ver más

El Bonar 26, la próxima gran apuesta de Luis Caputo, que tiene un ojo en el riesgo país

La presentación del programa financiero 2026/27 este lunes busca despejar el horizonte de la deuda, pero todo está enmarcado en la baja del riesgo país.


En perspectiva hacia atrás, el ministro de Economía Luis Caputo demostró que, de cuestiones financieras de estrategias de pasivos de deuda soberana, sabe. Y mucho.

Este jueves 9 de julio se pagarán en tiempo y forma, casi sin despeinarse, los Bonares (legislación local) y Globales (legislación internacional) correspondientes al segundo vencimiento del año de la deuda reestructurada en agosto del 2020 durante el gobierno de Alberto Fernández, con Martín Guzmán como ministro de Economía.

Así se habrá cumplido con uno de los compromisos más importantes del 2026. Se supone, que una vez pasada la faena, el riesgo país pueda descansar en los niveles actuales (no mucho más abajo), al menos hasta el último trimestre del año.

No es poco, teniendo en cuenta que en diciembre 2025 los cumplimientos de este ejercicio eran una incógnita. Que a esta altura se esté hablando de cierta tranquilidad hasta pasado el vencimiento del 9 de enero próximo, sin haber recurrido a la colocación de deuda en los mercados voluntarios internacionales, es un golazo.

Fulbito para la tribuna

Caputo incluso hizo un poco de fulbito para la tribuna ayer en la conferencia de prensa de presentación del panorama financiero para el resto del año y el 2027, al opinar que hacia delante recurrir a esos mercados voluntarios era una opción. Esto es, que se podría tomar esa decisión. O no. Y aún así cumplir con los compromisos financieros hasta las elecciones de octubre del 2027.

Canchereó incluso un poco más al hablar sobre el rechazo de los ofrecimientos de colocación de deuda por unos U$S5.000 millones a una tasa superior al 9% (sería 12%) que algunos bancos le plantearon al equipo económico en algún momento de comienzos de 2026. Esa tasa, con un riesgo país por debajo de 450 puntos básicos, sería hoy inferior al 8%.

Tiene espaldas el ministro para la canchereada, demostrando además algo que se rumoreaba en el mercado, que las relaciones con sus antiguos colegas de Wall Street no pasaron por su mejor momento, y que va a imponer él las condiciones para una recomposición. Léase, nueva colocación.

Desafío el 9 de julio

El próximo compromiso estratégico del Palacio de Hacienda no es menor. Y casi inmediato. Debe convencer a los tomadores de la deuda de U$S4.344 millones, de continuar confiando en el programa financiero local, y que la mayor parte de esos millones de dólares vuelvan al mercado de capitales a través de un nuevo instrumento.

El Bono de la Nación Argentina (Bonar, AO29), un título soberano en dólares, emitido bajo ley local, con un cupón de 6% anual, pago de intereses mensual (casi un plazo fijo), y que debutará en sociedad el 15 de julio, seis días después del vencimiento del jueves.

De la cantidad de suscriptores de este bono, se sabrá en parte la confianza que desde el mercado se le tiene a Caputo y su plan financiero. Pero, más importante aún, es saber que será la primera colocación de los Bonares que vencen ya pasados dos años de inicio de la gestión que sucederá a esta primera de Javier Milei.

Adelantar los pasos

La experiencia más cercana, son los Bonares con vencimiento de octubre 2028 y que pagan un cupón de mercado de 8,8% contra el 5,5% de sus primos que vencen en octubre 2027. Esto implica un riesgo político de más de 3 puntos de encarecimiento de la deuda, sólo por no saber qué tipo de respuestas habrá en la elección presidencial del año próximo.

Un bono con vencimiento a 12 veces más, cuando se esté más cerca de la elección de medio término del próximo gobierno, es el riesgo máximo en el que incurrirá la gestión Caputo en todo el manejo de deuda de este 2026. De ahí la importancia de lo que suceda el próximo 15de julio.

Sobre las cuestiones técnicas del pago del jueves, lo que se sabe es que el equipo económico utilizaría préstamos garantizados por U$S4.000 millones para armar el pago de los U$S4.344 millones finales que deben depositarse en las cuentas de los tenedores de deuda.

Esta operación ingresaría en el plan de compra de dólares del Tesoro al Banco Central por unos US$6.700 millones en 2026 y US$4.900 millones en 2027. No habría mayores problemas desde la entidad que maneja Santiago Bausilli para cumplir con esta demanda, ante los aproximadamente U$S10.000 millones en reservas netas luego del raid de compra de divisas que la entidad ejecutó desde comienzo de año.

Colocación de nueva deuda

La otra posible fuente de divisas, son las colocaciones de Bonares 2027 y 2028 por unos U$S2.000 millones, y que están en las cuentas del Tesoro Nacional.

Como se ve, la fuente de las divisas es siempre el mercado local. Sea por liquidaciones de exportaciones del primer semestre o por los bonos colocados en la primera parte del año y que tienen como demanda las divisas depositadas por los argentinos en las cuentas de las entidades financieras locales.

Mientras tanto, en la presentación en sociedad pública de la conferencia de prensa de ayer, el vocero presidencial Adrián Ravier, explicó el momento en estos 7 puntos.

1. La herencia recibida era crítica: más de US$2.400 millones de vencimientos a la vuelta de la esquina y el mercado cerrado. Desde el primer día, la respuesta fue honrar todos los contratos sin excepción, con una meta que trasciende lo inmediato, reconstruir la confianza en el Estado argentino.

2. La emisión de deuda nueva tiene un destino único: refinanciar el capital de la deuda heredada. Los intereses, en cambio, se cancelan con recursos genuinos del superávit fiscal.

3. El programa 2026 acumula un colchón financiero que alivia de antemano el horizonte de 2027.

4. Es un programa deliberadamente conservador, pero con opcionalidades: deja afuera fuentes alternativas de financiamiento que podrían sumarse —algunas en gestación desde hace más de un año.

5. Con la macro ordenada, el tiempo juega a favor: cada mejora en los fundamentos permite financiarse a un riesgo país más bajo que el anterior.

6. Todas las piezas apuntan a un mismo objetivo estratégico: alcanzar el investment grade (grado de inversión) al final del mandato, cumpliendo en ese plazo las métricas que esa calificación exige.

7. El investment grade no es una abstracción financiera: se traduce en crédito de largo plazo para las familias y en un mercado de capitales capaz de motorizar inversión y empleo de calidad.