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Científicos confirman que el Imperio Inca llegó mucho más al Sur de lo que se creía

La investigación que tiene como escenario a la provincia de Mendoza será vertida en una publicación científica antes de fin de año. La existencia de construcciones coincidentes con la arquitectura inca en la zona de la Laguna del Diamante y el volcán Maipo son las evidencias más recientes. Avances.

La última vez que un hallazgo arqueológico de trascendencia mundial ocurrido en Mendoza movilizó a la comunidad científica y a la sociedad, sucedió hace 38 años. El llamado "Niño del Aconcagua", que se encontraba enterrado en una sepultura con ofrendas y un ajuar a 5.300 metros sobre el nivel del mar, en el cerro Pirámide (contrafuerte del Aconcagua), significa hasta la actualidad una de las pruebas más tangibles de la presencia del Imperio Inca en estas latitudes. Desde ese entonces hasta hoy, un nuevo descubrimiento, cuya investigación continuará su curso, es la evidencia de nuevas conclusiones que completan y amplían las teorías relacionadas a la intervención de este pueblo originario que predominó en Sudamérica y llegó a su esplendor hace más de cinco siglos.

Justamente, en la zona de la Laguna del Diamante y el volcán Maipo (una de las 19 Áreas Naturales Protegidas con las que cuenta la provincia y que está ubicada en el departamento de San Carlos) hace poco más de un año comenzaron a advertirse las primeras pruebas relacionadas a la existencia de más de veinte estructuras armadas con pircas coincidentes con el tipo de construcción utilizado por los incas. Los primeros hallazgos que sirvieron de prueba para iniciar investigaciones científicas y avanzar en las expediciones, a más de 3.600 metros de altura sobre el nivel del mar, permitieron al equipo multidisciplinario de investigadores, avanzar en distintas hipótesis. La primera de ellas fue la relacionada a la posibilidad de que este sitio haya existido un espacio relacionado a lo astronómico, instalado en el lugar por los incas de manera estratégica para planificar los períodos de cosecha.

Pero además, al avanzar en las conclusiones que desde entonces permiten visualizar esas estructuras (pasillos, muros, pasadizos, figuras rectangulares y circulares) el equipo científico también cotejó datos que permiten reforzar la posibilidad de que estas figuras representen geoglifos (figuras que se pueden ver desde el cielo) que el pueblo inca podría haber construido con la idea de entregar un mensaje a las deidades, tal como lo establecía su cosmovisión.

La existencia de canteras para extraer obsidiana en ese sector es otra de las hipótesis que hasta el momento han logrado visualizar en relación a estos hallazgos arqueológicos los expertos. Lo cierto es que hasta ahora todo apunta a una misma conclusión: que el Imperio Inca en realidad se extendió mucho más al sur y sobre territorios más meridionales de lo que en realidad ha registrado la historia reciente relativa a la presencia de los pueblos indígenas en Sudamérica. De hecho, estos recientes descubrimientos permiten enriquecer los conocimientos relacionados a la cosmovisión, la cultura y la organización económica, política y militar del imperio que dominó por siglos a lo largo de miles de kilómetros sobre la cordillera de Los Andes.

La evidencia que cambia la historia

Gustavo Corrado es antropólogo, doctor en Ciencias Naturales e investigador de la Universidad Nacional de La Plata. Pero además es uno de los dos arqueoastrónomos con los que cuenta el país. Su temática de interés, justamente, es la relativa a la presencia del Imperio Inca en América del Sur. Por eso, Corrado fue convocado para formar parte del equipo de expertos que ascendió en una nueva expedición a la Laguna del Diamante y el volcán Maipo con el objetivo de hacer mediciones y cotejar datos que comprueben las coincidencias entre el hallazgo arqueológico vivenciado a principios de 2022 y las referencias ya existentes en relación con el Imperio Inca.

Los investigadores avanzaron sobre la ladera norte del volcán y hallaron más pruebas arqueológicas.

En el marco de esos estudios, el experto ha extendido sus investigaciones hacia los aportes realizados por referentes peruanos y por estos días ya inició la redacción del documento científico que a más tardar a fines de 2023 podría ser publicado en revistas científicas internacionales o bien, en documentos científicos especializados en la temática inca. "Entre las conclusiones preliminares, se puede afirmar que la zona delimitada efectivamente tuvo una ocupación incaica. Hay varios vestigios que están presenten en las estructuras halladas. Se han encontrado restos de camino incaico que estamos cotejando con los colegas peruanos, pero hasta ahora todo indicaría que en el sector que comprende la Laguna del Diamante y el volcán Maipo, tanto en la ladera sur como la norte existió una ocupación no permanente del Imperio Inca, sobre todo en los meses de diciembre y fines de marzo", indicó Corrado.

En ese sentido, una de las conjeturas actualizadas y más fuertes es que todo el sector integra un conjunto asociado que da la pauta de la existencia de una zona considerada sagrada por el pueblo inca. "De los datos más importantes podemos mencionar que lo más interesante que se ha encontrado en el sitio es, aparte del tema de la tipología y las estructuras que tienen características incas, es el haber encontrado un pequeño tramo de camino inca como así también los alineamientos a eventos solares dentro de los calendarios de festividades incas en alguno de los sitios. Todo eso nos hace corroborar la hipótesis de la llegada inca más al extremo sur de lo que se esperaba del imperio", explicó el investigador a MDZ.

El objetivo de llegar a la cima

Hacia los próximos meses, los trabajos en campo podrían incluir una nueva expedición del equipo de expertos. El objetivo será realizar nuevas excavaciones, efectuar nuevos sondeos y arribar hacia zonas más elevadas en el camino que lleva hacia la cima del volcán. "La idea es además, poder relacionar estos hallazgos con otros sitios existentes del lado chileno. Pensamos viajar nuevamente en diciembre para realizar más estudios, mapeos y mediciones astronómicas", adelantó Corrado.

Víctor Durán, es uno de los arqueólogos, antropólogos e investigadores con mayor experiencia en el país. Fue él de hecho, quien siendo aún un becario formó parte de la expedición que ascendió sobre el cerro pirámide en los '80 para ir en busca del cuerpo del niño que fue sacrificado por incas en el cerro Pirámide, un contrafuerte del Aconcagua. Hoy, Durán también es uno de los protagonistas de un hallazgo arqueológico de talla mundial, pues es quien forma parte del equipo de hoy comanda las expediciones más recientes en el Laguna del Diamante. Sus teorías, de hecho, están a punto de ser comprobadas. Durán había expresado meses atrás que una de las hipótesis más fuertes relacionadas a estas construcciones bajas de piedra en la reserva natural coincidían con la existencia de sitios sagrados pertenecientes a los incas.

La existencia de caminos y pasadizos de baja altura hechos de piedra dan cuenta de la existencia de las estructuras analizadas. 

En ese sentido, Durán había explicado que tanto los cerros como así también la salida y puesta del sol durante los solsticios o equinoccios, los movimientos de la luna, los planteas y las constelaciones, fueron como en otras culturas ancestrales, la clave para planificar sus períodos de siembra y cosecha y proyectar así su calendario.

"Los estudios más recientes indican además que en esa zona existen pruebas suficientes para determinar que sí existió allí actividad relacionada a lo astronómico. Solo el Estado Inca podría haber hecho estas construcciones, tales como la llamada LD26, que consiste en una alienación de círculos construidos con rocas marcando el solsticio de diciembre. Es un marcador de una puesta de sol para dar lugar a un calendario solar", afirmó Durán, quien además es integrante del Laboratorio de Paleoecología Humana del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Básicas, una unidad ejecutora de doble dependencia integrada por el Consejo Nacional  de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo).

Pruebas que atesora la naturaleza

A la veintena de espacios analizados que se hallaron durante los primeros ascensos a reserva natural, se sumó un hallazgo inédito: la existencia de un complejo hecho de rocas alistadas sobre la ladera norte del volcán, con pasadizos y pasillos internos de muros bajos, donde el equipo de investigadores realizó excavaciones con el objetivo de extraer carbón y analizarlo. Para ello se solicitó la intervención de un experto paleobotánico dedicado a investigar la antigüedad de las piezas de carbón halladas y el origen de planta que se utilizó para ser quemada. Los estudios sobre esos trozos de carbón servirán además para abrir la puerta a nuevos descubrimientos relacionados al movimiento humano en la zona antes de la conquista.

Explicó Durán que de comprobarse que esa leña perteneció a posibles fogatas incas (a 3.600 metros de altura hay especies de plantas que no crecen en la cordillera) sería posible probar que existió un fuerte movimiento indígena desde el lado chileno hacia la Laguna del Diamante hace más de cinco siglos. Por eso ahora, la expectativa por parte del equipo de expertos dedicados a desentrañar los secretos de este hallazgo es muy grande. "Se abre un trabajo que podría durar varios años y que abre un gran abanico de posibilidades e investigaciones desde el punto de vista patrimonial, cultural e histórico", enfatizó Durán.

Sitios sagrados

Los términos "Apu" con el cual se identifica al volcán Maipo y "Pacarina", palabra con la cual coincidiría la Laguna del Diamante, están asociados a los sitios sagrados hallados en el paisaje que los incas consideraban como espacios clave desde los cuales aparecieron los primeros ancestros. Así, las cuevas de los cerros como así también las lagunas eran para el Imperio Inca, especiales desde los cuales nada menos, nacieron los ancestros. 

Hasta hoy se sabe que el imperio o estado Inca abarcó desde el sur de Colombia y Ecuador. Se creía que su límite terminaba en Santiago de Chile. Hay teorías que indican que los incas no tenían fronteras fijas; sino que las relaciones entre las provincias y los estados se relacionaba a lo familiar, pero también a lo espiritual y paisajístico, en tanto que lo astronómico era fundamental para el imperio, que contaba con calendarios de siembra locales. Pero además, las rocas, los ríos o las montañas eran considerados sagrados para este pueblo que sentó las bases de sus creencias y cosmovisión en la naturaleza. Por eso, por ejemplo, los cerros nevados (apus) eran venerados con sacrificios (capacocha) en los que se entregaban ofrendas para pedir algo o bien, entregar una retribución.