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La lección de Lionel Messi que llevó a Argentina a cuartos: cómo transformar el error en una victoria

La clasificación de Argentina dejó una enseñanza que trasciende el fútbol: aceptar el error, confiar en el equipo y convertir la adversidad en fortaleza.


El 9 de diciembre de 2022, los argentinos asistimos a un hito de nuestra historia deportiva que hoy se conoce como “La Batalla de Lusail”. 140 minutos de disputa épica, en la que veintiséis jugadores se dieron a la tarea de emerger de la adversidad una y otra, y otra vez. De luchar contra la disparidad física, entre otros aspectos. Luchar contra gigantes.

Quepa la asociación con la cita del ponderado Profesor Alfaro, quien en conferencia de prensa tras eliminar a la Selección Paraguaya a Alemania dijo: “Cuando veas a un gigante, fijate dónde se posiciona el sol. Puede ser que esté proyectando la sombra de un enano”. Pues, hoy, y emulando esa epopeya de Qatar, en Atlanta, Georgia (EUA); pese a las embestidas de un equipo de hambrientos y osados egipcios, nuestra selección volvió a renacer como el ave fénix. A los 79 minutos de combate, la ilusión otra vez a iluminó los ensombrecidos rostros de los hinchas y gritos de desahogo sepultaron su silencio casi apneico. (A veces no hay pausa de hidratación que aguante).

Lo que siguió fueron 23-24 minutos de esperanza creciente, de euforia, de intensidad. Ésa, la que es nuestra y reconocemos como propia e idiosincrática. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin …” Y al fin, la victoria, el llanto que nos humana y fraterniza. ¿Qué pasó? ¿Qué medió allí donde la persona que encarnaba el ícono de la guía y la conducción pareció padecer sus propios yerros tras un segundo penal fallido, y otros tantos tiros libres frustrados? ¿Qué intervención divina trocó la suerte de la nave Odiseo para que finalmente llegara a Ítaca? Ninguna. Nada más allá que la terrena dimensión del error como algo posible, como un vecino o conocido de nuestra vida cotidiana. Acaso molesto y aún así, necesario. Parte.

Lionel Messi.

Lionel Messi, capitán argentino

Fue esa integración del error la que le permitió a nuestro Capitán Lionel Messi, una vez más, transformar lo que a priori luce como un fracaso, atravesarlo y convertirlo en victoria. Atlanta (cuya raíz griega viene de Atlas, el titán al que Zeus condenó a soportar el peso de los Cielos, ¿otro guiño de la mitología?) fue la ciudad que atestiguó hoy la versatilidad, la humildad y deseo de un fuera de serie. Que rehusando la posibilidad de quedar relegado de la pasión que más lo divierte y lo convoca, renegando de la propia e individual promoción como el futbolista más goleador del Mundial de Fútbol, tuvo la grandeza de flexibilizar lo preestablecido. Se dejó llevar por una idea increíble.

Cambió su propia posición habilitando otros espacios y otro juego para sus compañeros, y en un gesto de amor hacia ellos, y permítaseme decirlo con la algarabía que en este momento me habita y alentada por la proximidad del 9 de julio, amor por la patria y todos nosotros, entregó a Cristian Romero ese legado que una vez recibió de Javier Mascherano. Revirtiendo una vez más de manera superlativa un camino que parecía trazado hacia el desasosiego de un tránsito fútil por el Mundial.

Éste es un breve relato acerca de cómo volver a confiar y de volver a unirnos. De entender que incorporar la falla nos engrandece y nos habilita a crecer. Y a creer. Argentina en cuartos de final. El resto, el resto es historia.

* María Juana Brady. Médica Psiquiatra. Diplomada en psicología del Deporte. Medicina del Deporte.