La contradicción cambiaria del Gobierno con el nuevo "dólar Qatar"

La contradicción cambiaria del Gobierno con el nuevo "dólar Qatar"

La falta de divisas lleva al Gobierno nacional a una política contradictoria en materia cambiaria. Aplicará un tipo de cambio de $300 para los argentinos que viajen al exterior, pero pretende pagarle $129 por cada billete a los extranjeros que llegan. Obvio, éstos eligen cambiar en las "cuevas".

Horacio Alonso

Horacio Alonso


Desde que asumió el actual Gobierno nacional, la política en materia de turismo navegó entre las necesidades económicas y el corset ideológico. Por un lado, hay un problema claro de reservas que llevó a limitar por distintos caminos los viajes al exterior.

Por otro, desde el ala más dura de la administración kirchnerista, hubo siempre un sesgo contra los argentinos que eligen destinos del exterior para vacacionar. En ese contexto, este segundo argumento hace que las medidas que se aplican no logren ser efectivas y su único fin es cumplir con reclamos internos de la coalición.

En los próximos días, se va a instrumentar el “dólar Qatar, que implicará un recargo a los viajes al exterior ante la inminencia del inicio del Mundial de Fútbol en ese país. Esto significará que la cotización del tipo de cambio que utilicen los argentinos que viajen rondará los $300. Ése será el valor que se deberá pagar desde octubre para salir del país.

El Mundial de Fútbol es una oportunidad que cada cuatro años genera una pulsión especial de miles argentinos para viajar a alentar a la Selección.

Sin duda, esta medida es una nueva anormalidad de la política cambiaria, con un festival de cotizaciones diferentes según las necesidades.

 

Otra viveza argentina

El Gobierno nacional pretende convivir con un dólar de $300 para los argentinos que salgan del país, pero quiere pagarle un tipo de cambio de $129 a los extranjeros que ingresen. Ésa es la cotización que se les ofrece a los turistas que llegan a la Argentina.

En las pantallas del Aeropuerto Internacional de Ezeiza se les informa a los recién llegados que el cambio oficial es de ese valor para la venta y de $123 para la compra. Asimismo, se les advierte que no cambien su dinero en lugares no habilitados “por su seguridad”.

Pantalla con la cotización de las divisas en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

En ese supuesto afán de “cuidar” al turista extranjero, lo que hace el Gobierno es cotizarle a un valor irrisorio los billetes “verdes” o euros que trae. Con ayudas así…

Está claro que son pocos los turistas que caen en esa trampa. Salvo algunos viajeros primerizos y llegados de países poco informados de la realidad argentina, la mayoría de los extranjeros liquidan sus divisas al cambio “blue”.

Los principales centros turísticos, en los últimos meses tuvieron una alta ocupación de brasileños, chilenos, uruguayos y paraguayos. Todos estos visitantes buscaron vender sus dólares en el mercado informal, que paga más del doble de la cotización oficial.

“Lo primero que averiguó mi mujer cuando llegamos a San Martín de los Andes es dónde había una cueva para cambiar dólares” dijo a MDZ un turista uruguayo que disfrutaba de su estadía en ese lugar.

Este caso se multiplica por miles de extranjeros, especialmente de los países vecinos, que buscan aprovechar la brecha cambiaria. De esta manera, las divisas que traen estos turistas no suman reservas al Banco Central, pero se castiga a los argentinos que viajan, porque no hay reservas. Toda una contradicción que surge de una política cambiaria que no da sus frutos.

La balanza cambiaria

El Gobierno tiene un problema más grande que excede al de los argentinos que viajen a Qatar y es que la balanza cambiaria en materia turística (así se la conoce, pese a que eso incluye las compras con tarjeta al exterior, aunque sean realizadas desde el país) es deficitaria. Es decir, viajan más argentinos fuera del país a los extranjeros que llegan.

Se estima que el déficit este año rondará los US$ 7.000 millones. Lo peor de todo es que este “rojo” que tiene el Banco Central se produce con un nivel de actividad bajo respecto a años anteriores, por ejemplo, el 2019, antes de que se cerraran las fronteras por la pandemia.

Según el informe de agosto del organismo que regula el mercado aerocomercial, la cantidad de pasajeros transportados en vuelos internacionales se ubica un 32% debajo de igual mes del 2019, un año que ya se encontraba una fuerte recesión. Entre ingresos y egresos se contabilizaron 794.000 viajeros, algo menos que en julio con 808.000.

Esto muestra que el Banco Central no puede enfrentar una demanda de dólares por este rubro, que es una tercera parte menos que antes de la pandemia.

En la mayoría de los países, la actividad aerocomercial ya se recuperó respecto a los niveles registrados previos a la pandemia de coronavirus y, en algunos casos, está por arriba, debido a que la salida de las restricciones sanitarias provocó un deseo de viajar mayor al que había antes.


Si la Argentina hubiese tenido ese comportamiento y hoy la demanda fuera igual a la de hace tres años, no habría dólares para responder a esa exigencia.

Es por eso que el Gobierno tiene un “cepo” al turismo al exterior para limitar la salida de argentinos. A los recargos impositivos mencionados hay que sumarle la prohibición de la venta de pasajes y servicios turísticos en cuotas, más la salida de varias compañías aéreas que dejaron de operar por un mercado poco atractivo en estas condiciones. Aun así, muchos argentinos viajan -aunque sean menos que antes- y golpean la balanza cambiaria.

La contrapartida, que sería la llegada de turistas del exterior, no suma reservas de forma directas, ya que muchos viajeros operan en el mercado de cambio “blue” para aprovechar la brecha cambiaria. La mayoría son brasileños, chilenos y uruguayos que, conocedores de las anormalidades económicas argentinas, buscan el cambio que más los favorece como cualquier local.

Pero estos turistas también ayudan a recuperar el mercado de cabotaje que, en la misma comparación contra agosto del 2019, está sólo 14% abajo.

Rascando el fondo de la olla

Más allá del contenido político que tiene centrar los cuestionamientos sobre los argentinos que viajarán al Mundial, está claro que cada dólar de más que se demande por turismo es un dolor de cabeza para Miguel Pesce, el presidente de la entidad financiera, aunque sea insignificante por lo que será en esta oportunidad.

Según las estimaciones del embajador argentino en Qatar, Guillermo Nicolás, entre 30.000 y 40.000 argentinos estarán presentes para ver al seleccionado nacional. El diplomático aclara que muchos llegarán desde otros países, especialmente del continente europeo. Tal vez sean la mayoría. Esto muestra que la demanda real de dólares en la Argentina por quienes viajen entre noviembre y diciembre al campeonato de fútbol sea un número, en más o menos, cercano a 10.000 personas. Aun si fuesen 15.000 sería una cantidad que no cambiaría demasiado el volumen total.

El promedio de pasajeros por mes ronda los 800.000. Una parte menor son extranjeros. Se calcula que ingresan al país unos 400.000 extranjeros por mes en todo concepto, terrestre, fluvial o aéreo. De esta manera, ese número se reduciría significativamente en cuanto a los que ingresan por avión.

Si se descuentan los extranjeros a los 800.000 pasajeros mensuales que llegan a los distintos aeropuertos internacionales del país en unos 100.000 o poco más por mes, los 15.000 adicionales que se sumarán, entre noviembre y diciembre, por viajes a Qatar implicaría un demanda mayor de entre 1% y 2% por dos meses. Un porcentaje bajo para justificar una profundización del “cepo” turístico.

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