A 25 años del 11-S: el increíble relato de la argentina que ayudó en los rescates en las Torres Gemelas
Alejandra Ciappa estaba en Nueva York cuando ocurrieron los atentados del 11-S. La argentina se ofreció como médica voluntaria y pasó tres días en Ground Zero.
Alejandra Ciappa fue testigo del atentado de las Torres Gemelas y decidió ofrecer su ayuda.
GentilezaAlejandra Ciappa llegó a Nueva York en 1999 con un plan que, en principio, duraría apenas dos meses. Se había recibido de médica en la Universidad de La Plata y viajó junto a su hermana para perfeccionar su inglés, estudiar y conocer una ciudad que hasta entonces observaba desde la distancia.
El viaje se extendió. Estudió en la Universidad de Columbia, realizó un posdoctorado en genética del Alzheimer y terminó viviendo durante tres años y medio en Nueva York. Dos años después de su llegada, el 11 de septiembre de 2001, estaba trabajando como científica cuando vio en un pequeño televisor el segundo impacto contra las Torres Gemelas.
Aquella mañana terminó por cambiar el rumbo de su historia. Tras ver lo ocurrido, Ciappa se ofreció como médica voluntaria y durante tres días trabajó en Ground Zero, en medio de un operativo que todavía intentaba dimensionar la magnitud de lo ocurrido. Años después, resumió el impacto de aquella experiencia con una frase: “Cambió mi historia, cambió la historia del mundo”.
El momento en que comprendió que Estados Unidos estaba bajo ataque
La mañana del 11 de septiembre, Ciappa se dirigía al laboratorio de genética molecular donde trabajaba. Su rutina transcurría entre investigaciones, tubos de ensayo, extracción de ADN y genotipos. En el televisor de un portero vio el segundo impacto contra las Torres Gemelas. “Sentimos como un retumbo y seguimos con la rutina sin entender lo que estaba pasando”, recordó, en una entrevista para MDZ.
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Durante un viaje en subte comenzó a unir las piezas. Dos aviones habían impactado contra las torres. Se lo dijo a una mujer que viajaba cerca suyo. La pasajera se alejó y le respondió: “You’re crazy” (Estás loca). Cuando llegó al laboratorio, el escenario ya había cambiado. Los teléfonos no funcionaban con normalidad, se había caído internet y la gente intentaba localizar a familiares y amigos.
La confirmación llegó de una manera inesperada. Su madre consiguió comunicarse con ella desde Buenos Aires, alertada por la situación y por el hecho de que su hija se encontrara en la misma ciudad. “¡Se cayeron las Torres Gemelas!”, le gritó. Enseguida, Ciappa y sus compañeros cruzaron hasta un bar repleto de personas para mirar las imágenes por televisión. Entonces tomó una decisión: “Ahí dije: ‘Tengo que ir a ayudar, van a necesitar médicos’”.
De científica a médica voluntaria
Ciappa conocía bien las Torres Gemelas. Había almorzado, desayunado y merendado allí. También había ido con su hermana a bailar durante las noches latinas. Verlas desaparecer le resultaba difícil de procesar. Se dirigió primero a la Cruz Roja de Estados Unidos y se presentó como médica. Permaneció allí durante unas siete horas mientras intentaban organizar la respuesta frente a una situación para la cual nadie parecía estar preparado.
Al día siguiente, a las siete de la mañana, ella y otro grupo fueron enviados a Chelsea Piers. Allí habían preparado un centro de atención con decenas de camillas para recibir sobrevivientes. Pero el escenario era otro. El centro cerró cuando quedó claro que no llegarían las víctimas que esperaban. Entonces recibieron una nueva indicación: ir a Ground Zero.
“De 3.000, un sobreviviente, y no se pudieron rescatar muchas vidas por la dimensión de los escombros”, recordó Ciappa sobre los operativos de rescate en los que colaboró durante tres días.
Tres días en Ground Zero
El área estaba restringida. Solo podían ingresar rescatistas, bomberos, policías y quienes formaban parte de la primera línea de respuesta. No existía una dinámica completamente establecida. “Era tan grande la dimensión del caos que nadie estaba preparado”, explicó a MDZ.
Los equipos se armaban de acuerdo con las necesidades que aparecían. Mientras trabajaban en un sector podían producirse nuevos derrumbes o desprenderse vidrios desde edificios cercanos. Ciappa asegura que, en aquel momento, no tenía plena conciencia del peligro: “Me tomó años dimensionar lo que viví en esos tres días”.
Una noche sintió miedo. Había comenzado a llover y el humo gris seguía suspendido en el lugar. Corrió entre los escombros hasta llegar a Stevenson School, la escuela ubicada a pocas cuadras que funcionaba como punto de encuentro. “Cuando llegué a la escuela sentí que ahí estaba a salvo”, recordó.
Las heridas que no eran físicas
Su tarea no quedó limitada a la atención médica. Durante aquellos días también observó el impacto psicológico que la tragedia provocaba en quienes participaban del operativo. Evaluaba quién podía continuar colaborando y quién debía retirarse porque comenzaba a presentar síntomas de estrés postraumático o crisis de ansiedad. “Lo que vos veías no era natural”, explicó.
Con el paso de los años, regresó varias veces a Estados Unidos. En uno de los aniversarios recogió piedras del lugar pensando en las familias de las víctimas argentinas. Dos décadas después pudo encontrarse con familiares y entregar algunas de ellas. “Quizás era lo único que tenían de esas personas”, contó.
Para Ciappa, aquellos encuentros también fueron una forma de comprender los vínculos que dejó la tragedia: “La tragedia te une porque hacés lazos con personas que no conocés, que no hubieses conocido si no hubiese sido por ese episodio tan triste”.
“Me hizo protagonista de mi historia”
Según manifestó en diálogo con esta periodista, comprender lo que había vivido llevó tiempo. Ciappa asegura que la experiencia también la obligó a descubrir aspectos de sí misma que hasta entonces desconocía. “Empecé a descubrir quién era yo”, explicó.
En medio de miles de personas que participaron de las tareas posteriores al atentado, ella se reconoció como una médica argentina que había decidido presentarse voluntariamente para ayudar. Podía rechazar que aquella experiencia quedara incorporada para siempre a su identidad o aceptarla. Eligió lo segundo. “Estar ahí cambió mi vida porque me hizo protagonista de mi historia”, concluyó Ciappa.


