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Guía para cuidar tu corazón en el próximo partido de la Selección argentina en el Mundial

El estrés que generan los partidos de la Selección argentina durante un Mundial puede impactar en la salud cardiovascular. Qué dicen los estudios científicos y cuáles son las recomendaciones para cuidar el corazón.


Hace años, cuando mi hija era chica, le leía La pelota y el arquero, un hermoso libro de Jorge Amado. Todavía recuerdo esa historia de amor, magia y fútbol que bien podría definirse como "cortita y loca como la vida misma". El cuento narra cómo Chambonazo, el peor arquero del mundo, se convierte en héroe gracias a la pelota que, al estar secretamente enamorada de él, hacía piruetas imposibles en el aire para cuidarlo y evitar hacerle un gol. Pensaba en esa complicidad estos días, porque explicar el fútbol para los argentinos desde lo esquemático y tangible es, evidentemente, un reduccionismo. Y el Mundial es una exageración de todo eso, seas o no fanático. Hay quienes no ven los partidos a modo de cábala o a quienes no les gusta el fútbol ni son supersticiosos y se someten a rituales para aportar un granito de arena a la alegría colectiva.

No parece, es así: los argentinos desarrollamos acciones mucho más estresantes que solo mirar el fútbol; lo sufrimos hasta el punto culmine de negociarlo con el destino. Como argentina entiendo perfectamente el fenómeno cultural, pero como cardióloga, me tengo que poner en una actitud reflexiva y entender que en cada cruce definitorio nuestro corazón se somete a una presión extrema. No es un cliché, es un dato clínico. Según un estudio publicado en el New England Journal of Medicine, durante los días en que jugaba la selección de Alemania en el Mundial de 2006, las emergencias cardíacas se multiplicaron por más de dos veces y media (2,66). La respuesta médica ante esta cifra es que el estrés emocional activa una descarga masiva de adrenalina que eleva las pulsaciones y la presión arterial de forma brusca en pocos minutos.

A nivel local, un estudio del Hospital Italiano de Buenos Aires registró que el promedio de emergencias cardiovasculares saltó de 2,09 casos diarios en condiciones normales a 3,18 durante períodos de Mundial. Independientemente del alza, acerquemos el dato a acciones cercanas para el común de la población: ver un encuentro agónico —digamos sufrir, gritar y abrazarse— nos desgasta el físico como si fuera una maratón de dos horas pero, en vez de hacerlo transpirando y haciendo ejercicio aeróbico, lo hacemos sentados en el sillón, con carnes, achuras o bizcochos, copas de vino o gaseosas. En la mayoría de los casos, estos cambios no representan un peligro, pero en pacientes con antecedentes cardíacos, hipertensión, diabetes, colesterol elevado o hábitos de riesgo, se recomienda tomar precauciones.

Y acá está lo preocupante: distintos estudios muestran que, durante eventos deportivos masivos, muchas personas modifican sus rutinas médicas. En pacientes con diabetes, por ejemplo, la adherencia al tratamiento puede descender de un 60% en días habituales a cerca del 44% durante los partidos de la Selección argentina. Lo mismo ocurre en personas medicadas por colesterol alto o hipertensión, en quienes se registra una clara baja en el cumplimiento del tratamiento durante las jornadas de alta expectativa futbolera. Entre la previa, las cábalas, el asado y los nervios, el paciente se olvida de su medicación. Volviendo al cuento infantil, el tratamiento funciona exactamente como esa pelota: hace piruetas invisibles para proteger al arquero. Si te olvidás de tomarlo justo antes de salir a la cancha, dejás a tu corazón solo ante todos los pelotazos del estrés.

Para mitigar las posibilidades de un posible problema cardíaco, las instrucciones son simples: la medicación nunca va al banco y hay que tomarla siempre, sea en primera ronda, octavos de final o la final. Por otro lado, combinar picadas, gaseosas y alcohol puede ser contraproducente; no hay que convertir cada partido en una excusa para excesos. El entretiempo también se juega y es un buen momento para pararse, caminar un poco y estirar, ya que mover la circulación ayuda a bajar la tensión acumulada. Finalmente, si el cuerpo pide cambio y hay dolor en el pecho, palpitaciones o falta de aire, no hay que esperar a que termine el partido. Como en todos los casos de salud, el tiempo es clave.

Como recordaba Jorge Amado en su libro, "el gol es la fiesta del fútbol", ese instante en el que todo el mundo se abraza. Está claro que hay pocas cosas que generan tanta conexión entre argentinos como ver jugar a la Selección argentina en un Mundial. Y sí, eso también es bueno para la salud; los abrazos y la felicidad colectiva. Pero no hay que olvidarse que la vida sigue, y el corazón es lo más importante.

* Claudia Paviotti es médica cardióloga