Sacerdotes: qué hay detrás de la decisión de algunos jóvenes por esa vida distinta
Cada año, el Seminario Metropolitano abre sus puertas para que los fieles se acerquen a conocer más sobre la vida diaria que llevan los jóvenes en camino a su rol como sacerdotes. Allí, todos los seminaristas viven y estudian durante años para luego ordenarse para una vida consagrada a la religión.
Te Podría Interesar
Leonardo García es un joven que en 2018 ingresó al Seminario porque sintió el llamado a esa vocación de servicio a la que era invitado por Dios. En estos años pasó por distintas parroquias de la diócesis de Gregorio Laferrere, mientras estudia Teología en la Universidad Católica Argentina.
De cara al Día de la Parroquia, actividad cúlmine de la Semana del Seminario, el futuro "padre Leo" habló con MDZ y contó qué lo llevo a tomar este camino de vida y cómo es el día a día en el Seminario para cada uno de los que se forman.
-¿Cuándo entraste al Seminario y por qué elegiste algo que es tan distinto a lo que, de alguna manera, exige el mundo?
-Entré en el año 2018. Entré con 23 años y cumplí a los meses 24. La pregunta vocacional sobre qué es lo que quiero hacer de mi vida se despierta a la orientación de ser sacerdote a los 20 años y pateo un poco la inquietud, las inquietudes y las dudas. Cuatro años más tarde, hasta ese momento estaba estudiando abogacía en la UBA, no llego a terminar la carrera e ingreso al Seminario.
-¿Cuál fue ese disparador que hizo que vos te hagas la pregunta?
-Durante la adolescencia compartí muchas tardes de fin de semana en una parroquia, Nuestra Señora de Luján, con grupos de jóvenes, con catequesis y demás. El ejemplo de algunos curas despertó también en mí la inquietud vocacional de ¿por qué no vivir de esto? De alguna manera, mi familia también me lo preguntaba. No vengo de una familia católica. No vengo de una familia que va a misa o que siquiera profesa fe. Todo lo contrario. Entonces, lo primero que me preguntaron fue ¿por qué pasás tanto tiempo en la parroquia?, ¿por qué vas tanto este al grupo de jóvenes o a misa? Entonces ellos me preguntaron: "¿Por qué no te haces cura tanto que estás ahí adentro?". Creo que eso fue un punto disparador.
-¿Cómo fue que vos, sin ser de una de una familia practicante, caíste en una parroquia?
-Hoy en día creo que en la gran mayoría de los de mis compañeros seminaristas tienen a sus papás y que lo llevaron a misa o que le llevaron un colegio católico y yo todo lo contrario, No fui a un colegio católico ni tampoco tengo tradición religiosa. Mi familia, como una de tantas, dijo "bueno toca el Bautismo, toca la Comunión". A los nueve años, mis papás fueron y me inscribieron en la parroquia para que comience. No recuerdo casi nada de de mi primera Comunión, pero sí me quedó como algo bien fundante, un acontecimiento así, fuerte, que fue el momento de comulgar. Ese sábado 20 de noviembre del 2004, era un sábado a la tarde y me había acercado a recibir la primera Comunión en la misa con todos mis compañeros, todo vestido de trajecitos y de vestidos blancos. Al momento de volver a mi banco y hacer mi acción de gracias, después de haber recibido la Comunión, me inunda un llanto enorme.
Yo estaba muerto de la vergüenza, no quería para nada que mis compañeros me vieran que estaba llorando. Yo tampoco entendía nada de qué me estaba pasando y no entendía absolutamente nada, pero sí pude atesorar ese momento, guardarlo como un gran recuerdo y en el secundario, con toda la la rebeldía de un adolescente y tratando de buscar respuestas a preguntas, que creo que de alguna manera nos hacemos todos, la única certeza que tenía era esa experiencia de emoción, esa experiencia de encuentro que me había desbordado en su momento. Así que dije bueno, sí, así lo viví en su momento, voy a hacer lo mismo, voy a ir a misa, voy a ir a comulgar y espero que me pase lo mismo. No voy a pasar, pero volví a ir el fin de semana siguiente, y al siguiente, y al siguiente.
Mirá la entrevista completa

