Revolución de Mayo: los espías ingleses que alimentaron la caída del Virreinato
¿Hubo espías el 25 de mayo? ¿Qué hacían en el entonces Virreinato del Río de La Plata? ¿De dónde venían? ¿A quién respondían? ¿Cómo lograron influir en las decisiones que se tomaban dentro del Cabildo de Buenos Aires? Estas son algunas de las preguntas que surgen cuando se reveló que lo que sucedió el 25 de mayo tuvo agentes que actuaron desde las sombras.
Según el historiador Patricio Lons, una red de espionaje, con fuerte presencia británica, jugó un rol central en los años previos al 25 de mayo de 1810. Estos agentes no solo pasaban información: también tejían alianzas, influían en decisiones estratégicas y hasta redactaban documentos clave.
Estos espías, provenientes de diversas nacionalidades pero con intereses alineados a la Corona británica, desempeñaron un papel crucial en la desestabilización del dominio español en la región durante esa época, en la que Napoleón había tomado la mayor parte de Europa bajo su dominio.
Con lo cual, este hecho generó la oportunidad perfecta para que los ingleses afianzaran su poder en el Virreinato del Río de la Plata. Habiendo sufrido derrotas militares en 1806, 1807 y conflictos anteriores (como en las Malvinas en la década de 1770), los ingleses pasaron de la conquista militar directa a gestionar la revolución mediante el espionaje y medios políticos.
Créditos: Archivo MDZ.
Agentes británicos en el Río de la Plata
Durante la semana revolucionaria, se infiltraron numerosos espías con el objetivo de debilitar la influencia española y promover el libre comercio favorable a Gran Bretaña. Según el ex agente de inteligencia Raúl Rosa, "el espionaje fue una columna vertebral para el desarrollo revolucionario", destacando la presencia de agentes británicos que operaban en Buenos Aires con el fin de dividir el Virreinato por razones geopolíticas.
El historiador Patricio Lons señala que estos espías provenían de diversas nacionalidades, incluyendo irlandeses, escoceses y franceses, todos con el objetivo común de debilitar a España en América mientras servían a la Corona británica.
Uno de esos agentes fue Marie Anne Périchon, más conocida como "La Perichona". Aun cuando no todos la definen explícitamente como una espía, de acuerdo con Patricio Lons, se la describe como parte del servicio británico y jugó un papel crucial en la facilitación de las relaciones y en el rol más común de los espías, el pasar información.
Créditos: Archivo MDZ.
A su vez, luego de enviudar por la muerte de su esposo Thompson, la Perichona se casó con Jean-Baptiste Washington de Mendeville quien fue un espía francés. Además, la Perichona fue amante de Thomas Burke, y más adelante de Santiago de Liniers con el fin de sacarle información. No obstante, Álzaga le advirtió a Liniers que María Perichona espíaba para los ingleses, razón por la cual fue echada de Buenos Aires para luego convertirse en la amante de Lord Strangford en Río de Janeiro.
Lons sugiere que los británicos apuntaban a la próspera economía de Hispanoamérica, a la que ya le habían robado 40 toneladas de monedas de oro durante la invasión de 1806.
Otro espía intrínsecamente involucrado en la revolución de mayo fue Alexander Mackinnon, el jefe de la British Commercial Room (el equivalente a la Cámara de Comercio Británica). De manera crucial, él y su secretario, Mariano Moreno, redactaron un acta firmada el 26 de mayo el cual pretendía que el gobierno actuara en nombre de Fernando VII con el fin de infundir la paz entre el pueblo, lo que terminó siendo calificado de "mascarada" por Lons.
Créditos: Archivo MDZ.
Influencia en la Junta del 25 de mayo
La influencia británica se evidenció en las decisiones tomadas por la Primera Junta. Uno de los primeros decretos fue la apertura del libre comercio, redactado por el mismo Alexander Mackinnon, presidente de la British Commercial Room en Buenos Aires, con la colaboración de Moreno, secretario de la Junta.
Además, se otorgó a los ingleses el control del practicaje del Río de la Plata, lo que les permitió manejar estratégicamente los puertos y mercados de la región.
Por lo tanto, la Revolución de Mayo no solo fue un movimiento interno de emancipación, sino también una oportunidad aprovechada por agentes británicos para debilitar el dominio español y expandir sus intereses comerciales en América del Sur. La participación de estos espías y la influencia británica en decisiones clave de la Junta sugieren que la independencia argentina estuvo, en parte, influenciada por estrategias geopolíticas de potencias extranjeras.