¿Administrar la decadencia? La crisis de las escuelas religiosas exige "reinventarse con creatividad"
Cierres de escuelas religiosas revelan una crisis de identidad y gestión. La administración profesional surge como clave para sostener su misión educativa.
Las congregaciones deben plantear un gobierno central competente.
Archivo MDZLas congregaciones religiosas, cimiento histórico del sistema educativo en Argentina, enfrentan un profundo dilema de supervivencia. Los cierres de escuelas, que en los últimos años han conmocionado a comunidades enteras, no son un fenómeno aislado sino la manifestación más dramática de una crisis de identidad y gestión que se arrastra desde la segunda mitad del siglo XX.
La socióloga experta en vida religiosa, Ana Lourdes Suárez, en un agudo análisis sobre la situación actual, sentencia en su último libro sobre las Religiosas Argentinas: “la gran cantidad de obras que gestionan responden más a su pasado que a su presente”. Esta falta de sintonía con la realidad actual, sumada a la creciente complejidad de la "regulación estatal", convierte la administración de sus instituciones en una tarea cada vez más insostenible.
Consecuencias de los cierres: el trauma comunitario
La decisión de cerrar una escuela no solo afecta a la congregación, sino que tiene un impacto directo y a menudo traumático en la comunidad educativa. La pregunta sobre las obras es, en definitiva, una pregunta sobre la identidad misma de la congregación, apunta Suárez. Para la comunidad, el cierre significa la pérdida de un anclaje institucional, un punto de referencia que va más allá de lo meramente pedagógico.
Suárez lo describe como un proceso de desprendimiento y duelo. Al verse obligadas a dejar su obra, las religiosas entran en un periodo de duelo. Para la comunidad educativa, el desprendimiento genera incertidumbre y dolor. La opción de traspasar la escuela a la diócesis o a otro grupo religioso es una respuesta habitual, pero suele ser "traumático por la conservación misma del carisma" de la institución original. Los padres y alumnos se ven forzados a buscar una reubicación, enfrentando la angustia de la disolución de un proyecto educativo de vida. En este contexto, la "pseudorespuesta" de intentar compartir el carisma con laicos se presenta, paradójicamente, como un paso previo al inevitable duelo por el desprendimiento total de la obra.
La enfermedad interna: una gestión ineficaz
Los problemas de las congregaciones no solo se originan en factores externos (como la complejidad regulatoria o la crisis vocacional), sino en graves falencias internas de gestión:
Estructura hinchada e insostenible como la solución recurrente ante cualquier obstáculo ha sido "crear un cargo", lo que ha generado una estructura administrativa difícil de sostener financieramente a largo plazo. La parálisis por el miedo conlleva a un "temor a reestructurar por pagar costos políticos" en el corto plazo. La inacción, sin embargo, solo pospone el problema, pues, como advierte Suárez, el día de mañana pagarán "costos políticos y económicos enormes". El providencialismo y reactividad conlleva a una gestión caracterizada por el "pensamiento mágico", la esperanza vana de que un milagro salve la situación. Además, las congregaciones son meramente "reactivas a los problemas" en lugar de proactivas en la planificación.
Estrategias de profesionalización: el rol de la gestión
Ante la pregunta de si solo les queda "administrar la decadencia", la única vía de escape viable es la "reinversión con creatividad" a través de una gestión moderna y profesional. Para esto es importante una clara separación de roles. La clave de esta reinvención pasa por una clara delimitación de funciones. "El rol de los religiosos se tiene que concentrar en la gestión pastoral y no en la gestión económica" como señala Suárez, que implica un enorme desgaste vocacional. “La regulación estatal, que a lo largo de las décadas se ha ido complejizando, agrava esta situación, redunda en que administrar sus obras sea una tarea más compleja” agrega Suárez.
Esto implica proofesionalizar la gestión educativa e incorporar sin prejuicios las "buenas prácticas de gestión organizacional". Esto no significa desvirtuar la misión, sino aplicar criterios de eficiencia y sostenibilidad. Una buena administración, aclara un especialista, "no convierte a la escuela en una empresa", sino en una institución capaz de perdurar y cumplir su misión. En muchas escuelas congregaciones también existen prácticas nepotistas que convirtieron a la escuela en una improvisada pyme familiar que no puede estar a la altura de las exigencias actuales de profesionalismo y a las demandas del mercado educativo, ya no monopolizado por la iglesia sino por multitud de particulares que ofertan en el campo escolar nuevas propuestas.
Por esto las congregaciones deben plantear un gobierno central competente: Se requiere superar la "debilidad administrativa" con liderazgos formados en management que puedan tomar decisiones difíciles sin temor a los "costos políticos". La transparencia financiera, la planificación estratégica y la eficiencia operativa son pilares irrenunciables para garantizar que la obra, y el carisma que la sustenta, no desaparezcan. El futuro de las instituciones religiosas no está sellado, pero depende de un cambio urgente: abandonar la inacción reactiva y adoptar un modelo de gestión audaz y profesional, que garantice la vigencia de su misión educativa. En cuanto a sus obras, Ana Lourdes Suárez señala con agudeza: “la gran cantidad de obras que gestionan responden más a responden más a su pasado que a su presente”.
A partir de la segunda mitad del siglo XX las congregaciones religiosas, en especial las femeninas, entraron en un largo periodo de crisis que las obligó a cerrar obras e inclusive irse de la Argentina. La pregunta sobre las obras, en definitiva, es una pregunta sobre la identidad misma de la congregación, señala con agudeza Suárez.
A vez, una pseudorespuesta termina siendo el carisma compartido con laicos, pero luego pasan al duelo por estar desprendiéndose de la obra. Otra respuesta, es el traslado a la diócesis o a otro grupo religioso, esto suele ser traumático por la conservación misma del carisma. En definitiva, ¿Solo les queda como opción administrar la decadencia?
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.