ver más

De la revista de su pueblo al streaming, Maru Duffard: "Hoy la pelea es por la atención"

Maru Duffard repasó sus comienzos como periodista, los años junto a Jorge Lanata y su presente entre la maternidad, el periodismo y los nuevos formatos.


Maru Duffard tenía entre 14 y 16 años cuando empezó a publicar en La Voz Dinámica, la revista de La Dulce, el pueblo bonaerense de 2.500 habitantes donde creció. Desde entonces, le dijo a MDZ, nunca dudó de que quería ser periodista, aunque nunca imaginó su futuro en la televisión.

Su recorrido la llevó de la gráfica a la radio y de allí a la pantalla. Pasó por Clarín, trabajó durante años junto a Jorge Lanata en Periodismo Para Todos (PPT), condujo en TN y compartió con Luciana Geuna el ciclo Verdad Consecuencia. Hoy está al frente de Infobae al Mediodía y transita una nueva etapa profesional en el streaming.

La entrevista completa a la periodista política Maru Duffard.

En diálogo con MDZ, Duffard volvió sobre sus primeros pasos, recordó la exigencia de trabajar con Lanata, habló del vínculo entre el periodismo y el poder y contó cómo la maternidad modificó sus prioridades. También analizó las diferencias entre la televisión y el streaming y el desafío actual de captar la atención sin perder de vista qué se tiene para contar.

Los primeros pasos en La Dulce y una vocación que apareció temprano

—Quiero arrancar por tus comienzos, por el inicio de tu carrera. Sos de La Dulce, un pueblo cercano a Necochea, y empezaste en la revista La Voz Dinámica. ¿Cómo fueron esos primeros pasos y en qué momento dijiste “me quiero dedicar a esto”?

—Bueno, lo de “para toda la vida”... Mi pueblo es muy chiquito, queda muy cerca de Necochea y tiene 2.500 habitantes. A mí me tocó el cambio de la reforma educativa con el polimodal, que empezó con mi grupo y terminó con mi grupo porque, bueno, fracasó esa política educativa.

En ese momento estaba esta revista, que, como bien decís, se llamaba La Voz Dinámica, de mi pueblo. Y, en el marco de un proyecto —ahora ni siquiera me acuerdo bien cómo arrancó—, estaba la posibilidad de escribir en la revista y yo empecé a publicar. Una vez cada 15 días, no sé. Hace un montón: yo tenía entre 14 y 16 años. Una vida.

Y yo tenía muy presente que quería ser periodista. La verdad es que nunca dudé. Viste que a veces hay una crisis vocacional y todo eso; yo no. Yo sabía que quería ser periodista. Siempre digo que no sé bien hacer otra cosa. Vivo de esta manera: voy caminando, hablo con alguien y pienso “esto es una nota”. Mi marido es periodista y digo “esto es una nota”. Es como una manera de estar en el mundo. No lo puedo evitar, no sé cómo decirte.

Lo que nunca me imaginé es que iba a trabajar en televisión. Yo siempre pensé en el periodismo gráfico, tengo cabeza de gráfica, me formé en gráfica. Después, con mi paso por Canal 13 y TN, mi cabeza aprendió a contar historias y noticias en formato audiovisual, con imágenes, y a entender el valor que tienen esas imágenes.

A veces hay una rivalidad no dicha entre la gráfica y la tele. Cuando estás en gráfica, pensás: “Los de la tele dicen boludeces, hacen show y nosotros somos los serios, de quienes después levantan las noticias”.

—Y ahora estás en streaming. Pasaste por todos los formatos.

—Sí, ahora estoy en streaming. Pero la televisión a mí me enseñó muchísimo. Si bien siento que mi manera de hacer tele y de hacer periodismo está formateada desde la gráfica, desde el trabajo de chequear la información, de buscar información de primera mano y de encontrar esas historias, la tele te enseña que tenés que contar una historia para alguien que la está viendo y no necesariamente escuchándola.

Entonces, la potencia que tienen una imagen, un testimonio o la voz del otro a veces es incontrastable e inigualable.

Pero, volviendo a La Voz Dinámica, en ese momento, por eso te contaba lo de la reforma educativa, en mi pueblo teníamos un solo colegio secundario, que era Perito Mercantil. El polimodal implicaba distintas ramas. A mí siempre me interesaban Sociales y Humanidades, pero esa posibilidad no estaba porque había un solo colegio.

—Era prácticamente lo opuesto a lo que te interesaba.

—Sí. Contabilidad y todo eso no me interesaban. Y en ese momento escribí una nota sobre la situación de la educación en la Argentina contando lo que pasaba en la escuela. Se armó un revuelo total. Las profesoras me odiaron, llamaron a mi vieja a la escuela, fue todo un caos.

Esto te lo cuento para decirte que yo vibro el periodismo de esa manera. No me llevo muy bien con esta cosa del periodismo complaciente. Hay una relación de tensión entre el poder y el periodismo y por eso, después, me parece que también terminé haciendo periodismo político.

Me parece que está bien, que es como tiene que funcionar y que es razonable que el Gobierno tenga una relación de tensión con el periodismo por una disputa de poder. Me parece sano. Después hay violencia, hay cosas que no están buenas, hay comportamientos antidemocráticos y un montón de otras cuestiones. Pero esa tensión me parece sana.

El periodismo, las redes y la pelea por captar la atención

—¿Sentís que el rol del periodismo es el mismo hoy que cuando arrancaste? También existe este debate sobre si el periodismo sigue siendo o no el cuarto poder.

—No sé bien qué contestarte a eso porque hoy, a diferencia de cuando yo arranqué, me parece que las redes sociales y la forma que tienen las audiencias y la gente en general de informarse cambiaron. Hoy consumimos todo mucho más fragmentado y ya no están esos grandes públicos, o sí, pero no tanto.

Entonces, toda la información y los productos están mucho más direccionados y pensados. Los algoritmos también colaboran con eso y aparece el sesgo de confirmación.

—Las cámaras de eco de cada uno.

—Sí. Y me parece que hoy las audiencias tampoco buscan solamente el dato duro o la información. Por ejemplo, la primicia hoy es anecdótica. Es algo para los periodistas. Nadie se acuerda de quién publicó algo primero; sí se acuerdan de qué dijo alguien sobre un tema, de ese doble clic, de una mirada o un punto de vista.

Pero antes también sucedía. Al final del camino, lo que importa es un punto de vista sobre un tema. Nosotros en PPT teníamos un trabajo que, para mí, es de lo mejor que hicimos: instalar un tema.

De repente tenías un montón de ruido mediático y nosotros decíamos: “Che, pero mirá que está pasando esto”. Y te contábamos una historia. Lo que generaba eso era que después se terminaba ampliando y lográbamos instalar un tema de conversación pública y mostrar algo que tenía interés público y trascendencia.

En su momento fueron casos de corrupción, pero Jorge Lanata logró, para mí, traducir y explicarle a una persona que de repente tenía un quilombo para llegar a fin de mes por qué la corrupción le importaba.

—El famoso “¿en qué me afecta?”.

—¿En qué me afecta? En que esa guita que podría estar destinada a solucionar tus problemas está en otro lado, en el bolsillo de alguien donde no debería estar. La plata que está en un lugar falta de otro.

Y después hay una enseñanza también respecto de esto del rol. Jorge decía que quienes hacemos periodismo en televisión, además, tenemos que entretener. Porque yo puedo tener una gran verdad, ser la mejor de las mejores, una genia total, pero si nadie me escucha, no tiene sentido.

Entonces, hoy que la disputa es por la atención, me parece que ese es el desafío para todos. Seas periodista profesional o no —porque el periodismo no está colegiado en la Argentina y es un oficio—, lo primero que tenés que conseguir es que alguien te escuche, que alguien te preste atención, que te viralices, podría decirse en los términos de hoy.

Pero después tenés que tener algo para decir y eso tiene que valer la pena. Porque vos te podés viralizar, pero también te podés viralizar para que te puteen o para que digan: “Mirá la pavada que dijo”. Me parece que tenés un primer desafío, que es estar y lograr la atención. Y el segundo es tener algo para contar.

Lo que aprendió de Jorge Lanata: exigencia, respeto y audiencia

—Hablaste de Jorge Lanata. ¿Qué cosas sentís que todavía conservás de su forma de trabajar?

—La exigencia, la idea de dudar, pero también el respeto. Jorge tenía una cosa muy exigente a la hora de laburar. Era 24/7. El periodismo es una forma de vida, no es un trabajo.

También esto que te decía del entretenimiento, del concepto de saber entretener y de no tener una cosa pretenciosa al final del camino. Lograr llegar a las audiencias y conectar con “la antena de la gente”, decía Lanata.

Pero después él decía que tenemos que poder entrevistar a todos y abordar todos los temas, incluso entrevistar a aquellas personas con las que no pensamos lo mismo. Y, cuando la tenés enfrente, hacerle una entrevista respetuosa.

Porque no hay que perder de vista que vos no estás intentando lucirte, sino que estás haciendo una entrevista para los demás. Jorge tenía algo muy presente siempre, que era la audiencia. Tenía muy claro para quién estaba laburando: era el público.

La cocina de PPT y el nivel de exigencia de Lanata

—Dame un ejemplo práctico de esa exigencia de Jorge Lanata. Llevanos a la cocina de PPT, cuando arrancaste.

—Yo me sumé a PPT en 2013. Primero con Jorge trabajé en las columnas. Yo hacía el trabajo de producción de las columnas de la página 2 del diario Clarín, y además era mi primer año en Clarín.

Con lo cual, cuando a mí me llamaron y me dieron un papelito amarillo en el que me dijeron: “Llamalo acá, va a estar esperando tu llamado Jorge Lanata”, casi me muero. ¿Entendés?

—¿Qué te pasó por el cuerpo en ese momento?

—No lo podía creer. No podía creer que iba a trabajar con Lanata. Era un poco de cagazo y un poco de adrenalina.

—¿Cuántos años tenías?

—Veintisiete.

—¿Te agarró el síndrome del impostor, esa sensación de decir “qué hago acá”?

—No tenía mucho tiempo para pensar, la verdad. Yo soy como mandada en ese sentido.

Cuando empecé a laburar acá, en la Ciudad de Buenos Aires, trabajaba para un sitio, La Política Online, y me dijeron: “Bueno, vas a cubrir Ciudad. ¿Vos conocés la Ciudad de Buenos Aires?”. “Sí, sí, yo sé todo”.

Yo andaba con la Guía T en la cartera, ¿entendés? O sea, no solo no conocía quiénes eran los legisladores ni cómo funcionaba la Legislatura, sino que tampoco conocía las calles de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero las cosas se aprenden. Lo que hay que tener es una actitud. Si vos no tenés actitud, eso no lo vas a aprender en ningún lugar. Eso lo tenés o no lo tenés.

Y Jorge eso lo olía. Lo veía venir. Y la exigencia... Jorge te llamaba a cualquier hora, en cualquier momento del día.

—¿Podías tener un llamado de Lanata a las tres de la mañana?

—Nunca me llamó a las tres de la mañana, pero sí me ha llamado los fines de semana. Además, llamaba por teléfono. Sin avisar, te llamaba directamente.

Podías estar en un cumpleaños y era Jorge. Era como: “¿Qué es esto?”. Cuando escribía la página 2, por ejemplo: “Me mandaste 25 páginas, no tenés una mierda. Hacelo de nuevo”. Cuando le mandaba muchas cosas era porque no tenía nada. Tenía razón, en general.

O cuando no le gustaba algo de cómo había salido o creía que habíamos hecho algo mal.

Te voy a contar una, total... Una vez me equivoco en una nota en PPT. Sale al aire y, cuando la veo, chusmeo Twitter y ya me estaban reputeando. Entonces, cuando termina la nota —estábamos al aire, en el piso—, digo: “No, Jorge, quiero aclarar porque en la nota...”.

Jorge odiaba que hiciéramos eso.

—Una fe de erratas en vivo.

—Sí, y además sin charlarlo con él.

Eso pasó un domingo. En la reunión de producción del lunes me dice: “¿Por qué? Porque seguro que miraste Twitter y porque decían en Twitter...”. Jorge decía que Twitter era la puerta de un baño público.

Yo le dije: “No, lo vi porque escuché a la tribuna”. Por supuesto que yo había mirado Twitter y, por supuesto, había hecho la aclaración por Twitter. Pero para ese momento ya hacía muchos años que trabajaba con Jorge y sabía que no le iba a reconocer eso.

Entonces, cuando le dije lo de la tribuna, que ese era su termómetro —nosotros hacíamos PPT con público y en vivo—, me miró y me dijo: “¿Escuchaste eso?”. Y zafé, porque si no...

Pero eso era Lanata: “Confiá en vos y confiá en mí”. En el sentido de: “Yo manejo el aire, yo manejo esto. Seguime”.

Además, Jorge no usaba cucaracha. El productor no le podía hablar a Lanata. No había talkback con él, ni con nosotros tampoco. Él era el dueño del aire.

De Clarín a la radio y la televisión

—¿Y cómo fue tu recorrido en esos años entre Clarín, Lanata, la radio y la televisión?

—Hice cosas en simultáneo. Yo entré a Clarín en 2010 y en 2011 ya empecé a trabajar en las columnas con Jorge. En 2012 hice un reemplazo de Luciana Geuna en Mitre y en 2013 seguía en Clarín, en el diario, pero además me sumé a PPT y a la radio.

Ahí hice todo en simultáneo hasta 2016. Después, en 2016, me fui del diario y me quedé solamente en la televisión.

El regreso de la licencia por maternidad y un cambio inesperado en TN

—Después fuiste mamá. Cuando terminó tu licencia volviste a la televisión y ya no tenías el mismo lugar. ¿Cómo fue el día después de enterarte de eso?

—Fue duro, no te voy a mentir. Fue duro, la verdad.

—Estabas en TN Central.

—Claro, yo conducía TN Central. Después de muchos cambios, muchas idas y muchas vueltas, cuando arranqué la conducción ya estaba embarazada. Nosotros empezamos en marzo e Isabel, que es mi primera hija, nació en abril. Entonces fue muy poquito tiempo.

Yo me tomé cinco meses y, cuando volví, la tele había cambiado, ese lugar había cambiado. Me contaron que iba a seguir en TN Central, pero ya no como conductora y que el programa cambiaba.

La verdad es que fue duro. Fue duro y nunca terminé de entender bien qué fue lo que pasó.

Pero también pienso que, hoy con el diario del lunes, eso me sirvió. Porque yo venía con todo hacia arriba y las oportunidades laborales y profesionales me estaban llegando incluso antes de que las hubiera soñado. Me llegaban oportunidades y lugares antes de que siquiera los hubiera pedido.

Y esto fue como el primer hecho inesperado, algo en lo que yo hubiera querido seguir.

Pero, al mismo tiempo, tenía mi programa, tenía Verdad Consecuencia con Luciana, y eso se mantuvo. Fue un ciclo del que aprendí muchísimo y al que quise muchísimo.

También siento que terminó con mi segunda hija porque, de hecho, el último programa de Verdad Consecuencia que hicimos con Lu fue el primero en el que yo volví a la tele después de tener a mi segunda hija. Hice ese programa de Verdad Consecuencia y después no volví más a TN.

Maternidad, trabajo y la decisión de aprender a decir que no

—¿Cómo transitás la maternidad con esta forma de vivir el periodismo que describías antes? ¿Cómo hacés para trabajar en simultáneo y ser una mamá presente?

—Intento ser una mamá presente. Hay muchas cosas que me pierdo también de la maternidad, o de la crianza, pero yo postergué mucho mi maternidad. Tuve a Isa a los 37 y entonces hay cosas que no... A ver, hay cosas que no estoy dispuesta a perderme.

Hay un montón de trabajos a los que les dije que no. En un momento, de hecho, cuando Jorge me pidió volver a la radio —yo todavía estaba en la tele, después de la pandemia, en 2020—, le dije que no.

Y era porque yo a la mañana estaba con Isa. Si a la mañana me iba a la radio, ¿cuándo iba a estar con Isa? Y, además, ¿cuándo iba a estar entera?

Porque hacer cuatro horas de aire en la radio más dos horas que yo tenía de aire en la tele, más toda la producción —porque yo laburo un montón en la producción—, más los cafés, las fuentes... Dije que no.

Y no me arrepiento. Me costó un montón decidirlo porque era Jorge el que quería y, para mí...

Pero hoy elijo qué hacer y siento que eso también es estar en otro lugar. No quiere decir... Hay un momento en el que uno hace todo, ¿viste?

Y hay un momento en el que, como también me enseñaron, a veces menos es más. Elegir en qué lugares estar y estar mejor en esos lugares también te ubica de otra manera.

Y te permite, en este tiempo de tanto bombardeo informativo, tantas voces, tantas cosas que todo el mundo dice, habla y opina, pensar que quizá menos, pero mejor, es más asertivo.

Yo creo que logro un buen equilibrio entre la maternidad y el laburo. Y me parece que vivir mi profesión con responsabilidad y con pasión —porque a mí me encanta lo que hago y me parece que eso se nota—, y que cuando estoy en una nota mis hijas lo vean, creo que en el futuro les va a servir.

Me parece que ser una mujer independiente es un mensaje importante. A mí me lo dio mi mamá y yo se lo doy a mis hijas. Hacer algo que les apasione, no depender de nadie, en el sentido de tener una vida plena, me parece importante.

Y que yo sea una madre que tiene sus objetivos y sus sueños independientemente de ellas creo que también les da mucha libertad.

El streaming, otra velocidad y una nueva forma de hacer periodismo

—Pasaste por la gráfica, la radio, la televisión y ahora el streaming. ¿Qué tiene de distinto este formato? ¿Qué cosas hace mejor la televisión y cuáles hace mejor el streaming?

—Creo que el streaming te da tiempo, y eso me parece que está buenísimo. La tele hace que corras todo el tiempo y que todo sea efecto, efecto, efecto. En el streaming podés buscar.

En el streaming tenés un largo y un corto, porque tenés un tiempo del largo y después están los cortecitos, que son como los títulos.

—Los clips.

—Claro. Los clips y los reels. Y eso en la tele no es posible porque tenés el minuto a minuto y, si algo no funciona en 25 segundos, pasás a otro tema. Esa es la tele de hoy.

No reniego de eso, está bien. Pero es otro formato.

Yo estoy súper contenta con el streaming. Creo que en Infobae en Vivo y en Infobae al Mediodía, en particular, logramos una dinámica de equipo que me parece que traspasa la pantalla, que se nota.

Hay una comunidad y tenés idas y vueltas con el chat. Está Andrés Servín, que es el “Servín power” del programa, que interactúa con el chat, lo maneja. Pero también tenés a Pérez Mayor, al que hacemos como el gruñón.

Y tiene los jueguitos. Entonces cada uno tiene un personaje. O Facu Cablan, que es como el niño de la mesa.

Y del otro lado está la producción. El productor está súper presente en el streaming, algo que por ahí en la tele no pasa tanto. Vani Gasparotti, que es mi productora ejecutiva, trabajó durante años en televisión y fue productora de Telenoche. Años, y quizá nadie sabía quién era. Ahora está súper presente en el programa.

Eso tiene el streaming: es más relajado. Es menos careta en algún lugar.

El mensaje que le daría a la Maru de 16 años

—Para cerrar: ¿qué le dirías a aquella Maru que arrancó con 16 años en una revista de un pueblo de 2.500 habitantes sobre todo lo que consiguió hasta hoy?

—Que disfrute del presente porque el futuro va a estar espectacular, pero que disfrute un poquito más del presente, del momento.