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No los une el amor, sino la billetera: Donald Trump y Xi Jinping, juntos a la par

Se muestran como rivales, pero lo cierto es que Donald Trump y Xi Jinping tuvieron una cita marcada por acuerdos económicos multimillonarios y floridos elogios mutuos.

Donald Trump dejó China con los bolsillos llenos de importantes acuerdos económicos firmados junto a su par Xi Jinping. A pesar de que Estados Unidos y China, las dos potencias mayores del planeta, sostienen la retórica de la tensión permanente, “business is business”: el dinero todo lo puede, incluso parir el amor, el amor por los negocios, claro.

La cita en Beijing terminó con un apretón de manos e importantes acuerdos en aeronáutica, minerales críticos, exportaciones agrícolas, inteligencia artificial e inversiones cruzadas. No estuvieron solos: un enjambre de delfines del mundo público y privado fue parte de la cumbre. Así es, pues Donald Trump llegó a China con una delegación de empresarios que son, sin medias tintas, los dueños del mundo y fueron recibidos por sus pares chinos. Todos para uno y uno para todos, hicieron sus negocios. Jamás una cita oficial entre Estados Unidos y China había reunido a semejante concentración de poder privado. Según Forbes, los magnates que compartieron avión con Trump tienen patrimonios personales superiores al billón de dólares.

Por su lado, la Casa Blanca anunció un compromiso inicial con China para la venta de 200 aeronaves Boeing y 17.000 millones de dólares anuales en productos agrícolas estadounidenses entre 2026 y 2028; además, vía libre para la exportación de carne vacuna y “nuevos mecanismos bilaterales permanentes para comercio e inversiones”.

Las conclusiones al respecto de Donald Trump no pueden ser más optimistas. Ahora, tiene un nuevo y fantástico “amigo”: Xi Jinping, mucho más discreto que su socio, pero igualmente certero y estratega.

Esta tragicomedia romántica sería color rosa si el equilibrio institucional del planeta no estuviera en ruinas. Trump, con su estilo confrontativo y violento, ha llevado al mundo a una fractura del derecho internacional, quebrando la noción de republicanismo y la impúdica idea de la diplomacia que ejerce el poder en Occidente para perpetuarse en sus privilegios. Del otro lado del mundo, la distancia, el idioma y una cultura que Occidente rara vez comprende del todo son parte del poder de rédito de Xi.

Ahora bien, cuando ellos deciden que los planetas deben alinearse, toda barrera se levanta para el abrazo de los líderes mundiales. Cuando los intereses son complementarios, la economía es la biblia de la realidad posible. En este orden, Trump y Xi cerraron la creación de un Consejo Bilateral de Comercio y un Consejo Bilateral de Inversiones, organismos estables para que, más allá de las diatribas geopolíticas que sostengan, los negocios de las dos economías rectoras del mundo no se debiliten.

Donald Trump y Xi Jinping, un solo corazón

Donald Trump sabe, además, tensar las cuerdas para negociar con los más débiles bajo amenaza. Lo hace con su desenfadado apoyo a Israel y su sostenida presencia en Oriente Medio, su irrupción en Venezuela, sus intervenciones en un puñado de indigentes naciones africanas como Somalía y Nigeria, su afán expansionista sobre Canadá y Groenlandia, sus manipulaciones en naciones de Sudamérica, su presión a la evidentemente no tan poderosa OTAN y el soslayo habitual a la Unión Europea y sus posturas timoratas.

Del otro lado, en Asia, las cosas tampoco aparecen como ejemplares con la potencia rival. La gigantesca China ha aprendido a sacar provecho de una postura cínica ante las amenazas del mundo occidental. Mientras tanto, reina en sus alrededores usando la coerción económica, vulnerando derechos humanos y desoyendo pedidos al respecto de organismos internacionales, presionando sostenidamente sobre Taiwán y Japón, apoyando a Corea del Norte y Rusia y, a la vez, en Occidente, comportándose con la delicadeza necesaria para no alterar a su rival norteamericano, cuando acerca sus migajas a Cuba o Sudamérica.

- Es un honor ser tu amigo, ha confesado Trump a Xi, cuando sonrieron para la foto.

Las reglas del juego

Donald Trump y Xi Jinping saben a qué juegan. Y juegan fuerte a favor de sus naciones. ¿Y nosotros, el resto del mundo? Nosotros somos las consecuencias secundarias de los actos de estos dos polos planetarios. Somos los extras de una película en la que tranquilamente podríamos no existir.

Estados Unidos y China concentran, juntos, alrededor del 43 % del producto bruto mundial, según la base de datos de las Perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional. Tan grande es esta concentración de poderío económico, que las decisiones que estas potencias asuman se transforman, al instante, en un facto de impacto global.

“China va a invertir cientos de miles de millones con las personas que estaban en la sala. A eso vinimos”, sintetiza con descaro Trump, mientras guardan silencio cómplice los empresarios que lo acompañaron en esta aventura china. Se trata, sin dudas, de figuras decisivas en grado sumo en el mundo industrial, financiero y tecnológico: Elon Musk (Tesla, SpaceX, Neuralink), Tim Cook (Apple) y Jensen Huang (Nvidia), entre otros, y, frente a ellos, las cabezas chinas de compañías influyentes a nivel global como Xiaomi, ByteDance, Lenovo o Hisense.

- Sí, China nos espía, pero nosotros también. Ellos roban esto y nosotros robamos lo otro, suelta Trump, como si nada, delatando las reglas de un juego que, como el truco, incorpora la mentira.

La fiesta inolvidable

En China, hubo citas cerradas, militares apostados, paseos al sol, banquetes principescos y niños agitando banderas de ambas naciones, como en el día de la paz mundial. El mundo, sin embargo, se desangra, ciudades caen y niños mueren de a miles y miles en escenarios de batallas robóticas, indolentes, carentes de toda épica, en distintos continentes.

No somos importantes. ¿Qué parte del juego no hemos entendido? Mientras navegamos sin rumbo, por un océano nocturno, bajo un cielo sin luna, mal comidos y con falta de sueño, los dueños del mundo se reparten las porciones. Ahora viene el Mundial de fútbol y en septiembre se repite la cita de Trump y Xi en Estados Unidos.

No importa dónde hayan nacido ni qué idioma hablen. Aquí hay un solo idioma: el de la billetera, el del capitalismo como lenguaje universal. Luego de amenazas, arengas chauvinistas, potentes ejercicios militares, al final todo se resume en dos hombres contando dinero. La fiesta continúa y las ovaciones serán más fuertes que los estallidos de las bombas. Así funciona el mundo.

Ulises Naranjo