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Patricia Palmer: "El teatro es muy popular, la gente de clase alta no va"

Antes de presentarse en Mendoza con Radojka, la comedia que protagoniza junto a Cecilia Dopazo y es un éxito, la reconocida actriz habló con MDZ.

Cuando vivía en Mendoza, mucho antes de que Alejandro Doria le cambiara el nombre a Patricia Palmer, la reconocida actriz fue parte del T.N.T. (Taller Nuestro Teatro). En este espacio cultural independiente, fundado en 1970 por Maximino Moyano y Carlos Owens, ella no solo aprendía, sino que también enseñaba. “A pesar de ser muy chica, tenía 15 años, daba clases de expresión corporal porque era parte del ballet de la Universidad de Cuyo. Por un lado, tengo un hermoso recuerdo; por el otro, triste con la desaparición de alguna gente conocida”, reconoce en diálogo con MDZ.

Sucedió que, a los cuatro años de su creación, el lugar sufrió un atentado del terrorismo de Estado. “Fue un lugar muy importante para mí que duró muy poco. Enseguida le pusieron una bomba. Fue algo que mucho no se entendía o al menos yo no entendía por qué pasaba. ¿Cómo un teatro podía hacer mal para recibir eso tan tremendo? Una mezcla de cosas, de sensaciones, de darse cuenta que el arte es una herramienta importante en la lucha de las clases porque si le pusieron una bomba era porque hacía ruido”, agrega.

Para Palmer, cuenta, volver a su provincia natal es siempre un placer. Y ahora lo hará para presentar Radojka, la obra que se consagró como Mejor Comedia en los Premios Estrella de Mar 2022. No es la primera vez que lo hace: el año pasado estuvo con el mismo espectáculo y junto a Cecilia Dopazo, su compañera en escena, fueron ovacionadas. “El público mendocino es muy particular, no se conforma con cualquier cosa. Está, quizás, más inclinado a la música. Entonces, cuando tenés la suerte de tener un producto que la gente aplaude de pie, tenés la certeza de que tu trabajo está siendo lo que la gente espera. Si te aplaude Mendoza, te aplaude el país”, indica.

Patricia Palmer y Cecilia Dopazo se presentarán en Mendoza con Radojka / Foto: Gentileza prensa

- ¿Qué te impulsó a irte a Buenos Aires?

- La posibilidad de vivir de lo que a mi me gustaba que era el teatro. Ahora en Mendoza hay más movimiento, pero en el ‘81, cuando me vine y que todavía había gobierno militar, era imposible vivir del teatro en las provincias. Era algo totalmente impensado. El que quería hacer una carrera, tenía que venir. No quedaba otra.

- Allá te cambiaste el nombre, ¿por qué?

- La verdad es que no me lo cambié yo (se ríe). Me lo cambió Alejandro Doria. En esa época se usaba el bautismo. Ninguno de mis compañeros de esa época tiene el nombre real, todos tenemos nombres “fantasía”. Dentro de todo el mío no se corrió tanto. Por ejemplo, Germán Krauss se llama Oscar Grillo. Entrabas al mundo del espectáculo con un nombre.

- ¿En qué más te cambió Buenos Aires?

- No sé si Buenos Aires. Me cambió la vida, fui creciendo. No sé cómo hubiera sido en Mendoza. Esta es una ciudad menos contenedora, tenés que hacerte lugar para tener un grupo, es más fría, más grande, más loca. En ese sentido, fue duro al principio. En Mendoza, cuando yo me vine, prácticamente nos conocíamos todos. No había modo de ir por el centro y no te encontraras con alguien conocido. Quizás, esa soledad de no tener a nadie conocido te hace más fuerte, te mete para adentro y te hace descubrir quién sos y qué querés… sino no tiene sentido soportarlo. 

- ¿Cómo ves la posibilidad de vivir nuevamente en Mendoza?

- Amo Buenos Aires porque tengo toda mi vida acá. De hecho, más años de vida acá que allá. No lo pensé, pero no lo descarto. Allá tengo a mis hermanas, mi casa… Me encanta Mendoza. No es algo que vea a corto plazo porque tengo proyectos, mis hijos, mis nietos, entonces no lo veo. Una vez que uno toma el desarraigo, siento que uno puede vivir en cualquier parte. Mendoza para mí son los afectos, la familia y eso es muy fuerte.

Patricia Palmer en Mendoza / Foto: Instagram

- Además de actriz y directora, sos psicóloga social y profesora de yoga. ¿Qué más te gustaría estudiar?

- Todo me gustaría estudiar. Soy una estudiante crónica. Me gusta mucho el derecho y siempre estoy a punto de arrancar… para estudiar, nada más. No es que sea algo que me vaya a proporcionar una herramienta de trabajo, pero me gusta mucho saber, investigar y sobre todo, las ciencias humanísticas que tienen que ver con el alma humana que se van complementando en la actuación. El derecho, de alguna manera, estudia la conducta del ser humano y la psicología también. Por distintos lados, pero son bastante complementarios.

- Estás a cargo del teatro El Taller del Ángel, ¿cómo es hoy sostener un teatro independiente en Argentina?

- Es muy difícil si no tenés la propiedad propia. Si tenés que pagar un alquiler se complica bastante aunque la Argentina es un país muy particular porque subsidia mucho a la cultura, cosa que no ocurre en otros lugares. Si vos pedís un subsidio de mantención, al menos del alquiler, ahí estás un poco salvado. Después hay que meterle amor, trabajo, mucho cuerpo. Es mi vocación y es como la gente a la que le gusta ir al casino, al bingo, comprarse autos o joyas. A mi me gusta el teatro. Es nuestra pasión y digo nuestra porque ahora se sumó mi hija, Paula Alba, que es cantante lírica y está mucho en el teatro. Es hermoso entrar al teatro y escuchar una orquesta completa ensayando. Es algo muy especial que no hay plata que te lo pague. Tener un teatro no es una cuestión comercial, sino más bien existencial.

- Si bien hay subsidios, muchos espacios debieron cerrar durante la pandemia.

- Yo te lo digo pero hoy no tengo ningún subsidio, porque no quiero. Por ejemplo, en la pandemia pedí uno para hacer la renovación de aire, que fue un costo enorme. Es todo un sistema que tenés que mantener y depende de lo que quieras, los objetivos que tengas y las ganas. Cerraron muchos espacios pero Buenos Aires es muy particular, también abrieron otros. Es una ciudad que no existe en el mundo en cuanto a la vocación que tiene el público por el teatro. Y es gente de clase media, la gente de clase alta no va al teatro. Es de clase media, media baja. Entonces el teatro independiente se hace como una posibilidad porque la entrada es menor a la del comercial.

- ¿Por qué crees que la clase alta no va al teatro?

- Su recreación está más en la vida social y no en lo artístico. Tienen otro juego, porque la vida es un juego y ellos juegan más a la cosa social u otro tipo de arte, como las galerías de pintura, escultura o los conciertos. El teatro es muy popular y, en general, es una crítica de las clases y por ahí mucho no les interesa. Es crítica de los sistemas, de todos. En eso se basa la dramaturgia. Voy mucho al Colón y según lo que vea es el público.

- ¿Cada cuánto vas al teatro?

- Voy muchísimo, dos o tres veces por semana. Me encanta. Veo teatro independiente y también comercial, lo ví a Nico Vázquez, a Martín Bossi. Cuando puedo con mi teatro, que no se superponga, voy a ver a los compañeros.

- ¿Qué has podido ver de espectáculos mendocinos?

- Voy por un día y casi nunca tengo tiempo. Las giras son así. Ahora voy el 30 y el 1 me vuelvo. Quiero ver a la familia. En el interior hay muy buen teatro y nunca puedo ver. En Córdoba, Rosario y Mendoza hay muy buen teatro. Tendría que ser una instancia en la que pueda ir de vacaciones, pero ahora no es el caso.

- La última, Radojka plantea una inquietud en los espectadores: qué estarían dispuestos a hacer para no perder su trabajo. En tu caso, ¿qué harías?

- No, yo cambiaría de trabajo. No me haría problema por un trabajo a esta altura de la vida. Soy muy generadora de trabajo. Ahora compré una obra hermosa de Eduardo Rovner, es una comedia. Nunca me gustó la dependencia. Vengo de un padre y un abuelo anarquista catalán y nos metieron en la cabeza el ser independientes. A veces tengo la suerte de estar en una compañía, con compañeros y eso, pero muchas veces genero yo mi trabajo.

Para agendar

Radojka

Doble función en Mendoza. Sábado 30, 20 y 22 horas, en el Cine Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz). Entadas en EntradaWeb.