Salud mental adolescente: claves para entender la crisis actual
La salud mental adolescente en Argentina enciende alarmas: violencia escolar, suicidios y el rol de las redes sociales.
Mariana Moreno es médica psiquiatra, especialista en infantojuvenil.
Marlene Rolando/MDZLa salud mental adolescente en Argentina volvió a encender alarmas tras una seguidilla de episodios que incluyen amenazas de tiroteos en escuelas, jóvenes que ingresan con armas y casos de suicidio que conmocionaron a la opinión pública. En diálogo con MDZ, la psiquiatra Mariana Moreno aportó una mirada clave para entender este fenómeno.
En las últimas semanas, distintos casos expusieron el temor dentro de las comunidades educativas y el desconcierto de las familias frente a situaciones extremas protagonizadas por adolescentes. Las amenazas viralizadas en redes sociales y el impacto emocional en los estudiantes reabrieron el debate sobre los límites, la contención y el rol de los adultos.
En este contexto, Moreno advierte que no se trata de hechos aislados, sino de problemáticas que deben leerse desde la complejidad. Factores como el entorno digital, la dificultad en los vínculos y las condiciones sociales actuales configuran un escenario que impacta de lleno en los jóvenes y en su salud mental.
Mirá la entrevista completa a Mariana Moreno
Situación actual de los adolescentes en Argentina
-Mariana, estamos escuchando situaciones preocupantes en cuanto a las adolescencias: chicos que llevan armas a los colegios o casos de suicidio adolescente. ¿Qué crees que está pasando hoy con los adolescentes en Argentina?
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Cuando todo llega tarde: qué pasa en la escuela después de la tragedia
-Yo creo principalmente que tenemos que contextualizar y entender que se tratan de múltiples factores que intervienen en lo que le pasa hoy a los chicos y a las chicas en nuestro país y en el mundo, porque esto también hay que pensarlo a nivel mundial, no solamente acá. Y por otro lado, hay una cuestión que tiene que ver con esto que yo decía de los múltiples factores: adultos que desdibujan su función, pero no podemos tampoco estar culpando a la familia o a la escuela dentro de ese mundo de los adultos, porque también son padres y madres que tienen múltiples empleos o docentes que tienen que ir de una escuela a la otra. Y después todo lo que sucede en relación a la amplificación que producen las redes sociales.
Entonces, todo eso también va alimentando toda esta sensación de soledad, que es una soledad que después probablemente se transmite en situaciones de bullying, de dificultad de comunicarse entre pares, de generar lazo. Un lazo que hace que nosotros podamos crecer como comunidad y eso lo tienen dificultado los chicos porque no hacen el lazo en el cuerpo a cuerpo. Es cierto que hacen lazo a través de las redes y de su entorno digital, pero faltan otros aspectos a tener en cuenta para poder desarrollar esa sensación de confianza con el otro y también de valorar al otro.
Este tema del entorno digital, nosotros siempre, sobre todo los que trabajamos con niños y niñas, hablamos de la influencia del ambiente en el desarrollo y el crecimiento de los chicos y chicas. Hoy el entorno digital forma parte de ese ambiente, no lo podemos descuidar en ese sentido y también nosotros adultos formamos parte de ese entorno digital. Por eso digo, es un entramado de factores donde no podemos ubicar a un responsable.
Edad recomendada para que los niños accedan a la tecnología
-Y hoy en día los chicos tienen acceso a estas tecnologías cada vez más temprano. Si tuvieses que dar una edad recomendada para que empiecen a acceder a estas tecnologías, ¿cuál sería?
-Mirá, hoy en día hay recomendaciones tanto de la Organización Mundial de la Salud como aquí en Argentina de la Sociedad Argentina de Pediatría que están siempre solicitando retrasar el acceso principalmente al celular, que generalmente es lo primero a lo que acceden o la tablet.
Por ejemplo, se recomienda de cero a dos años cero contacto con las pantallas. A partir de los dos años se podría recomendar una hora por día, media hora por día y como ir retrasando. Para mí, la recomendación es entre los 11 y los 12, cuando empiezan a tener cierta autonomía, que a esta altura nosotros como adultos estamos como necesitando también tener esa supervisión. Pero necesitamos también generar esas decisiones de común acuerdo con el resto de los padres y madres.
Porque si no, los chicos vienen y dicen: "Pero el otro tiene y el otro tiene y yo no tengo". Y como no hay una conversación previa, porque tampoco nos dan los tiempos o porque también estamos en ese ritmo de hoy que es todo ya y todo pasa tan rápidamente y sin capacidad de reflexión que no nos damos ese tiempo para conversar con otros papás y ponernos de acuerdo: "Che, bueno, no sé, los papás de tercer grado, no es momento de que tengan celular, que no haya alguno que lo ofrezca". Un poco es eso, como necesitamos los adultos empezar también a generar acuerdos colectivos que generen ese cuidado para los chicos y chicas.
Adolescentes que llevan armas a la escuela
-Y vamos al hecho puntual de un adolescente llevando un arma a una escuela. Desde tu experiencia, ¿qué hay detrás de ese accionar?
-Otra vez vuelvo al concepto de la multifactorialidad, porque no podemos pensar que es una sola cosa. Y habría que indagar mucho sobre la historia de ese joven. Tengo entendido que estaría vinculado con esta comunidad que produce esta cuestión de viralizar los crímenes y también uno diría por qué se vinculan, no solo él, otros chicos también, con ese tipo de comunidades digitales.
Y entonces ahí habrá que revisar sí o sí la historia singular de ese chico. Pero también la historia singular de ese joven en su comunidad, porque hay que ver también qué pasa a su alrededor. Y no solamente lo digo en el núcleo familiar, sino también, por ejemplo, en la escuela, en el barrio, en el club.
Recuerdo a una abuela de esa comunidad comentando que era un pueblo relativamente chico, pero donde ellos detectaban como comunidad un alto acceso al consumo de sustancias, por ejemplo. Porque estaba facilitado para los chicos. Y esta abuela decía que era más fácil acceder a eso que a un kiosco de golosinas.
Entonces, se va ampliando ese círculo de responsabilidades, si querés. Porque justamente también la complejidad de las situaciones con las que nos encontramos requiere del ejercicio de la corresponsabilidad, donde cada área pueda tener una mirada y sumarse con las demás miradas para poder dar una respuesta. Situaciones complejas hoy requieren respuestas complejas. No podemos responder de otra manera. Y yo vengo diciendo hace rato que la palabra complejidad ya no define lo que pasa. No nos alcanza. Es mucho más que eso.
-¿Cómo deberían actuar la escuela y los padres frente a estas amenazas en las escuelas?
-Bueno, eso también es otro tema. Acá también hay que entender qué les pasa a los chicos con esto. Porque escuché algunas situaciones donde algunos como minimizaban y querían que los chicos fueran a la escuela igual. Y entonces les decían: "Quedate tranquilo porque no va a pasar nada. Es solamente un desafío de Tik Tok". Pero hay muchos chicos que tenían miedo. Y que decían: "No quiero ir".
Entonces, yo creo que la escuela en ese punto requiere sentarse a conversar con los chicos, con los papás y las mamás, los docentes. Entiendo también, por ejemplo, que es difícil también generar ese espacio de conversación. Porque por esto que decíamos de la cantidad de empleos que tienen que tener los docentes, los padres, es difícil el encuentro en esta realidad que nos toca.
En este contexto donde falta el trabajo, la familia no llega a fin de mes. Bueno, todo eso genera, me parece, tal vez la imposibilidad de encontrarse y de conversar. Que un papá y una mamá puedan conversar, generar la confianza para conversar con sus hijos.
Para mí es generar espacios de diálogo, poner en palabras. Porque justamente eso, la posibilidad de poner en palabras, es lo que hace que podamos enterarnos de qué le pasa al otro y acompañarlo, escucharlo. Y eso, digamos, es cuidado de la salud mental.
Comunicación entre padres y adolescentes
-Y más allá de esto, ¿sentís que los adultos estamos fallando en la escucha de los adolescentes?
-Y yo creo que, no sé si es tanto la falla, sino la falta. No sé si es tanto el fallar, porque no hay una técnica para escuchar. Es darse el tiempo para escuchar.
Casos de suicidio adolescente
-También estuvimos viendo casos, uno en particular de suicidio adolescente. ¿Qué creés que es importante entender de esto para no simplificarlo?
-Justamente esto que yo decía al principio. Perdón que insista con esta idea, pero es necesario pensar en la complejidad y en la cantidad de factores que influyen. Entonces, en este sentido, es importante que quede claro que de suicidio hay que hablar.
Nosotros, cuando hacemos una entrevista a un chico o una chica y sospechamos alguna cuestión de riesgo, tenemos que preguntar sí o sí, si alguna vez pensó en matarse, si alguna vez pensó en lastimarse. Es un mito creer que eso puede producir que el otro vaya a cometer el acto. Sino que es necesario hablar del tema.
Es necesario hablar del tema con los chicos, con las chicas, con los padres, con los docentes, con la comunidad entera. Todos tenemos que poder hablar de esto. Y si nosotros conocemos a alguien que está en una situación de ese estilo, escuchar y acompañar para que llegue al centro de salud más cercano, del ámbito público, del ámbito privado, pero que haga la consulta profesional sin temor a ser juzgado. Porque si hay algo que hay que hacer, es escuchar sin juzgar.
-¿Qué señales de alerta tienen que tener en cuenta los padres?
-En general, cualquier cambio en la conducta habitual del chico o la chica, cualquier cambio en el humor, cualquier cambio en el ritmo de sueño, conductas de aislamiento. Todas esas cosas nos tienen que llamar la atención. Problemas en la escuela.
-¿Desde la psiquiatría cómo se analiza que muchas veces dejan mensajes o emails que se encuentran luego del suicidio?
-Mirá, eso en general, te diría desde la psiquiatría, desde el campo de la salud mental, esos mensajes seguramente son como las últimas señales. Porque probablemente estuvieron dando señales antes. Esos mensajes nos ayudan a entender. Tal vez no del todo, pero algo podemos reconstruir desde ahí. Y eso es muy importante porque, por cada persona que comete un suicidio, eso tiene como una onda expansiva. Esto que a veces se nombra como contagio. Me gusta más esto de la onda expansiva porque no cualquiera entra ahí. Se van a producir más situaciones. Entonces hay que estar atentos.
Esto se llama posvención. Una vez que sucedió el hecho, después hay que actuar sobre las familias, sobre los contactos cercanos de la persona, sobre el barrio, la escuela. Hay que estar muy atentos a desarrollar espacios de escucha y de acompañamiento porque el suicidio de una persona produce un impacto muy importante en la comunidad.
Cómo ayudar a un adolescente en su salud mental
-¿Cómo puede hacer una familia, si se da cuenta de que su hijo necesita ayuda terapéutica, cuando ya es adolescente y es difícil llevarlo a un lugar que no quiere? ¿Cómo es ese proceso?
-Yo trabajo con un equipo actualmente. Lo que venimos detectando es que los papás y las mamás se encuentran perdidos con todo esto que se va viniendo en catarata encima. Y nosotros siempre conversamos en la importancia de la orientación a papás y mamás o a los adultos de referencia. Hay chicos que por ahí no tienen a su papá y a su mamá que los acompañan.
Entonces, ahí el punto es si el chico o la chica no quiere ir, que vayan el papá o la mamá a hacer la consulta, déjense acompañar para ir generando la posibilidad de que después ese chico o chica llegue a la consulta y reciba la ayuda que necesita.
-Y para ir finalizando, un poco de lo que venimos hablando, pero concretamente, ¿qué le dirías a un padre o a una madre que está preocupado por la salud mental de su hijo?
-Que no tenga temor de hacer una consulta, que siempre es mejor llegar antes y que cuando un papá o una mamá detecta algo que le preocupa, tal vez puede ser algo leve, pero también puede ser algo grave y siempre hay profesionales que pueden ayudar a hacer la lectura de lo que está pasando. Nada de esto se puede hacer solo.
Yo acompaño a una escuela en San Martín, que está en un barrio bastante vulnerable, pero que es la escuela secundaria de la Universidad de San Martín, y los chicos tienen un lema que lo tenían antes incluso de que apareciera el Eternauta y lo tienen pintado en la escuela, que es "nadie se salva solo". Y es realmente así. Y dicho por los chicos y las chicas, tiene un sentido más profundo. Ellos mismos piden que nos ocupemos.