Detectives privados: ¿para qué los contratan en Argentina?
Su cara se disimula entre la multitud de la calle. A golpe de vista, se parece a otro tipo que estaba ahí hace un rato. Pero este es diferente. La ropa es de un color más claro, y el saco es distinto. "Por supuesto que nos disfrazamos a veces", dispara Claudio (58), que desde hace años dirige la agencia de detectives Muscari. Dice que un investigador privado siempre debe tener a mano esas cartas. Un sombrero, lentes, barbas postizas. Y todo para concretar seguimientos y averiguaciones que alguien encarga por motivos que van desde lo comercial a los problemas de alcoba.
"Yo por ejemplo soy pelado, pero de pronto me vas a ver con pelo largo", cuenta el detective. Gremio de gente reservada, alimentado por mitos del cine y por las historias que se tejen sin cesar en las ciudades, el oficio está lleno de rutinas que suenan bizarras para quien no es del palo.
"Cuando estás siguiendo a alguien y se mete a un bar, vos también vas; pero ya sabés que pedís tu café y lo pagás automáticamente, por si tenés que salir rápido y continuar el seguimiento a las corridas", relata Claudio.
-
Te puede interesar
Malvinas: los más de 350 soldados que nunca volvieron de la guerra
Y después empieza a repasar algunos de sus casos.
Antecedentes
En la Argentina, es imposible hablar del ramo sin referirse a la ya legendaria Primera Escuela Argentina de Detectives, que desde 1953 y hasta la primera mitad de los 90` ofreció sus cursos en las revistas de historietas de la época. Su creador fue Máximo Dabbah, quien luego de algunas pesquisas decidió dedicarse a enseñar y vendía sus cursos por correspondencia a todo el país e incluso al extranjero.
De esa camada surgieron muchos profesionales y aficionados. Aunque, claro, otros se formaron en ámbitos policiales, militares o simplemente de manera autodidacta. Desde aquella época hasta hoy, los detectives privados han mantenido cierto volumen de trabajo.
Es que siempre hay alguien carcomido por una duda. Y si no lo hay, la larga sombra de Philip Marlowe, Hércules Poirot o el pionero Holmes hacen su magia para conquistar nuevas vocaciones.
Los infieles
Claudio se dedica a esto hace más de una década. Dice que las pistas -fotos, grabaciones- que recaba pueden ser certificadas por un escribano e incluso presentarse como prueba en un juicio. De todos modos, la mayoría de las consultas siguen siendo por infidelidad. O sea: un miembro de la pareja quiere saber qué está haciendo el otro, porque por algún motivo desconfía.
—¿Y desconfían más los hombres o las mujeres?
—Antes desconfiaban mucho más las mujeres. Ahora se equiparó, y te diría que las consultas están en un 50/50.
El entrevistado cuenta que en su larga carrera como rastreador de infieles, fue adquiriendo "yeites" importantes. Aprendió, por citar uno, que tenía que recabar evidencias y luego hablar con el cliente; no las dos cosas al mismo tiempo.
Claudio ilustra: "me pasó una vez que un señor sospechaba de su esposa y nos pidió seguirla. El flaco intuía que la mujer estaba saliendo con el profesor de fútbol del hijo, y efectivamente vimos que en la noche, ella -a pesar de que en teoría se juntaba con las amigas- estaba en una fiesta con este profesor. Entonces le avisamos al cliente al instante y el tipo se fue hasta el lugar...se armó un lío bárbaro".
Por eso -admite Claudio- los años y la experiencia otorgan el don de la discreción.
"En Argentina no debemos ser más de 15..."
—¿Y no te llegan a veces clientes con celos enfermizos? ¿Cómo los distinguís?
—¡Me ha pasado! Una vuelta un señor me contrató por dos semanas, porque creía que su pareja lo engañaba con alguien del gimnasio. Pero no era así. Me terminó pagando por un seguimiento de 6 meses, y su pareja no hacía nada oculto. Saludaba a la gente, pero porque era amable, no porque estuviera cometiendo una infidelidad. Lo de este sujeto eran celos enfermizos.
Como en el final de los libros, en este texto también cae la noche. Es inevitable imaginar al detective abriendo un whisky y viendo al sol que se esconde. Según cuenta el investigador, sus colegas no son muchos. "En Argentina debemos ser unos 15", calcula. Pero están.
A más de uno puede parecerle extraño que alguien pague a otra persona para que le averigüe cosas. Pero mientras haya incógnitas, sospechas o incluso fantasías existirán los detectives privados. Al fin y al cabo, ellos también son hijos del deseo.
- Entrevista: Federico Croce - Facundo García