Matías Bagnato: “Empecé a vivir con la tranquilidad de saber que ahora sí descansan en paz”
Se cumplieron 31 años de uno de los crímenes que más conmocionó al país. El 17 de febrero de 1994, Fructuoso Álvarez González, prendió fuego una casa en la que se encontraban Alicia Plaza (40) y José Bagnato (42), junto a sus hijos y un amigo de los menores que se había quedado a dormir. Como consecuencia, todos fallecieron, excepto Matías Bagnato, el hijo mayor del matrimonio.
A casi dos años de la muerte del acusado por la “Masacre de Flores ”, Matías con MDZ y reveló detalles impactantes sobre cómo fue vivir con la pérdida de sus seres queridos y bajo amenaza del asesino de su familia. Asimismo, destacó que “uno no sabe cuán fuerte es hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”.
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- Pasaron 31 años de aquella noche que no olvidas nunca, pero ahora toca recordar a esos seres queridos que se fueron sin despedirse. ¿Cómo recordás todo ese tiempo?
- Hoy por supuesto que mi vida cambió muchísimo, este año y pico desde que falleció Fructuoso Álvarez González, el asesino de mi familia. Pasaron 31 años y está claro que yo sé que hasta el último día de mi vida hay cosas que voy a tener que convivir con eso. Yo siempre dije que a mí el tiempo lo único que ha hecho fue enseñarme a convivir con esto.
Yo siempre sufro más el 16 de febrero que el 17. Como que todo esto que te digo es la previa. Me voy acordando y voy pensando que hice ese día y como fueron los últimos momentos. Y convivo con eso hace 31 años. Quizás la particularidad de este último año y pico es que empiezo a vivirlo, no sé si la palabra es en paz, pero sí con esta tranquilidad de saber que ahora sí descansan en paz ellos.
- Por supuesto que no se borra, que quizás cicatrice, pero la herida va a estar…
- Y bueno, siempre hablando de esto que vos decís de cicatrizar, vos sabes que recién ahora como que puedo hacer un duelo en paz, un duelo sano. Recién ahora pude palpar cuántas cosas yo tenía naturalizadas. Cosas que para mí eran cotidianas y que la verdad que fue muy fuerte anímicamente darme cuenta de cuántas cosas yo tenía naturalizadas en mi vida que estaban pésimas. El no poder compartir una red social o una foto con la persona que quiero, porque era el miedo a que me quiera matar también a mi familia actual.
- ¿Cómo te enteras que este tipo muere en la cárcel?
- Él muere el 30 de abril, que era un domingo y bueno, unos días previos a esa fecha había salido la resolución de un pedido de salida transitoria que él había hecho. Ahí es donde yo me entero que lo habían operado de la cadera y estaba transitando una infección. Y bueno, ese domingo, estábamos comiendo en casa con Nicolás, mi pareja, y con su hermanito. Me suena el teléfono y Claudia Peiró, periodista de Infobae, me dice: “Matías, se murió el asesino de tu familia”.
En ese momento, llamé a la persona que manejaba todo el tema de mi custodia y me dijo: “Déjame que yo averiguo”. En un momento, veo que me llamaba Juan Martín Mena, que era un alto funcionario del gobierno de ese entonces del Ministerio de Justicia, y ahí me largué a llorar.
Lo único que me salía era decirle a Juan Martín: “Decime que es verdad, decime que es verdad”. Él lloraba también y en un momento me dijo: “Mati, se terminó, podés vivir en paz”. Yo me acuerdo que me tiré en el piso y creo que lloré tanto como ese día.
- ¿Imagino que lo primero que hiciste fue pensar en ellos no?
- En ellos y en la abuela. La abuela que vivió con esta espada en la nuca hasta el último día de su vida. Ella partió en plena pandemia, en el 2020 y fue terrible para mi. No pude despedirla y por eso te digo que, salvando la diferencia, fue algo parecido a lo de mis viejos y mis hermanos. No vi el entierro ni nada y mi terapeuta me dijo que esas cosas son muy necesarias para hacer el duelo, esto de poder materializar lo que pasó.
Este año fue muy movilizante. A mí en diciembre me pasó que fui a renovar los nichos de ellos en el cementerio y me dijeron que no los podía renovar, que los tenía que sacar porque se habían cumplido 30 años. Y a los 30 años tenés que sí o sí sacarlos y cremarlos. Fue muy fuerte, me costó muchísimo, mucho más de lo que me imaginaba. Traté de prepararme, pero fue un golpe tremendo tener que ver por primera vez los cajones de ellos.
- ¿Cuánto te ayudó la terapia?
- Un montón, creo que es una ayuda en conjunto. Yo siempre aclaré que es muy difícil salir adelante cuando uno vive en un país donde la Justicia es una traba más y no una herramienta como para salir adelante. Obviamente ninguna pena ni nada te va a devolver a tu ser querido, pero te puedo asegurar que es muy importante para que uno pueda tratar de sanar y aprender a convivir con esto de una forma más sana. Creo que es muy importante la terapia y está bueno poder contar con esa herramienta.
A mí siempre me pasa que me dicen: “Yo en tu lugar me hubiera matado o en tu lugar hubiera ido y lo hubiera matado”. Yo creo que en realidad todos tenemos esa capacidad. Creo que uno no sabe cuán fuerte es hasta que ser fuerte es la única opción que te queda.
- ¿Se te acercó mucha gente haciendo empatía, que pasó por lo mismo, por la misma situación, la de perder un ser querido?
- Si es continuo. En algún punto creo que es una de las partes quizás lindas que me dejó esta historia, el poder ayudar a otras personas. Todos los días de mi vida recibo mensajes de chicos que perdieron a sus padres o alguien que perdió a su hermano y me dicen: “Yo pensé que mi problema era terrible y ver que vos saliste adelante me da inyección para salir adelante”. Todas esas cosas creo que para mí son un mimo al alma muy importante.
- ¿Te uniste mucho a Madres del Dolor no?
- Mucho, mucho apoyo de las madres y de tantas otras víctimas. Como Carolina Píparo y la mamá de Ángeles Rawson. Se fue construyendo una hermandad y yo los considero parte de mi familia. Creo que eso de hablar el mismo idioma hace muy bien. Acá nosotros sabemos perfectamente lo que siente el otro y eso creo que es algo muy sanador y muy gratificante.
- ¿Matías a esta altura de tu vida, 31 años después, cómo lo ves a ese Matías de 16 años después de ese 17 de febrero del 94, todo lo que tuvo que padecer, crecer de golpe y hacerse grande?
- Me genera mucha angustia porque veo todo lo que le han quitado a ese Matías de 16 años, esa inocencia. Siempre luchaba con tratar de preservar un poquito de ese Matías. Sí, creo que tuve la gran suerte, a pesar de todo lo que me pasó, de contar con mi abuela, quien me ha salvado en todos los aspectos en los cuales se puede salvar un ser humano, entre contenerme, cuidarme, vestirme y darme un techo. Y creo que lo más importante de todo, haber trabajado como trabajo ella, para que hoy yo sea el Matías que soy hoy a los 47 años y no sea una persona llena de odio, resentimiento y haber tenido una vida lo más normal posible.
Y eso creo que es algo a lo que estaré eternamente agradecido. Creo que hay pocas personas en este mundo que hayan podido enfrentar lo que vivió ella y salir adelante. Y esa es una enseñanza que para mí es oro en polvo. Muchas veces sentí que no iba a poder o que no podía seguir viviendo y era verla a ella y automáticamente para mí era como una trompada en la cara. Si ella está así, yo tengo que estar 3000 veces mejor.
- ¿Cómo hizo ella para salir adelante?
- Yo creo que es la parte que a mí más me dolía. Cuando yo tenía que hacer una nota y volvía a casa ella me decía: “Estuviste muy bien, pero yo no luché para esto. Yo luché para que vos tengas una vida normal, no para que estés contando todo el tiempo cómo saliste de la casa y tener que ver la casa quemada”.
A mi me mataba porque todo lo que ella hizo y desgraciadamente, vivimos en un país donde si yo no contaba con esa herramienta nos hubieran matado. Entonces era como algo que yo necesitaba hacerlo porque era nuestra protección. Es asqueroso tener que vivir en un país donde dependes de una cámara o de un periodista o de un diario para que un juez se ponga a laburar y la Justicia funcione. Considero que todos los casos son iguales y que todos se merecen el mismo trato. El ciudadano que es víctima de delito, se transforma en víctima porque hubo un Estado que no lo supo proteger.
- Que bueno ese mensaje Matías. La última y agradecerte que nos estés visitando. ¿Hay un nuevo Matías con proyectos, con ilusiones, con una nueva vida?
- Sí, me estoy reconstruyendo. Me ocupé de mi salud principalmente. Yo estaba muy gordo, así que el año pasado, me sometí a un bypass gástrico que me permitió poder revertir todo. También, sanando espiritualmente, como conté con la terapia y sí, tengo miles de proyectos que ahora me agarran un poco viejo ya. Creo que sí, el mejor homenaje que puedo hacerle a la abuela por toda su lucha, a ellos, es estar bien, en paz y ser el Matías que ellos hubieran querido que yo sea.
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