Qué es el salario disponible y por qué aumenta el consumo pero no se nota en los bolsillos
El aumento de tarifas de servicios públicos y otros gastos fijos, como alquileres y prepagas, achican el salario disponible para el consumo de las familias.
El consumo masivo no se recupera
Santiago Tagua/MDZAunque parece una paradoja no lo es. El consumo crece, pero el salario no alcanza y los comercios arrastran muchos meses de ventas flacas. ¿Cómo es posible?
Para explicarlo, hay que apelar al concepto de consumo disponible que muestra cuánto dinero efectivamente queda en los hogares para destinar al consumo luego de afrontar gastos fijos, esos que son prácticamente ineludibles como tarifas de servicios públicos, transporte, alquileres, educación o salud.
Los datos oficiales que muestra el Indec marca que el consumo privado registró una expansión del 2,7% en términos interanuales durante el primer trimestre de 2026, algo lógico si se tiene en cuenta el crecimiento de la actividad económica que avanzó 2,3% en el mismo periodo.
Sin embargo, cuando se observan otros indicadores más vinculados al gasto cotidiano de las familias, el panorama resulta menos optimista. La consultora Scentia detectó que el consumo masivo volvió a caer durante abril con una contracción del 3,3% en el primer cuatrimestre de 2026. Las mayores bajas se registraron en supermercados y autoservicios, precisamente los canales donde se realizan las compras de alimentos, bebidas y productos de higiene.
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La diferencia entre ambas mediciones no es metodológica sino económica. Sucede que mientras el Indec releva el consumo total de la economía, incluyendo los servicios, la consultora mide específicamente el consumo masivo, fundamentalmente alimentos y productos de uso cotidiano.
Un dato oficial que confirma esta tendencia es la que muestra el Indec cuando mide las ventas en supermercados. En abril mostró una caída del 3,7% interanual con un acumulado enero-abril negativo de 3,3%.
El peso de los servicios públicos
La principal explicación que explica gran parte de la sensación de pérdida de poder adquisitivo es claramente el creciente gasto de los consumidores en el pago de servicios públicos por el fuerte aumento de los precios. De acuerdo con los informes del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA-CONICET), la canasta de servicios públicos del Área Metropolitana de Buenos Aires acumula aumentos muy superiores a la inflación desde fines de 2023. Entre diciembre de ese año y abril de 2026, el costo de la canasta de electricidad, gas, agua y transporte aumentó alrededor de 667%, frente a una inflación acumulada cercana al 223%.
El impacto sobre los presupuestos familiares es significativo. En mayo, una familia tipo del AMBA necesitó cerca de $250.000 para cubrir únicamente los gastos de luz, gas, agua y transporte público. La canasta de servicios aumentó más de 36% desde comienzos de año y representa una porción creciente de los ingresos. Esto implica que aunque los salarios logren acompañar o incluso superar parcialmente a la inflación general, una parte cada vez mayor de los ingresos se destina a gastos fijos. El resultado es una reducción del ingreso disponible para consumir otros bienes.
A estas cuentas hay que sumarles otro tipo de gastos fijos que, aunque no incluyen a la totalidad de la población, muestran cómo el ingreso disponible se achica de manera crónica.
Se trata de los gastos en alquiler, medicina prepaga y educación privada, entre otros rubros. El primero es el más crítico porque afecta a personas de ingresos bajos y medios por igual.
El costo del alquiler en la Ciudad de Buenos Aires, según el informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA mostró una suba del 423% desde diciembre de 2023 hasta febrero de 2026, más del doble que la inflación que para ese periodo fue de 209% en el Gran Buenos Aires según el Indec.
Para el caso del precio de las prepagas, según datos del portal miObraSocial.com, el aumento promedio desde enero de 2024 hasta junio de 2026 fue del 377%, con una fuerte suba en 2024 y un acompañamiento posterior algo superior a la inflación general.
Las escuelas privadas sufrieron aumentos variables por el corte de subsidios estatales, pero siguieron el mismo patrón de la medicina prepaga, con un 245% de aumento en 2024, según cálculos del CEPA, y luego con aumentos variables al compás de la inflación general.
La discusión sobre cómo se mide la inflación
Meses antes de las elecciones legislativas del año 2025, el director del Indec Marcos Lavagna renunció en desacuerdo con el freno que el Gobierno dispuso a la actualización metodológica de la medición del índice de Precios al Consumidor. La idea del cambio era reflejar con mayor precisión el paso del gasto en servicios públicos de los hogares argentinos.
La canasta utilizada actualmente para calcular el IPC se basa en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) realizada entre 2004 y 2005, en momentos en que los precios de los servicios públicos estaban fuertemente subsidiados y algunos rubros como comunicaciones, servicios digitales, transporte o educación privada con una fuerte regulación estatal.
Pero los fuertes aumentos que tuvieron en estos últimos dos años y medio modificaron fuertemente el impacto en los salarios, algo que el organismo estadístico no mide correctamente y altera la medición del índice de Precios. De esta manera, el resto de los datos generados a partir de esa medición también están alterados.
La discusión es relevante porque la inflación es una referencia central para las negociaciones salariales, la actualización de contratos, la medición de la pobreza y el análisis del poder adquisitivo.