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La crisis que enfrenta la Iglesia católica y que no encuentra solución a corto plazo

La falta de vocación sacerdotal y desinterés de los jóvenes, que ha disminuido en gran forma los concurrentes a los seminarios formativos es la gran preocupación de los católicos no solo en Argentina.
Un gran problema es la privatización de la vida sacerdotal o religiosa, donde las necesidades individuales y el autocuidado se privilegian por encima del servicio desinteresado al prójimo Foto: Analía Melnik/MDZ
Un gran problema es la privatización de la vida sacerdotal o religiosa, donde las necesidades individuales y el autocuidado se privilegian por encima del servicio desinteresado al prójimo Foto: Analía Melnik/MDZ

En los últimos años, es común escuchar entre los cristianos la preocupación por la disminución de sacerdotes y vocaciones religiosas. Este fenómeno ha despertado inquietud en aquellos que tienen un compromiso profundo con la vida de la Iglesia. En respuesta a esta problemática, en el año 2016, la Iglesia presentó un documento llamado "Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis", que describe el proceso de formación de los sacerdotes y establece cuatro características fundamentales: unicidad, integralidad, comunidad y misión. Este documento fue un gran avance para actualizar la formación de los futuros sacerdotes. Sin embargo, como sabemos en el ámbito educativo, cualquier documento que establece un camino necesita adaptarse a diferentes realidades. Formar a las generaciones de millennials y centennials en un camino tan exigente como el sacerdocio es un desafío educativo considerable. Si bien estas generaciones tienen virtudes y una gran sensibilidad emocional, también presentan debilidades que son difíciles de abordar en un proceso formativo tan riguroso como el sacerdocio. Por esta razón, se les ha denominado "la generación de cristal".

Son jóvenes frágiles, seminaristas frágiles, sacerdotes frágiles como el cristal. Estas generaciones tienen dificultades para comprometerse con proyectos a largo plazo que implican responsabilidades. Esto se refleja también en la disminución de matrimonios, tanto civiles como religiosos. Además, el narcisismo cultural de estas generaciones hace que la vocación sacerdotal y religiosa, por su naturaleza de entrega y sacrificio, sea contracultural. Un gran problema es la privatización de la vida sacerdotal o religiosa, donde las necesidades individuales y el autocuidado se privilegian por encima del servicio desinteresado al prójimo. 

Son jóvenes frágiles, seminaristas frágiles, sacerdotes frágiles como el cristal.

Hay una crisis en la disposición de hacerse cargo de los demás

Si bien es valioso cuidar de uno mismo, cuando esto se lleva al extremo, el sacerdote se convierte en una persona centrada en sí misma. Este narcisismo cultural también impide asumir la responsabilidad de cuidar a los demás, lo cual explica tanto la disminución de vocaciones al sacerdocio como al matrimonio.

La formación sacerdotal tiene el desafiante objetivo de romper con el narcisismo cultural contraculturalmente en los años de seminario. Es necesario formar en un estilo de vida que implique una entrega generosa, capacidad de sacrificio y resiliencia para enfrentar las adversidades. En la formación sacerdotal, no se puede llevar una vida cómoda y libre de preocupaciones. El seminarista debe enfrentar las mismas exigencias que cualquier joven de su edad que trabaja, estudia, tiene una relación de pareja y además realiza apostolado parroquial. El seminario no puede estar desconectado de la vida. La tensión entre el apostolado y las otras dimensiones de la formación es beneficiosa y positiva. El futuro sacerdote debe integrar la vida de oración, el estudio, la vida comunitaria y un fuerte apostolado, cuidando que este último no se convierta en una forma de escapismo. Si el seminarista evade sus responsabilidades en el seminario, lo hará también en su vida sacerdotal. La unicidad en la vida del seminarista garantizará que no viva de manera disociada, ni durante su formación ni en su vida sacerdotal posterior. 

La formación sacerdotal tiene el desafiante objetivo de romper con el narcisismo cultural contraculturalmente en los años de seminario.

Es necesario formar en un estilo de vida que implique una entrega generosa

Esta unicidad de vida es fundamental para evitar que los seminaristas cumplan con todas sus obligaciones durante el seminario y luego hagan "lo suyo" después de ser ordenados sacerdotes. No son pocas las veces que el futuro candidato a las sagradas órdenes trabaja de seminarista, es decir, cumple con todo lo que se le pide (que es muy poco) y una vez que es ordenado sacerdote inicia el camino del cuentapropismo. Casi como un monotributista o un autónomo eclesiástico. 

Por otra parte, es importante destacar que el celibato, aunque algunos lo consideren una explicación para la falta de vocaciones, no lo es. Por ejemplo, las iglesias evangélicas tradicionales nacidas de la reforma también enfrentan una importante escasez y crisis de vocaciones al ministerio pastoral. 

En cuanto a la dimensión intelectual, los planes de estudio de los futuros sacerdotes deben actualizarse para poder comunicar la esperanza a los hombres y mujeres de la cultura actual, especialmente en aquellos aspectos en que la teología resulta poco significativa por tu lenguaje y planteos que poco iluminan la realidad pastoral actual. Aunque la formación filosófica y teológica son fundamentales, los seminarios argentinos dedican muy pocas asignaturas a las ciencias de la educación, como la didáctica y la pedagogía. Seguramente, si los futuros maestros de la fe tuvieran más formación en estas áreas, predicarían mucho mejor en el futuro. También es necesario rescatar los aportes de la ciencia sociológica, así como la filosofía ha ayudado y ayuda a comprender el mundo, las ciencias sociales desempeñan un papel fundamental como auxiliares de la teología pastoral para leer y reflexionar sobre la realidad. 

Los planes de estudio de los futuros sacerdotes deben actualizarse para poder comunicar la esperanza a los hombres y mujeres de la cultura actual.

Los planes de estudio de los futuros sacerdotes deben actualizarse

En la educación católica y en la catequesis, encontramos también causas teológicas para la falta de vocaciones. Al estudiar los programas de catequesis escolar, se observa una casi total ausencia de la dimensión vocacional. Por ejemplo, cuando se presentan los textos bíblicos, se hace poco énfasis en el llamado de Dios y su respuesta. Además, en otros ámbitos de la pastoral educativa, como los retiros espirituales o los proyectos de vida, la primera pregunta que se les hace a los adolescentes es: "¿Qué queres estudiar?"; "¿Qué quieres hacer con tu vida?". Creo que el desafío consiste en pasar de preguntarnos qué queremos de nuestra vida a preguntarnos qué quiere Dios de nuestra vida. Esto evidencia una falta de cultura vocacional en la catequesis y en la pastoral educativa

En cuanto al discernimiento vocacional en la formación sacerdotal, considero que la mirada de los sacerdotes formadores ya no es suficiente para acompañar de manera óptima a los seminaristas. En el clima sinodal que fomenta la Iglesia, es importante incorporar consultores externos, como laicos, mujeres y religiosas, para proporcionar orientación y asesoramiento al rector del seminario y al equipo de formadores. Muchas veces, el pueblo de Dios es capaz de percibir mejor quién tiene el espíritu de pastor. En este sentido, sería interesante que los seminarios soliciten informes no solo a los párrocos, sino también a los consejos pastorales y a los equipos laicales y religiosos con los que el seminarista haya trabajado apostólicamente. Recabar diferentes perspectivas es crucial para acompañar de manera más completa al futuro sacerdote en su camino formativo.

En cuanto al discernimiento vocacional en la formación sacerdotal, considero que la mirada de los sacerdotes formadores ya no es suficiente para acompañar de manera óptima a los seminaristas.

Es necesario que los seminarios soliciten informes no solo a los párrocos

Asimismo, algunos especialistas dicen que la falta de vocaciones en la Iglesia Católica tiene que llamar replantear la forma en que se gobierna, otorgando un mayor protagonismo a los laicos y, especialmente, a las mujeres. Sin embargo, este argumento más sociológico no es suficiente, ya que tiene que ser la sinodalidad el estilo de gobierno haya abundancia o escasez de vocaciones. 

En la actualidad, el sostenimiento de las obras eclesiales enfrenta un desafío importante, especialmente mientras la Iglesia siga confiando en los sacerdotes el gobierno. Además, existen numerosos casos en los que los sacerdotes y religiosos se agotan (“se queman”) tratando de mantener obras que están en cuidados paliativos y que no responden a las necesidades actuales. La Iglesia debe recordar siempre que las estructuras están al servicio de la vida y no al revés, muchas de ellas se han vuelto obsoletas. 

El sostenimiento de las obras eclesiales enfrenta un desafío importante, especialmente mientras la Iglesia siga confiando en los sacerdotes el gobierno.

Existen numerosos casos en los que los sacerdotes y religiosos se agotan

La disminución creciente en la proporción entre sacerdotes y seminaristas evidencia el problema inmediato del recambio generacional, afectando no solo la cantidad de presbíteros, sino también su promedio de edad, lo que provoca un envejecimiento progresivo del clero. La falta de vocaciones y la pirámide invertida en cuanto a la edad de los sacerdotes generan y generarán problemas importantes en la Iglesia, tanto para el sostenimiento de sus obras como para la previsión y la salud del clero mayor. 

La caída en el número de vocaciones sacerdotales se suma al problema de otras vocaciones en la Iglesia, como los catequistas, que también superan la media de edad. 

La Iglesia se encuentra frente a un desafío crucial para abordar la falta de vocaciones y replantear la formación sacerdotal. Es necesario adaptarse a las características y desafíos de las generaciones actuales, fomentar una cultura vocacional sólida desde la catequesis y la pastoral educativa, y contar con una formación sacerdotal que responda a las necesidades de la sociedad actual. Además, el papel de los laicos y las mujeres en el gobierno y el sostenimiento de las obras eclesiales resulta fundamental. 

* Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.