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Medir la pobreza en Argentina: los límites del método oficial

El 32,3% de pobreza del Indec podría ser incluso mayor: mediciones incorporan inflación, derechos sociales y nuevas formas de medir las carencias hoy.


El Indec informó el 24 de septiembre de 2026 que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población (15,56 millones de personas) y la indigencia al 7,5% (3,61 millones) en el primer semestre de 2026, un salto de 4,1 y 1,2 puntos respectivamente frente al semestre anterior. Entre los menores de 14 años la pobreza llega al 44,5%, con una brecha regional amplia: 41,5% en el Noreste contra 13,9% en la Ciudad de Buenos Aires.

Pero un número creciente de economistas, y el propio Observatorio de la Deuda Social de la UCA, sostienen que esa cifra no capta toda la pobreza real, y que, si Argentina midiera como Estados Unidos, la Unión Europea u otros países de la región, el indicador sería más alto. Este artículo repasa cómo mide el Indec, qué le critican, cómo miden otros países y qué dicen ya las estimaciones alternativas.

Cómo mide el Indec: una canasta de alimentos y un multiplicador

El Indec calcula pobreza e indigencia con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva trimestralmente el ingreso de unos 40.000 hogares (~120.000 personas) en 31 aglomerados urbanos.

  • Línea de indigencia: el costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), un conjunto de 52 alimentos que cubre los requerimientos calóricos y proteicos de un adulto varón de 30 a 60 años con actividad moderada.
  • Línea de pobreza: la Canasta Básica Total (CBT), que multiplica la CBA por un coeficiente (la inversa del coeficiente de Engel) para sumar gastos no alimentarios — vivienda, indumentaria, transporte, salud, educación.

Un hogar es pobre si su ingreso no llega al valor de la CBT, e indigente si no cubre ni la CBA. Ambas canastas se actualizan cada mes por el Índice de Precios al Consumidor, pero la ponderación de fondo —qué alimentos, en qué cantidad, qué multiplicador— sale de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) de 2004-2005, adoptada recién en 2016; la encuesta de gastos más reciente (2017-2018) todavía no se incorporó a la metodología oficial.

El Indec calcula pobreza e indigencia con la Encuesta Permanente de Hogares.

Cómo mide la UCA: el mismo ingreso, más un índice de derechos

El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) replica el método monetario del Indec sobre su propia encuesta —de muestra más chica, unos 3.000 casos— pero además construye un Índice de Pobreza Multidimensional con seis dimensiones de derechos sociales: alimentación y salud, servicios básicos, vivienda digna, acceso educativo, empleo y seguridad social, y ambiente saludable.

En su informe de fines de 2024 la UCA registró 41,6% de pobreza multidimensional (frente a 39,8% un año antes), contra 38,1% de pobreza por ingresos que reportaba el Indec en el mismo período. La UCA sostiene que la mejora del ingreso monetario "sobrestima la caída de la pobreza en un contexto de cambios significativos en el sistema de precios que no se refleja en una mayor capacidad de consumo": muchas familias cruzaron la línea de ingresos sin mejorar sus condiciones materiales.

Las críticas metodológicas concretas

Especialistas del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas-UNLP) señalan tres problemas técnicos en el método del Indec.

  • Canasta desactualizada: los ponderadores son de la encuesta de gastos 2004-2005; la de 2017-2018 no se aplicó, pese a los cambios profundos en precios relativos —tarifas, transporte, alquileres— desde entonces.
  • Subdeclaración de ingresos: los hogares reportan menos ingreso del que perciben, un sesgo que se agravó entre 2021 y 2023 con la inflación alta.
  • Desfasaje temporal: se compara el ingreso de un mes con la canasta de otro mes, lo que en contextos de alta inflación (o de fuerte desinflación, como 2024-2025) exagera la magnitud de los cambios.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) replica el método monetario del Indec sobre su propia encuesta.

Corrigiendo por estos tres factores, Leonardo Tornarolli (Cedlas) estimó que la caída real de la pobreza entre el segundo semestre de 2023 y el primer semestre de 2025 fue de apenas 1,6 puntos porcentuales, muy lejos de los 10,1 puntos que difundió el Indec en ese lapso: la mejora oficial estaría sobreestimada y el nivel actual sería más alto que el publicado. La consultora Equilibra (Lorenzo Sigaut Gravina, Sebastián Lastiri, Gonzalo Carrera, Micaela Bassi) llegó a algo similar por otra vía: actualizando la canasta por la inflación reciente y corrigiendo la subdeclaración, calculó una pobreza de 43,3%, unos 9 puntos por encima del 31,6% oficial de ese momento. A esto se suma que el 35,6% de las necesidades básicas de los hogares pobres se financia con deuda —créditos, tarjetas, fiado— y no con ingresos propios: entre 75% y 80% se endeuda para comprar alimentos, con la morosidad en máximos de dos décadas. Para la UCA, buena parte de la salida "estadística" de la pobreza es, según mi entender, en los hechos una salida a crédito.

Cómo miden la pobreza otros países

Casi ningún país desarrollado usa lo que usa Argentina —una sola canasta de subsistencia, sin actualización periódica de hábitos de consumo ni dimensiones no monetarias— como indicador único y oficial:

  • Estados Unidos mantiene la medida oficial (10,6% en 2024) pero la complementa desde 2011 con la Supplemental Poverty Measure (SPM), que dio 12,9% el mismo año). El SPM ajusta el umbral por el costo de vivienda según la región y la tenencia (alquiler o propiedad), resta impuestos, suma beneficios estatales y descuenta gastos médicos necesarios: en California, de vivienda muy cara, el SPM trepa a 17,7%.
  • La Unión Europea no usa una sola cifra: publica el indicador AROPE (riesgo de pobreza o exclusión social), que combina pobreza relativa de ingresos, privación material y social severa, y baja intensidad laboral del hogar. En 2024 el Arope fue 21,0% de la población de la UE, 93,3 millones de personas, frente a 16,3% de la tasa de pobreza relativa "pura" (60% de la mediana de ingresos, dato 2024): el número sube apenas se agregan privación material y empleo.
  • México, Brasil y Chile tienen medición multidimensional oficial de la pobreza (ingreso más acceso a salud, educación, seguridad social y vivienda), algo que Argentina no tiene como indicador oficial único

Ningún país del primer mundo utiliza hoy un enfoque puramente calórico-alimentario como única vara oficial; la tendencia es sumar capas —relativas, de privación material, multidimensionales— que casi siempre elevan el número frente a una línea de subsistencia estrictamente monetaria.

Qué pasaría si Argentina midiera distinto: los números ya existen

No hace falta imaginar un experimento: ya hay estimaciones alternativas para Argentina, y todas dan más alto que el número oficial de ingresos. La dispersión —de 6,7% a 67,5%— existe porque cada método capta algo distinto: la NBI mide privaciones estructurales de larga data que cambian poco año a año; el ingreso mide capacidad de compra corriente, muy sensible a la inflación; los índices multidimensionales suman salud, educación, empleo registrado y entorno, carencias mucho más extendidas en Argentina que la sola insuficiencia de ingresos. El mismo patrón aparece al comparar con la Unión Europea y Estados Unidos: cada capa metodológica adicional —privación material, costos regionales, dimensiones de derechos— empuja el número hacia arriba, nunca hacia abajo.

No hace falta imaginar un experimento: ya hay estimaciones alternativas para Argentina, y todas dan más alto que el número oficial de ingresos.

Los límites del argumento

Conviene matizar la comparación.

  • Primero, no hay evidencia de manipulación deliberada, las decisiones metodológicas del Indec son "cuestionables y mejorables", pero no una alteración intencional de los datos. Deben revisarse las metodologías.
  • Segundo, la crítica no dice que el nivel esté siempre subestimado, sino que el desfasaje entre el mes del ingreso y el mes de la canasta distorsiona la magnitud de los cambios —exagera caídas en la desinflación, y exageraría subas en episodios de aceleración inflacionaria.
  • Tercero, en la comparación regional la línea argentina no es especialmente laxa: en dólares de paridad de poder adquisitivo equivale a unos 10 dólares diarios (2015), por encima de la línea de 6,85 dólares que el Banco Mundial usa para países de ingreso medio-alto, y Argentina tiene la tercera menor indigencia de la región, detrás de Uruguay y Chile.
  • Y cuarto, no existe una métrica "verdadera" única: una línea relativa mide algo distinto de una línea absoluta de subsistencia, y un índice multidimensional mide algo distinto de ambas. La elección de método no es neutral: depende de si se quiere saber cuánta gente no cubre necesidades mínimas hoy, cuánta vive muy por debajo del estándar típico de su sociedad, o cuánta tiene derechos sociales negados de forma estructural.

El dato del Indec —32,3% de pobreza, 7,5% de indigencia en el primer semestre de 2026— es correcto dentro de su propia metodología, pero esa metodología es angosta: una canasta alimentaria diseñada con hábitos de consumo de mediados de los 2000, comparada contra el ingreso corriente, sin ajuste regional y sin dimensiones no monetarias. Cuando se aplican los métodos que usan otros países y organismos —una canasta corregida por subdeclaración e inflación (Equilibra: 43,3%), un índice de derechos sociales (UCA: 41,6%), o una medida compuesta al estilo europeo o estadounidense (Arope, SPM)— el número sube, nunca baja.

Eso no prueba manipulación política; prueba que Argentina mide la pobreza con una vara más estrecha que la mayoría de los países con estadística social desarrollada, y que esa elección técnica, poco visible en la discusión pública, tiene un efecto directo y medible sobre cuántos argentinos aparecen —o no— contados como pobres.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, magister en sociología