Justicia Federal: “Aliaga me decía que si no le pagaba a Bento me iba a pudrir en la cárcel”

Justicia Federal: “Aliaga me decía que si no le pagaba a Bento me iba a pudrir en la cárcel”

Gonzalo Ramírez Madrid (48) declara que lo llamaban de parte del juez Walter Bento para obligarlo a pagar 40 mil dólares. Si no lo hacía, asegura, le prometían que iba a pasar años tras las rejas. “Te voy a contar cómo me apretaban para que juntara la plata”, anticipa. Aquí, su testimonio.

Facundo García

Facundo García

Gonzalo Ramírez Madrid estuvo preso nueve meses, acusado de contrabando. Y dice que cuando se enteró de que el juez federal Walter Bento había sido imputado por asociación ilícita, enriquecimiento ilícito y lavado de activos, se le activaron muchos recuerdos de aquellos días preso. “Me decían que pagara 40.000 dólares o nunca más iba a salir”, abre el diálogo con MDZ.

Sus palabras tienen resonancia especial tras una semana en la que el magistrado que se ocupó de su caso fue imputado junto a otras 14 personas en la causa que investiga un presunto sistema de coimas en la Justicia Federal. El Ministerio Público sostiene que la banda puede haber recaudado miles de dólares a cambio de otorgar libertades, domiciliarias y beneficios a los presos. Pero, ¿qué pasaba con los que decidían no pagar?

Ahí es cuando Ramírez Madrid pide la palabra e insiste en su inocencia. Es analista de sistemas: oriundo de Bariloche, cumplirá 48 años mañana, está en pareja desde hace 15 años y trabajó en la aduana durante 26. Lo echaron de su empleo cuando se lo señaló como un posible contacto que facilitaba el paso de camiones con bienes de contrabando desde y hacia Chile. Él jura que  durante todo el proceso judicial en su contra lo “apretaron” varias veces para que comprara su libertad

“Me detuvieron en mayo de 2014 y comenzaron a pasar cosas que a la luz de lo que se supo después resultaron muy relevantes: me llevaron a la U32, en Tribunales Federales, y me indagaron. Yo no me negué a declarar y recuerdo que el juez Bento me insistía con que yo tenía derecho al silencio”, recuerda.

Eso ocurrió un viernes. Ramírez Madrid creyó que le harían algunas preguntas y luego volvería a su casa. “Pero me dejaron preso en la U32. Mis abogados presentaron la excarcelación, y una medida que debería resolverse en 24 horas tardó nada menos que 11 días”.

Entre rejas

Finalmente el juez le negó la excarcelación. “Me trasladaron a la cárcel de Boulogne Sur Mer y me pude conseguir un teléfono con el que me comunicaba con mis abogados, familiares y amigos”, detalla el entrevistado.

"Un día me sonó el celular: era Diego Aliaga..."

A juzgar por su forma de expresarse, no le debe haber sido fácil llegar al penal y hacerse un sitio. “Un día me sonó el teléfono. Era Diego Aliaga”, prosigue Ramírez. 

Refiere que Aliaga charló brevemente con él -”pensé que era un llamado de apoyo en esos días tan complicados", marca-; aunque luego de unos minutos el hombre que hoy está señalado como la posible mano derecha de Bento habría ido al grano “con un apriete feroz”:

—Mirá, esto se puede arreglar fácil. Vos tenés que poner 40.000 dólares, tu departamento y tu auto. Aparte tendrías que contactarte con los otros diez imputados y decirles que entre todos tienen que reunir un total de 200.000 dólares— cuenta Ramírez que le dijo Aliaga.

—Pero pará, yo ni siquiera conozco a todos los imputados— respondió el por entonces detenido.

Problema tuyo— habrían sido las palabras al otro lado de la línea.

“Al principio -recapitula el testigo- Aliaga me decía abiertamente que era amigo de Bento. Luego lo empezó a llamar Volkswagen" (por el modelo de auto Vento que fabrica esa compañía).

Ramírez Madrid subraya que dos de los acusados que compartían celda con él presenciaron aquellos aprietes, ya que ponía el teléfono en altavoz. En su relato, Aliaga vuelve a llamarlo días más tarde:

—No seas salame, Gonzalo. Juntá la guita. Te vas a pudrir ahí adentro y nunca te vas a sacar de encima esta causa— dice que le insistía.

“Yo quedaba destrozado. No iba a pagar porque no tenía el dinero y aparte porque yo no había hecho nada”, recalca.

“Precarios valores morales”

El 17 de diciembre de 2018, Ramírez Madrid realizó una denuncia por maltratos registrada en la Secretaría Penal D como FMZ 78579/2018. En aquel momento parecía un acto extemporáneo. Pero tras el escándalo reciente, sus señalamientos adquieren otro cariz.

La historia es así: en paralelo a la causa penal por contrabando en contra de Ramírez, la AFIP había abierto un sumario administrativo y lo había llamado a declarar. “Bento ordenó que me trasladaran a las oficinas de la AFIP, en un camión, esposado, custodiado por uniformados y frente a mis compañeros de trabajo. En todos los casos del país en los que funcionarios de aduana han sido llamados para declarar, siempre han sido los abogados los que van al penal, y no al revés”, resalta él.

La defensa de Ramírez presentó un escrito para frenar esa decisión. “Sin embargo el juez resolvió que me llevaran a su propio despacho y que allí me indagaran los de AFIP, un asunto completamente fuera de jurisdicción. Y todo esto cuando yo tenía el derecho de negarme a declarar. No se me podía obligar por la fuerza”.

Cuando abrí los ojos, tenía parados frente a mí a 8 o 10 efectivos de un Grupo Especial, con cascos y cachiporras

Aparentemente, el Servicio Penitenciario también sabía que Ramírez Madrid no iba a presentarse. Pero el 4 de septiembre de 2014, a las seis de la mañana, un grito se escuchó entre las celdas de Boulogne Sur Mer:

—¡Ramírez Madrid, vístase! ¡A declarar!—

“Yo respondí que había hecho uso de mi derecho a no asistir y volví a mi cama. Cuando abrí los ojos, tenía parados frente a mí a 8 o 10 uniformados de un grupo especial, con cascos y cachiporras, que me comunicaron que tenía 5 minutos para vestirme o me llevaban a la rastra”, continúa el testimonio.

El imputado fue conducido hasta un área conocida como “el jaulón”. “Era el final del invierno y hacía frío. Me desnudaron supuestamente para revisar mi ropa, mientras yo estaba ahí, a la intemperie y aterrorizado por la irregularidad de la situación. Cuando preguntaba qué ocurría me contestaban: ‘órdenes del juez’”.

La denuncia indica que luego de recuperar sus prendas, el detenido fue llevado hasta el área de traslados. “Tiene que haber sido mediodía -cuenta Ramírez Madrid- porque recuerdo que en el playón el sol estaba justo encima de mi cabeza. Yo estaba parado y esposado. Al cabo de un buen rato viene un penitenciario y me informa que voy a volver a mi celda, adonde ingresé de vuelta cerca de las 2 de la tarde”.

Un extracto de la denuncia que presentó R.M.

Ramírez está seguro de que todo el procedimiento estuvo destinado a “ablandarlo” para que juntara el dinero. De todos modos, nunca pagó la presunta coima. Terminó declarando en ese expediente administrativo de AFIP recién el 23 de agosto de 2017. “Tres años después de mi excarcelación. Evidentemente, tanta urgencia no había. Sólo pretendían quebrarme. Y me duele que a lo largo del proceso muchos de los que tendrían que haber dicho algo callaron ante el abuso”.

Con el tiempo, los abogados de Ramírez Madrid solicitaron la recusación del juez Bento por varios asuntos. Entre otros, porque -destaca él- se aludía al magistrado en el mismo expediente que tenía a cargo, un detalle que lo obligaría a excusarse para no ser juez y parte.

A continuación, algunos ejemplos de posibles menciones a Bento dentro de la causa donde él impartía sus decisiones:

En la foja 51 del expediente FMZ 19016/2013/TOI podría haber una alusión a Walter Bento. Pero el juez no se excusó.
Otra alusión al juez en el mismo expediente.
Un tercer párrafo del expediente donde podría haber una mención del magistrado.

Ramírez ingresó a la cárcel el 15 de mayo del 2014 y salió el 29 de enero de 2015. Mientras estuvo tras las rejas -se lamenta-, su padre enfermó de un cáncer de estómago que lo terminó matando, su madre también se vio afectada -cáncer otra vez, pero de riñón- y su pareja sufrió 3 ACV.

Paralelamente, en sus escritos, el ahora imputado Bento calificaba a Ramírez cuestionando sus “precarios valores morales” (incidente FMZ 19016/2013/1).

Final con giro inesperado

Diego Aliaga -el hombre de las llamadas telefónicas- desapareció en julio de 2020. Su cadáver fue encontrado en septiembre, un metro bajo tierra, en un campo de Costa de Araujo (Lavalle). De acuerdo con la investigación del fiscal Dante Vega, él puede haber sido la mano derecha de Bento en la trama de presuntas coimas de la Justicia Federal.

“Y la profecía que hizo Aliaga sobre mí se cumplió”, reflexiona Ramírez Madrid hacia el final de la conversación. Lo dice porque finalmente lo condenaron -aunque la sentencia fue apelada- y por ahora nadie se ocupó de otras irregularidades que él denunció, como la posible manipulación de las escuchas telefónicas que se utilizaron para juzgarlo.

—Nunca tuve ni una instrucción ni un juicio imparcial. En mi causa hay torturas, escuchas truchas y coimas. Espero que se le preste atención pronto— reclama.

Como el fallo en su contra no está firme, Ramírez Madrid recuperó su libertad y está a la expectativa de lo que pueda ocurrir de aquí en más.

Mientras espera, ofrece una última postal: “Un día de 2019, caminando por la calle, me crucé con Aliaga. Noté que tenía la panza muy inflamada y él me explicó que era porque le habían pegado unos tiros en un supuesto robo. Me acuerdo que me saludó y me dijo: ‘vos estás loco, flaco. Encima de no pagar hiciste esa denuncia contra el juez. Te va a costar caro, papito’”.

  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com
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