El dilema de los veteranos: el peso del sello británico en el pasaporte para volver a las Islas Malvinas
En diálogo con MDZ, dos veteranos contaron por qué decidieron regresar a las Islas Malvinas y qué opinan sobre el sello británico en el pasaporte.
Algunos veteranos se niegan a regresar a las Islas por el sello británico en el pasaporte.
Imagen ilustrativa generada con IAEn las últimas semanas, el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a ganar fuerza a nivel internacional, luego de que algunos jugadores de la Selección argentina festejaran la victoria ante Inglaterra, por el 2 a 1, en las semifinales del Mundial 2026, alzando un paño con la frase “las Malvinas son argentinas”. Ese gesto quedó inmortalizado en la transmisión televisiva y en las redes sociales, llegando a millones de personas y provocando que aumentaran un 2.400% las búsquedas globales en Google sobre Malvinas.
De esa forma, volvió a ganar repercusión el reclamo argentino por la soberanía de las Islas, que permanecen bajo el mando británico desde la ocupación que tuvo lugar en enero de 1833, y tras la Guerra de Malvinas que dejó un saldo de 649 soldados argentinos muertos durante el conflicto bélico de 1982. Pero, también, reavivó un debate interno entre los veteranos que decidieron regresar al archipiélago invadido para cerrar una herida y seguir “malvinizando”, y entre los excombatientes que prefieren no retornar ante el peso del sello británico en el pasaporte.
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Se trata de una de las discusiones más sensibles entre los veteranos, puesto que algunos se cuestionan si viajar actualmente a las islas implica legitimar la presencia británica por el uso del pasaporte o, por el contrario, constituye una forma de mantener viva la memoria y reforzar el vínculo argentino con el territorio. En ese contexto, MDZ habló con veteranos de la Guerra de Malvinas sobre el reclamo que sigue vigente en la sociedad y los motivos que los llevaron a realizar un viaje tan significativo.
Por qué los argentinos debemos presentar pasaporte para ingresar a Malvinas
Desde el 14 de julio de 1999, los ciudadanos argentinos que ingresan al archipiélago deben presentar un pasaporte vigente. Ese requisito forma parte del acuerdo firmado ese año entre la Argentina y el Reino Unido, que permitió restablecer el ingreso de visitantes argentinos a las islas después de las restricciones posteriores a la guerra de 1982.
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Desde entonces, cualquier argentino que quiera viajar a las Islas Malvinas deben tener en cuenta lo siguiente:
- Presentar pasaporte argentino vigente.
- Presentar pasaje de regreso.
- Contar con una reserva de alojamiento confirmada.
- Demostrar fondos económicos para la estadía en el archipiélago.
- Al ingresar, las autoridades migratorias otorgan un permiso de visitante.
Es por ello que, muchos veteranos mantiene su negativa a la idea de regresar mientras el ingreso implique presentar un pasaporte y permitir que las autoridades migratorias del Reino Unido coloquen un sello británico en el documento. Es más, la vicepresidenta Victoria Villarruel manifestó esa misma postura en octubre de 2025, cuando afirmó: “A Malvinas voy a entrar cuando las recuperemos. A mi tierra no ingreso con pasaporte”.
Sin embargo, para otros excombatientes y personas vinculadas a la causa, el paso administrativo no debería frenar el regreso de los argentinos al territorio en disputa. Daysi Rendo Gadea, periodista, viuda del veterano de Malvinas Carlos “Cacho” María Vergara Ruzo -piloto civil del Escuadrón Fénix- y titular de la Comisión Malvinas de Apera, considera que el debate debe analizarse desde otra perspectiva. “El pasaporte es un costo menor frente al beneficio de mostrar nuestra soberanía y presencia”, sentenció la periodista en diálogo con MDZ.
“Nuestro viaje les molesta”
Rendo Gadea pertenece al Escuadrón Fénix, integrado por pilotos y técnicos civiles que participaron de la guerra, como fue el caso de su esposo. Desde ese lugar, asegura que la discusión sobre viajar a Malvinas también está atravesada por la edad de quienes combatieron, sus enfermedades y las secuelas psicológicas del conflicto.
“Entiendo que los veteranos digan que no viajan porque no quieren que les sellen el pasaporte, ya que las Malvinas son argentinas, y estoy de acuerdo”, reconoció. No obstante, Daysi tuvo la posibilidad de viajar a las Islas en febrero de 2026, junto a los veteranos Héctor Tessey y Juan Carlos Yorio, y fue esa experiencia la que le hizo ver las cosas desde otra perspectiva. Ella viajó, según relató, para conocer el suelo que su marido supo defender décadas atrás, en búsqueda de cerrar esa herida.
Fue después de su propio viaje que llegó a esta conclusión: “La realidad es que o viajamos ahora o no vamos a conocer las islas, especialmente quienes vivimos la guerra”.
Durante su estadía, vio a unas islas “pujantes”, pero que, buena parte de ese desarrollo genera beneficios económicos para el Reino Unido y no para Argentina. También reparó en la presencia de personas provenientes de distintos países que se radicaron allí. Según lo que pudo ver, la población extranjera incluye habitantes provenientes de Santa Elena, Chile, Uruguay, África, Venezuela y distintos países asiáticos. “La gran diferencia es que un argentino no puede ir a trabajar, alquilar o comprar una casa allí”, señaló.
Pero lo más impactante para ella fue el sentir que la presencia de argentinos en las islas genera incomodidad entre los kelpers. “Sentí que nuestro viaje les molesta. Molestamos caminando por Puerto Argentino, por los campos de combate y mirando su manera de vivir”, manifestó.
Para ella, esa presencia también puede convertirse en una forma de mantener vigente el reclamo. “Necesitamos la mayor cantidad de viajeros argentinos paseando y tomando mate por las islas”, expresó, invitando a la sociedad argentina a “malvinizar” en el territorio invadido.
La mirada de un veterano que volvió a Malvinas después de 44 años
Juan Carlos Yorio fue oficial del Ejército durante la guerra. En 1982 se desempeñaba como instructor en Campo de Mayo y fue destinado al Regimiento de Infantería 12, que primero se trasladó hacia el sur y luego cruzó a Malvinas. Llegó al archipiélago aproximadamente el 20 de abril. Durante el conflicto estuvo a cargo de tareas de instrucción y formó parte del equipo de combate Solari.
En diálogo con MDZ, Yorio aseguró que siempre había pensado en regresar a la zona del conflicto pero que, hasta diciembre de 2025, no creía que fuera posible. Entonces, un veterano le contó que estaba organizando un grupo para viajar en febrero de 2026 y, sin dudarlo, aceptó. Según contó, en las islas pudo reencontrarse con lugares que habían formado parte de su experiencia durante la guerra. Uno de los momentos más significativos fue encontrar el puesto comando que había ocupado durante el conflicto.
También pudo recorrer de día el camino que había realizado durante una noche de combate, cuando las condiciones eran completamente diferentes. “De noche no veía nada y de día pude ver un montón de cosas. Las explosiones en aquel momento iluminaban el lugar solo un instante. Ahora vi cómo era en verdad el terreno”, relató.
El oficial también observó cómo cambió Puerto Argentino en estos años. En febrero, encontró más viviendas, vehículos y rutas, además de una infraestructura muy diferente a la que recordaba de 1982.
Su experiencia con los habitantes de las islas tampoco estuvo marcada por enfrentamientos. Incluso contó que, durante una excursión, hizo dedo y fue trasladado por una mujer cuyo marido había nacido en las islas y había vivido en Pradera del Ganso. Cuando le explicó que era militar y que había combatido allí, el hombre reaccionó de manera cordial. “No noté que nos siguieran; creo que ya deben estar acostumbrados porque el turismo les sirve como fuente de ingresos”, indicó.
“El pasaporte es solamente un papel”
En cuanto al debate, Yorio reconoció que ingresar a las islas con pasaporte y, como si fuera poco, permitir el sello, resulta difícil de aceptar para un argentino. “Tener que sellar el pasaporte por un país extranjero para ir a un lugar que es nuestro es completamente inaceptable”, sentenció.
Pero, a su vez, reconoció: “El pasaporte es solamente un papel que puedo tirar a la basura o quemar; es nada más que un trámite administrativo”. Para el veterano, el valor de regresar fue superior a ese trámite. Es más, consideró que volver a las islas puede reforzar el sentimiento de pertenencia incluso entre quienes no estuvieron durante la guerra. “El sentimiento de volver ahí era superior a cualquier sellado. Hoy mismo no tiene más que un valor simbólico mínimo”, agregó.
El regreso de un soldado conscripto
Miguel Ángel Rodríguez llegó a Malvinas como soldado conscripto. Había realizado el servicio militar durante 1981 y recibió la baja el 5 de marzo de 1982. Un mes después fue convocado nuevamente pero para combatir en el archipiélago invadido. Cuarenta y dos años después, en 2024, tuvo la posibilidad de regresar a Malvinas como parte de un viaje organizado por el municipio de Merlo. La experiencia quedó registrada en el documental Malvinas: Legado de sangre, que posteriormente obtuvo un reconocimiento en Los Ángeles.
“Yo quería cerrar una historia. No podía dejar que pasara el tiempo; ya uno está grande y no podes analizar el viaje de acuerdo al estado de salud. No podés caminar lo que caminamos nosotros hace poco”, dijo Rodríguez a esta periodista, y reveló su postura respecto al sello en el pasaporte: “El pasaporte era lo de menos para poder cumplir esa meta. Aparte, festejé mi cumpleaños ahí. Yo cumplí 64 años el 20 de diciembre estando en las islas. Fue algo muy especial para mí”.
Durante su viaje, visitó distintos lugares en los que no había estado durante la guerra y fue, inclusive, al cementerio de Darwin, donde están enterrados los que fueron sus compañeros de regimiento. “Yo perdí once compañeros de mi regimiento”, confesó, por lo que en el cementerio eligió recordar a uno de ellos, el “Tano” Orisbergher, y dejarle un sentido mensaje. “Le dije: ‘Tano, vos estás acá, pero en tu barrio han puesto una escuela con tu nombre, te están recordando’”, recordó.
El debate que aun sigue vigente y la necesidad de malvinizar el territorio invadido
En la misma charla, Miguel reconoció que, pese a invitar a sus pares a viajar, existe una contradicción en el regreso a Malvinas: cada visitante que viaja también aporta económicamente al territorio que se encuentra bajo administración británica. “La parte mala es que les estamos dando dinero que necesitan para poder seguir estando”, consideró Rodríguez.
Rendo Gadea, en cambio, pone el foco en lo que considera el beneficio político y simbólico de la presencia argentina. Entiende que el desafío actual consiste en sostener el reclamo y transmitirlo a las nuevas generaciones. “1982 fue importante, pero hay que mirar al futuro y educar”, planteó. En esa estrategia, considera que viajar puede ser una herramienta más para mantener vigente la cuestión Malvinas.
La discusión, así, continúa abierta entre los propios veteranos. Para algunos, el sello británico representa una concesión inadmisible. Para otros, es un leve costo administrativo frente a la posibilidad de volver, recorrer el territorio, recordar a quienes quedaron allí y mantener presente el reclamo argentino.
“Debemos mostrarnos pacíficamente como los dueños del territorio, recorriendo las islas desde todos los ángulos”, concluyó Daysi Rendo Gadea.