Parque General San Martín paranormal: los rincones que esconden misterios y mitos urbanos
Un recorrido por la simbología, las estructuras inconclusas y los vestigios de eventos internacionales que alimentan los relatos paranormales del pulmón verde.
Los imponentes portones del Parque General San Martín comprados en Europa a principios del siglo XX.
Rodrigo D'Angelo / MDZEl Parque General San Martín exhibe un misticismo que se intensifica al caer el sol, especialmente en aquellos rincones donde la iluminación urbana no logra penetrar. Aunque la claridad diurna expone cada detalle de su extensión, la llegada de la noche transforma las estructuras, monumentos y senderos en escenarios propicios para la especulación sobre lo paranormal, despertando el misterio.
La fascinante historia del origen de los icónicos portones, que reciben a miles de mendocinos y turistas diariamente, es la portada de un espacio que en sus sombras siempre se tejieron mitos urbanos, escenas de ocultismo y hasta rituales oscuros.
La llegada de estas icónicas estructuras de hierro a Mendoza ocurrió luego de un giro político en tierras lejanas. Según relató el especialista Gustavo Capone en MDZ Radio , el conjunto de portones del parque fue adquirido en 1907 por Emilio Civit, tras haber sido encargado originalmente por un sultán que proyectaba la construcción de increíbles espacios. “En realidad estaban pensados para un sultán que había proyectado hacer una serie de palacios. El se lo había encargado a una empresa escocesa, luego en ese mismo año fue derrocado y los portones quedaron dando vueltas, finalmente llegaron a Francia, donde Emilio Civit los compra”, explicó Capone. Este origen explica las decoraciones cargadas de símbolos de aquellas latitudes, si se observan con detenimiento se pueden apreciar plumas, lunas y estrellas.
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El misterioso torreón solitario: una estructura inconclusa
A escasos metros del núcleo central del parque, emerge una estructura que suele despertar la intriga de los transeúntes por su aspecto inacabado y antiguo. Se trata de un torreón que funcionó como una muestra técnica a escala real para ensayar materiales y diseños constructivos. Este ensayo arquitectónico fue una iniciativa del ingeniero italiano Antonio Rossetti, una figura clave en la planificación de la infraestructura básica de la provincia. La ubicación de este elemento no es azarosa, ya que respondía a los planos originales del siglo XIX.
En las proyecciones cartográficas de 1896, se estipulaba que el establecimiento penitenciario de la provincia se erigiría en ese sector. Por tal motivo, el torreón permanece como un testimonio físico de una planificación que luego fue modificada. Con el paso de los años, las autoridades decidieron trasladar la construcción de la cárcel hacia el sector norte, fuera de los límites de lo que entonces se denominaba Parque Público del Oeste, dejando aquel vestigio de ladrillos como un objeto de curiosidad histórica en el corazón del prado. Actualmente el torreón está en pie, pero suele llenarse de basura y es “refugio” eventual de personas en situación de calle, luce cargado de pintadas y grafitis. Originalmente se podía subir hasta el torreón, pero hoy el acceso está tapiado.
Vestigios futuristas y la enigmática escalera al infinito
La memoria del parque también resguarda hitos de vanguardia como la Feria de América, un evento que entre 1953 y 1954 posicionó a Mendoza en el mapa del diseño industrial y la arquitectura moderna. De aquella exposición que transformó treinta hectáreas con construcciones futuristas, hoy apenas sobreviven estructuras aisladas. Una de ellas es el antiguo Pabellón 24, conocido como edificio Cuba, una construcción de más de 400 metros cuadrados que actualmente se encuentra en proceso de protección patrimonial por su alto valor histórico para la sociedad mendocina.
Frente al Rosedal, en el Prado Catalán, se sitúa uno de los puntos que más leyendas urbanas ha generado: la estructura helicoidal de hormigón armado. Popularmente denominada como la "escalera hacia la nada", esta espiral blanca es en realidad un sobreviviente de la mencionada feria internacional, edificada por la Sociedad de Arquitectos y Constructores. Su apariencia aislada y su diseño ascendente que parece no conducir a ningún sitio funcional han alimentado durante décadas diversas teorías sobre su utilidad original y su carga simbólica.
El lado oscuro de los rituales en algunos sectores del parque
Más allá de la arquitectura, el predio ha sido escenario de hallazgos que rozan lo macabro en áreas de una casi espesa vegetación. En el sector del Parque de los Pueblos Originarios, anteriormente conocido como Parque del Aborigen, se registraron evidencias de prácticas vinculadas al esoterismo y rituales oscuros. El hallazgo de restos animales degollados junto a elementos de parafernalia ritual, como velas rojas y ofrendas de granos, confirma que ciertos sectores alejados de la vigilancia son utilizados para ceremonias que escapan a la lógica urbana convencional.
La combinación de monumentos, estructuras de vanguardia abandonadas y la penumbra de los prados más antiguos consolida al Parque General San Martín no solo como un espacio recreativo, sino como un portal de enigmas que continúan desafiando el paso del tiempo.