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Cinco pueblos de Chile que parecen hechos para una escapada distinta

Descubre la asombrosa variedad de pueblos en Chile, un país que alberga paisajes desérticos y comunidades costeras pintorescas.


Chile tiene pueblos que no se explican solo por su tamaño, sino por la forma en que condensan paisaje, historia y vida local. En un mismo país aparecen oasis en medio del desierto, valles de viñedos, lagos del sur, islas cargadas de leyendas y rincones australes donde las pasarelas reemplazan a las calles.

San Pedro de Atacama es uno de los nombres más conocidos de esa lista. Ubicado en pleno desierto, conserva casas de adobe, calles de tierra y una fuerte herencia de la cultura Lickan Antay. Desde allí salen excursiones hacia el Valle de la Luna, los Géiseres del Tatio y las lagunas altiplánicas, además de recorridos astronómicos bajo cielos muy despejados.

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San Pedro de Atacama, uno de los pueblos más lindos de Chile.

Pisco Elqui muestra otra cara de los pueblos chilenos. En el Valle del Elqui, entre montañas áridas, viñedos y casas blancas, se lo reconoce por su vínculo con el pisco, el misticismo y la tranquilidad. La zona permite visitar destilerías, recorrer viñas y sumar experiencias de observación astronómica en una de las regiones más asociadas al cielo limpio.

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Pisco Elqui, Chile

Más al sur, Frutillar cambia por completo el tono del viaje. A orillas del lago Llanquihue, este rincón combina jardines, arquitectura de herencia alemana, vistas al volcán Osorno y una vida cultural muy marcada por el Teatro del Lago. También suma una tradición gastronómica donde el kuchen aparece como uno de sus grandes símbolos.

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Frutillar, Chile

Chonchi, en Chiloé, lleva la experiencia hacia una isla donde la arquitectura, las leyendas y la historia tienen un peso especial. Conocida como la “Ciudad de los Tres Pisos” por su trazado escalonado, conserva casonas de madera, la iglesia Nuestra Señora del Rosario y una identidad chilota muy ligada a la memoria del archipiélago.

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Este pueblo se encuentra en Chiloé.

El cierre más extremo aparece en Caleta Tortel, en plena Carretera Austral. Entre los pueblos más particulares de Chile, este se destaca porque no tiene calles tradicionales ni autos en su trama principal: la circulación se da por pasarelas de madera que conectan casas, miradores y sectores de la caleta. Desde allí también se puede navegar por canales australes y visitar la Isla de los Muertos.

Estos pueblos muestran que Chile no se recorre de una sola manera. Cada uno resume una geografía distinta y una forma particular de habitarla, desde la aridez del norte hasta la humedad del sur austral, con paisajes que parecen pertenecer a países diferentes dentro de un mismo mapa.