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Mercedes Miguel: "La educación necesitaba cambios profundos; nosotros asumimos ese compromiso y avanzamos"

La ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires habló sobre su trabajo en la gestión pública en la educación y lo que espera a partir de la transformación que plantea su agenda.

La Ciudad de Buenos Aires es un distrito que vive en una reconversión y transformación permanente en todos sus ámbitos, siendo algunos mucho más visibles que otros. En el primer grupo se puede hablar con facilidad del Metrobus, la Línea H de Subte, la elevación de los ferrocarriles, los pasos bajo nivel o la futura Línea F, pero también existen otros trabajos más "de hormiga", como el de la educación, tarea que hoy está en manos de Mercedes Miguel.

Desde su asunción en 2023 como ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Mercedes Miguel ha liderado una gestión enfocada en la mejora de la calidad educativa, la innovación pedagógica y el bienestar socioemocional de los estudiantes. Con una extensa trayectoria que abarca desde la gestión pública a la dirección del Instituto River Plate, Miguel ha desarrollado una visión integral sobre los desafíos del sistema educativo y las estrategias necesarias para afrontarlos.

En diálogo con MDZ, la ministra analiza los avances y las transformaciones impulsadas en su gestión, desde la implementación del plan estratégico Buenos Aires Aprende y la promoción de un modelo de educación secundaria más interdisciplinario e innovador. Además, aborda temas como la equidad educativa en una Ciudad de Buenos Aires con marcadas diferencias socioeconómicas, el impacto de la eliminación del uso de celulares en las aulas y la importancia de la evaluación como herramienta de mejora continua.

- Asumiste en 2023 con el desafío de seguir transformando la educación de la Ciudad. ¿Cómo te encuentra después de más de un año de gestión?
- Bueno, la verdad es que estoy muy contenta y enfocada. Esa es la palabra que mejor me define en este momento. Asumí por invitación de Jorge Macri para formar parte del gabinete, con mucho entusiasmo, porque había una base muy sólida sobre la que podíamos seguir trabajando. Apenas asumí, lo primero que hicimos fue diseñar un plan estratégico a cuatro años, con indicadores y evidencia, con un objetivo muy claro: elevar aún más el nivel académico de Buenos Aires en comparación con el resto de Argentina. Siempre está bien posicionado, pero no nos gusta conformarnos; preferimos compararnos con nosotros mismos y con otras ciudades globales. También nos enfocamos en crear un nuevo espacio dentro de la política educativa: el bienestar socioemocional. Era una deuda pendiente del sistema educativo, y hoy nos ocupamos de las emociones, la inteligencia emocional y la salud mental de los chicos. Por supuesto, trabajamos también en la preparación para la salida de la secundaria, ya sea hacia el mundo laboral, el emprendedurismo o la continuidad de los estudios académicos. Estamos abordando todos los niveles educativos, trabajando en equipo y muy comprometidos con hacer de la escuela un lugar relevante, donde pasen cosas buenas y los chicos realmente aprendan. Nos encontramos con una educación que necesitaba cambios profundos; nosotros asumimos ese compromiso y avanzamos.

- Empezaste a trabajar en el Ministerio de Educación con Esteban Bullrich, durante la última gestión de Mauricio Macri al mando de la Ciudad, después te tocó ir a Nación con Macri como presidente, después tuviste un parate en lo que fue la gestión pública y volviste. ¿Cómo te encontró esa vuelta a la gestión pública?
- Bueno, la verdad es que sí. Estuve en parte del primer mandato de Mauricio y durante todo el segundo con Esteban. Luego nos fuimos a Nación, donde fui secretaria de Estado. Después tuve un recreo y volví recargada, con mucha energía, con mucha claridad sobre el camino a seguir y con la convicción de que la transformación profunda que necesita el sistema educativo es con todos o no es. Soy una apasionada de los deportes en equipo y del trabajo colaborativo, algo que considero fundamental. Cuento con un equipo muy sólido, profesional y comprometido. Todos estábamos convencidos de que había algo importante que hacer, y que solo podíamos lograrlo trabajando juntos, en la cancha, con toda la comunidad educativa. Porque, al final del día, son ellos quienes están ahí y quienes permanecerán cuando nosotros ya no estemos en la gestión. Las transformaciones sistémicas, a lo que me dedico desde hace años, solo son posibles con el compromiso de las personas que están a cargo: docentes, familias, estudiantes y equipos directivos. Si ellos no se apropian del propósito detrás de cada acción y no se involucran, es imposible lograr un verdadero cambio.

- En la Ciudad de Buenos Aires, en 2007, empezó una política de transformación que tuvo algunas obras más visibles, hoy se puede hablar del Metrobús, de la Línea H; después hubo distintos matices de gobierno, siempre del mismo signo político, pero con sus matices. ¿Cuál es la mirada transformadora a partir de la educación que tiene hoy el gabinete porteño?
- Nuestra mirada transformadora se basa en la búsqueda constante de la mejora y la innovación. No nos conformamos con estar bien o ser mejores que otros, sino que trabajamos para seguir avanzando. Un valor agregado de nuestra gestión, a lo largo de estos 17 años de gobierno, ha sido la creación de la Unidad de Evaluación Estadística en la Ciudad de Buenos Aires. Gracias a esto, empezamos a hablar de calidad, precisión y toma de decisiones basadas en evidencia, algo que antes en educación era casi un tabú. Evaluar solía ser una "mala palabra", pero hemos construido una cultura de calidad y mejora que hoy la ciudadanía valora y exige. De hecho, hemos llegado al punto en que las familias demandan cada vez más. Por eso, creamos la Dirección General de Familias dentro del Ministerio de Educación y estamos impulsando la "Escuela con Familias", un espacio para acompañarlas en la crianza y educación de sus hijos. Otro aspecto clave de nuestra gestión ha sido elevar la vara de la educación pública, siempre apuntando a la excelencia. Fuimos pioneros en la incorporación de nuevas tecnologías en el sistema educativo y en la implementación del inglés obligatorio desde primer grado en todas las escuelas públicas de la ciudad. Esto convirtió a la educación pública porteña en una opción muy buscada y valorada.

- El porteño, y lo digo como porteño, es muy quejoso y necesita ver las cosas para para encontrar que algo está cambiando o que algo se está haciendo, por lo menos. ¿Cómo se hace con la educación, que es algo que no se ve, que es algo etéreo y que termina teniendo además efecto muchos años después de que se pone en práctica? 
- Siempre digo que la educación es un intangible, no tenés por dónde agarrarlo. Por eso, muchas veces se reduce a lo visible: entregar computadoras, libros, algo material y concreto para que la gente diga: "Ah, bueno, mirá". Pero el verdadero valor que estamos agregando va mucho más allá. Apenas asumimos con Jorge, impulsamos un cambio de paradigma con nuestro plan estratégico, Buenos Aires Aprende. Esto significó dejar de mirar únicamente desde la enseñanza y enfocarnos en el aprendizaje de los chicos. Hoy, las familias ya se acercan a las escuelas para pedir los resultados de sus hijos, están atentas a cómo llevan el cuaderno, a cómo están leyendo. Hemos cambiado el diseño curricular del nivel inicial para definir con claridad qué debe aprender un niño en sala de cuatro y cinco años. También rediseñamos los contenidos de toda la primaria, detallando qué debe saber un chico en primero, segundo o tercer grado. El objetivo es elevar el nivel de conocimientos para que los niños lleguen a primer grado mejor preparados para la alfabetización. Para eso, hicimos evaluaciones con los docentes, midiendo con qué nivel egresan de sala de cinco y cómo los recibimos en primaria. Los resultados ya se notan: los chicos leen mejor, comprenden mejor los textos y están más preparados para los distintos cambios dentro del sistema educativo. Las transiciones son los momentos más complejos en la educación: de sala de cinco a primer grado, de séptimo a la secundaria, de la secundaria a la universidad o al mundo del trabajo. La clave es acompañar esos procesos, porque los chicos que están en la escuela hoy serán los creadores de los trabajos del futuro. Un ejemplo claro de este enfoque es la decisión que tomamos el año pasado de retirar los celulares del aula. La resolución los prohíbe en el nivel inicial, todo el jardín y la primaria. En secundaria, solo pueden usarse si el docente lo indica, por ejemplo, para entrenar el uso de la inteligencia artificial. Desde que implementamos esta medida, más del 65% de los docentes y directivos reconocieron que los chicos prestan más atención. Además, los propios estudiantes afirman que ahora conversan más entre ellos, y muchas familias notaron que sus hijos vuelven del colegio contando lo que vivieron en clase. Parece un detalle menor, pero en realidad tiene un impacto enorme. Cuando le preguntamos a los expertos en educación del futuro qué habilidades necesitarán los estudiantes de hoy, la respuesta es clara: van a tener que aprender todo el tiempo. Los chicos que hoy están en primer grado egresarán en 2037, y no sabemos con certeza a qué mundo laboral se enfrentarán ni qué carreras universitarias existirán. Pero sí sabemos que deben estar preparados para seguir aprendiendo constantemente. Los padres ya perciben este cambio en la Ciudad: el nuevo diseño curricular, la nueva forma de aprender. Por eso, hicimos reuniones en las plazas para explicarles a las familias qué debería saber su hijo en cada grado. Porque la familia es una parte fundamental del proceso de aprendizaje. Estamos muy enfocados en nuestro objetivo: no dispersarnos. Porque el valor de la escuela, su sentido, su propósito es que los chicos aprendan.

- En el tiempo que no estuviste en la gestión pública, estuviste a cargo del Instituto River, además de manejar egos, porque un chico se empieza a desarrollar ego cuando está en las inferiores de un club tan importante. También vienen de unas bases muy distintas los chicos que llegan al Instituto River Plate. ¿Cuánto te sirvió esa experiencia para hoy tener que estar a la cabeza de la educación de una Ciudad que también tiene sus matices de niveles socioeconómicos?
- Es muy cierto que la diversidad socioeconómica en las aulas de la ciudad es un desafío constante. Estamos muy enfocados en acortar la brecha, pero al mismo tiempo nos enorgullece la enorme diversidad que caracteriza a nuestro sistema educativo, tanto en la gestión pública como en la privada. Buenos Aires es un caso único en el mundo, donde la matrícula de escuelas privadas es apenas mayor que la de las escuelas estatales. ¿Qué me llevé de mi paso por River? Creé el colegio River Plate, que recientemente inauguró sus nuevas instalaciones, y allí desarrollé un modelo de aprendizaje exclusivo para deportistas de alto rendimiento. Hoy estamos replicando esa experiencia en la Ciudad de Buenos Aires, donde hay muchos estudiantes que son deportistas de élite y enfrentan el desafío de compatibilizar sus estudios con sus entrenamientos. En River aprendimos que es fundamental tratarlos como lo que son: atletas de alto nivel que, en muchos casos, representan a la Selección Argentina en distintas disciplinas. La escuela, tal como está estructurada tradicionalmente, puede volverse muy compleja para ellos, por lo que estamos adaptando el modelo para responder mejor a sus necesidades. Esta experiencia también nos sirvió para diseñar la política "Secundaria Aprende", un enfoque innovador que busca transformar la educación secundaria. Comenzamos con 33 escuelas pioneras que, de manera voluntaria, adoptaron un modelo de aprendizaje diferente. En estas escuelas, los profesores están presentes durante toda la jornada, ya no existen las materias previas y los estudiantes trabajan de forma autónoma, por proyectos y en equipo. Es un esquema similar al que aplicamos en River, pero adaptado a la realidad de Buenos Aires, con el consenso de supervisores, directores y toda la comunidad educativa. Además, estamos trabajando con otros clubes de la ciudad, aprovechando que Buenos Aires tiene 18 estadios de fútbol y recibe jóvenes talentos de todo el país. Muchos estudiantes llegan con trayectorias escolares muy diversas, lo que también ocurre en las escuelas tradicionales: una primaria recibe niños de distintos jardines de infantes, y una secundaria, alumnos de diferentes séptimos grados. Ante esta diversidad, lo primero que hacemos es trabajar con evidencia. Implementamos pruebas diagnósticas para conocer el punto de partida de cada estudiante. Si no medimos, no podemos conocer ni mejorar. Por eso, hace años creamos la Unidad de Evaluación Estadística, convirtiéndonos en pioneros en la ciudad en el uso de datos para la toma de decisiones en educación. Hoy, después de años fomentando una cultura del dato para planificar y mejorar, las escuelas valoran enormemente esta herramienta. Justamente, hoy me enviaron un video de niños de primer grado mostrando sus avances en lectura desde el inicio del ciclo lectivo hasta ahora. Se graban y se escuchan, lo que les permite notar su propia evolución. El uso del dato, la generación de información y la incorporación de inteligencia artificial y plataformas tecnológicas nos están llevando a un nuevo nivel de toma de decisiones en educación. Esto nos permite mejorar constantemente y garantizar que cada estudiante reciba las oportunidades que necesita para aprender y desarrollarse.

- El año pasado el Gobierno anunció una modificación en la educación porteña hacia un modelo más integral ¿Qué sería para el hombre de a pie esa modificación a algo más integral en la educación secundaria?
- Lo que hicimos fue transformar por completo la lógica de la secundaria. Tradicionalmente, la aprendimos de manera muy compartimentada, con profesores que daban su materia en una escuela y luego se iban a otra a dar otra clase. Lo que implementamos en la secundaria fue un enfoque interdisciplinario, abrazando la interdisciplinariedad para que los chicos trabajen por proyectos y las materias se agrupen en áreas de conocimiento, similar a lo que ocurre en la primaria. En la escuela primaria, los estudiantes tienen matemática, lengua, ciencias naturales y ciencias sociales como ejes centrales. En la secundaria, ahora matemática y lengua se consolidan como asignaturas fundamentales, tanto en Buenos Aires como en Argentina y en el mundo, ya que son la base sobre la cual se construyen todos los demás conocimientos. Un estudiante que tiene dificultades en la comprensión lectora no solo tendrá problemas en lengua, sino en cualquier otra área del conocimiento. Si no puede leer y entender una consigna, no podrá resolver un ejercicio de matemática ni interpretar un texto en historia o ciencias. Por eso, nos enfocamos obsesivamente en mejorar el rendimiento en lengua y matemática. A partir de ahí, organizamos el aprendizaje por áreas del conocimiento: Ciencias sociales, que integra historia, geografía, economía y educación cívica; Ciencias naturales, que agrupa biología, física, química y matemática aplicada. Las escuelas están desarrollando laboratorios y talleres con planes de aprendizaje personalizados, buscando que la secundaria se vuelva más relevante, motivadora y exigente al mismo tiempo. Queremos que los chicos quieran ir a la escuela, disfruten el proceso de aprendizaje, pero también que alcancen un nivel académico más alto. Para lograrlo, dejamos atrás la figura del estudiante pasivo, sentado en fila mirando un pizarrón. En las 33 escuelas pioneras este modelo se rompió. No hay más "frente de aula" fijo. Los estudiantes trabajan en equipo, enfrentando desafíos colectivos. ¿Por qué? Porque cuando hablamos con empresarios, rectores universitarios y emprendedores, todos coinciden en que necesitan egresados con habilidades concretas: capacidad de trabajo en equipo, pensamiento crítico, argumentación oral, creatividad y resolución de problemas. Si los mantenemos todo el día sentados en una silla, mirando el pizarrón y escuchando pasivamente a distintos profesores, sin opinar ni debatir entre ellos, no estamos desarrollando esas competencias clave. La educación tiene un desafío apasionante: gestionamos un sistema heredado del siglo pasado, pero debemos prepararnos para el futuro. Un niño que hoy entra en primer grado egresará en 2037. En Argentina, la educación es obligatoria hasta los 18 años, lo que nos da una enorme responsabilidad: no solo garantizar que los chicos asistan a la escuela, sino que realmente aprendan. No se trata solo de la cantidad de días de clase ni de los recursos disponibles, sino de asegurar que egresen preparados. Y, al final del día, la verdadera prueba de aprendizaje es simple: si un chico no puede explicar lo que hizo en la escuela, entonces no entendió nada.

- Volviendo a las diferencias socioeconómicas que hay en Buenos Aires, ¿cómo se hace para llevar este modelo por igual tanto a una escuela privada muy cara como a una escuela pública de un barrio vulnerable?
- Bueno, de las 33 escuelas pioneras que están iniciando este modelo, 18 son de gestión estatal y 15 de gestión privada. Para acortar la brecha que mencionás, creamos una política pública llamada Escuelas en Foco, con la que seleccionamos 503 escuelas según dos indicadores clave: las de mayor vulnerabilidad social y las de bajo rendimiento académico en nuestras evaluaciones. Estas escuelas, que necesitaban un acompañamiento intensivo, llevan un año recibiendo el apoyo de especialistas en gestión escolar, además de expertos en matemática y lengua que trabajan directamente con los equipos directivos y docentes. Estoy segura de que, para fin de este año, los resultados demostrarán una mejora significativa. Tomamos como punto de partida las evaluaciones de 2023 y, tras un año de trabajo continuo en 2024, en 2025 estas escuelas estarán muy por encima del punto de partida. El objetivo es romper la barrera del estancamiento académico y demostrar que, con foco, acompañamiento y recursos, la mejora es posible y puede superar todas las expectativas. Desde el Ministerio, tenemos la responsabilidad de acompañar especialmente a las escuelas que más lo necesitan, y estamos convencidos de que este enfoque dará grandes resultados. Lo mismo observé en River. Allí trabajamos con chicos provenientes de 22 provincias distintas, cada uno con su propia trayectoria escolar. Lo primero que hicimos —y que hoy aplicamos en todas las escuelas de la Ciudad— fue medir el punto de partida de cada estudiante. Solo conociendo su nivel real de aprendizaje es posible diseñar estrategias personalizadas para su desarrollo. Lo más importante es esto: todos los chicos pueden mejorar y todos pueden aprender. Esa es nuestra certeza y nuestro compromiso.

- ¿Hacia dónde crees o querés que vaya la educación porteña?
- El objetivo principal es que todos los chicos aprendan mucho más, pero con bienestar emocional. Que estén felices, motivados y que la escuela se convierta en un lugar donde quieran estar, un espacio que les permita elegir su propio camino en la vida. Porque, como siempre dice Jorge Macri, lo mejor que tiene la Ciudad de Buenos Aires es su gente. Nuestro mayor capital es el capital humano, y ese capital humano hoy está en las aulas de nuestras escuelas. Por eso, estamos poniendo todo nuestro foco y propósito en la educación. Y no es solo un discurso: tenemos el presupuesto más grande del gobierno y somos el ministerio más grande. Jorge y todo mi equipo de ministros estamos trabajando juntos porque, al final del día, quienes en el futuro serán jueces, médicos, artistas que nos emocionen en los escenarios o futbolistas que van a estar rompiéndola adentro de una cancha hoy están sentados en un aula.

Mirá la entrevista completa con Mercedes Miguel