Alerta por la crisis hotelera y gastronómica en uno de los principales destinos turísticos del país
El turismo interno viene luchando contra una demanda en baja, mientras los argentinos siguen viajando cada vez más al exterior.
La Costa Atlántica sigue siendo una de las principales opciones del turismo interno.
ShutterstockEn un contexto a nivel nacional marcado por la desaceleración del turismo interno, la caída del poder adquisitivo y un consumo cada vez más retraído, los principales destinos del país enfrentan un escenario complejo.
Las más recientes publicaciones sectoriales coinciden en que la actividad turística atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años: menos viajes, estadías más cortas y un gasto promedio en descenso.
En contraste, el turismo al exterior muestra un continuo crecimiento beneficiado por el contraste entre los precios internacionales, ante un dólar en baja, y costos internos que se e3ncarecen mes a mes por la inflación.
Este panorama general tiene un impacto directo en las economías locales que dependen del turismo, y Mar del Plata no es la excepción.
En la ciudad, el sector hotelero y gastronómico atraviesa una situación crítica, signada por la caída del consumo, el aumento sostenido de los costos y una fuerte incertidumbre de cara a los próximos meses.
Si bien el bajo rendimiento turístico no es una novedad, la proximidad de las vacaciones de invierno profundiza la preocupación entre operadores y comerciantes.
En declaraciones radiales, el presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica, Hernán Szkrohal, describió el escenario como “crítico” y advirtió que muchos establecimientos se encuentran en una situación límite.
En ese marco, valoró el lanzamiento de nuevas líneas de crédito del Banco Provincia, aunque aclaró que se trata de un alivio parcial frente a la magnitud de la crisis.
Según explicó, las tasas más bajas pueden resultar útiles para algunos emprendimientos o para capital de trabajo, pero el problema de fondo es de subsistencia: los ingresos no alcanzan para cubrir los costos básicos de funcionamiento.
La pérdida del poder adquisitivo aparece como el principal factor que explica la retracción de la actividad. De acuerdo con Szkrohal, los salarios se destinan casi por completo a gastos fijos como alquiler, servicios y alimentos, lo que deja fuera de alcance el consumo turístico y gastronómico. Esta situación se refleja en una demanda que cayó a niveles históricos, incluso durante fines de semana largos.
Aunque pueda haber movimiento en la ciudad, el gasto es sensiblemente menor al de años anteriores y eso se siente con fuerza en hoteles y restaurantes.
A este escenario se suma la preocupación por el crecimiento de los alquileres temporarios de departamentos, que desde el sector consideran una competencia desigual.
El planteo no apunta a la modalidad en sí, sino a las condiciones en las que opera: mientras la hotelería formal enfrenta una elevada carga impositiva y laboral, los alquileres turísticos no asumen esos costos, lo que les permite ofrecer precios más bajos y captar parte de la demanda.
Con muchos establecimientos trabajando por debajo del punto de equilibrio, el riesgo sobre la continuidad de los negocios y los puestos de trabajo es cada vez mayor. Endeudarse, advierten, implica apostar a una mejora futura que hoy no tiene plazos ni certezas. Sin medidas de alivio fiscal o una recuperación sostenida del consumo, el sector ve muy difícil encontrar una salida en el corto plazo, en una ciudad donde el turismo sigue siendo un pilar central de la economía.