Las revelaciones de cómo balearon al empresario Franchetti

Luciano Franchetti, el empresario gastronómico que recibió un disparo por parte de un policía que lo confundió con un delincuente durante un asalto, recibió el alta médica y deberá ahora iniciar su recuperación. La Justicia y la Inspección General de Seguridad, a veintiún días del episodio, todavía no definen la situación del efectivo. MDZ accedió a la declaración judicial del testigo principal del hecho y a la confusa explicación del integrante de la fuerza que está involucrado.

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Marcelo Arce

Luciano Franchetti (40) recibió un disparo en el abdomen en medio de un asalto.

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Después de estar diecinueve días internado tras haber sido baleado por un policía que lo confundió con un ladrón y podría haberlo matado, Luciano Franchetti finalmente fue dado de alta este último viernes por la noche y lo primero que hizo al salir del hospital fue extraño. “Pasemos por la estación de servicio”, le dijo a los familiares que lo llevaban en el auto.

- ¿Estás seguro?, le preguntaron.

- Sí, quiero ver dónde fue todo, les contestó.

La estación de servicio YPF de Acceso Sur y Rawson presentaba, el viernes por la noche, un escenario muy similar al del 2 de junio pasado, cuando este empresario gastronómico de 40 años casi muere por lo que, hasta el momento y según la investigación judicial en marcha, fue un error garrafal del efectivo que prestaba servicios extraordinarios en el lugar.

Ya pasaron tres semanas y tanto la Justicia como la Inspección General de Seguridad (IGS), avanzaron hasta aquí a paso lento para esclarecer el hecho en donde finalmente murió Juan Ponce, el ladrón que intentó un asalto ese día.

La IGS (el organismo provincial de control de los policías) primero apartó de la Fuerza al auxiliar y recién el pasado miércoles decidió sumariarlo, luego de haber evaluado la investigación de la Justicia y de observar qué determinaban las cámaras de seguridad del establecimiento. Aunque este último medio de prueba fuera deficiente: las cámaras interiores de la YPF estaban desconectadas y solo, difusamente, se alcanza a ver algo de lo que registraron las que estaban afuera.

El Ministerio Público, por su lado, aún no lo imputa al efectivo por la comisión de ningún delito, aunque es prácticamente un hecho que, entre lunes y martes, pesará sobre él la acusación de lesiones culposas en perjuicio de Franchetti.

Juan Sebastián Fuentes Dias, un policía de 32 años con algo más de cinco años en actividad, estaba la noche del 2 de junio trabajando, si se quiere, de casualidad. Como Luciano, que había estacionado su camioneta esa noche en el minimarket solo para comprarle una merienda especial a su hija para que la lleve al otro día al colegio.

Fuentes Dias no cumplía servicios extraordinarios habitualmente allí. Un compañero, unos días antes, le había propuesto cubrir esa custodia porque se encontraba suspendido. Tampoco la estación contrataba este tipo de seguridad habitualmente. La había discontinuado y hace poco menos de un mes, los dueños decidieron volver a pagarle a un Policía para que los protegiera porque estaban preocupados por los robos.

Como una profecía autocumplida, un intento de asalto finalmente se produjo. Cerca de las nueve de la noche del domingo 2, Ponce, un hombre de alrededor de 30 años, ingresó al local que se encontraba vacío, se dirigió al mostrador y soltó la amenaza.

- Dame toda la plata que tengas en la caja.

Federico era el empleado del turno noche. En un primer momento no entendió demasiado la situación, pero rápidamente cayó en la cuenta. Según relató ante los fiscales, pasado el susto inicial creyó reconocer a quien lo estaba intentando asaltar. “Pensé que era el Turi, un delincuente muy conocido de Luján”, confesó. Pero segundos después su cabeza volvió al minimarket.

-Me vas a complicar el laburo, te puedo dar la plata de mi billetera si querés.

El delincuente insistió con más vehemencia.

-Dame la plata de la caja, porque si no te mato. Tengo una nueve y te juro que te mato si salís o si haces algo. Federico dijo en su declaración judicial como testigo que el ladrón, en ese acto, “hacía como que apuntaba con una mano metida dentro de la campera”.

Según consta en el expediente, el empleado contó cómo empujó la caja registradora y salió corriendo hacia atrás del local, en donde está la estación de GNC.

Allí, justo vio al policía de guardia. “¡Me están robando! ¡Me están robando!", le grito desesperado. Y le advirtió: “ ¿Cuidado, no entrés porque tiene una nueve milímetros”.

Fuentes Días estaba en ese momento intentando encontrar la llave del cofre que tenía en su interior el libro de servicios. Alertado por el empleado, dio toda la vuelta al local y hace, si se quiere, el primer movimiento poco profesional. Se acerca sigiloso por el ventanal hasta la puerta del servicompras, pero acompañado por el propio empleado detrás.

“Fuimos por el costado del market, que es todo de vidrio. Íbamos  mirando y vimos que estaba el que me había querido robar, como queriendo sacar la plata. Y había otra persona que estaba al lado de él, pero que era un cliente y que no estaba cuando el ladrón ingresó. Esa persona tenía cara de no entender nada y tenía una de las manos metidas en el bolsillo”, recordó Federico.

Aquí se generó la primera contradicción con el relato del policía ante el Ministerio Público quien creyó ver, en la presencia de Franchetti, a una amenaza.

“Yo estaba atrás, me di toda la vuelta y en el camino el empleado me seguía repitiendo: ‘Tiene un arma’, ‘Tiene un arma’".

Y siguió: “El empleado venía detrás mío hasta que llegamos a la puerta del minimarket. Veo al hombre tirado con el cuerpo hacia adelante del mostrador, le doy la voz de alto, que levante las manos, que se tire al suelo, en retiradas oportunidades y empieza a mover las manos haciendo caso omiso. Y ya tenía el arma en la mano, la cargo y le disparo”.

-¡Alto soy Policia! ¡Quedate ahí, todos al suelo!, se escuchó. Y en menos de un segundo el primer tiro.

Lo que vio Federico en ese momento fue que Franchetti “se quedó quieto y se cayó al piso”, después del estruendo.

El efectivo cuenta algo distinto. Y de manera confusa, además. “Al lado del ladrón había un hombre, el cual veo que se tira al piso. Yo le seguía dando la voz de alto al sujeto, quien me empieza a venirse encima (sic). Llega a la puerta y él atina a agarrarme de manera amenazante con sus manos. Llega a la puerta de salida y allí efectúo el disparo”.

En este caso, sería el segundo, el que terminó con la vida de Juan Ponce.

¿Qué pasó con el primer disparo? Fuentes Dias lo explica así: “Quiero aclarar que cuando yo efectúo el primer disparo, lo hago apuntando al sujeto que estaba abalanzado sobre el mostrador. Pero que ya estaba dado vuelta y ya lo tenía de frente. Yo le había dado la voz de alto. Y ahí efectúo el disparo y el otro muchacho se agacha. Nunca pensé que el disparo que hice le impactó a él”. Esto por Luciano, claro está, que según el efectivo prácticamente estaba en la misma línea que el delincuente.

Franchetti tiene claro lo que le ocurrió, según pudo contarlo una vez que recuperó la conciencia mientras estuvo internado. "Nunca vi entrar al policía, ni escuché que diera la voz de alto, pero mi novia me dijo que gritó afuera del servicompras. El policía me tira directamente a mí. Estoy como a dos metros del ladrón y ni siquiera estaba en la misma línea".

De allí en más la situación fue dramática. “De ahí el ladrón se le abalanzó encima al Policía, alcanzó a agarrarlo y vi al Policía tratando de sacárselo de encima. Ahí escuche el segundo disparo y cayó al suelo. La otra persona caminaba con la mano en el costado derecho, yo lo agarré y lo ayude a salir. Yo quería que se sentara en su camioneta, pero cuando todo eso pasó llegó una chica (la novia de Franchetti) que gritaba y lloraba al lado de él. Pero él no quiso, se quedó parado al lado de la camioneta y le puse mi buzo alrededor de donde tenía sangre y se lo até apretado. Segundos después el chico se desvaneció”, según Federico.

Casi desesperado, “yo gritaba, que alguien me ayudara y nadie lo hacía. No se acercaban. El chico se volvió a despertar y me dijo que le dijera donde le habían dado. Le levanté la remera y vi un pequeño piquete en la boca del estómago. Me quedé un rato con él y después me fui a llamar a mi papá”.

Para ese momento la escena ya estaba llena de efectivos policiales, pero habían demorado bastante. ¿Por qué? Porque nadie había llamado al 911, ni siquiera Fuentes Dias quien, en su descargo, dijo que había tratado de comunicarse al menos cuatro veces desde su teléfono particular y que nunca había podido enganchar la llamada.

Luciano ya salió del hospital, pero deberá hacer un largo proceso de recuperación para volver a tener motricidad fina en su brazo derecho. Aunque lo que más le preocupa es una infección que podría obligarlo a volver a internarse: como como consecuencia del balazo, le tuvieron que suturar el hígado y un virus se le instaló allí. Anteanoche volvió a recorrer el lugar en dónde casi pierde la vida. Pero con la seguridad de saber que, a los 40 , nació de nuevo.

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