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Otra vez, Zulema Olivares multiplicó los panes y los peces en el barrio La Favorita

Como siempre, una multitud de familias se hizo presente en el festejo por el Día de la Niñez organizado por la trabajadora de hogares particulares, en la popular barriada del oeste mendocino. Un gran ejemplo de solidaridad, de sostenimiento de la esperanza y construcción colectiva de identidad.
Zulema festejó junto a cientos de personas. Foto: Ulises Naranjo
Zulema festejó junto a cientos de personas. Foto: Ulises Naranjo

Zulema Olivares pasa por la vida construyendo un mensaje potentísimo, en contra de todos los mandatos de la indolencia, la mezquindad y los dictados del mercado. 

Muchos, con más herramientas, intentan hacerlo, pero o bien se quedan en el camino o bien carecen de legitimidad o sencillamente de encanto.  

Zulema Olivares, no: año a año, de la nada, desde la más sincera pobreza, levanta una esperanza que resulta creíble y duradera, al punto de conseguir movilizar a varias decenas de ciudadanos de distintos estratos sociales, a instituciones del Estado y algunas ONG y a empresas con sentido de lo social. 

Cientos de personas participaron de la fiesta popular. 

Otra vez, este año, ella y los vecinos del barrio La Favorita pudieron hacer un festejo popular encantador y fuera de todo interés propio. Hablamos de una cita que ni la pandemia del covid-19 ha podido detener. 

Otra vez, esta trabajadora de hogares particulares supo qué hacer –con su ejemplo– para convencer a mucha gente buena de corazón que se decidió por ayudarla. 

Como siempre, hubo tres ollas grandes de guiso de lentejas preparado por el Fernando.

Otra vez, todo un barrio compartió en la calle: jugaron al metegol, bailaron y cantaron, hubo fulbito callejero, pelea de chocos, coreografías, charlas vecinales, seducciones incipientes y menús compartidos.  

Ya son nueve años que ella, apoyada por la Municipalidad de Mendoza, MDZ y decenas de donantes particulares, hace una fiesta popular, con calle cortada, escenario y música alegre, en la que no falta nada y a la que no falta nadie. 

Este año, como ya es tradición, hubo sorteos de juguetes y cajas de comida, una obra de teatro, animación, juegos infantiles, dos bandas del barrio haciendo sus músicas y muchas comidas ricas compartidas: panchos para los niños, un guiso de lentejas para los adultos, pizzetas, tortitas, facturas, chocolate, jugos, alguna cervecita furtiva y diez tortas preciosas, que hicieron entre las vecinas con sus preciosas manos obreras. 

Pizzetas caseras, exquisitas

Imposible nombrar a todos quienes dieron un poco de sí para que la fiesta fuese maravillosa, sobre todos porque muchos pidieron por la discreción del anonimato. Apenas, nombremos al pasar –con disculpas por los olvidos– a Silvina (un ángel nunca ausente), a la desprendida familia Abdala (que transformó la ausencia en presencia), a Yayo y Rodrigo (por estar sin estar), a los chicos de la banda Gauchito Club, a la fundación Raíces Solidarias y a Gabriel y sus miles de pesos.

Y también a la gente de las empresas McCain, Lagomarsino, Molinos Cañuelas, Swift, Karinat, Holcim, La Fortuna, Canal 9, Plásticos Miralles y la Asociación Industriales Panaderos y Afines. Cerremos abrazando a Eliseo, a David y Vanesa, a Daniela, Noel, Marcos, Nicolás y Ana Paula…

Raúl y Zulema, una historia de amor

Ya es de noche, el día ha sido largo. Zulema Olivares nos cuenta que está cansada. Lleva dos días sin dormir y, ahora, en su casa en necesario silencio, le resulta difícil procesar todas las cosas hermosas que han vivido. Toda su familia: su amado esposo Raúl, su madre, sus siete hijos, su familia política, sus nietos y su familia mayor, su barrio del oeste, trabajaron duro para que todo saliera como salió. 

- Díganles a todos los que ayudaron que estamos muy agradecidos. Estamos contentos, cansados y agradecidos

La fiesta duró ocho horas.

Vámonos con esta imagen: esta noche, varios niños de La Favorita van a acostarse a dormir con una bicicleta al lado de la cama, otros con juguetes o con la cara pintada como payasitos de los bordes, otros con una caja de alimentos no perecederos y bolsas de útiles escalares o nueva ropa usada y todos, habiendo comido y bebido cosas ricas y reventados de tanto jugar, correr y bailar y olvidando, al menos por horas, lo duro que fue atravesar el invierno. 

No es poca cosa, amigos, en estos tiempos confusos y en estos lugares olvidados por la agenda de dios, que, por supuesto, nunca atiende en La Favorita

Ulises Naranjo (texto y fotos). 

Zulema Olivares