Científicos que garpan: el invento argentino que vino a mejorar el vino

Uno es doctor en Ciencias Químicas y el otro en Geología. Juntos diseñaron un sistema basado en sensores biológicos para reducir a un octavo el costo de uno de los procesos más ineficientes de la industria vitivinícola y ahora dejaron el hermetismo de sus laboratorios y la lógica de las publicaciones académicas poner los pies en la calle y comercializar ellos mismos su propia creación. Mirá el video.

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Ignacio de Villafañe

Todo lo que se relaciona con Fausto Comba (36) y Lucio Simonella (35) desconcierta. Y desconcierta para bien, vale aclarar. Se presentan de remera y jean y después de haber recorrido en su auto cuántas bodegas encontraron sobre el camino para mostrar un producto que, aseguran, "tiene mucho para ofrecer". Nada de esa actitud de vendedores puerta a puerta permite adivinar, antes de que ellos mismos lo aclaren, que uno es investigador del Conicet y el otro de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y que ambos cuentan con estudios posdoctorales y trabajos internacionales realizados en su haber.

Y que "todo desconcierta" quiere decir, efectivamente, que todo desconcierta. Porque hasta el producto que ofrecen -una máquina de creación propia que permite medir el nivel de alcohol del vino de forma más práctico, con mayor precisión y a menor costo- parece más un gabinete antiguo de computadora antes que lo que realmente es: un procesador biotecnológico de alta eficiencia e industria 100% nacional.

"Novosens" -ese es el nombre comercial con el que Comba y Simonella dan a conocer el producto- es un proyecto que busca mejorar un proceso de importancia poco conocida para aquellos que no pertenecen a la industria del vino: la determinación del porcentaje de alcohol etílico que tiene la bebida.

"Actualmente hay dos alternativas para medir el alcohol en el vino", explica Simonella y sigue: "Una se basa en destilar el vino, dejarlo enfriar y medir luego la muestra con un densímetro que se importa desde Francia. Esta técnica es manual y su proceso insume 30 minutos de tiempo, además de que derrocha muchísima agua", explica quien también es doctor en Geología.

"Es una técnica muy tradicional", acota Comba, doctor en Ciencias Químicas, en relación el método descrito por Simonella y subraya que, además, se trata de "una técnica física e indirecta que se desarrolla manualmente e insume 30 minutos de tiempo por muestra, algo que deriva en un derroche innecesario de agua".

El otro método, que no requiere destilación, entra en juego cuando la producción de la bodega es de mayor volumen y la cantidad de muestras que deben analizarse es demasiado grande como para dedicarle media hora a cada una. "Aquí se usa una tecnología conocida como 'FOSS' basada en sensores infrarrojos importados desde Dinamarca que resultan más rápidos que el método tradicional, ya que demora solo 3 minutos por muestra, pero sin por eso convertirse en un método preciso", dice Comba.

"Ante estos problemas, lo que nosotros hicimos fue poner los conocimientos que adquirimos con nuestras investigaciones sobre biocensores al servicio de la industria del vino", lanza el químico.

En palabras de los científicos, las ventajas del producto que diseñaron son amplias en múltiples aspectos. En primer lugar, el biosensor que ellos utilizan es mucho más preciso que cualquiera de los métodos descritos. En segundo lugar, esta máquina desarrollada por Novosens permite automatizar el análisis de las muestras, algo que con los sensores infrarrojos no es posible hacer. Por último, el costo de utilizar esta técnica es significativamente menor, con un valor de mercado inferior a los 5.000 dólares frente a los 40.000 dólares aproximados que sale utilizar un equipo FOSS.

Una apuesta al país

"Cuando comenzamos este proyecto lo único que buscábamos era desarrollar un producto que pudiera producirse íntegramente en Argentina, sin necesidad de que para llevar a cabo la tarea se precise comprar elementos caros de Francia o Dinamarca", explica Simonella. "Terminamos inventando una nueva máquina que no solamente resultó ser más barata sino también mucho mejor", asegura después el investigador.

Para este equipo de académicos con vocación pragmática, la idea de aprovechar el potencial productivo de Argentina para llevar a cabo su proyecto fue un eje central. "Nosotros tenemos una visión de país y del rol que debe tener la investigación en el país", confiesa el geólogo y luego redobla la apuesta: "Creemos que no alcanza con la meritocracia y entendemos que si países como Alemania o Corea del Sur crecieron como crecieron fue gracias a la investigación".

"Hoy vemos que muchos colegas se van en parte porque los sueldos son más altos afuera pero también porque afuera se puede trabajar en investigación más libremente que acá", añade Comba en sintonía con su compañero. "Nosotros apostamos a quedarnos acá y nos planteamos salir del laboratorio para acercar la ciencia a la gente y así ayudar", concluye.

Mirá el video y escuchá a Comba y Simonella explicar desde la redacción de MDZ cómo funciona su invención.

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