la enfermera y el médico, nunca de la instrumentadora quirúrgica. Entonces, era un acontecimiento importante para mostrar la profesión. Y también desde el punto de vista de la mujer: íbamos a ser las primeras en participar de un hecho histórico", contestó Silvia.

A pesar de ese primer "no", la entonces joven de 23 años tuvo su revancha: el 7 de junio, en el Hospital Militar Central, convocaron a todas las instrumentadoras quirúrgicas para preguntarles quiénes querían ir a Malvinas. Ya para ese momento, hacía un poco más de un mes que habían comenzado los verdaderos combates (luego del hundimiento del ARA General Belgrano el 2 de mayo), por lo que había heridos de mayor gravedad que necesitaban ser atendidos y, al mismo tiempo, únicamente las mujeres se dedicaban a la instrumentación quirúrgica.

Además de Silvia, en el nosocomio se ofrecieron otras cuatro voluntarias: María Marta Lemme, María Cecilia Riccheri, Norma Etel Navarro y Susana Mazza. No obstante, el Ejército había solicitado un mayor número de instrumentadoras, por lo que también se avisó al Hospital Militar de Campo de Mayo y se incorporó a María Angélica Sendes. "Ya sabíamos cómo era la situación, sabíamos que estábamos yendo a un lugar complicado, y sin embargo quisimos vivir la experiencia", contó Barrera.

Silvia Barrera Hospital Militar, Veterana de la Guerra de Malvinas, Instrumentadora Quirúrgica / Gentileza Silvia Barrera

María Marta Lemme, María Cecilia Riccheri, Norma Etel Navarro, Susana Mazza, Silvia Barrera y María Angélica Sendes son las veteranas de Malvinas Foto: Gentileza Silvia Barrera

En un lapso de tres horas, las jóvenes pasaron por sus respectivos hogares a notificar a sus familias, armar las valijas y volver al hospital para partir a las islas. "Cuando llegué a mi casa, ya estaba con el bolso portaequipo, con los pasajes en la mano, y les dije a mis padres que me iba a Malvinas. Mi mamá estaba con mucho miedo de que ocurriese algo y cayéramos prisioneras. Y mi papá estaba muy orgullosa de mí", recordó Silvia.

"Nos tocó trabajar descompuestas": así fueron los primeros días en Malvinas

Finalmente, en la madrugada del 8 de junio, las seis instrumentadoras quirúrgicas partieron, totalmente solas, a Río Gallegos. Si bien estaban destinadas en un principio al hospital de Puerto Argentino, para atender allí, necesitaban tener grado militar y convertirse, de esta forma, en las primeras mujeres del Ejército. Es por eso que, una vez que aterrizaron, un helicóptero las buscó para llevarlas hasta el ARA Almirante Irizar, que fue su hogar los diez días siguientes.

A tan solo 30 minutos de su arribo, las voluntarias experimentaron su primer bombardeo, algo que las iba a acompañar todas las noches hasta el 14 de junio, cuando se firmó el cese al fuego. Gracias a su juventud y las ganas de ocuparse de los soldados heridos, las chicas divisaban las luces en el cielo sin tomar conciencia de lo que estaba pasando. Sin embargo, la percepción del peligro apareció al día siguiente, cuando vieron el estado en el que llegaban los combatientes al buque.

Los primeros días fueron complicados. Por un lado, eran las primeras mujeres que los médicos de la Armada veían vestidas de verde, es decir, con el uniforme del Ejército. Por otro, ninguna de ellas había navegado antes. "Nos costó muchísimo acostumbrarnos al movimiento del buque, al tener que trabajar y hacer las cirugías en esas condiciones. Allá las olas son gigantescas porque el mar es muy bravío. Nos tocó trabajar descompuestas, básicamente vomitando", contó Silvia.

Silvia Barrera Hospital Militar, Veterana de la Guerra de Malvinas, Instrumentadora Quirúrgica / Gentileza Silvia Barrera

Así llegaban los soldados heridos al ARA Almirante Irízar.

Asimismo, la veterana recordó que, en una ocasión, un paciente que llegó al buque debió ser operado durante varias horas por las múltiples heridas que tenía, pero esa vez el Irízar se movió a 45°. El anestesista, el cirujano, el ayudante y la instrumentadora debieron atarse con vendas de tela a la mesa para llevar a cabo la intervención y moverse todos al mismo tiempo.

Cómo era la rutina diaria a bordo del ARA Almirante Irízar

Cada una de las instrumentadoras había elegido un lugar en el buque (en el caso de Silvia, terapia intensiva). La rutina diaria comenzaba a la madrugada, cuando los helicópteros y los barquitos que hacían de ambulancia llevaban a los soldados heridos hasta el Irízar. Durante las primeras horas, recibían a los heridos y se intenta compensarlos. Por la noche, mientras los ingleses bombardeaban, aprovechaban para hacer todas las cirugías y, una vez finalizadas, las curaciones postoperatorias. Luego, debían lavar y esterilizar todo el material utilizado. Ese momento era el único descanso que tenían.

Si bien cinco de esas seis voluntarias trabajaban en el Hospital Militar Central, nunca habían coincidido en el quirófano, porque cada una hacía una especialidad distinta: mientras que Silvia se dedicó a la neurocirugía, Norma y María Marta estaba en cirugía general, Susana hacía cardiovascular y Cecilia, traumatología. Por su parte, en el Hospital Militar de Campo de Mayo, María Angélica se ocupaba de oftalmología.

"Ahí en Malvinas nos tocó conocernos y acompañarnos las unas a las otras, contenernos, porque éramos las únicas mujeres entre casi 300 hombres. No les podíamos pedir contención a ellos, tampoco los conocíamos, no teníamos tanta confianza. Y eso nos sirvió a las seis para mantenernos unidas para siempre", dijo la veterana.

Silvia Barrera Hospital Militar, Veterana de la Guerra de Malvinas, Instrumentadora Quirúrgica / Gentileza Silvia Barrera

María Marta Lemme, María Cecilia Riccheri, Norma Etel Navarro, Susana Mazza y María Angélica Sendes. Foto: Gentileza Silvia Barrera

"Éramos la cara de la derrota": la vuelta a Buenos Aires y el enojo contenido durante muchos años

El personal del Irízar no volvió a Buenos Aires ese 14 de junio, cuando se firmó el cese al fuego: debieron evacuar todo el hospital antes y, finalmente, el domingo 20 pisaron tierra porteña. Los padres de Silvia, quienes habían estado muy preocupados porque no entendían cómo su hija no había vuelto todavía, le dieron una acalorada bienvenida. Pero fueron prácticamente los únicos en recibir al cuerpo médico.

La joven de 23 años llegó a su casa y, mientras se planchaba el ambo, les contó todo lo vivido a sus padres. Al día siguiente, se puso ese mismo uniforme y se dirigió al hospital, como cualquier otro día. Nadie, ni siquiera el director, los recibió ni les preguntó dónde habían estado. Ella, al igual que el resto de sus compañeros, se metió en el quirófano a trabajar como si nunca nada hubiese pasado.

En apenas cinco días, la guerra ya había pasado. En Buenos Aires, una ciudad donde ocurre de todo, donde una noticia tapa a la otra en cuestión de minutos, ya todos se habían olvidado de Malvinas. Los reconocimientos, las medallas y los diplomas fueron llegando, pero no borraron en absoluto el silencio y la indiferencia, que se prolongaron durante diez años más.

"Fue un enojo muy fuerte con la sociedad, con el mundo, que no podíamos canalizar. Fueron diez años realmente difíciles. La mayoría de los suicidios ocurrieron ahí. Nosotros veníamos tan golpeados, y nos encontramos con que había una sociedad que no quería saber nada de nosotros, porque éramos la cara de esa derrota. Y eso nos produjo mucho enojo. De hecho, muchos de los veteranos están casados en segundas nupcias, porque la primera esposa no supo contenerlo, no supo aguantar ese enojo que traíamos dentro nuestro", explicó Silvia.

Malvinización: desde una charla barrial hasta ver a las islas bordadas en las chombas de los colegios

La malvinización inició de la mano de la prensa. Pasados esos diez años, los periodistas, que hasta ese momento hablaban prácticamente nada de la guerra, comenzaron a interesarse por lo que había pasado, a buscar testimonios y a realizar los primeros reportajes. En ese camino, empezó a conocerse que en Malvinas hubo mujeres.

El boca a boca también ayudó mucho: una maestra organizaba un encuentro con veteranas en la escuela de su barrio, se lo comenta a sus colegas que trabajan en otros colegios, y las invitaciones empezaron a llegar de a poco. "Fue haciéndose la cadena hasta encontrarnos al día de hoy, con 16 instituciones que llevan en el nombre 'Heroínas de Malvinas' gracias a esos años en que fuimos sembrando la semillita en los nenes", contó la jubilada.

Silvia Barrera Hospital Militar, Veterana de la Guerra de Malvinas, Instrumentadora Quirúrgica

Silvia Barrera hace dos años.

La veterana nota muy claramente en su familia cómo dejaron huella los años en los que ella no habló de Malvinas. Sus dos hijos más grandes, de 38 y 36 años, vieron todos sus reportajes, sus apariciones en televisión, los documentales en los que participó, los libros y obras de teatro en los que está mencionada, pero "es hasta ahí", dijo Silvia. Con sus dos hijas menores, de 30 y 23, es distinto: "Las chicas estuvieron en los colegios cuando dábamos nuestras charlas, me acompañaron a los reportajes, a la tele, a los distintos medios a los que fui. Son las que más empapadas de Malvinas están", explicó. El camino se completa con su nieto de 11 años, que tiene las islas bordadas en la chomba del colegio.

"Todo es un logro nuestro, de los veteranos, porque si nosotros nos quedábamos sentados en nuestras casas, todo esto no hubiese pasado nunca. Y bueno, nosotros le ganamos una batalla cultural a los ingleses, porque en todo nuestro país no hay un solo nene que no sepa que las Malvinas son argentinas. Ellos con sus chicos no lo están haciendo, y los nenes ingleses no tienen ni idea de dónde quedan las islas", aseguró la veterana.

Actualmente, Malvinas está presente todo el año para los veteranos y veteranas con charlas en colegios, ceremonias, reuniones, notas en medios de comunicación y actos en todas las provincias del país. Jamás perdieron contacto entre ellos: fueron a sus casamientos, conocieron a sus hijos y nietos y ahora hasta comparten un grupo de WhatsApp.

"Malvinas me cambió la vida. Me hizo cambiar el carácter, la forma de ver las cosas. Uno se toma todo con otra calma. Y ya todo el año está ocupado en tratar de mantener la memoria viva, porque a 44 años de la guerra, todavía hay gente que no sabe que hubo mujeres en Malvinas", cerró Silvia.