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Subirse a un avión con estas enfermedades puede requerir una consulta médica previa

Algunas enfermedades, antecedentes médicos y cirugías recientes pueden requerir una consulta antes de viajar en avión para reducir posibles complicaciones.

Algunas enfermedades cardíacas, pulmonares o antecedentes médicos recientes requieren una consulta antes de viajar en avión.

Algunas enfermedades cardíacas, pulmonares o antecedentes médicos recientes requieren una consulta antes de viajar en avión.

MDZ

Viajar en avión es seguro para la gran mayoría de las personas. Sin embargo, existen determinadas condiciones de salud que requieren una consulta médica antes de embarcar, ya que los cambios de presión y las horas sentado pueden afectar a quienes tienen ciertas enfermedades.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), a través de su Yellow Book 2026 para viajeros, recomienda evaluar las enfermedades crónicas antes de volar y prestar especial atención a las personas con problemas cardiovasculares, diabetes, enfermedades pulmonares crónicas, antecedentes de ACV, convulsiones, cirugías recientes o antecedentes de trombosis venosa profunda o embolia pulmonar.

Tener una enfermedad crónica generalmente no impide viajar en avión. La clave es que la enfermedad se encuentre controlada y que el médico determine si se requieren precauciones adicionales antes de embarcar.

Problemas cardíacos y pulmonares: por qué requieren mayor atención

La presión de cabina en un vuelo comercial equivale a estar entre 1.830 y 2.440 metros de altitud. Si bien para una persona sana no es un inconveniente, la menor disponibilidad de oxígeno puede agravar cuadros en quienes padecen anemia, enfermedades cardíacas, pulmonares o cerebrovasculares.

El Yellow Book del CDC identifica casos en los que conviene realizar una consulta médica antes de viajar. Las recomendaciones dependen de la enfermedad, episodios recientes o el grado de estabilidad del paciente.

En vuelos largos, permanecer varias horas sentado puede aumentar el riesgo de trombosis en personas con factores predisponentes.

En vuelos largos, permanecer varias horas sentado puede aumentar el riesgo de trombosis en personas con factores predisponentes.

Quienes sufrieron infartos, insuficiencia cardíaca aguda, angina inestable o tuvieron intervenciones cardíacas recientes deben consultar a su especialista antes de viajar. El motivo es que, durante el vuelo, la menor presión de oxígeno dentro de la cabina puede agravar enfermedades cardiovasculares que todavía no se encuentran estabilizadas. Por eso, el CDC recomienda que estos pacientes cuenten con la autorización de su cardiólogo y, en algunos casos, incluso posterguen el viaje.

Lo mismo ocurre con personas con EPOC, fibrosis pulmonar u otros cuadros respiratorios inestables. Según el Yellow Book, quienes padecen estas enfermedades pueden tener más dificultades para compensar la menor disponibilidad de oxígeno durante el vuelo, especialmente si ya necesitan oxígeno cuando están en tierra. En esos casos puede ser necesario disponer de oxígeno suplementario y coordinarlo previamente con la aerolínea.

La anemia también requiere consideración. La baja presión de oxígeno en cabina afecta a quienes tienen niveles bajos de hemoglobina. El CDC recomienda postergar el viaje si la hemoglobina está por debajo de 8,5 g/dL, a menos que sea una anemia crónica y estable. Puede ser necesario oxígeno suplementario.

Los cambios de presión en un vuelo pueden generar problemas si hay aire o gas atrapado tras cirugías abdominales, torácicas o intraoculares. Por ello, quienes hayan sido operados recientemente deben consultar con su médico antes de volar.

Para cirugías de tórax sin complicaciones, el Yellow Book recomienda esperar al menos 10 días desde la operación y que el paciente se encuentre médicamente estable antes de viajar.

Otras condiciones por las que puede ser conveniente postergar el vuelo

No todos los riesgos están relacionados con enfermedades cardíacas o pulmonares. El CDC también establece recomendaciones para quienes hayan sufrido convulsiones recientemente. Si una persona tuvo una convulsión generalizada o una de reciente aparición dentro de las 24 horas previas al vuelo, recomienda postergar el viaje hasta que la situación se encuentre estabilizada con el tratamiento correspondiente.

Incluso una fuerte congestión puede convertirse en un problema dentro de un avión. Las personas que atraviesan una infección de oído, sinusitis, una infección nasal o una congestión severa pueden considerar postergar el viaje debido a los cambios de presión que se producen durante el ascenso y el descenso.

Estos cambios pueden provocar barotrauma, una lesión generada por la diferencia de presión entre el interior del oído y el ambiente. Puede causar dolor intenso, sensación de oído tapado, mareos y, en casos poco frecuentes, llegar a producir una perforación del tímpano. Por eso, ante una infección importante o una congestión que impida compensar correctamente la presión, resulta conveniente consultar antes de volar.

El riesgo que aumenta en los vuelos largos

Otro factor importante es permanecer sentado durante varias horas. Los viajes de larga distancia pueden aumentar el riesgo de desarrollar una trombosis venosa profunda, un coágulo que generalmente se forma en las piernas y que, en algunos casos, puede desplazarse hacia los pulmones y provocar una embolia pulmonar.

El CDC considera especialmente relevantes los viajes de cuatro horas o más. El riesgo absoluto sigue siendo bajo para la mayoría de las personas, pero aumenta cuando existen factores adicionales, como antecedentes de trombosis o embolia, cirugías recientes, inmovilidad u otras condiciones predisponentes. Quienes ya hayan sufrido un coágulo deberían hablar con su médico antes de realizar un viaje prolongado.

También merecen una evaluación previa quienes hayan sufrido recientemente un ACV o un ataque isquémico transitorio. En estos casos, al igual que ocurre con las convulsiones, las anemias y otras enfermedades crónicas, el tiempo transcurrido desde el episodio y la estabilidad del paciente son factores importantes para decidir si es conveniente viajar.

Por último, el CDC aconseja que las personas con enfermedades crónicas lleven toda su medicación en el equipaje de mano y calculen una cantidad suficiente no solo para los días previstos de viaje, sino también para cubrir posibles demoras. También recomienda tener disponible información sobre sus enfermedades, alergias, tratamientos y medicamentos, algo que puede resultar especialmente útil frente a una emergencia lejos de casa.

En los vuelos prolongados, además, se aconseja evitar permanecer completamente inmóvil durante horas. Levantarse periódicamente, caminar por el pasillo cuando sea posible y mover o estirar las piernas son algunas de las medidas que pueden ayudar a reducir los efectos de permanecer sentado durante mucho tiempo.

La información de esta nota fue sacada del Yellow Book de la CDC. Para leerlo completo hacé clic acá.