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Drogas, balas y violencia: así se vive en la villa Junín, el asentamiento donde asesinaron a Leonel Ortiz

Calles de tierra, casas precarias y pobreza, son parte del paisaje de la villa Junín, un asentamiento atravesado por la violencia, los robos y el narcotráfico.


Hay lugares donde la precariedad no es una postal pasajera, sino parte del paisaje cotidiano. La villa Junín, en Las Heras, es uno de ellos. Allí, Leonel Santino Ortiz (7) fue asesinado la noche del lunes tras una feroz balacera contra su vivienda. El hecho de violencia marcó a los habitantes del mencionado asentamiento.

En el lugar, las calles de tierra se mezclan con casas levantadas de manera improvisada, basura, escombros, autos abandonados y estructuras armadas con madera, chapas y restos de distintos materiales.

Cerco de entrada de una vivienda en el interior de la villa Junín.

La escena permite entender parte de la realidad que atraviesan quienes viven allí. No hay iluminación suficiente y en varios sectores tampoco se observan postes de luz, mientras que las viviendas aparecen una junto a otra, separadas por caminos de tierra y rodeadas de elementos que muestran las condiciones de precariedad del lugar.

Pero detrás de ese paisaje hay otra realidad que los vecinos describen con preocupación: los disparos, robos, incendios, los ajustes de cuentas y la venta de drogas, forman parte de una cotidianeidad que, para muchos, terminó naturalizándose.

Villa Junín, entre la pobreza y una violencia que se volvió cotidiana

El asesinato de Leonel Ortiz volvió a poner el foco sobre un sector que sus propios habitantes describen como abandonado y marcado por la inseguridad. En las calles de la villa pueden verse autos en desuso, restos de otros automóviles, chapas, maderas, basura y escombros que se acumulan entre las viviendas.

Restos de basura amontonados en una calle de la villa Junín, en Las Heras

La falta de iluminación profundiza todavía más la sensación de aislamiento durante la noche. Es entonces cuando, de acuerdo con los vecinos, la violencia gana espacio.

Estas cosas pasan muy frecuentemente, es algo normal en esta zona, casi todos los días pasa algo”, relató un lugareño en charla con MDZ, al describir lo que ocurre habitualmente en el sector. El hombre señaló que los enfrentamientos armados y otros episodios violentos son frecuentes, aunque marcó una diferencia con lo ocurrido con Leonel.

La precariedad y la pobreza son elementos caracteristicos de las viviendas de la zona.

Normalmente hay tiros, problemas y peleas , pero son problemas entre personas grandes con otras personas”, explicó. Y agregó: “No es normal que ocurran cosas como estas en donde muere un nene”.

La muerte del pequeño aparece así como un límite doloroso dentro de una violencia que los habitantes dicen conocer de cerca.

“La Policía viene, está un rato y se va”

A la violencia se suma otro reclamo que aparece entre los habitantes: la sensación de que los episodios se repiten sin que exista una respuesta capaz de modificar la situación de fondo.

Los vecinos aseguran que los móviles policiales llegan después de los llamados a la línea de emergencias 911, permanecen durante un tiempo y luego abandonan el lugar, mientras los problemas continúan.

Los vecinos de la zona denuncian que en el asentamiento la presencia de efectivos policiales es muy escasa, casi nula.

La percepción que transmiten es la de vivir en un territorio donde los conflictos terminan resolviéndose entre quienes habitan la zona, con poca expectativa de que una denuncia pueda cambiar lo que ocurre cotidianamente.

Esa sensación de desprotección también explica, de acuerdo con los testimonios recogidos, por qué muchas familias prefieren no hablar. El temor a posibles represalias aparece como una constante entre quienes conocen a los protagonistas de los distintos episodios de violencia.

Drogas, robos y jóvenes atrapados en una realidad difícil

Dentro de esa realidad aparece otro problema señalado por los habitantes: la comercialización y el consumo de drogas. Un vecino sostuvo que la venta de estupefacientes forma parte desde hace tiempo de la vida cotidiana de villa Junín y sus alrededores. “En toda la zona hay narcotráfico, hay venta de droga, por lo menos acá es así”, afirmó.

los vecinos de la zona viven preocupados debido a los constantes hechos de inseguridad y la falta de orden en el lugar.

El hombre puso especial énfasis en la situación de los jóvenes. Según describió, algunos terminan incorporándose al "negocio" del narcomenudeo y otros simplemente quedan atrapados por el consumo.

“Esto de las drogas es algo que acá es un desastre. Muchos vienen a comprar, lo ves mucho con los pibes, que venden o, si no, consumen droga, se pierden y acá esa es la realidad de algunos pibes”, relató.

La problemática, agregó, también estaría relacionada con otros delitos. Entre ellos mencionó el robo de cualquier cosa que puedan vender, para luego comprar los estupefacientes.

Restos de escombros y basura en una de las calles del asentamiento.

“Muchas personas acá salen a robar, pibes, adultos, para poder comprar la droga, es un desastre”, sostuvo. Los cables aparecen como uno de los principales objetivos. “Ellos roban cables, siempre pasa y luego van y los venden acá cerca o en cualquier lugar que se los compren”, explicó.

Así, en las mismas calles donde los niños juegan y las familias intentan llevar adelante su vida cotidiana, la droga se convierte en un problema que atraviesa distintas generaciones: desde quienes la consumen hasta quienes terminan robando para conseguir dinero y quienes quedan expuestos a la violencia derivada de esas situaciones.

Villa Democracia, a pocos metros y con una realidad parecida

La precariedad no termina en la villa Junín. A pocos metros de ese asentamiento aparece la villa Democracia, otro sector de Las Heras que comparte buena parte de las características del lugar donde fue asesinado Leonel.

El paisaje vuelve a repetirse: calles de tierra, basura, maderas, escombros, chatarra, vehículos abandonados y automóviles desarmados aparecen entre las viviendas.

También se repiten los relatos sobre inseguridad y violencia. Una vecina del sector aseguró que los robos, los disparos y los ajustes de cuentas forman parte de una realidad habitual.

“Acá todos los días pasa algo, siempre hay un robo, disparos, alguien lastimado, golpeado, ajuste de cuentas", contó. Sin embargo, al igual que el vecino de la villa Junín, marcó que los episodios en los que un niño termina como víctima no son habituales.

Sobre el asesinato de Leonel, expresó su pesar y remarcó la particular gravedad del caso por tratarse de un pequeño que murió durante un ataque armado.

El problema de los robos y la droga

En la villa Democracia, los vecinos también identifican el consumo de drogas como uno de los problemas que atraviesan al asentamiento. Una mujer describió la presencia de personas a las que en la zona denominan “piperos” y sostuvo que algunos de ellos se dedican a cometer robos para conseguir dinero y continuar consumiendo.

Cerca de entrada de una vivienda realizadas de manera improvisada con madera.

Entre los elementos, mencionó el robo de cables, debido al valor del cobre, herramientas y cualquier cosa que se pueda vender. “Y ellos roban cables, teléfonos cualquier cosa que puedan vender para consumirla, acá ocurren muchos robos y los ves caminando por acá bajo la droga”, comentó.

El fenómeno termina formando un círculo que los propios habitantes describen con preocupación: consumo, necesidad de conseguir dinero, robos y venta de elementos sustraídos. Todo ocurre en un contexto donde la precariedad habitacional, la violencia y los problemas sociales forman parte del día a día.

Dos villas, una misma realidad

Las villas Junín y Democracia están separadas por pocos metros, pero comparten mucho más que la cercanía geográfica. En ambas aparecen las mismas calles sin pavimentar, las viviendas levantadas con materiales precarios, la basura y los restos de vehículos. También se repiten los relatos sobre robos, drogas, disparos y violencia.

La realidad de las dos villas es la misma. Ambas se encuentras atravesadas por la violencia, la precariedad la pobreza, en una situación que las convierte en una tierra abandonada.

En ese escenario creció Leonel Ortiz, un niño de apenas 7 años, quien estaba dentro de su propio barrio cuando una disputa entre adultos terminó convirtiendo una noche cualquiera en una tragedia.

Su asesinato volvió a poner el foco sobre una realidad que los vecinos describen desde hace años y dejó expuesta, una vez más, la parte más dolorosa de esa violencia: cuando los conflictos de los grandes terminan alcanzando a quienes menos tienen que ver con ellos.

Al igual que en la villa Junín, la villa democracia vive la misma realidad, atravesada por la violencia, la inseguridad y la precariedad.

El asesinato de Leonel Ortiz

Fue pasadas lass 21 del lunes, cuando Matías Ortiz, hermano de la víctima, fue interceptado por seis sujetos a bordo de un auto rojo, quienes serían soldaditos del "Porteño", un presunto narco de la zona que sufrió un robo de droga en las últimas horas y apuntaba contra los familiares de Leonel Ortiz por ese hecho.

Acto seguido, comenzaron a dispararle y perseguirlo por los pasillos de la villa Junín. El hermano de la víctima corrió por su vida e ingresó a su domicilio, por lo que los malvivientes a bordo del vehículo descargaron una lluvia de balas contra esa propiedad. Fue allí cuando el niño fue alcanzado por tres proyectiles y quedó gravemente herido.

Leonel Ortiz.

El pequeño fue auxiliado por sus familiares y trasladado en un auto particular hasta el Hospital Carrillo, donde los médicos constataron que había fallecido a raíz de los impactos de bala que presentaba en las piernas y en el sector izquierdo del tórax.

Ya durante la mañana del martes, policías de Investigaciones capturaron a Cabrera Ramírez durante una medida realizada en el barrio San Martín de la Ciudad de Mendoza. Horas después, lo imputaron y ordenaron su traslado a prisión.