Presenta:

La vieja Europa odia los espejos y Donald Trump disfruta de humillarla

Son estos años vergonzosos para Europa y el despiadado Donald Trump disfruta humillándola al exhibir su deterioro biológico bajo luces escandalosamente delatoras.

Europa creó a Estados Unidos y Donald Trump y ahora no se hace cargo. Foto : Midjouney

Europa creó a Estados Unidos y Donald Trump y ahora no se hace cargo. Foto : Midjouney

Europa arrastra desde las últimas décadas grandes problemas que nacieron y crecieron a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, un segundo capítulo innecesario, una insana herencia que dejó al Viejo Continente la Primera Guerra Mundial. Fue tal el espanto que atravesó ese continente durante la primera mitad del siglo XX, que desde entonces allí todo el mundo se siente culpable de algo y, por ello, se asumen posturas extremas que delatan, bajo el conservadurismo que ejerce, una falta de capacidad de decisión que está hundiendo la nave.

Europa no sabe qué hacer con Europa y cómo comportarse con el mundo. El continente que ya vivió todas la vidas posibles llegó a su decadencia vital calzando un disfraz de diplomático cáustico, corto de movimiento pero no de verba esmerada, un ministro plenipotenciario inundado de sentido común, que, ahora, ya no puede quitarse el antifaz porque se le pegó a la piel. Por cierto, un fragmento del poema Tabaquería del portugués Fernando Pessoa, escrito en el vértigo y el vacío europeo de la entreguerras, delata a la perfección el malestar de ser Europa, siendo Europa:Cuando quise quitarme la máscara,/ estaba pegada a la cara./ Cuando logré arrojarla y me miré en el espejo,/ ya había envejecido./ Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había quitado./ Arrojé lejos la máscara y dormí en el vestidor/ como un perro tolerado por la gerencia/ por ser inofensivo/ y voy a escribir esta historia para probar que soy valiente”.

Ese conmovedor himno a la sensación de vacío existencial que escribió Pessoa, uno de los poemas más hermosos jamás escritos, pone en evidencia el proceso de Europa. Durante muchos siglos, Europa ha escogido ser muchas cosas a la vez. De hecho, siempre eligió ser las más importantes, las rectoras: dueña del credo dominante y las colonias emergentes y regidora conceptual de la construcción de la realidad, al punto de asumir para sí con toda naturalidad considerarse el centro del mundo, madre de la filosofía y regente de los mundos del buen gusto, el buen vivir y vestir y el humano esclavizar.

vejez mujeres anciana Europa Midjourney
Europa, siendo Europa. Foto Midjourney

Europa, siendo Europa. Foto Midjourney

Tan convencida de sí misma ha vivido Europa que, al no dudar en su momento, ahora se ha descubierto viviendo la adolescencia en su vejez. Llena de problemas actuales, como la falta de ímpetu productivo y de hijos genuinamente europeos que luego aporten al sistema previsional, el rechazo a los migrantes y la necesidad de ellos como fuerza laboral, la diversidad irresuelta de identidades nacionales, la incapacidad exhibida para competir con potencias menos distinguidas pero más potentes, como Estados Unidos, China y Rusia, el desbalance y alto costo de su transición energética, el cierre de industrias que se autoimpone en virtud del cuidado ambiental, la enorme fragmentación y hasta la debilidad que exhiben sus instituciones, como la Unión Europea, que delata el agotamiento de esta atildada señora mayor de edad que, en su retiro, depende de un hijo joven y maleducado llamado Estados Unidos, que ahora está a cargo de un tipo sin pruritos, confrontativo, personalista, ofensivo y, sí, maleducado también.

Son estos años vergonzosos para Europa y el despiadado Donald Trump disfruta humillándola al exhibir su deterioro biológico bajo luces escandalosamente delatoras. Lo hace Trump a través de dichos ásperos, directos y severos como eso de que la UE fue creada por perjudicar a Estados Unidos y también con decisiones que ponen la cordura europea al borde del infarto: el apoyo a rajatablas a las desalmadas acciones de Israel, la imposición de aranceles, la intención de comprar Groenlandia, la invasión de un país y el secuestro de su presidente, el bombardeo a supuestas lanchas del narcotráfico, el abandono del Acuerdo de París, el desprecio hacia organismos internacionales como la ONU, la OMS y el OIEA, y, por estas horas, el ataque a Irán por sorpresa en plenas charlas hacia un acuerdo nuclear y la franca, directa, presión a la OTAN -en su gran mayoría integrada por las grandes potencias bélicas de Europa- para que compre armamento a USA e intervenga contra Irán y su bloqueo al estrecho de Ormuz. Es demasiado, es un montón.

Europa no sabe qué hacer con sí misma, porque no sabe qué hacer con Donald Trump, un hombre que desdeña la mejor herramienta que creó Europa para no tomar partido: la diplomacia permanente. Europa es diplomática porque de este modo patea los problemas hacia adelante, aunque se intuye que, puertas adentro, el Viejo Continente tiene a Donald Trump -el irritante, el abrasivo, el dañino, el grosero- atravesado hasta las narices. Ahora, Alemania y Reino Unido, siguiendo el tono de España, se han animado a plantársele a Trump ante su intento de que la OTAN intervenga militarmente en el estrecho de Ormuz. Veremos hasta dónde llegan. No ha de ser para tanto. De alguna manera apoyarán al jefe.

soldados ajedrez guerra
Son años en que la guerra se ha vuelto un recurso, una salida hacia el abismo. Foto Midjourney

Son años en que la guerra se ha vuelto un recurso, una salida hacia el abismo. Foto Midjourney

Por lo bajo, en la penumbra de sus seculares palacios, en los susurros de las catedrales, entre viñedos franceses y olivares españoles, en praderas de Suiza y Alpes italianos, en la pureza del aire escandinavo y la humedad británica brillando sobre las piedras que dan al mar, Europa deja ver su cansancio, abrumada por los horribles fantasmas que dejaron las grandes guerras. Europa se educó y educó al mundo para que ser reconocida en su madurez como un ejemplo de lo razonable, lo atildado, lo pulcro y primoroso, lo indiscutible, pero, entre esos pliegos, entrelíneas, a hurtadillas, puede olerse lo hábil y lo cobarde que sabe ser en eso de ocultar la basura bajo de la alfombra: un solo niño muerto debiera ser suficiente y, sin embargo, mientras el esforzado lector busca llegar al final de esta columna, en estos días, unos sesenta niños mueren cada 24 horas bajo impacto directo. Nos fuimos de tema. Todo el mundo lo hace.

Ahora, Europa está observando aquello de lo que es capaz Estados Unidos, el hijo que parió con todo esmero y resultado incierto, un crío que juega con aceros y chispazos busca diferenciarse del aparente conservadurismo paternal, a través de las decisiones que toma el actual arrendatario de la Casa Blanca, poniendo al mundo en vilo, es cierto, pero también obligándolo a cambiar y, ojalá, a sacar lo mejor de sí a fuerza de sangre. Toda la institucionalidad que, siglos atrás, construyó Europa para regir las relaciones internacionales parece estar quebrándose. Tal vez sea algo bueno a mediano plazo o tal vez se acabe el mundo tal como lo conocemos. Quién sabe.

Europa, levántate y anda, si acaso recuerdas cómo hacerlo.

Ulises Naranjo.